jueves, 24 de enero de 2008

Split y el palacio de Diocleciano



Ha amanecido un día gris, frío y apático, de esos que te dan ganas de no hacer nada. No hemos madrugado porque vamos a centrarnos en visitar el Palacio de Diocleciano y los alrededores. Así que después de un tranquilo desayuno nos preparamos para comenzar la visita. Además tenemos una de las entradas a 200 m. del apartamento: ¡que lujo!.

Este es el palacio más curioso que he visto en mi vida, de hecho no creo que exista otro igual. Pero es que en realidad es una enorme fortaleza que encierra una ciudad, no un palacio al uso. Aquí vive gente, hay comercios, bares, restaurantes. Todos en edificios que parecen ruinosos, con todas esas columnas corintias que andan por ahí desperdigadas y que en su día formarían parte de colosales edificios o estarían rodeando plazas.



En fin. Comenzamos a patear todo esto sin un orden marcado. Está lloviendo y hace frío. Vamos recorriendo callejuelas, pasadizos, nos paramos a contemplar restos de los palacios que a su vez había dentro del "palacio",.... Bajamos a los sótanos donde hay un montón de puestos para comprar algún recuerdo, seguimos hacia la catedral y después de mucho pensarlo sacamos la correspondiente entrada para ver el mausoleo de Diocleciano. No se podían hacer fotos pero yo hice ésta, pero que conste que no me di cuenta.



Volvimos p'afuera y salimos extramuros, hacia unas plazoletas muy bonitas.



Desde ellas se ve el puerto y el mar embravecido. La tormenta es tremenda, da miedo.



Volvemos hacia el palacio de Diocleciano, a seguir dando vueltas, pero llega un momento que es imposible continuar porque llueve mucho, estamos empapados y tenemos frío. Así que en cuanto amainó un poco buscamos un sitio para comer, uno que venía en nuestra guía y que estaba muy cerca del palacio. Era el típico restaurante croata con platos típicos como el cordero cocido o el pescadito frito como el que te ponen en Andalucía. Comimos muy bien a un precio bastante razonable. La verdad es que la comida no es un problema.



De regreso al palacio dedicamos un tiempo ha hacer alguna compra. Pero yo estoy helada y tengo los pies empapados. Nos fuimos hacia un mercadillo permanente al aire libre, pero están casi todos los puestos cerrados: lógico y normal, porque con este tiempecillo.... Al rato decido que me vuelvo al apartamento, no tengo humor ni ganas de dar un paseo hasta el puerto deportivo. Ya se que encerrarse a las 4:30 de la tarde no es nada productivo, pero Split lo doy por visto. Me acompaña mi hermana, mi primo se va de shopping y nuestras amigas se deciden por el paseo: ¡que valor!

El tiempo no mejora nada y cuando regresan los demás al apartamento dedicamos el resto de la tarde a ver las fotos del día y a ver telenovelas hispanoamericanas: ¡que desastre!. Así estuvimos hasta las 9 de la noche cuando alguien decidió que lo mejor sería salir a cenar algo al restaurante del callejón. La cena estuvo bien, como siempre, con un poco de sobremesa y luego regreso al apartamento. Un poco de tele y a la cama. Que día mas raro.