martes, 25 de diciembre de 2007

Plitvice nevando y la llegada a Zadar


De acuerdo en que habíamos quedado en madrugar ¡pero a las 7:30 es un crimen!. Normal.... cuando no se cambia la hora del móvil....... y mira que lo cacarean por la tele ese día, y en los periódicos sale en primera página. En fin, que se va a hacer, pero ¡éste no tiene remedio!
La noticia era que estaba nevando, caían unos trapos de la leche y hoy íbamos a recorrer el parque natural. Había dudas al respecto, pero yo me decía: después de llegar hasta aquí, ¿no voy a ver esa maravilla?.
El del móvil se emperró en despertar a todo el mundo para dar la buena nueva y casi los mata del susto, no por la impresión, si no por lo intempestivo de la hora.
Como ya estábamos todos despiertos, nos tomamos un desayuno calentito, nos abrigamos bien, recogimos los trastos, nos despedimos de la señora de la casa y ¡hala! a ver si no nos congelamos.
Nos costó un poco encontrar la entrada del parque, no porque no estuviese señalizada, si no porque una de ellas está cerrada y en la otra hay que dejar el coche en un sitio, cruzar la carretera y buscar la caseta de los tikets. Como preguntando se llega a Roma pues eso fue lo que hicimos.
La entrada nos costó unos 10 € al cambio. Con ella te dan un mapa y te explican que dadas las condiciones del tiempo que hagamos uno de los recorridos que combina barco y tren para reducir el "pateo". También te avisan de que tengas cuidado porque con nieve es un poco peligroso. ¡Coño, esa tía nos quería meter miedo!
Pues ahí vamos, por un caminuco entre árboles intentando distinguir lo que había al fondo de la pendiente. Pero no conseguíamos ver nada y las fotos ¡p'a que contar!. Es que está nevando exageradamente, hace un frío de la hostia y yo tengo las manos tiesas. Mi cámara de fotos se está congelando también la pobrecita y ya estoy sufriendo de tanto secarla con cleanex.
Al fondo están los lagos, las cascadas, los colores verde-azules,.... ¡Una pasada! Esto en verano tiene que ser muy bonito, pero yo casi lo prefiero ahora, todo nevado y nosotros solos con toda esta inmensidad para nuestro disfrute.
Lo que da un poco de "caguitis" es cruzar por las pasarelas de madera sobre el agua, justo al lado de las cascadas: ¡es que están heladas, resbalan un montón, son estrechas y, por supuesto, no hay barandillas! Yo iba pensando: si me caigo al agua me muero. Pero el paisaje lo compensa todo y al momento ya se te quita esa idea de la cabeza.
Es impresionante, no me estraña que sea Patrimonio de la Humanidad. Y una curiosidad: aquí empezó la guerra civil de la extinta Yugoslavia.
¡Hemos encontrado gente! Japoneses, claro, sería una tontería pensar que no nos íbamos a encontrar con esta especie tan curiosa: ¿esta gente ya nace con la cámara de fotos en la mano?
¡Hombre! yo no lo hago mal, me refiero a lo de hacer fotos sin parar (no que me salgan lo bien que yo quisiese). Pero esta gente, andando a toda pastilla con esos pasitos tan cortos, empujando, porque son unos maleducados, hablando a toda pastilla y dándole al clik, clik,.... ¡No me gustan nada! Y encima son todos iguales. Pero lo peor es que en el grupo hay dinosaurios que casi no caminan y se los traen andando a recorrer el parque.... Sin comentarios.
Nosotros seguimos a lo nuestro: recorrer este impresionante lugar.
Estábamos muertos de frio cuando llegamos al embarcadero y area de servicio. Pero estaba todo cerrado. ¡Nosotros que ya pensábamos en el cafetín!. Esperamos atechados bajo un porche de madera con mesas y bancos, jugando con unos gatinos con los que compartimos unas galletas y chocolate. Al rato apareció un grupo de norteamericanos y juntos esperamos el barco.
El viajecito por el lago fue muy chulo, pero como el barquín no tiene cristales el frío era horroroso. Cuando desembarcamos nos fuimos a ver si encontrábamos el tren, que no resultó ser tal: es un miniautobús muy alto, con pinta de tren pero que no es un tren... bueno, parece un camión de bomberos remodelado, o algo por el estilo. Nos llevó hasta cerca de la entrada del parque, pero aún tuvimos que caminar un buen rato.
Cuando llegamos y vimos una cafetería ahí nos metimos de cabeza: tenía calefacción y como estábamos solos pusimos a secar la ropa en los radiadores mientras nos tomábamos un chocolate. Que bien nos sentó. El camarero fliparía, pero nos dió igual.
De vuelta al coche, un Skoda ranchera, salimos hacia Zadar. El viaje fue bastante entretenido, atravesando el blanco paisaje nevado hasta los verdes valles. Pasamos por varios pueblos, vimos de lejos otro parque natural con unas islas increíbles que parecían blancas, sin vegetación,... en fin, ¡muy chulo todo esto!
Como aquí la gente come un poco antes que nosotros y ya eran las 2:30, decidimos parar por el camino antes de que no encontrásemos nada abierto a nuestra llegada. Vimos un cartel por la carretera anunciando un asador y ahí nos fuimos. Comimos muy bien, unos carne y otros pasta. Los camareros estaban extrañados de que hablásemos inglés: según ellos con todos los españoles que pasan por allí es imposible entenderse porque les dicen que solo hablan español. Nos reimos un poco con ellos. El único "pero" al sitio es que nos sentaron debajo de un chisme de esos que da calor con aire y molestaba bastante. Respecto al precio pues está bien: aquí comes a la carta por unos 15-20 € al cambio. En casi todos los sitios comimos por esa cantidad, excepto una cena en Dubrovnik que salimos a unos 25 €, pero es tema de otro capítulo.
Llegamos a Zadar y conseguimos entrar bastante bien gracias los planos que llevábamos y que habíamos sacado del google maps. Pero la zona donde teníamos la casita alquilada en la red, fue un poco complicado encontrarla. Preguntamos en una tienda de comestibles pero no hablaban inglés aunque nos dieron a entender que se encontraba un poco más adelante. Seguimos un poco con el coche y como llevábamos una foto exterior conseguimos dar con ella. Llamamos por teléfono a la señora y a los 10 minutos apareció una mujer muy bien vestida, con mucho desparpajo y hablando un inglés de la leche. ¡Alucinamos!
Nos enseñó uno de los 4 apartamentos que tenía la casa, nos explicó como llegar al centro histórico, nos dió las llaves y se despidió hasta el día siguiente.
Empezamos a distribuirnos: dos para la habitación matrimonial, uno para la individual y los otros al sofá-cama del salón. Es muy pequeñito pero está muy bien. Después de asearnos un poco y cambiarnos de ropa, salimos a dar un paseo hasta el centro y de paso para cenar. Es que el "driver" se desquició un poco con tanta calle hasta llegar a la casa y dijo que el coche ahí se quedaba, que ni tocarlo.
Bajamos hasta el puerto deportivo, el cual hay que rodear por completo hasta llegar a una pasarela que cruza hacia la ciudad amurallada. Anduvimos unos 3 ó 4 km., con una paradita en la que aprovechando para cambiar 50 euros por kunas en un banco. Trescientos y pico chirimbolos creo que nos dieron.
Empezamos la visita siguiendo una guía que llevábamos: creo que vimos todos los monumentos (catedral, iglesias, restos romanos,...), recorrimos casi todas las calles con unos edificios de estilo veneciano pero en moderno, así que no son tan chulos, y llegamos hasta el órgano marino: un complejo sistema de agujeros, dentro de los cuales hay tubos, que con el empuje de las olas del mar y la corriente de aire que éste genera produce sonidos musicales. ¡Una pasada! Ahí estuvimos un buen rato escuchando esa música y contemplando el paisaje nocturno y las luces de la isla que hay enfrente.
Regresamos hacia la ciudad amurallada, tomamos unas cervezucas en un pub muy chulo y nos fuimos a cenar a las 9 y pico. Aquí no puedes ir mas tarde porque en esta época a las 10 de la noche está todo cerrado. Encontramos un restaurante muy coqueto, estábamos solos, como siempre, y cenamos risotto y pescado. Aquí la comida es como en Italia y también se parece mucho a la nuestra. Platos típicos pues si que los pedimos, pero o no los tienen o son algo tan simple como una pechuga de pollo con una salsa de yogur. Y los restaurantes los sacamos de los que recomiendan las guían que llevamos: se busca precio medio-bajo y al final te sorprendes de lo buenos que son.
Al salir de cenar estaba todo cerrado y no nos quedó mas remedio que volver al hogar dulce hogar. Se me hizo menos largo que a la ida, supongo que influyó que íbamos entretenidos jugando con un gatín negro que nos estaba siguiendo, pero creo que finalmente son 4 km. Ya en casita, no tardamos nada en empijamarnos y a la cuna, que hoy las patitas han hecho ya suficiente ejercicio.
Próximo destino Split.

En Zagreb y sin maletas


Es increible ver la cara de imbécil que te queda cuando mirando a la cinta transportadora del aeropuerto ves que no sale tu equipaje. ¡Y encima te agachas a mirar si todavía sigue alguien detrás del plástico, haciéndose el remolón, fumando un cigarro y sin cargar tus maletas!
Lo peor es que estás en Croacia, hay que reclamar y solo vas a estar esa noche en Zagreb.
Parece que esto aquí es lo normal. Tienen una minioficina para hacer reclamaciones. Bueno, es que el aeropuerto es mas pequeño que el de Asturias y, moderno, lo que se dice moderno, pues casi que no.
Habia mas españoles en la misma situación, pero ellos al menos les había llegado parte del equipaje. A nosotros nada de nada. Una pareja se iba a quedar 2 dias en Zagreb, así que dieron la dirección de su hotel para la entrega del equipaje cuando apareciese. Podian llegar mañana en un avión desde Praga, si era allí donde se habían quedado. Así que no quedaba más remedio que tomarlo con gracia.
Cogimos el coche que habiamos alquilado por internet y nos fuimos a buscar el hotel (Hotel I de Zagreb), reservado del mismo modo. Bueno, todo el viaje lo organizamos igual, con reservas de alojamientos particulares realizadas en la red, traslados en aviones, el hotelito de Zagreb,....¡todo!
La recepcionista debió de flipar: cinco españolitos muertos de frio y sin equipaje. Nos registramos, cogimos las llaves y subimos a la room. Alguien dijo que si nos acomodábamos y en un rato bajabamos a ver si nos daban de cenar. Y ahí empezaron las risas: ¡que narices vamos a acomodar si no tenemos nada!
Bajamos al restaurante y aunque cerraba a las 22:00 y ya pasaba un rato, nos atendieron igualmente porque estaban sirviendo la cena a participantes de varios paises que iban a un campeonato de patinaje. Bueno, era lo que parecía.
Nos reimos tanto en la cena que yo tenía agujetas en el estómago y me dolía la mandíbula. Es que a toda pregunta incompleta del tipo ¿Y si cojo de la....? Carcajada porque no hay maleta. ¿Alguien tiene algo para el dolor de cabeza? Si, yo, pero en la maleta. Y así toda la cena.
Al finalizar "sobornamos" a los camareros para que nos vendieran unos chupitos y unas cervezas y nos fuimos a un saloncito a beberlas.
Al dia siguiente, después del buffet del desayuno, devolvimos las llaves, recogimos los pasaportes y nos fuimos a ver la ciudad.
Llegamos al centro a eso de las 9:30. ¡Hace un frío de la leche! Y nosotros con zapatinos y ropa de patear aeropuertos, nada de botas, jerseys calentitos y demás prendas para el frío.

Estuvimos casi 4 horas pateando la ciudad. Pasamos por la calle más comercial del centro antiguo y claro, llamarla así da un poco de risa, pero en fin, es otro país y aquí lo de comercial debe de significar otra cosa. Llegamos a la plaza principal, donde hay un mitin (creo que tenían elecciones a los 7 días), y una estatua de no se quién a caballo, con una espadona y todo. Pasamos de largo, giramos a la izquierda callejeando un poco, pasamos por un mercado y subimos hasta la catedral. Continuamos para ver un par de iglesias representativas de la ciudad y bajamos a ver la torre del cañón, aunque se nos pasó la hora de ver el bombazo (es a las 12). De todos modos, subimos hasta arriba por unas escaleras liliputienses para hacer fotos panorámicas: ¡rapidito!, 5 minutos porque estábamos congelados.

Bajamos por unas calles serpenteantes hacia el centro, buscamos una cafeteria y entramos a a ver si un chocolate nos hacía reaccionar. Cuando nos dimos cuenta ya eran las 13:30 y teníamos que ir al aeropuerto a ver si había noticias de nuestros bultos.
La intención era llegar en 20 minutos, pero nos perdimos: aquí no ponen señales de aeropuerto y lo encuentras por ciencia infusa. Cuando llegamos ya se estaban llevando las maletas hacia un furgón. Les detuvimos e intentamos hacernos entender que eran las nuestras y que por favor nos las devolviesen, y las de los otros españoles también porque les habíamos llamado al móvil y también venían para el aeropuerto. Finalmente solucionamos todo el papeleo, nos despedimos del resto de la spanish-people y salimos pitando a ver si le dábamos de comer al coche y luego a nuestros estómagos.
Paramos en una gasolinera porque alguno quería cambiarse de calzado y de ropa a ver si entraba en calor. Y luego había que buscar un sitio para comer. Ya eran más de las 4 de la tarde y decidimos regresar a la ciudad porque de camino habíamos visto un centro comercial y por lo general suelen tener sitios abiertos a todas horas para comer aunque sea un piscolabis.
Entramos en una especie de self service y cogimos un poco de pollo, patatas y una ensalada para compartir. Cuando terminamos ya éramos personas: ¡lo que hace el hambre!
Se está haciendo de noche (aquí oscurece a las 4:30) y aún nos quedan un montón de km. hasta el parque natural de Plitvice-Jezera donde hemos alquilado una casita.
El viaje por autopista muy bien, pero el problema aparece cuando le haces caso a los itinerarios de la via michelín: un asco. La copiloto y yo, mapa en mano, pensamos ir por una nacional que parecía bastante directa, pero el famoso "miguelín" sacado por internet recomendaba el acceso por una secundaria. Y por hacer caso al tontín de "miguel" nos metimos por una carreteruca (hay tramos en los que no se cruzan 2 coches) monte a través por la que pasaban zorros. Menos mal que en la zona donde vivimos aún hay carreteras de esas, pero si se ve en nuestra piel alguien de ciudad se "caga".
Pues así estuvimos veintipico kilómetros de nada. Se nos hicieron eternos. Finalmente enlazamos con la nacional que venía en el mapa, continuamos por ella unos kilómetros y por fin encontramos el pueblecito donde teníamos la casa. Costó un poco encontrarla pero la señora vio nuestro coche y salió a abrirnos.
Era una señora enorme, que no hablaba ingés, solo un poquito y que nos decía que hablásemos en alemán. ¡Uf, que lio!. Como siempre pasa en estos casos uno acaba entendiéndose y nos acoplamos dentro sin mayores problemas. Le preguntamos si había algún sitio para ir a cenar y nos dijo que a 150 m. se encontraba uno que abría hasta las 11.
Pues menos mal que fuimos a las 9 y algo: ¡ya casi estaban cerrando!. Nos hicieron 3 pizzas (aquí comen mucha comida italiana), que acompañamos de cervezonas. Tras el último bocado nos dijeron algo así como: ¡venga, "patinando", que me quiero ir!, nos trajeron la cuenta y bye, bye.
De regreso a la casa nos instalamos delante de la tele a ver si había algún canal tipo TVE internacional. Encontramos tropecientos canales, pero el nuestro no aparecía por ningún lado. Casi se le queda a alguno el dedo tonto de tanto buscar. Y mira tu por donde, al final apareció, después de algún que otro canal porno, pero apareció.
Al cabo de un rato de tele, empezamos a tener un poco de frio, así que lo mejor sería meternos en los nidos a descansar calentitos porque al día siguiente tocaba larga caminata.
Mañana: Plitvice-Jezera.