
De acuerdo en que habíamos quedado en madrugar ¡pero a las 7:30 es un crimen!. Normal.... cuando no se cambia la hora del móvil....... y mira que lo cacarean por la tele ese día, y en los periódicos sale en primera página. En fin, que se va a hacer, pero ¡éste no tiene remedio!
La noticia era que estaba nevando, caían unos trapos de la leche y hoy íbamos a recorrer el parque natural. Había dudas al respecto, pero yo me decía: después de llegar hasta aquí, ¿no voy a ver esa maravilla?.
El del móvil se emperró en despertar a todo el mundo para dar la buena nueva y casi los mata del susto, no por la impresión, si no por lo intempestivo de la hora.
Como ya estábamos todos despiertos, nos tomamos un desayuno calentito, nos abrigamos bien, recogimos los trastos, nos despedimos de la señora de la casa y ¡hala! a ver si no nos congelamos.
Nos costó un poco encontrar la entrada del parque, no porque no estuviese señalizada, si no porque una de ellas está cerrada y en la otra hay que dejar el coche en un sitio, cruzar la carretera y buscar la caseta de los tikets. Como preguntando se llega a Roma pues eso fue lo que hicimos.
La entrada nos costó unos 10 € al cambio. Con ella te dan un mapa y te explican que dadas las condiciones del tiempo que hagamos uno de los recorridos que combina barco y tren para reducir el "pateo". También te avisan de que tengas cuidado porque con nieve es un poco peligroso. ¡Coño, esa tía nos quería meter miedo!
Pues ahí vamos, por un caminuco entre árboles intentando distinguir lo que había al fondo de la pendiente. Pero no conseguíamos ver nada y las fotos ¡p'a que contar!. Es que está nevando exageradamente, hace un frío de la hostia y yo tengo las manos tiesas. Mi cámara de fotos se está congelando también la pobrecita y ya estoy sufriendo de tanto secarla con cleanex.
Al fondo están los lagos, las cascadas, los colores verde-azules,.... ¡Una pasada! Esto en verano tiene que ser muy bonito, pero yo casi lo prefiero ahora, todo nevado y nosotros solos con toda esta inmensidad para nuestro disfrute.
Lo que da un poco de "caguitis" es cruzar por las pasarelas de madera sobre el agua, justo al lado de las cascadas: ¡es que están heladas, resbalan un montón, son estrechas y, por supuesto, no hay barandillas! Yo iba pensando: si me caigo al agua me muero. Pero el paisaje lo compensa todo y al momento ya se te quita esa idea de la cabeza.
Es impresionante, no me estraña que sea Patrimonio de la Humanidad. Y una curiosidad: aquí empezó la guerra civil de la extinta Yugoslavia.
¡Hemos encontrado gente! Japoneses, claro, sería una tontería pensar que no nos íbamos a encontrar con esta especie tan curiosa: ¿esta gente ya nace con la cámara de fotos en la mano?
¡Hombre! yo no lo hago mal, me refiero a lo de hacer fotos sin parar (no que me salgan lo bien que yo quisiese). Pero esta gente, andando a toda pastilla con esos pasitos tan cortos, empujando, porque son unos maleducados, hablando a toda pastilla y dándole al clik, clik,.... ¡No me gustan nada! Y encima son todos iguales. Pero lo peor es que en el grupo hay dinosaurios que casi no caminan y se los traen andando a recorrer el parque.... Sin comentarios.
Nosotros seguimos a lo nuestro: recorrer este impresionante lugar.
Estábamos muertos de frio cuando llegamos al embarcadero y area de servicio. Pero estaba todo cerrado. ¡Nosotros que ya pensábamos en el cafetín!. Esperamos atechados bajo un porche de madera con mesas y bancos, jugando con unos gatinos con los que compartimos unas galletas y chocolate. Al rato apareció un grupo de norteamericanos y juntos esperamos el barco.
El viajecito por el lago fue muy chulo, pero como el barquín no tiene cristales el frío era horroroso. Cuando desembarcamos nos fuimos a ver si encontrábamos el tren, que no resultó ser tal: es un miniautobús muy alto, con pinta de tren pero que no es un tren... bueno, parece un camión de bomberos remodelado, o algo por el estilo. Nos llevó hasta cerca de la entrada del parque, pero aún tuvimos que caminar un buen rato.
Cuando llegamos y vimos una cafetería ahí nos metimos de cabeza: tenía calefacción y como estábamos solos pusimos a secar la ropa en los radiadores mientras nos tomábamos un chocolate. Que bien nos sentó. El camarero fliparía, pero nos dió igual.
De vuelta al coche, un Skoda ranchera, salimos hacia Zadar. El viaje fue bastante entretenido, atravesando el blanco paisaje nevado hasta los verdes valles. Pasamos por varios pueblos, vimos de lejos otro parque natural con unas islas increíbles que parecían blancas, sin vegetación,... en fin, ¡muy chulo todo esto!
Como aquí la gente come un poco antes que nosotros y ya eran las 2:30, decidimos parar por el camino antes de que no encontrásemos nada abierto a nuestra llegada. Vimos un cartel por la carretera anunciando un asador y ahí nos fuimos. Comimos muy bien, unos carne y otros pasta. Los camareros estaban extrañados de que hablásemos inglés: según ellos con todos los españoles que pasan por allí es imposible entenderse porque les dicen que solo hablan español. Nos reimos un poco con ellos. El único "pero" al sitio es que nos sentaron debajo de un chisme de esos que da calor con aire y molestaba bastante. Respecto al precio pues está bien: aquí comes a la carta por unos 15-20 € al cambio. En casi todos los sitios comimos por esa cantidad, excepto una cena en Dubrovnik que salimos a unos 25 €, pero es tema de otro capítulo.
Llegamos a Zadar y conseguimos entrar bastante bien gracias los planos que llevábamos y que habíamos sacado del google maps. Pero la zona donde teníamos la casita alquilada en la red, fue un poco complicado encontrarla. Preguntamos en una tienda de comestibles pero no hablaban inglés aunque nos dieron a entender que se encontraba un poco más adelante. Seguimos un poco con el coche y como llevábamos una foto exterior conseguimos dar con ella. Llamamos por teléfono a la señora y a los 10 minutos apareció una mujer muy bien vestida, con mucho desparpajo y hablando un inglés de la leche. ¡Alucinamos!
Nos enseñó uno de los 4 apartamentos que tenía la casa, nos explicó como llegar al centro histórico, nos dió las llaves y se despidió hasta el día siguiente.
Empezamos a distribuirnos: dos para la habitación matrimonial, uno para la individual y los otros al sofá-cama del salón. Es muy pequeñito pero está muy bien. Después de asearnos un poco y cambiarnos de ropa, salimos a dar un paseo hasta el centro y de paso para cenar. Es que el "driver" se desquició un poco con tanta calle hasta llegar a la casa y dijo que el coche ahí se quedaba, que ni tocarlo.
Bajamos hasta el puerto deportivo, el cual hay que rodear por completo hasta llegar a una pasarela que cruza hacia la ciudad amurallada. Anduvimos unos 3 ó 4 km., con una paradita en la que aprovechando para cambiar 50 euros por kunas en un banco. Trescientos y pico chirimbolos creo que nos dieron.
Empezamos la visita siguiendo una guía que llevábamos: creo que vimos todos los monumentos (catedral, iglesias, restos romanos,...), recorrimos casi todas las calles con unos edificios de estilo veneciano pero en moderno, así que no son tan chulos, y llegamos hasta el órgano marino: un complejo sistema de agujeros, dentro de los cuales hay tubos, que con el empuje de las olas del mar y la corriente de aire que éste genera produce sonidos musicales. ¡Una pasada! Ahí estuvimos un buen rato escuchando esa música y contemplando el paisaje nocturno y las luces de la isla que hay enfrente.
Regresamos hacia la ciudad amurallada, tomamos unas cervezucas en un pub muy chulo y nos fuimos a cenar a las 9 y pico. Aquí no puedes ir mas tarde porque en esta época a las 10 de la noche está todo cerrado. Encontramos un restaurante muy coqueto, estábamos solos, como siempre, y cenamos risotto y pescado. Aquí la comida es como en Italia y también se parece mucho a la nuestra. Platos típicos pues si que los pedimos, pero o no los tienen o son algo tan simple como una pechuga de pollo con una salsa de yogur. Y los restaurantes los sacamos de los que recomiendan las guían que llevamos: se busca precio medio-bajo y al final te sorprendes de lo buenos que son.
Al salir de cenar estaba todo cerrado y no nos quedó mas remedio que volver al hogar dulce hogar. Se me hizo menos largo que a la ida, supongo que influyó que íbamos entretenidos jugando con un gatín negro que nos estaba siguiendo, pero creo que finalmente son 4 km. Ya en casita, no tardamos nada en empijamarnos y a la cuna, que hoy las patitas han hecho ya suficiente ejercicio.
Próximo destino Split.
La noticia era que estaba nevando, caían unos trapos de la leche y hoy íbamos a recorrer el parque natural. Había dudas al respecto, pero yo me decía: después de llegar hasta aquí, ¿no voy a ver esa maravilla?.
El del móvil se emperró en despertar a todo el mundo para dar la buena nueva y casi los mata del susto, no por la impresión, si no por lo intempestivo de la hora.
Como ya estábamos todos despiertos, nos tomamos un desayuno calentito, nos abrigamos bien, recogimos los trastos, nos despedimos de la señora de la casa y ¡hala! a ver si no nos congelamos.
Nos costó un poco encontrar la entrada del parque, no porque no estuviese señalizada, si no porque una de ellas está cerrada y en la otra hay que dejar el coche en un sitio, cruzar la carretera y buscar la caseta de los tikets. Como preguntando se llega a Roma pues eso fue lo que hicimos.
La entrada nos costó unos 10 € al cambio. Con ella te dan un mapa y te explican que dadas las condiciones del tiempo que hagamos uno de los recorridos que combina barco y tren para reducir el "pateo". También te avisan de que tengas cuidado porque con nieve es un poco peligroso. ¡Coño, esa tía nos quería meter miedo!
Pues ahí vamos, por un caminuco entre árboles intentando distinguir lo que había al fondo de la pendiente. Pero no conseguíamos ver nada y las fotos ¡p'a que contar!. Es que está nevando exageradamente, hace un frío de la hostia y yo tengo las manos tiesas. Mi cámara de fotos se está congelando también la pobrecita y ya estoy sufriendo de tanto secarla con cleanex.Al fondo están los lagos, las cascadas, los colores verde-azules,.... ¡Una pasada! Esto en verano tiene que ser muy bonito, pero yo casi lo prefiero ahora, todo nevado y nosotros solos con toda esta inmensidad para nuestro disfrute.
Lo que da un poco de "caguitis" es cruzar por las pasarelas de madera sobre el agua, justo al lado de las cascadas: ¡es que están heladas, resbalan un montón, son estrechas y, por supuesto, no hay barandillas! Yo iba pensando: si me caigo al agua me muero. Pero el paisaje lo compensa todo y al momento ya se te quita esa idea de la cabeza.
Es impresionante, no me estraña que sea Patrimonio de la Humanidad. Y una curiosidad: aquí empezó la guerra civil de la extinta Yugoslavia.¡Hemos encontrado gente! Japoneses, claro, sería una tontería pensar que no nos íbamos a encontrar con esta especie tan curiosa: ¿esta gente ya nace con la cámara de fotos en la mano?
¡Hombre! yo no lo hago mal, me refiero a lo de hacer fotos sin parar (no que me salgan lo bien que yo quisiese). Pero esta gente, andando a toda pastilla con esos pasitos tan cortos, empujando, porque son unos maleducados, hablando a toda pastilla y dándole al clik, clik,.... ¡No me gustan nada! Y encima son todos iguales. Pero lo peor es que en el grupo hay dinosaurios que casi no caminan y se los traen andando a recorrer el parque.... Sin comentarios.
Nosotros seguimos a lo nuestro: recorrer este impresionante lugar.Estábamos muertos de frio cuando llegamos al embarcadero y area de servicio. Pero estaba todo cerrado. ¡Nosotros que ya pensábamos en el cafetín!. Esperamos atechados bajo un porche de madera con mesas y bancos, jugando con unos gatinos con los que compartimos unas galletas y chocolate. Al rato apareció un grupo de norteamericanos y juntos esperamos el barco.
El viajecito por el lago fue muy chulo, pero como el barquín no tiene cristales el frío era horroroso. Cuando desembarcamos nos fuimos a ver si encontrábamos el tren, que no resultó ser tal: es un miniautobús muy alto, con pinta de tren pero que no es un tren... bueno, parece un camión de bomberos remodelado, o algo por el estilo. Nos llevó hasta cerca de la entrada del parque, pero aún tuvimos que caminar un buen rato.
Cuando llegamos y vimos una cafetería ahí nos metimos de cabeza: tenía calefacción y como estábamos solos pusimos a secar la ropa en los radiadores mientras nos tomábamos un chocolate. Que bien nos sentó. El camarero fliparía, pero nos dió igual.De vuelta al coche, un Skoda ranchera, salimos hacia Zadar. El viaje fue bastante entretenido, atravesando el blanco paisaje nevado hasta los verdes valles. Pasamos por varios pueblos, vimos de lejos otro parque natural con unas islas increíbles que parecían blancas, sin vegetación,... en fin, ¡muy chulo todo esto!
Como aquí la gente come un poco antes que nosotros y ya eran las 2:30, decidimos parar por el camino antes de que no encontrásemos nada abierto a nuestra llegada. Vimos un cartel por la carretera anunciando un asador y ahí nos fuimos. Comimos muy bien, unos carne y otros pasta. Los camareros estaban extrañados de que hablásemos inglés: según ellos con todos los españoles que pasan por allí es imposible entenderse porque les dicen que solo hablan español. Nos reimos un poco con ellos. El único "pero" al sitio es que nos sentaron debajo de un chisme de esos que da calor con aire y molestaba bastante. Respecto al precio pues está bien: aquí comes a la carta por unos 15-20 € al cambio. En casi todos los sitios comimos por esa cantidad, excepto una cena en Dubrovnik que salimos a unos 25 €, pero es tema de otro capítulo.
Llegamos a Zadar y conseguimos entrar bastante bien gracias los planos que llevábamos y que habíamos sacado del google maps. Pero la zona donde teníamos la casita alquilada en la red, fue un poco complicado encontrarla. Preguntamos en una tienda de comestibles pero no hablaban inglés aunque nos dieron a entender que se encontraba un poco más adelante. Seguimos un poco con el coche y como llevábamos una foto exterior conseguimos dar con ella. Llamamos por teléfono a la señora y a los 10 minutos apareció una mujer muy bien vestida, con mucho desparpajo y hablando un inglés de la leche. ¡Alucinamos!
Nos enseñó uno de los 4 apartamentos que tenía la casa, nos explicó como llegar al centro histórico, nos dió las llaves y se despidió hasta el día siguiente.
Empezamos a distribuirnos: dos para la habitación matrimonial, uno para la individual y los otros al sofá-cama del salón. Es muy pequeñito pero está muy bien. Después de asearnos un poco y cambiarnos de ropa, salimos a dar un paseo hasta el centro y de paso para cenar. Es que el "driver" se desquició un poco con tanta calle hasta llegar a la casa y dijo que el coche ahí se quedaba, que ni tocarlo.
Bajamos hasta el puerto deportivo, el cual hay que rodear por completo hasta llegar a una pasarela que cruza hacia la ciudad amurallada. Anduvimos unos 3 ó 4 km., con una paradita en la que aprovechando para cambiar 50 euros por kunas en un banco. Trescientos y pico chirimbolos creo que nos dieron.
Empezamos la visita siguiendo una guía que llevábamos: creo que vimos todos los monumentos (catedral, iglesias, restos romanos,...), recorrimos casi todas las calles con unos edificios de estilo veneciano pero en moderno, así que no son tan chulos, y llegamos hasta el órgano marino: un complejo sistema de agujeros, dentro de los cuales hay tubos, que con el empuje de las olas del mar y la corriente de aire que éste genera produce sonidos musicales. ¡Una pasada! Ahí estuvimos un buen rato escuchando esa música y contemplando el paisaje nocturno y las luces de la isla que hay enfrente.
Regresamos hacia la ciudad amurallada, tomamos unas cervezucas en un pub muy chulo y nos fuimos a cenar a las 9 y pico. Aquí no puedes ir mas tarde porque en esta época a las 10 de la noche está todo cerrado. Encontramos un restaurante muy coqueto, estábamos solos, como siempre, y cenamos risotto y pescado. Aquí la comida es como en Italia y también se parece mucho a la nuestra. Platos típicos pues si que los pedimos, pero o no los tienen o son algo tan simple como una pechuga de pollo con una salsa de yogur. Y los restaurantes los sacamos de los que recomiendan las guían que llevamos: se busca precio medio-bajo y al final te sorprendes de lo buenos que son.
Al salir de cenar estaba todo cerrado y no nos quedó mas remedio que volver al hogar dulce hogar. Se me hizo menos largo que a la ida, supongo que influyó que íbamos entretenidos jugando con un gatín negro que nos estaba siguiendo, pero creo que finalmente son 4 km. Ya en casita, no tardamos nada en empijamarnos y a la cuna, que hoy las patitas han hecho ya suficiente ejercicio.
Próximo destino Split.

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