
Esta mañana ha amanecido lloviendo. La terraza del apartamento está toda mojada y aunque ya hay nubes y claros no parece que vaya a mejorar mucho el día.
Después del desayuno y de despedirnos de la dueña del apartamento, nos dirigimos de nuevo al casco antiguo de Zadar para hacer alguna foto a la luz del día. Conseguimos aparcar bastante cerca de la pasarela que cruza hacia la zona amurallada y antes de dejar el coche aprovechamos para comprar las provisiones para el desayuno.
Volvimos a recorrer todo el recinto amurallado, los monumentos, incluso llegamos hasta el "órgano" del mar, donde se escuchan esos curiosos sonidos. Hicimos un montón de fotos, como siempre, y al cabo de poco más de una hora regresamos hacia el coche dando un paseo por el puerto.
Seguimos viaje hacia Sibenik por una carretera nacional para poder ver mejor el paisaje. Vamos completamente pegados a la costa lo que nos permite observar todo el reguero de islas, pueblos y puertos deportivos que se extienden a nuestra derecha.
El tiempo ha mejorado mucho y ahora tenemos un sol radiante. Llegamos a nuestro destino alrededor del mediodía y aparcamos al final del puerto, en un parking muy económico (4 kunas la hora), o eso fue lo que nos dijo en francés el señor de la taquilla: esperemos haberle entendido bien.
Hay bastante gente por esta zona pero es que con el día tan guapo que hace apetece pasear. Nos metimos por unas callejuelas muy bonitas hasta llegar a la catedral. Estaba cerrada pero el exterior es muy curioso, sobre todo por unos frisos que la recorren formados por cabezas humanas todas completamente distintas. Desde aquí las empedradas calles ascienden entre casas de estilo veneciano, todas de piedra con esas contraventanas de colores tan características. Nuestra intención era llegar hasta el castillo que corona la ciudad pero después de un rato caminando nos encontramos con un muro sin acceso. Seguimos un poco hasta una gran verja que estaba abierta y pensamos que por allí se podría subir. Y claro que se podía, pero al cementerio, y ya que estábamos allí dimos una vuelta por dentro, no es que tengamos gustos raros, pero buscábamos una vista general de la ciudad para fotografiar. Lo mejor fue cuando alguien dijo: ¡qué hambre!. ¡Estábamos entre muertos y pensando en comer!: tiene gracia....
Regresamos de nuevo hacia la zona de la catedral donde había un restaurante que teníamos marcado, pero por afuera parecía muy lujoso y teníamos miedo de que los precios fuesen un poco elevados. Así que bajamos hacia el paseo del puerto donde teníamos localizado otro. ¡Dios bendito! Nos hartamos de buscar y preguntar y nada de nada: o se lo había tragado la tierra o ya no existía. Quizás tuviese otro nombre. En fin, que estábamos hartos de caminar, los que veíamos a nuestro paso no nos convencían y decidimos volver al primero. Además si venía en la guía como moderado no podría ser para tanto.
Un comedor muy elegante para nosotros solos, un camarero muy atento y unos platos muy ricos como un entrante muy curioso de mandarina y crema de queso. Luego vinieron los calamares, la carne con una salsa típica de yogur y hubo uno que se zampó cigalas y gambas. Lo curioso de este sitio son los baños que deben de ser para gigantes porque para tirar de la cadena hay que saltar hasta pillarla.
Después de la comilona regresamos hacia el coche dando un paseo. Próximo destino Trogir.
Trogir es una pequeña isla separada del continente por un estrecho canal. Está totalmente amurallada y, por supuesto, es peatonal. Cuando llegamos eran las cuatro y pico de la tarde y ya estaba oscureciendo, así que aparcamos rápido, cruzamos el puente y a patearla. Tiene unas callejuelas empedradas, estrechas y muy bonitas. Del estilo de Sibenik pero sin cuestas. Hay varias iglesias, las casas son también de estilo veneciano, varias puertas de acceso, creo que cuatro, un puerto y al final un castillo tipo torreón defensivo. Lo recorrimos casi todo un par de veces mientras buscábamos un sitio calentito donde tomar un café.
En este país los bares son tipo cafeterías, me refiero a que no es el típico bar de paisanos de toda la vida, aquí son todos bastante modernos. Los paisanos siguen entrando y se toman su vino o su cerveza en la barra y en las mesas están las chicas y las parejas. Bueno, y los turistas, por supuesto. Y algo muy importante: en la TV siempre hay futbol, sobre todo la liga española, que tiene narices, ¿eh?.
Son más de las 6 de la tarde y tendremos que salir para Split para no llegar muy tarde al apartamento. Así que fuimos pitando hacia la autopista. No recuerdo lo que tardamos, pero no mucho. Entrando en la ciudad teníamos miedo perdernos pero lo hicimos muy bien, como que acabamos delante del mismísimo apartamento. Yo aún no me lo puedo creer, pero ha tenido que ser suerte. Llamamos a la dueña desde el coche y llegó en unos 15 minutos. El sitio por afuera no parece que tenga buena pinta, pero por dentro está bastante bien: una entrada-cocina, un aseo, una habitación triple con baño, una salita y otra habitación doble. La señora, muy amable, nos dice que estamos en pleno casco antiguo: con solo caminar 200 metros estaremos en el palacio de Diocleciano. Increíble. Nos da folletos, nos explica que podemos hacer, nos recomienda ir en transbordador a una isla (pero no iremos) y nos explica que en el callejón de al lado hay un restaurante típico donde se come muy bien a buen precio. Incluso nos acompañó para enseñarnoslo. Luego nos dijo que el coche lo dejásemos en la calle subido a la acera pero dejando paso para los peatones. Que como esa calle es prácticamente para uso de autobuses de línea que no habrá problema. Le hacemos caso pero con reservas: ¡el coche no es nuestro y si le pasa algo,.....!
Empezamos a abrir maletas, encender radiadores, revolver un poco por la casa, ver las fotos en la tele... y a las 9 y pico salimos a cenar. Fuimos al sitio recomendado y da la casualidad que también venia en la guía, pero está tan escondido que sería difícil de encontrar. Parece un mesón, es pequeñito y hay más gente cenando: son croatas ¡ohhhh! Intentamos pedir platos típicos, pero no hay manera: casi nunca los tienen. El que pedí yo venía en la guía y resultó ser pechuga de pollo con una salsa rara pero que estaba buena. Y el Banana Split ese, ni que decir tiene que no lo hay en ningún sitio. Cenamos bien y barato, no estamos gastando mucho en llenar el estómago y eso que siempre lo hacemos a la carta, bueno, tampoco hemos visto nunca que tengan menú.
Después de cenar nos fuimos dando un paseo hasta el palacio de Diocleciano: resulta ser un edificio enorme del que solo quedan sus cuatro muros en los cuales vive gente, dentro del recinto se han construido casas, calles, iglesias, palacios, están todos los restos romanos por ahí desperdigados,... Es para no creérselo: la gente se ha apropiado de su trocito de terreno y ahí tiene su casa, su tienda, su bar,...
Hacía un poco de frío y buscábamos algún sitio abierto para tomar algo. Pero el que vimos no convence a todos y en los demás están cerrando. Así que regresamos al apartamento a postrar nuestros cuerpecillos, además son las 12 y pico y no hemos parado en todo el día, así que mejor dormir. Mañana de día se verán mejor las cosas.
Volvimos a recorrer todo el recinto amurallado, los monumentos, incluso llegamos hasta el "órgano" del mar, donde se escuchan esos curiosos sonidos. Hicimos un montón de fotos, como siempre, y al cabo de poco más de una hora regresamos hacia el coche dando un paseo por el puerto.
Seguimos viaje hacia Sibenik por una carretera nacional para poder ver mejor el paisaje. Vamos completamente pegados a la costa lo que nos permite observar todo el reguero de islas, pueblos y puertos deportivos que se extienden a nuestra derecha.El tiempo ha mejorado mucho y ahora tenemos un sol radiante. Llegamos a nuestro destino alrededor del mediodía y aparcamos al final del puerto, en un parking muy económico (4 kunas la hora), o eso fue lo que nos dijo en francés el señor de la taquilla: esperemos haberle entendido bien.
Hay bastante gente por esta zona pero es que con el día tan guapo que hace apetece pasear. Nos metimos por unas callejuelas muy bonitas hasta llegar a la catedral. Estaba cerrada pero el exterior es muy curioso, sobre todo por unos frisos que la recorren formados por cabezas humanas todas completamente distintas. Desde aquí las empedradas calles ascienden entre casas de estilo veneciano, todas de piedra con esas contraventanas de colores tan características. Nuestra intención era llegar hasta el castillo que corona la ciudad pero después de un rato caminando nos encontramos con un muro sin acceso. Seguimos un poco hasta una gran verja que estaba abierta y pensamos que por allí se podría subir. Y claro que se podía, pero al cementerio, y ya que estábamos allí dimos una vuelta por dentro, no es que tengamos gustos raros, pero buscábamos una vista general de la ciudad para fotografiar. Lo mejor fue cuando alguien dijo: ¡qué hambre!. ¡Estábamos entre muertos y pensando en comer!: tiene gracia....
Regresamos de nuevo hacia la zona de la catedral donde había un restaurante que teníamos marcado, pero por afuera parecía muy lujoso y teníamos miedo de que los precios fuesen un poco elevados. Así que bajamos hacia el paseo del puerto donde teníamos localizado otro. ¡Dios bendito! Nos hartamos de buscar y preguntar y nada de nada: o se lo había tragado la tierra o ya no existía. Quizás tuviese otro nombre. En fin, que estábamos hartos de caminar, los que veíamos a nuestro paso no nos convencían y decidimos volver al primero. Además si venía en la guía como moderado no podría ser para tanto.Un comedor muy elegante para nosotros solos, un camarero muy atento y unos platos muy ricos como un entrante muy curioso de mandarina y crema de queso. Luego vinieron los calamares, la carne con una salsa típica de yogur y hubo uno que se zampó cigalas y gambas. Lo curioso de este sitio son los baños que deben de ser para gigantes porque para tirar de la cadena hay que saltar hasta pillarla.
Después de la comilona regresamos hacia el coche dando un paseo. Próximo destino Trogir.
Trogir es una pequeña isla separada del continente por un estrecho canal. Está totalmente amurallada y, por supuesto, es peatonal. Cuando llegamos eran las cuatro y pico de la tarde y ya estaba oscureciendo, así que aparcamos rápido, cruzamos el puente y a patearla. Tiene unas callejuelas empedradas, estrechas y muy bonitas. Del estilo de Sibenik pero sin cuestas. Hay varias iglesias, las casas son también de estilo veneciano, varias puertas de acceso, creo que cuatro, un puerto y al final un castillo tipo torreón defensivo. Lo recorrimos casi todo un par de veces mientras buscábamos un sitio calentito donde tomar un café.
En este país los bares son tipo cafeterías, me refiero a que no es el típico bar de paisanos de toda la vida, aquí son todos bastante modernos. Los paisanos siguen entrando y se toman su vino o su cerveza en la barra y en las mesas están las chicas y las parejas. Bueno, y los turistas, por supuesto. Y algo muy importante: en la TV siempre hay futbol, sobre todo la liga española, que tiene narices, ¿eh?.
Son más de las 6 de la tarde y tendremos que salir para Split para no llegar muy tarde al apartamento. Así que fuimos pitando hacia la autopista. No recuerdo lo que tardamos, pero no mucho. Entrando en la ciudad teníamos miedo perdernos pero lo hicimos muy bien, como que acabamos delante del mismísimo apartamento. Yo aún no me lo puedo creer, pero ha tenido que ser suerte. Llamamos a la dueña desde el coche y llegó en unos 15 minutos. El sitio por afuera no parece que tenga buena pinta, pero por dentro está bastante bien: una entrada-cocina, un aseo, una habitación triple con baño, una salita y otra habitación doble. La señora, muy amable, nos dice que estamos en pleno casco antiguo: con solo caminar 200 metros estaremos en el palacio de Diocleciano. Increíble. Nos da folletos, nos explica que podemos hacer, nos recomienda ir en transbordador a una isla (pero no iremos) y nos explica que en el callejón de al lado hay un restaurante típico donde se come muy bien a buen precio. Incluso nos acompañó para enseñarnoslo. Luego nos dijo que el coche lo dejásemos en la calle subido a la acera pero dejando paso para los peatones. Que como esa calle es prácticamente para uso de autobuses de línea que no habrá problema. Le hacemos caso pero con reservas: ¡el coche no es nuestro y si le pasa algo,.....!Empezamos a abrir maletas, encender radiadores, revolver un poco por la casa, ver las fotos en la tele... y a las 9 y pico salimos a cenar. Fuimos al sitio recomendado y da la casualidad que también venia en la guía, pero está tan escondido que sería difícil de encontrar. Parece un mesón, es pequeñito y hay más gente cenando: son croatas ¡ohhhh! Intentamos pedir platos típicos, pero no hay manera: casi nunca los tienen. El que pedí yo venía en la guía y resultó ser pechuga de pollo con una salsa rara pero que estaba buena. Y el Banana Split ese, ni que decir tiene que no lo hay en ningún sitio. Cenamos bien y barato, no estamos gastando mucho en llenar el estómago y eso que siempre lo hacemos a la carta, bueno, tampoco hemos visto nunca que tengan menú.
Después de cenar nos fuimos dando un paseo hasta el palacio de Diocleciano: resulta ser un edificio enorme del que solo quedan sus cuatro muros en los cuales vive gente, dentro del recinto se han construido casas, calles, iglesias, palacios, están todos los restos romanos por ahí desperdigados,... Es para no creérselo: la gente se ha apropiado de su trocito de terreno y ahí tiene su casa, su tienda, su bar,...
Hacía un poco de frío y buscábamos algún sitio abierto para tomar algo. Pero el que vimos no convence a todos y en los demás están cerrando. Así que regresamos al apartamento a postrar nuestros cuerpecillos, además son las 12 y pico y no hemos parado en todo el día, así que mejor dormir. Mañana de día se verán mejor las cosas.

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