Día 11, El Cairo-Milán-Madrid
A las 8 de la mañana ya está Amador aporreando la puerta, no se que prisa tiene hoy. Nosotras nos lo vamos a tomar con un poco más de calma, todavía tenemos que acoplar en las maletas todo lo que hemos traído más las nuevas adquisiciones y para eso hay que hacer cálculo de probabilidades. Al final no tardamos tanto porque coincidimos con Amador en el desayuno, pero no con Elena que apareció cuando ya habíamos terminado. Subimos a darle un último repaso a la habitación y luego salimos a dar una vuelta hasta las 12’30. En el centro comercial están todas las tiendas cerradas menos el supermercado y una cafetería en la que nos sentamos a esperar y donde tomamos lo más parecido a café que nos han dado en todo el viaje. Quedan por hacer las compras de última hora para la familia: pañuelos, cinturones, jerseys,... además de los antojos tontos porque una cosa es gastar las libras que quedan y otra empezar a pulir también los dólares. Elena anda atacada, se le apetece de todo y se gasta una bonita cantidad. Patri también. Regresamos al hotel con tanta bolsa que parece que venimos de las rebajas y lo más gracioso es que tenemos que intentar acoplarlas dentro de las saturadas maletas. Ya nos está esperando el autobús con los andaluces y las madrileñas. ¡Adiós Nilo! ¡Adios Cairo!
Después de pasar los sucesivos controles policiales viene la aventura de facturar las maletas: menudo jaleo, menudo descontrol, a mi esto me pone de muy mala leche. Por fin llegamos a la puerta de embarque. Buscaremos un sitio para esperar lo más confortablemente posible las dos horas que aún faltan para nuestro vuelo. Nos comemos el tentempié que sacamos del buffet, paseamos, vamos al servicio y algunas siguen puliendo libras. Por fin nos llaman. Pasamos a otra sala donde tendremos que esperar otra media hora y aprovecho para tomar la biodramina. Volamos con Alitalia y como nos han dado los asientos ordenados por apellidos, los intercambiamos entre nosotros para ir juntinos. El viaje fue visto y no visto porque no desperté hasta Milán. Nada más bajar la escalerilla empezaron las carreras por la zona de tránsito buscando la próxima puerta de embarque. Llegamos con la lengua fuera y con ½ hora de margen. Pero Isabel está que trina: no puede fumar en el avión y tampoco en el aeropuerto. Dice que la van a matar porque cuando llegue a Madrid se va a fumar cuatro pitillos seguidos. Nos embarcan en otro avión más pequeño de Alitalia. Esta vez nos sentamos mezclados porque Ana no quiere hacer cambios, está de un repunante subido que no se aguanta ni ella, pero nos reímos un montón porque justo a nuestro lado se puso a dar las explicaciones de salvamento un azafato cachas y bastante salao. Es la primera vez que atendemos sin pestañear toda la explicación. A Isabel le da un ataque de risa y el pobre chaval se pone tan colorado que parece que se va a incendiar. Después de este incidente el resto del viaje fue muy tranquilo. Llegamos a Madrid a las 11 de la noche y no somos capaces de comunicar con mamuchi. Estamos un poco mosqueadas, llamamos a tatá y nos dice que no pasa nada, pero no estamos muy convencidas. Nos despedimos del resto del grupo entre besos y abrazos y salimos en busca del coche de alquiler. Menudo viajecito. Primero porque nos perdimos e íbamos hacia Burgos, segundo por la lluvia y tercero porque nos caíamos de sueño. Nos turnamos Amador y yo. Patri está cansada y preocupada y no son las mejores condiciones para conducir, aunque nosotros no andamos muy allá. Llegamos a Soto poco antes de las 5 de la mañana. En casa todo tranquilo, así que a dormir como ceporros porque estamos agotados. Mañana será otro día y el resto será para el recuerdo.
domingo, 5 de abril de 2009
Egipto '2000 - Día 10
Día 10, El Cairo
Nada más levantarme y asomarme por la ventana veo al “puto” panadero de la bicicleta otra vez en sentido contrario. Cojo la cámara a las carreras porque esta vez no se me escapa, esto tiene que quedar para la posteridad. Desayunamos y nos ponemos a esperar a la furgoneta de alquiler cuando aparecen los guías de la agencia explicándonos los horarios de vuelo para mañana. Les decimos que ya lo hemos entendido pero que nos tenemos que ir porque nos están esperando. Teresa insiste en ir con nosotros para explicarlo en persona al resto del grupo porque no sería profesional enviarnos de mensajeros. Aparece la furgoneta y los otros gritando por las ventanillas que nos espabilemos porque si se detiene le ponen multa. Pero Teresa se agarra a la puerta y dice que de allí no se va nadie hasta que no de su explicación de horarios. El copiloto se pone nervioso y el conductor más cuando aparece la poli. Yo desconecto de todo y me pongo a mirar por la ventanilla, no me gusta como ha empezado el día.
Por fin estamos en marcha. Primera parada el barrio copto, una rama del cristianismo que a mi me tiene pinta de ortodoxa. Los coptos eran antiguamente los egipcios no árabes; actualmente se designa a aquellos que se han mantenido cristianos después de la islamización. Tienen unas iglesias con aire de mezquitas pero con bancos y altar como las nuestras. Da la casualidad que casi no podemos entrar en ninguna porque es la hora de la misa y están todas llenas de gente, las mujeres sentadas a la derecha y los hombres a la izquierda. No recuerdo nada más que me hubiese llamado la atención, estoy un poco desganada pero me parece que no soy la única.
Bajamos en dirección al Museo Egipcio para recoger a los cuatro andaluces. Eran las 11’30. Ahora todos apretujados en la “fragoneta” subimos hacia la Mezquita de Mohamed Alí, llamada del Alabastro, en la ciudadela, al lado del museo militar y de una de las antiguas residencias del rey Faruk. Desde aquí se puede ver una de las mejores panorámicas del “Viejo Cairo” al que yo definiría con una simple palabra: “marrón”, porque es el color prácticamente uniforme de todo lo que nos alcanza la vista. Después de hacer varias fotos del paisaje y alrededores entramos en la mezquita zapatos en la mano, cabeza a ser posible cubierta y hombros tapados. Hay personas del grupo que aún sabiendo el respeto que se debe a otras culturas y religiones van de tirantes y pantalón corto. Luego se quejan de la túnica verde que les encasquetan para que no se vea mucha carne. Todo el suelo está cubierto de una alfombra tan gorda que cuando te sientas te apetece echar una cabezadita. Son sitios para observar en silencio, algo difícil de explicar. Al rato aparece Mustafá con su grupo y se sienta cerca para que podamos oir sus explicaciones. No creo que sea prudente acercarnos, no vayamos a meterlo en un compromiso, así que me leo lo que pone la guía y busco a Patri y Elena para ir hacia la salida. Allí nos encontramos con Amador que acaba de ver los palacetes anexos, el de Faruk y el de no se quién. Dice que vayamos a echarles un vistazo. Le hacemos caso y entramos en uno, pero está tan mal conservado que no estamos dentro ni 10 minutos. Afuera están rodando la escena de una película, pero no acaban de arrancar y después de un rato mirando decidimos ir a dar un paseo hasta la zona del museo militar. Siempre que nos cruzamos con grupos de escolares causamos sensación, se ponen como locos saludando sin parar: hello p’aquí, hello p’allá, nos miran y remiran de arriba a bajo.... una cosa rarísima. Llegamos a una explanada desde la que hay otra buena vista del “Viejo Cairo” y volvemos a hacer fotos. Poco a poco regresamos porque ya sólo faltan 15 minutos para que nos recoja la furgoneta. Pero justo en la salida hay un mini-mercado en el que paramos, no vaya a ser que haya alguna novedad. Y mira por donde hay una: se hacen tatuajes con hena. Nos apuntamos Elena, Emma y yo, pero quedan un poco brutos, falta la técnica nubia. Por cierto, se emperraron en que Elena probara una cosa que estaban comiendo y lo pasó fatal. Era una especie de cilindro de repollo relleno de algo y ella que no come verdura pues a echarle imaginación a la situación de tocata y fuga. Amador lo probó y dijo que estaba comestible.
Volvemos a la furgoneta a ver si el “paisa” nos lleva a algún sitio donde nos den de comer. Cerca de allí hay un restaurante turístico total, tipo buffet para grupos, pero cuesta 35£, bebida aparte. No nos parece barato cuando en todas las guías ponen que en el Cairo se come por 20£ máximo. Le decimos si no hay posibilidad de comer un sandwich y una coca-cola en el bar. Primero le responden que sí y nos indican la terraza, pero cuando nos estamos sentando nos dicen que no, que nos levantemos y que si queremos tendremos que esperar más de ½ hora. Así que de nuevo pasamos de comer para continuar con las visitas. Todos han traído un tentempié del buffet del desayuno, por eso aceptan. Pero nosotros sólo tenemos un minipaquete de galletas y un pastelito para los 4. Llevamos dos días con unos ayunos y unos horarios tan raros que mi cuerpecito está a punto de sacar una pancarta y empezar su rebelión particular. Mamuchi va a notar enseguida que estas vacaciones no serán recordadas precisamente por la buena comida.
Seguimos la visita cultural con otros dos edificios tradicionales, la Madraza del Sultán Hasan y la Mezquita Er-Rifai, en la que están enterrados el rey Faruk y el sha de Persia. Escogemos la primera porque sólo queremos sacar una entrada. Patri y yo conseguimos el descuento de 50% con el mismo carnet de estudiante y yo me puse tan nerviosa que pensé que nos habían pillado, pero el problema surgió porque no entendía el inglés rarísimo que hablaba la tía y que me estaba liando con las paunds. Amador fue a echar un vistazo por los alrededores a ver si había algún sitio para comer pero sólo vio puestos de comida egipcia muy rara que no nos atrevemos a probar por si las moscas. Entramos en la Madraza zapatos en mano y nos sorprende lo grande que es. Tiene un montón de lámparas colgando bastante sucias y la mayoría de las paredes están pintadas con mosaicos. No está muy bien conservada pero es que yo no he visto que estuviesen restaurando ningún monumento, bueno alguno sí, pero con 3 ó 4 obreros para disimular. Hay muy poca gente, la tenemos casi para nosotros solos. Uno de los religiosos que hay por allí entra en la sala del fondo donde está la tumba del sultán. Como no sabemos que dice le seguimos. Hay una cúpula hecha con piezas octogonales de madera que es una pasada. El tipo mira hacia el techo y se pone a berrear a pleno pulmón, supongo que esté recitando una oración. De lo que si estoy segura es de que hay una sonoridad tan impresionante que da gusto oirle. Pero cuando acaba nos pide dinero por hacernos esa representación: increíble pero cierto. Salimos al patio de las alfombras y nos sentamos en el suelo. Hay un silencio tan grande que estás en la gloria, es como una paz que te invade y te relaja, no sabría explicarlo. Amador se dedica contar los cuadros de cada hilera de alfombras y al final le salen unos cuatrocientos y pico. Da la casualidad que coincidimos con la oración de la tarde y todos los que están por allí se acercan a rezar, incluso los de un equipo de T.V. que estaba rodando. Primero de pie, luego inclinados y finalmente arrodillados para alabar dos veces a su dios. Todo este ritual lo hacen unas 5 veces. Aproveché para hacerles una foto desde lejos, no era prudente acercarse porque posiblemente sería una falta de respeto.
Después de estos minutos de relax volvimos a la furgoneta para continuar las visitas, aunque ya estamos un poco cansados. Vamos al “putulum”, menudo cachondeo nos trajimos con el dichoso nombre. Cuando el paisano lo pronunciaba no le entendíamos nada y a mi me sonó a “putulum”. Les pregunté a los demás si se acordaban de haberlo leído en algún sitio pero nadie sabía que narices podría ser. Amador decía que si sería el planetario, pero que le sonaba a algo muy grande. Finalmente, cuando llegamos y el “paisa” nos señala hacia un recinto amurallado, leemos en un cartel: Mezquita de Ibn Tulún, que pronunciado rápido es nuestro querido “putulum”. Pues el dichoso edificio estaba en obras, totalmente patas arriba, cosa que no nos advirtieron en la entrada pero bien que nos cobraron. Y para rematar no tienen cambio y a mi me chorizan 2£. Otra vez sin comentarios. Entramos en el patio y como no nos podemos descalzar dado que el suelo está hecho un cristo, nos ponen unos saquinos con cuerdas en los pies por los que nos quieren cobrar. Están todos rotos, llenos de polvo, “atufan”,.... yo a veces pienso si se creen que somos gilipollas, porque otra explicación después de observarles durante 10 días no se me ocurre. En fin, habrá que tomarlo como una anécdota más porque enfadarse con estos tipos no tiene sentido. Como no hay nada que ver, devolvemos las pantuflas y salimos hacia el minarete, el único que tiene el acceso hasta la picota en espiral. Empezamos con ganas pero hay que hacer paradinas para tomar aire. Al final hay un pequeño tramo de escaleras que crujen que da gusto. Acaban en un suelo de tablones sobre el que Amador nos avisa para que subamos de uno en uno porque están todos desvencijados. Yo desisto de subir porque en ese momento llega un grupo de la era terciaria que lo revoluciona todo. Buen momento para detenerse a admirar algo único: la inmensidad de basura que esta gente acumula en las azoteas de las casas.
Ya estamos bastante machacados por lo que decidimos que va siendo hora de ir terminando con las visitas, así que ponemos rumbo al Khalili para visitar la Mezquita de El-Azhar. Al llegar vemos que no hay taquilla, simplemente un señor vendiendo tickets. Patri entra con el carnet ISIC. A mi me pregunta si también soy estudiante y digo que sí, pero que no tengo carnet internacional, sólo el de mi universidad española, por lo que le enseño el carnet de informática del año 91, ¡ahí queda eso!. Y claro, no vale, así que pago el doble que Patricia. A Jordi y Tere les pregunta lo mismo y sin enseñar nada porque dicen que lo han olvidado en el hotel, mentira cochina, pasan por estudiantes. Entonces me llama de nuevo para que le vuelva a enseñar el carnet y así sin más me devuelve la mitad del dinero y me da un ticket de estudiante. Esto es la pera.
Aquí hay que entrar bien tapadín y con pañuelo por lo que a las de siempre les dan una túnica con capucha. Elena se pone el pañuelo en la cabeza después del berrido que le dimos Patri y yo: ¡no quería, la condenada!, casi nos tiramos a su yugular. Entramos en el patio y menuda gozada, es precioso, todo de mármol y lo que es más impresionante: limpio y conservado. Está poniéndose el sol y el juego de luces y sombras ayuda más si cabe a contemplar esta maravilla. Pasamos al interior por una de sus 7 puertas, una por cada día de la semana, y la visión del interior es igual de impactante. Una enorme sala de columnas totalmente alfombrada de rojo, madera en el techo salpicada con algún que otro mosaico de color y algunos estantes dispersos por la sala con ejemplares del corán. Tiene 5 minaretes, uno por cada toque de oración, y en ella caben 11.000 personas. Sólo hay un pequeño espacio separado por biombos reservado para las mujeres. En un extremo hay un paisano rezando a voces, repitiendo lo mismo acompasadamente y dando golpes con las manos: o tiene muchos pecados o está pasao de vueltas. Otros están durmiendo, aunque está prohibido, y otros charlan mientras esperan la hora de oración. No estamos mucho tiempo porque estamos desfallecidos, tenemos hambre, necesitamos un banco para sacar paunds, queremos dar una vuelta por el bazar y casi no nos queda tiempo. En el banco me quieren birlar 10£ pero en mi inglés macarrónico consigo que no me tomen por imbécil y que me den el cambio correcto. Al salir del banco, nosotros 4 le decimos al “paisa” que por favor nos indique un sitio para comer algo mientras el resto se “pierde” por el bazar. Nos lleva a un puesto donde cocinan cordero troceado muy fino, asado con pimiento y tomate. Se llama kebah. Te llenan un bollo con todo este preparado y p’adentro. Está muy bueno aunque también es posible que el hambre que tenemos nos haya atontado las papilas gustativas. Sólo cuesta 2£, regalao, y encima alimenta. Amador y Elena repiten. Por fin parece que nos ha entrado un soplo de vida.
Ya queda muy poco tiempo así que le decimos al “paisa” que vamos a dar una vuelta por el bazar. El pobre no nos quita ojo, nos sigue porque piensa que no le vamos a pagar. En fin, que llevamos sombra. Nos falta por comprar kool, el último de los encargos que llevamos apuntados. Dimos unas cuantas vueltas hasta que encontramos una tienda que lo vendiese y después del consiguiente regateo finalizado con la exclamación ¡Ok, Ok! del vendedor airado, damos por cerrado el trato y las compras. Volvimos al punto de reunión con el resto del grupo para pagar y entonces se organiza un pequeño tumulto. El “paisa” repite insistentemente que tenemos que darle más de lo acordado porque ha tenido que pagar multas y como estamos muy cansados y ya no nos apetece discutir, acordamos darle 21£ por persona. Él sigue dale que te pego con lo mismo y no nos queda más remedio que ponernos serios y dar el asunto por zanjado. Pero entonces saltan algunos con la tontería de que no piensan pagarle hasta que nos deje sanos y salvos en el hotel. El pobre hombre vive por la zona y nos había dicho a nosotros cuatro que el conductor nos iría dejando en nuestras “casitas”. Se lo explicamos a los demás pero se ponen un poco alterados por lo que Elena la intérprete les espeta que si tan desconfiados son que se arreglen ellos con él, que nosotros hemos decidido pagar ahora porque ¿dónde se piensan que nos va a llevar el conductor? ¡ni que nos fuese a secuestrar él solo a los 14!. Al final van dándole el dinero a Elena que se lía un poco con tanta paund y una vez recontado se lo da al paisano. Y éste otra vez con lo de que es poco por lo que decidimos pasar de él diciéndole que es más que suficiente. Primero se queda relatando en árabe y luego se despide con una sonrisa diciéndonos muchas gracias y bye, bye. ¡Son más raros que la leche! De camino al hotel vamos hablando de la cena de esta noche, de que tendremos que estar pendientes de los güelitines, de los modelitos que nos vamos a poner,... Decidimos sacar nuestras mejores galas no sea que nos encontremos con la Farah Diva que por lo visto es una buena cliente. Además contratamos al chico de la furgoneta para que pase a recogernos a las 8’30 y nos lleve al restaurante.
Después de una ducha refrescante y del correspondiente pase de modelos de Patri porque no sabe que ponerse, bajamos a la recepción para recoger a los güelitinos. Amador y yo nos encargamos de ellos mientras Patri y Elena buscan a Mustafá. Son gente mayor que se ponen nerviosos por nada y se impacientan por todo así que pasamos el rato contando chorradas, sobre todo para que al señor no le de algo. Por fin aparecen los otros en la furgo, empujamos p’adentro a la pareja y como hay un sitio libre yo me voy con ellos. Los otros tres y Musta bajan en taxi pero cuando llegamos al Khalili ya están esperando; debieron bajar en taxi-sideral porque nosotros no íbamos precisamente despacio. Pero lo más gracioso fue cuando nos cuentan que Mustafá se empeñó en pagar el taxi y que de un billete de 10£ aún le devolvieron. Es para darse con un palo en los dientes: nosotros pagamos 20£ después de regatear lo que ni se sabe.
Llegamos al restaurante y nos fuimos repartiendo por la mesa: a la derecha se sientan los güelitines, Jordi y Tere, servidora y hermana, y la Habibi; a la izquierda están Antonio y Cleopatra, Emma y Pep, Elena y Amador, Lydia y Maite, Ana y Mustafá. Al ver la carta no sabemos que pedir porque hay un montón de platos que no tenemos ni idea de que narices serán. Nos ofrecen un menú de degustación por 65£ con bebida aparte y nos parece un pelín caro. Pero para no andar con discusiones y ya que es el último día decidimos ponernos todos de acuerdo y tomar el menú. Mientras nos traen la comida nos entretenemos intercambiando direcciones, teléfonos, e-mails,... Idea de Elena que en ese momento hace de “public relations”. Estamos un poco separados y no me entero mucho de las conversaciones: cada vez tengo peor los oídos. Pero como muchas de las chorradas parten de la boquita de Elena y la tengo enfrente, no me aburro mucho. La comida es lo que ya conocemos: tortas de pan para mojar en las salsas de yogur, de legumbres, de especias y luego arroz blanco en abundancia y carne pollo y cordero. De postre una cosa blanca con coco rallado por encima que no me gusta mucho. Es alucinante ver comer a Jordi: se come lo suyo y lo de su señora, aunque no le guste, y eso si que tiene mérito. Terminamos y a la hora de pagar salimos a unas 75£ por barba. Le decimos a Mustafá que nos lleve a un café muy famoso lleno de espejos situado en el corazón del Khalili: El Fishawi. Cuando llegamos está a tope pero nos meten en una especie de reservado que según ellos es para que podamos seguir la fiesta. Somos 17 sardinas en lata, casi no ponemos movernos. Tere está continuamente levantándose porque le ha tocado sentarse delante de la puerta y cada vez que viene un camarero o un vendedor a darnos la lata es ella la que tiene que sufrirlo. Lo de los vendedores es como una plaga, pero ya que estamos de fiesta decidimos tomarlo a cachondeo y así cada vez que aparece uno cantamos y repetimos “halas” al unísono. Nos reímos un montón mientras le damos de lo lindo a la sisha y al té. Pero hoy ha sido un día agotador y como algunos se están cayendo de sueño lo mejor será ir negociando un taxi. Nos despedimos de los catalanes porque ellos se van en otro avión directamente a Barcelona. Después de los besitos y abrazos nosotros 4 y los güelitinos nos preparamos para el último viaje en taxi hasta el hotel. Parece que tenemos una prisa loca porque vamos todos “despendolaos”: acelerones, frenazos, entradas por direcciones prohibidas,... y las ventanillas abiertas para refrescar bien. El casete funciona mal y la cinta está rayada: cada vez que pillamos un bache el cantante suelta un gallo. A Amador le da un ataque de risa y el güelitín empieza a recitar el poema de Espronceda: ¡Con diez cañones por banda...! En los frenazos se nos escurre contra el salpicadero y su mujer se pone tan nerviosa que le agarra de un brazo tan fuerte que le va a dejar marca. No paramos de reirnos hasta el hotel, ha sido la mejor carrera en taxi de nuestra vida. Volvemos a despedirnos de los abueletes y ya en nuestra habitación aparecen Amador y Elena con un ataque de risa de órdago. Cuando se serenaron, cosa que ocurrió un rato después, hacemos los planes para el día siguiente: levantarnos a las 8’30, hacer maletas, desayunar y dar una vuelta por el centro comercial hasta que nos vengan a recoger para ir al aeropuerto.
Nada más levantarme y asomarme por la ventana veo al “puto” panadero de la bicicleta otra vez en sentido contrario. Cojo la cámara a las carreras porque esta vez no se me escapa, esto tiene que quedar para la posteridad. Desayunamos y nos ponemos a esperar a la furgoneta de alquiler cuando aparecen los guías de la agencia explicándonos los horarios de vuelo para mañana. Les decimos que ya lo hemos entendido pero que nos tenemos que ir porque nos están esperando. Teresa insiste en ir con nosotros para explicarlo en persona al resto del grupo porque no sería profesional enviarnos de mensajeros. Aparece la furgoneta y los otros gritando por las ventanillas que nos espabilemos porque si se detiene le ponen multa. Pero Teresa se agarra a la puerta y dice que de allí no se va nadie hasta que no de su explicación de horarios. El copiloto se pone nervioso y el conductor más cuando aparece la poli. Yo desconecto de todo y me pongo a mirar por la ventanilla, no me gusta como ha empezado el día.
Por fin estamos en marcha. Primera parada el barrio copto, una rama del cristianismo que a mi me tiene pinta de ortodoxa. Los coptos eran antiguamente los egipcios no árabes; actualmente se designa a aquellos que se han mantenido cristianos después de la islamización. Tienen unas iglesias con aire de mezquitas pero con bancos y altar como las nuestras. Da la casualidad que casi no podemos entrar en ninguna porque es la hora de la misa y están todas llenas de gente, las mujeres sentadas a la derecha y los hombres a la izquierda. No recuerdo nada más que me hubiese llamado la atención, estoy un poco desganada pero me parece que no soy la única.
Bajamos en dirección al Museo Egipcio para recoger a los cuatro andaluces. Eran las 11’30. Ahora todos apretujados en la “fragoneta” subimos hacia la Mezquita de Mohamed Alí, llamada del Alabastro, en la ciudadela, al lado del museo militar y de una de las antiguas residencias del rey Faruk. Desde aquí se puede ver una de las mejores panorámicas del “Viejo Cairo” al que yo definiría con una simple palabra: “marrón”, porque es el color prácticamente uniforme de todo lo que nos alcanza la vista. Después de hacer varias fotos del paisaje y alrededores entramos en la mezquita zapatos en la mano, cabeza a ser posible cubierta y hombros tapados. Hay personas del grupo que aún sabiendo el respeto que se debe a otras culturas y religiones van de tirantes y pantalón corto. Luego se quejan de la túnica verde que les encasquetan para que no se vea mucha carne. Todo el suelo está cubierto de una alfombra tan gorda que cuando te sientas te apetece echar una cabezadita. Son sitios para observar en silencio, algo difícil de explicar. Al rato aparece Mustafá con su grupo y se sienta cerca para que podamos oir sus explicaciones. No creo que sea prudente acercarnos, no vayamos a meterlo en un compromiso, así que me leo lo que pone la guía y busco a Patri y Elena para ir hacia la salida. Allí nos encontramos con Amador que acaba de ver los palacetes anexos, el de Faruk y el de no se quién. Dice que vayamos a echarles un vistazo. Le hacemos caso y entramos en uno, pero está tan mal conservado que no estamos dentro ni 10 minutos. Afuera están rodando la escena de una película, pero no acaban de arrancar y después de un rato mirando decidimos ir a dar un paseo hasta la zona del museo militar. Siempre que nos cruzamos con grupos de escolares causamos sensación, se ponen como locos saludando sin parar: hello p’aquí, hello p’allá, nos miran y remiran de arriba a bajo.... una cosa rarísima. Llegamos a una explanada desde la que hay otra buena vista del “Viejo Cairo” y volvemos a hacer fotos. Poco a poco regresamos porque ya sólo faltan 15 minutos para que nos recoja la furgoneta. Pero justo en la salida hay un mini-mercado en el que paramos, no vaya a ser que haya alguna novedad. Y mira por donde hay una: se hacen tatuajes con hena. Nos apuntamos Elena, Emma y yo, pero quedan un poco brutos, falta la técnica nubia. Por cierto, se emperraron en que Elena probara una cosa que estaban comiendo y lo pasó fatal. Era una especie de cilindro de repollo relleno de algo y ella que no come verdura pues a echarle imaginación a la situación de tocata y fuga. Amador lo probó y dijo que estaba comestible.
Volvemos a la furgoneta a ver si el “paisa” nos lleva a algún sitio donde nos den de comer. Cerca de allí hay un restaurante turístico total, tipo buffet para grupos, pero cuesta 35£, bebida aparte. No nos parece barato cuando en todas las guías ponen que en el Cairo se come por 20£ máximo. Le decimos si no hay posibilidad de comer un sandwich y una coca-cola en el bar. Primero le responden que sí y nos indican la terraza, pero cuando nos estamos sentando nos dicen que no, que nos levantemos y que si queremos tendremos que esperar más de ½ hora. Así que de nuevo pasamos de comer para continuar con las visitas. Todos han traído un tentempié del buffet del desayuno, por eso aceptan. Pero nosotros sólo tenemos un minipaquete de galletas y un pastelito para los 4. Llevamos dos días con unos ayunos y unos horarios tan raros que mi cuerpecito está a punto de sacar una pancarta y empezar su rebelión particular. Mamuchi va a notar enseguida que estas vacaciones no serán recordadas precisamente por la buena comida.
Seguimos la visita cultural con otros dos edificios tradicionales, la Madraza del Sultán Hasan y la Mezquita Er-Rifai, en la que están enterrados el rey Faruk y el sha de Persia. Escogemos la primera porque sólo queremos sacar una entrada. Patri y yo conseguimos el descuento de 50% con el mismo carnet de estudiante y yo me puse tan nerviosa que pensé que nos habían pillado, pero el problema surgió porque no entendía el inglés rarísimo que hablaba la tía y que me estaba liando con las paunds. Amador fue a echar un vistazo por los alrededores a ver si había algún sitio para comer pero sólo vio puestos de comida egipcia muy rara que no nos atrevemos a probar por si las moscas. Entramos en la Madraza zapatos en mano y nos sorprende lo grande que es. Tiene un montón de lámparas colgando bastante sucias y la mayoría de las paredes están pintadas con mosaicos. No está muy bien conservada pero es que yo no he visto que estuviesen restaurando ningún monumento, bueno alguno sí, pero con 3 ó 4 obreros para disimular. Hay muy poca gente, la tenemos casi para nosotros solos. Uno de los religiosos que hay por allí entra en la sala del fondo donde está la tumba del sultán. Como no sabemos que dice le seguimos. Hay una cúpula hecha con piezas octogonales de madera que es una pasada. El tipo mira hacia el techo y se pone a berrear a pleno pulmón, supongo que esté recitando una oración. De lo que si estoy segura es de que hay una sonoridad tan impresionante que da gusto oirle. Pero cuando acaba nos pide dinero por hacernos esa representación: increíble pero cierto. Salimos al patio de las alfombras y nos sentamos en el suelo. Hay un silencio tan grande que estás en la gloria, es como una paz que te invade y te relaja, no sabría explicarlo. Amador se dedica contar los cuadros de cada hilera de alfombras y al final le salen unos cuatrocientos y pico. Da la casualidad que coincidimos con la oración de la tarde y todos los que están por allí se acercan a rezar, incluso los de un equipo de T.V. que estaba rodando. Primero de pie, luego inclinados y finalmente arrodillados para alabar dos veces a su dios. Todo este ritual lo hacen unas 5 veces. Aproveché para hacerles una foto desde lejos, no era prudente acercarse porque posiblemente sería una falta de respeto.
Después de estos minutos de relax volvimos a la furgoneta para continuar las visitas, aunque ya estamos un poco cansados. Vamos al “putulum”, menudo cachondeo nos trajimos con el dichoso nombre. Cuando el paisano lo pronunciaba no le entendíamos nada y a mi me sonó a “putulum”. Les pregunté a los demás si se acordaban de haberlo leído en algún sitio pero nadie sabía que narices podría ser. Amador decía que si sería el planetario, pero que le sonaba a algo muy grande. Finalmente, cuando llegamos y el “paisa” nos señala hacia un recinto amurallado, leemos en un cartel: Mezquita de Ibn Tulún, que pronunciado rápido es nuestro querido “putulum”. Pues el dichoso edificio estaba en obras, totalmente patas arriba, cosa que no nos advirtieron en la entrada pero bien que nos cobraron. Y para rematar no tienen cambio y a mi me chorizan 2£. Otra vez sin comentarios. Entramos en el patio y como no nos podemos descalzar dado que el suelo está hecho un cristo, nos ponen unos saquinos con cuerdas en los pies por los que nos quieren cobrar. Están todos rotos, llenos de polvo, “atufan”,.... yo a veces pienso si se creen que somos gilipollas, porque otra explicación después de observarles durante 10 días no se me ocurre. En fin, habrá que tomarlo como una anécdota más porque enfadarse con estos tipos no tiene sentido. Como no hay nada que ver, devolvemos las pantuflas y salimos hacia el minarete, el único que tiene el acceso hasta la picota en espiral. Empezamos con ganas pero hay que hacer paradinas para tomar aire. Al final hay un pequeño tramo de escaleras que crujen que da gusto. Acaban en un suelo de tablones sobre el que Amador nos avisa para que subamos de uno en uno porque están todos desvencijados. Yo desisto de subir porque en ese momento llega un grupo de la era terciaria que lo revoluciona todo. Buen momento para detenerse a admirar algo único: la inmensidad de basura que esta gente acumula en las azoteas de las casas.
Ya estamos bastante machacados por lo que decidimos que va siendo hora de ir terminando con las visitas, así que ponemos rumbo al Khalili para visitar la Mezquita de El-Azhar. Al llegar vemos que no hay taquilla, simplemente un señor vendiendo tickets. Patri entra con el carnet ISIC. A mi me pregunta si también soy estudiante y digo que sí, pero que no tengo carnet internacional, sólo el de mi universidad española, por lo que le enseño el carnet de informática del año 91, ¡ahí queda eso!. Y claro, no vale, así que pago el doble que Patricia. A Jordi y Tere les pregunta lo mismo y sin enseñar nada porque dicen que lo han olvidado en el hotel, mentira cochina, pasan por estudiantes. Entonces me llama de nuevo para que le vuelva a enseñar el carnet y así sin más me devuelve la mitad del dinero y me da un ticket de estudiante. Esto es la pera.
Aquí hay que entrar bien tapadín y con pañuelo por lo que a las de siempre les dan una túnica con capucha. Elena se pone el pañuelo en la cabeza después del berrido que le dimos Patri y yo: ¡no quería, la condenada!, casi nos tiramos a su yugular. Entramos en el patio y menuda gozada, es precioso, todo de mármol y lo que es más impresionante: limpio y conservado. Está poniéndose el sol y el juego de luces y sombras ayuda más si cabe a contemplar esta maravilla. Pasamos al interior por una de sus 7 puertas, una por cada día de la semana, y la visión del interior es igual de impactante. Una enorme sala de columnas totalmente alfombrada de rojo, madera en el techo salpicada con algún que otro mosaico de color y algunos estantes dispersos por la sala con ejemplares del corán. Tiene 5 minaretes, uno por cada toque de oración, y en ella caben 11.000 personas. Sólo hay un pequeño espacio separado por biombos reservado para las mujeres. En un extremo hay un paisano rezando a voces, repitiendo lo mismo acompasadamente y dando golpes con las manos: o tiene muchos pecados o está pasao de vueltas. Otros están durmiendo, aunque está prohibido, y otros charlan mientras esperan la hora de oración. No estamos mucho tiempo porque estamos desfallecidos, tenemos hambre, necesitamos un banco para sacar paunds, queremos dar una vuelta por el bazar y casi no nos queda tiempo. En el banco me quieren birlar 10£ pero en mi inglés macarrónico consigo que no me tomen por imbécil y que me den el cambio correcto. Al salir del banco, nosotros 4 le decimos al “paisa” que por favor nos indique un sitio para comer algo mientras el resto se “pierde” por el bazar. Nos lleva a un puesto donde cocinan cordero troceado muy fino, asado con pimiento y tomate. Se llama kebah. Te llenan un bollo con todo este preparado y p’adentro. Está muy bueno aunque también es posible que el hambre que tenemos nos haya atontado las papilas gustativas. Sólo cuesta 2£, regalao, y encima alimenta. Amador y Elena repiten. Por fin parece que nos ha entrado un soplo de vida.
Ya queda muy poco tiempo así que le decimos al “paisa” que vamos a dar una vuelta por el bazar. El pobre no nos quita ojo, nos sigue porque piensa que no le vamos a pagar. En fin, que llevamos sombra. Nos falta por comprar kool, el último de los encargos que llevamos apuntados. Dimos unas cuantas vueltas hasta que encontramos una tienda que lo vendiese y después del consiguiente regateo finalizado con la exclamación ¡Ok, Ok! del vendedor airado, damos por cerrado el trato y las compras. Volvimos al punto de reunión con el resto del grupo para pagar y entonces se organiza un pequeño tumulto. El “paisa” repite insistentemente que tenemos que darle más de lo acordado porque ha tenido que pagar multas y como estamos muy cansados y ya no nos apetece discutir, acordamos darle 21£ por persona. Él sigue dale que te pego con lo mismo y no nos queda más remedio que ponernos serios y dar el asunto por zanjado. Pero entonces saltan algunos con la tontería de que no piensan pagarle hasta que nos deje sanos y salvos en el hotel. El pobre hombre vive por la zona y nos había dicho a nosotros cuatro que el conductor nos iría dejando en nuestras “casitas”. Se lo explicamos a los demás pero se ponen un poco alterados por lo que Elena la intérprete les espeta que si tan desconfiados son que se arreglen ellos con él, que nosotros hemos decidido pagar ahora porque ¿dónde se piensan que nos va a llevar el conductor? ¡ni que nos fuese a secuestrar él solo a los 14!. Al final van dándole el dinero a Elena que se lía un poco con tanta paund y una vez recontado se lo da al paisano. Y éste otra vez con lo de que es poco por lo que decidimos pasar de él diciéndole que es más que suficiente. Primero se queda relatando en árabe y luego se despide con una sonrisa diciéndonos muchas gracias y bye, bye. ¡Son más raros que la leche! De camino al hotel vamos hablando de la cena de esta noche, de que tendremos que estar pendientes de los güelitines, de los modelitos que nos vamos a poner,... Decidimos sacar nuestras mejores galas no sea que nos encontremos con la Farah Diva que por lo visto es una buena cliente. Además contratamos al chico de la furgoneta para que pase a recogernos a las 8’30 y nos lleve al restaurante.
Después de una ducha refrescante y del correspondiente pase de modelos de Patri porque no sabe que ponerse, bajamos a la recepción para recoger a los güelitinos. Amador y yo nos encargamos de ellos mientras Patri y Elena buscan a Mustafá. Son gente mayor que se ponen nerviosos por nada y se impacientan por todo así que pasamos el rato contando chorradas, sobre todo para que al señor no le de algo. Por fin aparecen los otros en la furgo, empujamos p’adentro a la pareja y como hay un sitio libre yo me voy con ellos. Los otros tres y Musta bajan en taxi pero cuando llegamos al Khalili ya están esperando; debieron bajar en taxi-sideral porque nosotros no íbamos precisamente despacio. Pero lo más gracioso fue cuando nos cuentan que Mustafá se empeñó en pagar el taxi y que de un billete de 10£ aún le devolvieron. Es para darse con un palo en los dientes: nosotros pagamos 20£ después de regatear lo que ni se sabe.
Llegamos al restaurante y nos fuimos repartiendo por la mesa: a la derecha se sientan los güelitines, Jordi y Tere, servidora y hermana, y la Habibi; a la izquierda están Antonio y Cleopatra, Emma y Pep, Elena y Amador, Lydia y Maite, Ana y Mustafá. Al ver la carta no sabemos que pedir porque hay un montón de platos que no tenemos ni idea de que narices serán. Nos ofrecen un menú de degustación por 65£ con bebida aparte y nos parece un pelín caro. Pero para no andar con discusiones y ya que es el último día decidimos ponernos todos de acuerdo y tomar el menú. Mientras nos traen la comida nos entretenemos intercambiando direcciones, teléfonos, e-mails,... Idea de Elena que en ese momento hace de “public relations”. Estamos un poco separados y no me entero mucho de las conversaciones: cada vez tengo peor los oídos. Pero como muchas de las chorradas parten de la boquita de Elena y la tengo enfrente, no me aburro mucho. La comida es lo que ya conocemos: tortas de pan para mojar en las salsas de yogur, de legumbres, de especias y luego arroz blanco en abundancia y carne pollo y cordero. De postre una cosa blanca con coco rallado por encima que no me gusta mucho. Es alucinante ver comer a Jordi: se come lo suyo y lo de su señora, aunque no le guste, y eso si que tiene mérito. Terminamos y a la hora de pagar salimos a unas 75£ por barba. Le decimos a Mustafá que nos lleve a un café muy famoso lleno de espejos situado en el corazón del Khalili: El Fishawi. Cuando llegamos está a tope pero nos meten en una especie de reservado que según ellos es para que podamos seguir la fiesta. Somos 17 sardinas en lata, casi no ponemos movernos. Tere está continuamente levantándose porque le ha tocado sentarse delante de la puerta y cada vez que viene un camarero o un vendedor a darnos la lata es ella la que tiene que sufrirlo. Lo de los vendedores es como una plaga, pero ya que estamos de fiesta decidimos tomarlo a cachondeo y así cada vez que aparece uno cantamos y repetimos “halas” al unísono. Nos reímos un montón mientras le damos de lo lindo a la sisha y al té. Pero hoy ha sido un día agotador y como algunos se están cayendo de sueño lo mejor será ir negociando un taxi. Nos despedimos de los catalanes porque ellos se van en otro avión directamente a Barcelona. Después de los besitos y abrazos nosotros 4 y los güelitinos nos preparamos para el último viaje en taxi hasta el hotel. Parece que tenemos una prisa loca porque vamos todos “despendolaos”: acelerones, frenazos, entradas por direcciones prohibidas,... y las ventanillas abiertas para refrescar bien. El casete funciona mal y la cinta está rayada: cada vez que pillamos un bache el cantante suelta un gallo. A Amador le da un ataque de risa y el güelitín empieza a recitar el poema de Espronceda: ¡Con diez cañones por banda...! En los frenazos se nos escurre contra el salpicadero y su mujer se pone tan nerviosa que le agarra de un brazo tan fuerte que le va a dejar marca. No paramos de reirnos hasta el hotel, ha sido la mejor carrera en taxi de nuestra vida. Volvemos a despedirnos de los abueletes y ya en nuestra habitación aparecen Amador y Elena con un ataque de risa de órdago. Cuando se serenaron, cosa que ocurrió un rato después, hacemos los planes para el día siguiente: levantarnos a las 8’30, hacer maletas, desayunar y dar una vuelta por el centro comercial hasta que nos vengan a recoger para ir al aeropuerto.
Egipto '2000 - Día 9
Día 9, El Cairo
Cuando me levanto y me asomo a la ventana ya hay un tráfico horroroso, pero lo mejor de todo es cuando veo a un tío en bici cargado de pan hasta arriba con una bandeja enorme en la cabeza repleta aún de más pan y circulando en sentido contrario. Aquí una ya no se sorprende de nada. Alas 9 nos recoge el autobús con el guía y salimos para Giza. Hay mucha niebla y polución y cuando estamos llegando a las pirámides menos mal que nos avisó el guía porque ni las veíamos. La primera es la de Keops, la más grande, pero no he sentido ese “algo” especial al verla. Lo que me sorprende es la cantidad de piedra y esfuerzo humano que supuso semejante construcción, e imaginármela totalmente recubierta de granito pulido es la leche, sobre todo por lo milimétrico de su trazado. Actualmente sólo permiten el acceso a 100 pax/día porque se ha deteriorado bastante. Además es sorprendente lo cerca que están de la ciudad, apenas unos cientos de metros. Hacemos un montón de fotos mientras sorteamos gran cantidad de grupos de estudiantes que se vuelven tontos al vernos. Ellas se acercan como locas para fotografiarse a nuestro lado porque alucinan con nuestro color de pelo: pelirroja y rubia. Continuamos el recorrido pasando al lado de la pirámide de Kefren, actualmente cerrada por su restauración, hasta llegar a la de Micerinos. Seguimos con el publirreportaje fotográfico mientras esperamos por los valientes que deciden entrar: Jordi y Tere. El resto nos desperdigamos un poco. Nosotros vamos hacia los camellos porque Elena quiere foto, pero no se atreve sola y lleva a Amador. Se suben en uno, ella no quiere que el bicho se ponga de pie y el moro azuzándolo: las voces que pegaba se oían hasta dentro de las pirámides. Primero inclinación hacia delante, luego hacia atrás, yo pensé que se mataba aunque se agarraba a Amador como si tuviese Loctite en los dedos. En esas el “camellero” agarra las riendas y arranca con el animal. Ellos dando voces diciendo que parase, que se querían bajar, pero él haciendo oídos sordos y relatando en árabe. Y yo corriendo con la cámara preparada detrás de ellos: era una situación de cámara oculta. De repente el tío se para y me llama. Resulta que estaba buscando un buen punto de vista con las pirámides al fondo para que saliese bien la foto. Finalmente pude disparar y al momento el moro los bajó del bicho porque quería cobrar. Dice que subir en camello + paseo + foto son 40 £. Le dijimos que si estaba chiflado, que con 5 £ era suficiente. Se puso como loco, a saber lo que nos habrá llamado, así que por si acaso echamos a andar a paso ligero. Después del incidente nos reunimos con el resto del grupo para subir a una explanada desde donde se puede ver todo el conjunto de Giza. Y ¿a quien nos encontramos? A Mustafá haciendo de guía de dos matrimonios catalanes. Nosotros llamándole a voces: ¡Musta, Musta,...! Y ahí vino el pobre.... acabamos con él. Le preguntamos la hora a la que acaba de trabajar y le proponemos quedar a las 7 en el Guri Gureya para ver un baile sofi (danza espiritual). Él encantado, así que allí nos veremos.
Camino de la esfinge hicimos una parada al lado de la barca sagrada del faraón Kefren y al vernos bajar del bus empiezan a aparecer críos vendiendo cosas. Había una pequeñina que vendía postales que era una cucada. Amador la cogió en cuello para hacer una foto y de regalo le dio una libra. La pobrecita agarró el billete con miedo y con tanta vergüenza que se agachaba escondiendo la cara. Amador la llamaba pero ella ni caso, hasta que los ánimos de los otros niños consiguieron que se levantara y le regalara la mejor de sus sonrisas. Una gozada.
Llegamos a la esfinge y recibimos la escueta explicación del guía. Resulta que está enclavada en la cantera de donde sacaban los bloques para hacer las pirámides y el faraón Kefrén decidió tallar uno de grandes dimensiones dándole esa forma tan magnífica. Es una pasada pero hay mucha gente. Tiene la nariz espachurrada porque cuando alguien se quería vengar destrozaba las “napias” de todas las figuras del faraón para que su alma dejase de ser eterna. Muy curioso.
Continuamos nuestra visita hasta una fábrica de papiros. Allí nos explican todo el proceso, desde la obtención de las tiras del tallo de la planta hasta el prensado, secado y entrelazado. Luego nos invitan a ver la exposición recordándonos que si hacemos una compra superior a 100 £ nos harán un 10% de descuento. Nadie tenía pensado comprar pero hay auténticas maravillas y se nos hace la boca agua. Picamos unos cuantos y al final los hijos de ..... no nos hacen descuento porque en ningún momento han mencionado semejante cosa: ¡alucinante! Yo insisto pero no consigo nada, sólo un regalo que según ellos vale 5 £ y que consiste en un mini-mini-papiro en forma de cartucho sin grabar. Le hago saber que no me interesa, que quiero money, él que no y yo que sí. Como no cede el muy cabrón acabo aceptando el regalo con la condición de que me lo grabe, no lo voy a llevar vacío. “O.K., de acuerdo” me dice, pero eso cuesta 5 £. Yo alucino, este tío me saca de quicio y encima se sale con la suya porque consigue 135 £ por el papiro y 5 £ para grabar el regalo. Decididamente soy gilipollas.
De camino al hotel las dos parejas de catalanes, las madrileñas y nosotros decidimos “pasar” de comer para aprovechar el día, así que alquilamos taxis para bajar al centro del Cairo y visitar el museo egipcio. Cierra antes de las 5: ¡ya podemos espabilar!. Bajamos a toda leche, sacamos las entradas y mientras decidimos por donde empezar se nos acerca un chico ofreciéndose como guía del museo. No nos ponemos de acuerdo entre nosotros porque algunos prefieren ir por su cuenta. Pero esto es muy grande y no tenemos un buen libro para seguir ordenadamente la visita de las salas. Al final pactamos con el chaval un precio de 60 £ por una hora.
Empezamos el recorrido pero el tío va a toda leche y como hay mucha gente casi no le oímos. En la visita vemos sarcófagos, esculturas, papiros, relieves, útiles de trabajo, útiles de aseo personal, tronos, barcas, sillas, todo tipo de joyas y bisutería, ropas, calzado... El guía nos llevó a una vitrina para enseñarnos un preservativo egipcio y nosotros alucinados por el tamaño. Al final resultó que era un calcetín. Cómo se reía el tío pensando en lo “pardillos” que éramos. Llegamos al tesoro de Tutankamón, una auténtica maravilla, pero los muy “capullos” casi no lo iluminan para que no puedas hacer fotos. Amador pagó un suplemento de 10 £ para poder entrar con la cámara pero no permiten flash. Para introducir un trípode necesitas un permiso especial así que te pones a pensar en lo absurdo que ha sido gastar ese dinero. Volviendo al tesoro es increíble la cantidad de joyas y chismes con los que cubrieron la momia. Los sarcófagos de oro son una maravilla pero la máscara es algo tan impresionante que la estás mirando y no puedes apartar la vista, es como un imán. Lo más curioso es que se te despeja el cerebro y te pones a pensar que si un faraón que murió a los 18 años tenía todos estos tesoros enterrados en su cámara funeraria qué no tendrían otros como Ramsés II que murió a los 96. Qué habrán hecho los saqueadores de tumbas con lo que encontraban, supongo que fundirlo para facilitar la venta porque no creo que hoy en día exista algo intacto. Cuando faltaban 10 minutos para completar la hora el guía nos dice que ha terminado y que el precio ha subido. Casi lo mandamos a la mierda. Le damos lo acordado y lo dejamos protestando de mala gana. Todavía tenemos 1’30 h. hasta que cierren el museo y decidimos seguir la visita con la ayuda del libro que he llevado. Pero no consigo aclararme, no me centro en las salas ni con la situación de todos los elementos que hay en ellas. Así que me dejan sola, prefieren ir por su cuenta y eso me hace parecer idiota. A los 5 minutos conseguí descifrar el entramado del maldito libro pero sólo Patri, Emma y Pep estaban esperando. Recorrimos toda la planta baja pero al poco de haber empezado por la de arriba comienzan a desalojar el museo porque van a cerrar. Nos quedamos sin poder echarle un último vistazo a la máscara de Tutankamón, que se le va a hacer. Creo que conseguimos ver lo más característico del museo pero no estoy segura de si habrá sido lo más interesante porque esto es enorme y necesitaríamos un día entero para recorrer, sin detenernos mucho, todas las salas. Cuando llegamos a la puerta vimos a Ana la de Granada esperándonos. No se nos había unido antes y cuando decidió bajar sola desde el hotel se le hizo demasiado tarde para entrar. Los otros 3 andaluces se apuntaron con los “güelitinos” para visitar Menfis y Sakara. Posteriormente nos contarían que el viaje fue una aventura porque el taxi empezó a echar humo, lo tuvieron que empujar y luego buscar agua para aliviar el motor después de semejante calentón.
Cuando se juntó todo el grupo a las afueras del museo se nos acerca un tipo que se ofrece a llevarnos en taxi donde queramos. Le decimos que no, pero el tipo comenta algo de una furgoneta. Como hemos decidido que mañana visitaremos la ciudad por nuestra cuenta ya que no pensamos pagar 60$, Lydia dice que por qué no la alquilamos para mañana. Como el paisano sólo habla inglés mandamos a Elena a pactar con él. Después de 20 minutos de tira y afloja y con los estómagos por los suelos de no haber probado bocado desde las 9 de la mañana, conseguimos una furgoneta de 14 plazas con aire acondicionado desde las 9 hasta las 7 de la tarde a 20 £ por cabeza. Le damos las direcciones de los hoteles, nos despedimos y salimos pitando a buscar un McDonalds. Y cual es nuestra sorpresa cuando al preguntar por uno nos dicen que tenemos que cruzar una calle de 6 carriles. Menudo cachondeo. En cuanto vimos oportunidad salimos disparados a las carreras Jordi, Tere, Amador, Patri y yo. Conseguimos llegar al otro lado y cuando miramos hacia atrás vemos a las 4 novietas de Indiana Jones paradas entre dos carriles totalmente apretujadas, dos delante y dos detrás, y dando voces como posesas. Eran Elena, Ana, Lydia y Maite. Más atrás iban Pep y Emma. Ella se puso nerviosa, se soltó de su mano y se quedó sola y con cara de me voy a echar a llorar si no me sacáis de aquí. Finalmente todas consiguieron cruzar entre las risas del resto del grupo.
Lo primero que vemos es un Kentuky de esos donde se comen cosas hechas sólo con pollo. Ni lo pensamos: directos hasta el fondo. Comimos hamburguesas y pepsi, lo suficiente para reponer fuerzas. Cuando salimos a la calle intento orientarme con el mapa que he traído pero como aquí no ponen carteles con los nombres de las calles no hay manera de trazar un itinerario que nos lleve hasta el sitio ese del baile Sofi. Lo mejor será coger un taxi pero en ese momento se nos acerca una chica preguntando en inglés si necesitamos ayuda. Nos suelta un rollo patatero y nos quiere llevar a un café típico. Yo que soy bastante desconfiada me huele a chamusquina pero Elena le hace caso a todo lo que dice y como ella es la intérprete.... Alguien le pide que nos lleve a un banco para cambiar y ella nos acompaña. Luego le decimos que queremos ir andando hasta el Khalili para disfrutar del mercado antes de ir al espectáculo. Ella responde que eso es imposible porque está lejísimos y además está cerrado. Yo no me lo creo, Mustafá nos dijo que hoy era un buen día para bajar al mercado y esta elementa dice todo lo contrario. Le preguntamos a otra chica, pero no está muy segura, posiblemente esté cerrado. Tengo un mosqueo bastante grande. La seguimos hasta un café donde nos estafan con la consumición y con la sisha, no sé si compinchados con ella. Le decimos que nos vamos y ella nos quiere llevar a hacer tatuajes. Afuera hay un tipo esperando. Algunos ya no aguantamos más toda esta tontería y nos vamos a por un taxi, ya casi no nos queda tiempo. Entonces el “amigo” con cara de mala leche le monta una muy gorda a la tía, y ahí se quedan discutiendo acaloradamente mientras salimos disparados en tres taxis hasta el Khalili. Y cuando llegamos que curioso que esté todo abierto y repleto de gente. Me dan ganas de volver para darle un regalo con la mano abierta, y otro para la tontaina de la intérprete. Lo mejor será recordar lo de “sosiego y calma, sosiego y calma” de Demolition Man.
Nos metemos entre la gente hasta el Guri Gureya pero hay una cola enorme y aún no son las 7. Teresa, la guía española, nos dijo que con estar una hora antes era suficiente para conseguir entrada pero estamos como sardinas en lata y encima Mustafá no aparece. Por fin abren las puertas pero seguimos haciendo cola, sólo que ahora bajo techo. Al cabo de un rato aparece Musta, el cual ha tenido que mentir para poder entrar a buscarnos porque le acaban de decir que ya está todo vendido y que sería un milagro que pudiésemos ver el espectáculo. Ya que estamos aquí y como tenemos el mercado al lado le pedimos a Mustafá que nos haga de guía. Pero éste es el mercado egipcio de fruta, hortalizas, carne, ropa... el bazar está al otro lado de la calle. Le decimos que nos han dicho que hoy está cerrado, pero según él, si hoy es sábado, el Khalili estará abierto hasta las 2 de la mañana. Se nos ha acabado de poner la cara a todos de gilipollas en su grado máximo.
Seguimos a Mustafá y llegamos al corazón del bazar. Es un entramado de callejuelas muy estrechas que parece un laberinto, todo lleno de tiendas de especias, perfumes, papiros, bolsos, pañuelos, cojines, alabastro, plata oro, hueso de camello,... ¡una pasada!. Lo más simpático de todo es que aquí piden menos por las cosas y teniendo en cuenta el posterior regateo nos ponemos a pensar en cuanto dinero de más nos han sacado en los mercadillos de las otras ciudades. Es para darse cabezadas contra las paredes. Entramos en un montón de puestos pero nosotros cuatro no compramos nada. El resto comienza a pulir dinerito en papiros de 5£, pañuelos, cartuchos de plata, cadenas, pulseras, bastones, perfumes,.... es de locura. La sorpresa agradable fue encontrar entre el laberinto de callejuelas un restaurante llamado Khan El-Khalili. Mustafá nos explica que es muy famoso porque allí siempre iba un premio Nobel egipcio a tomar té. Algunos entramos a echar un vistazo y vaya chulada. Tiene una especie de café a la entrada con música en directo donde la gente está fumando sisha; un comedor grande a la derecha y a ambos lados de un pasillo hay pequeños reservados con distinta decoración. Los camareros van muy elegantes. Sin pensarlo dos veces decidimos reservar mesa para cenar mañana, invitaremos a Mustafá que nunca ha ido porque para ellos es muy caro, así que seremos un grupo de 17 pax. porque tendremos que contar con los güelitines.
Estamos cansados y además el pobre Mustafá ni siquiera tuvo tiempo de pasar por su hotel para ducharse y comer algo, así que decidimos ir a un café a fumar sisha porque ya estamos todos enganchados. Nos reimos un montón, como siempre. Faltaban Antonio y “Cleopatra”-Aurora e Isabel que después de regresar de Sakara no consiguieron encontrarnos. Son casi las 11, estamos hambrientos y sin fuerzas y lo mejor será ir al hotel a dormir. Pero aún queda la aventura del trayecto en taxi, o lo que es lo mismo: esos pirados y sus locos cacharros, porque van pasados de revoluciones, sin parar de pitar, sin luces, parece que están todos mosqueados con todos. Lo tomamos a cachondeo y fuimos dando voces, a veces de risa y a veces de susto. Cuando nos bajamos en el hotelito ni siquiera entramos, nos fuimos directos al super del centro comercial a comprar algo de fruta y yogures. Intentamos conseguir cucharas pero como no tienen Amador propone usas las tapas, como en la mili. No supimos a cuanto podía ascender nuestra compra hasta que salió el ticket de caja porque estaba todo en árabe, pero ya no nos molestamos en intentar averiguar precios como al principio, siempre con la misma pregunta: ¿qué coño será esto? Y ahora de picnic a nuestra habitación. No aguantamos ni ½ hora, nos caíamos de sueño, así que mañana más.
Cuando me levanto y me asomo a la ventana ya hay un tráfico horroroso, pero lo mejor de todo es cuando veo a un tío en bici cargado de pan hasta arriba con una bandeja enorme en la cabeza repleta aún de más pan y circulando en sentido contrario. Aquí una ya no se sorprende de nada. Alas 9 nos recoge el autobús con el guía y salimos para Giza. Hay mucha niebla y polución y cuando estamos llegando a las pirámides menos mal que nos avisó el guía porque ni las veíamos. La primera es la de Keops, la más grande, pero no he sentido ese “algo” especial al verla. Lo que me sorprende es la cantidad de piedra y esfuerzo humano que supuso semejante construcción, e imaginármela totalmente recubierta de granito pulido es la leche, sobre todo por lo milimétrico de su trazado. Actualmente sólo permiten el acceso a 100 pax/día porque se ha deteriorado bastante. Además es sorprendente lo cerca que están de la ciudad, apenas unos cientos de metros. Hacemos un montón de fotos mientras sorteamos gran cantidad de grupos de estudiantes que se vuelven tontos al vernos. Ellas se acercan como locas para fotografiarse a nuestro lado porque alucinan con nuestro color de pelo: pelirroja y rubia. Continuamos el recorrido pasando al lado de la pirámide de Kefren, actualmente cerrada por su restauración, hasta llegar a la de Micerinos. Seguimos con el publirreportaje fotográfico mientras esperamos por los valientes que deciden entrar: Jordi y Tere. El resto nos desperdigamos un poco. Nosotros vamos hacia los camellos porque Elena quiere foto, pero no se atreve sola y lleva a Amador. Se suben en uno, ella no quiere que el bicho se ponga de pie y el moro azuzándolo: las voces que pegaba se oían hasta dentro de las pirámides. Primero inclinación hacia delante, luego hacia atrás, yo pensé que se mataba aunque se agarraba a Amador como si tuviese Loctite en los dedos. En esas el “camellero” agarra las riendas y arranca con el animal. Ellos dando voces diciendo que parase, que se querían bajar, pero él haciendo oídos sordos y relatando en árabe. Y yo corriendo con la cámara preparada detrás de ellos: era una situación de cámara oculta. De repente el tío se para y me llama. Resulta que estaba buscando un buen punto de vista con las pirámides al fondo para que saliese bien la foto. Finalmente pude disparar y al momento el moro los bajó del bicho porque quería cobrar. Dice que subir en camello + paseo + foto son 40 £. Le dijimos que si estaba chiflado, que con 5 £ era suficiente. Se puso como loco, a saber lo que nos habrá llamado, así que por si acaso echamos a andar a paso ligero. Después del incidente nos reunimos con el resto del grupo para subir a una explanada desde donde se puede ver todo el conjunto de Giza. Y ¿a quien nos encontramos? A Mustafá haciendo de guía de dos matrimonios catalanes. Nosotros llamándole a voces: ¡Musta, Musta,...! Y ahí vino el pobre.... acabamos con él. Le preguntamos la hora a la que acaba de trabajar y le proponemos quedar a las 7 en el Guri Gureya para ver un baile sofi (danza espiritual). Él encantado, así que allí nos veremos.
Camino de la esfinge hicimos una parada al lado de la barca sagrada del faraón Kefren y al vernos bajar del bus empiezan a aparecer críos vendiendo cosas. Había una pequeñina que vendía postales que era una cucada. Amador la cogió en cuello para hacer una foto y de regalo le dio una libra. La pobrecita agarró el billete con miedo y con tanta vergüenza que se agachaba escondiendo la cara. Amador la llamaba pero ella ni caso, hasta que los ánimos de los otros niños consiguieron que se levantara y le regalara la mejor de sus sonrisas. Una gozada.
Llegamos a la esfinge y recibimos la escueta explicación del guía. Resulta que está enclavada en la cantera de donde sacaban los bloques para hacer las pirámides y el faraón Kefrén decidió tallar uno de grandes dimensiones dándole esa forma tan magnífica. Es una pasada pero hay mucha gente. Tiene la nariz espachurrada porque cuando alguien se quería vengar destrozaba las “napias” de todas las figuras del faraón para que su alma dejase de ser eterna. Muy curioso.
Continuamos nuestra visita hasta una fábrica de papiros. Allí nos explican todo el proceso, desde la obtención de las tiras del tallo de la planta hasta el prensado, secado y entrelazado. Luego nos invitan a ver la exposición recordándonos que si hacemos una compra superior a 100 £ nos harán un 10% de descuento. Nadie tenía pensado comprar pero hay auténticas maravillas y se nos hace la boca agua. Picamos unos cuantos y al final los hijos de ..... no nos hacen descuento porque en ningún momento han mencionado semejante cosa: ¡alucinante! Yo insisto pero no consigo nada, sólo un regalo que según ellos vale 5 £ y que consiste en un mini-mini-papiro en forma de cartucho sin grabar. Le hago saber que no me interesa, que quiero money, él que no y yo que sí. Como no cede el muy cabrón acabo aceptando el regalo con la condición de que me lo grabe, no lo voy a llevar vacío. “O.K., de acuerdo” me dice, pero eso cuesta 5 £. Yo alucino, este tío me saca de quicio y encima se sale con la suya porque consigue 135 £ por el papiro y 5 £ para grabar el regalo. Decididamente soy gilipollas.
De camino al hotel las dos parejas de catalanes, las madrileñas y nosotros decidimos “pasar” de comer para aprovechar el día, así que alquilamos taxis para bajar al centro del Cairo y visitar el museo egipcio. Cierra antes de las 5: ¡ya podemos espabilar!. Bajamos a toda leche, sacamos las entradas y mientras decidimos por donde empezar se nos acerca un chico ofreciéndose como guía del museo. No nos ponemos de acuerdo entre nosotros porque algunos prefieren ir por su cuenta. Pero esto es muy grande y no tenemos un buen libro para seguir ordenadamente la visita de las salas. Al final pactamos con el chaval un precio de 60 £ por una hora.
Empezamos el recorrido pero el tío va a toda leche y como hay mucha gente casi no le oímos. En la visita vemos sarcófagos, esculturas, papiros, relieves, útiles de trabajo, útiles de aseo personal, tronos, barcas, sillas, todo tipo de joyas y bisutería, ropas, calzado... El guía nos llevó a una vitrina para enseñarnos un preservativo egipcio y nosotros alucinados por el tamaño. Al final resultó que era un calcetín. Cómo se reía el tío pensando en lo “pardillos” que éramos. Llegamos al tesoro de Tutankamón, una auténtica maravilla, pero los muy “capullos” casi no lo iluminan para que no puedas hacer fotos. Amador pagó un suplemento de 10 £ para poder entrar con la cámara pero no permiten flash. Para introducir un trípode necesitas un permiso especial así que te pones a pensar en lo absurdo que ha sido gastar ese dinero. Volviendo al tesoro es increíble la cantidad de joyas y chismes con los que cubrieron la momia. Los sarcófagos de oro son una maravilla pero la máscara es algo tan impresionante que la estás mirando y no puedes apartar la vista, es como un imán. Lo más curioso es que se te despeja el cerebro y te pones a pensar que si un faraón que murió a los 18 años tenía todos estos tesoros enterrados en su cámara funeraria qué no tendrían otros como Ramsés II que murió a los 96. Qué habrán hecho los saqueadores de tumbas con lo que encontraban, supongo que fundirlo para facilitar la venta porque no creo que hoy en día exista algo intacto. Cuando faltaban 10 minutos para completar la hora el guía nos dice que ha terminado y que el precio ha subido. Casi lo mandamos a la mierda. Le damos lo acordado y lo dejamos protestando de mala gana. Todavía tenemos 1’30 h. hasta que cierren el museo y decidimos seguir la visita con la ayuda del libro que he llevado. Pero no consigo aclararme, no me centro en las salas ni con la situación de todos los elementos que hay en ellas. Así que me dejan sola, prefieren ir por su cuenta y eso me hace parecer idiota. A los 5 minutos conseguí descifrar el entramado del maldito libro pero sólo Patri, Emma y Pep estaban esperando. Recorrimos toda la planta baja pero al poco de haber empezado por la de arriba comienzan a desalojar el museo porque van a cerrar. Nos quedamos sin poder echarle un último vistazo a la máscara de Tutankamón, que se le va a hacer. Creo que conseguimos ver lo más característico del museo pero no estoy segura de si habrá sido lo más interesante porque esto es enorme y necesitaríamos un día entero para recorrer, sin detenernos mucho, todas las salas. Cuando llegamos a la puerta vimos a Ana la de Granada esperándonos. No se nos había unido antes y cuando decidió bajar sola desde el hotel se le hizo demasiado tarde para entrar. Los otros 3 andaluces se apuntaron con los “güelitinos” para visitar Menfis y Sakara. Posteriormente nos contarían que el viaje fue una aventura porque el taxi empezó a echar humo, lo tuvieron que empujar y luego buscar agua para aliviar el motor después de semejante calentón.
Cuando se juntó todo el grupo a las afueras del museo se nos acerca un tipo que se ofrece a llevarnos en taxi donde queramos. Le decimos que no, pero el tipo comenta algo de una furgoneta. Como hemos decidido que mañana visitaremos la ciudad por nuestra cuenta ya que no pensamos pagar 60$, Lydia dice que por qué no la alquilamos para mañana. Como el paisano sólo habla inglés mandamos a Elena a pactar con él. Después de 20 minutos de tira y afloja y con los estómagos por los suelos de no haber probado bocado desde las 9 de la mañana, conseguimos una furgoneta de 14 plazas con aire acondicionado desde las 9 hasta las 7 de la tarde a 20 £ por cabeza. Le damos las direcciones de los hoteles, nos despedimos y salimos pitando a buscar un McDonalds. Y cual es nuestra sorpresa cuando al preguntar por uno nos dicen que tenemos que cruzar una calle de 6 carriles. Menudo cachondeo. En cuanto vimos oportunidad salimos disparados a las carreras Jordi, Tere, Amador, Patri y yo. Conseguimos llegar al otro lado y cuando miramos hacia atrás vemos a las 4 novietas de Indiana Jones paradas entre dos carriles totalmente apretujadas, dos delante y dos detrás, y dando voces como posesas. Eran Elena, Ana, Lydia y Maite. Más atrás iban Pep y Emma. Ella se puso nerviosa, se soltó de su mano y se quedó sola y con cara de me voy a echar a llorar si no me sacáis de aquí. Finalmente todas consiguieron cruzar entre las risas del resto del grupo.
Lo primero que vemos es un Kentuky de esos donde se comen cosas hechas sólo con pollo. Ni lo pensamos: directos hasta el fondo. Comimos hamburguesas y pepsi, lo suficiente para reponer fuerzas. Cuando salimos a la calle intento orientarme con el mapa que he traído pero como aquí no ponen carteles con los nombres de las calles no hay manera de trazar un itinerario que nos lleve hasta el sitio ese del baile Sofi. Lo mejor será coger un taxi pero en ese momento se nos acerca una chica preguntando en inglés si necesitamos ayuda. Nos suelta un rollo patatero y nos quiere llevar a un café típico. Yo que soy bastante desconfiada me huele a chamusquina pero Elena le hace caso a todo lo que dice y como ella es la intérprete.... Alguien le pide que nos lleve a un banco para cambiar y ella nos acompaña. Luego le decimos que queremos ir andando hasta el Khalili para disfrutar del mercado antes de ir al espectáculo. Ella responde que eso es imposible porque está lejísimos y además está cerrado. Yo no me lo creo, Mustafá nos dijo que hoy era un buen día para bajar al mercado y esta elementa dice todo lo contrario. Le preguntamos a otra chica, pero no está muy segura, posiblemente esté cerrado. Tengo un mosqueo bastante grande. La seguimos hasta un café donde nos estafan con la consumición y con la sisha, no sé si compinchados con ella. Le decimos que nos vamos y ella nos quiere llevar a hacer tatuajes. Afuera hay un tipo esperando. Algunos ya no aguantamos más toda esta tontería y nos vamos a por un taxi, ya casi no nos queda tiempo. Entonces el “amigo” con cara de mala leche le monta una muy gorda a la tía, y ahí se quedan discutiendo acaloradamente mientras salimos disparados en tres taxis hasta el Khalili. Y cuando llegamos que curioso que esté todo abierto y repleto de gente. Me dan ganas de volver para darle un regalo con la mano abierta, y otro para la tontaina de la intérprete. Lo mejor será recordar lo de “sosiego y calma, sosiego y calma” de Demolition Man.
Nos metemos entre la gente hasta el Guri Gureya pero hay una cola enorme y aún no son las 7. Teresa, la guía española, nos dijo que con estar una hora antes era suficiente para conseguir entrada pero estamos como sardinas en lata y encima Mustafá no aparece. Por fin abren las puertas pero seguimos haciendo cola, sólo que ahora bajo techo. Al cabo de un rato aparece Musta, el cual ha tenido que mentir para poder entrar a buscarnos porque le acaban de decir que ya está todo vendido y que sería un milagro que pudiésemos ver el espectáculo. Ya que estamos aquí y como tenemos el mercado al lado le pedimos a Mustafá que nos haga de guía. Pero éste es el mercado egipcio de fruta, hortalizas, carne, ropa... el bazar está al otro lado de la calle. Le decimos que nos han dicho que hoy está cerrado, pero según él, si hoy es sábado, el Khalili estará abierto hasta las 2 de la mañana. Se nos ha acabado de poner la cara a todos de gilipollas en su grado máximo.
Seguimos a Mustafá y llegamos al corazón del bazar. Es un entramado de callejuelas muy estrechas que parece un laberinto, todo lleno de tiendas de especias, perfumes, papiros, bolsos, pañuelos, cojines, alabastro, plata oro, hueso de camello,... ¡una pasada!. Lo más simpático de todo es que aquí piden menos por las cosas y teniendo en cuenta el posterior regateo nos ponemos a pensar en cuanto dinero de más nos han sacado en los mercadillos de las otras ciudades. Es para darse cabezadas contra las paredes. Entramos en un montón de puestos pero nosotros cuatro no compramos nada. El resto comienza a pulir dinerito en papiros de 5£, pañuelos, cartuchos de plata, cadenas, pulseras, bastones, perfumes,.... es de locura. La sorpresa agradable fue encontrar entre el laberinto de callejuelas un restaurante llamado Khan El-Khalili. Mustafá nos explica que es muy famoso porque allí siempre iba un premio Nobel egipcio a tomar té. Algunos entramos a echar un vistazo y vaya chulada. Tiene una especie de café a la entrada con música en directo donde la gente está fumando sisha; un comedor grande a la derecha y a ambos lados de un pasillo hay pequeños reservados con distinta decoración. Los camareros van muy elegantes. Sin pensarlo dos veces decidimos reservar mesa para cenar mañana, invitaremos a Mustafá que nunca ha ido porque para ellos es muy caro, así que seremos un grupo de 17 pax. porque tendremos que contar con los güelitines.
Estamos cansados y además el pobre Mustafá ni siquiera tuvo tiempo de pasar por su hotel para ducharse y comer algo, así que decidimos ir a un café a fumar sisha porque ya estamos todos enganchados. Nos reimos un montón, como siempre. Faltaban Antonio y “Cleopatra”-Aurora e Isabel que después de regresar de Sakara no consiguieron encontrarnos. Son casi las 11, estamos hambrientos y sin fuerzas y lo mejor será ir al hotel a dormir. Pero aún queda la aventura del trayecto en taxi, o lo que es lo mismo: esos pirados y sus locos cacharros, porque van pasados de revoluciones, sin parar de pitar, sin luces, parece que están todos mosqueados con todos. Lo tomamos a cachondeo y fuimos dando voces, a veces de risa y a veces de susto. Cuando nos bajamos en el hotelito ni siquiera entramos, nos fuimos directos al super del centro comercial a comprar algo de fruta y yogures. Intentamos conseguir cucharas pero como no tienen Amador propone usas las tapas, como en la mili. No supimos a cuanto podía ascender nuestra compra hasta que salió el ticket de caja porque estaba todo en árabe, pero ya no nos molestamos en intentar averiguar precios como al principio, siempre con la misma pregunta: ¿qué coño será esto? Y ahora de picnic a nuestra habitación. No aguantamos ni ½ hora, nos caíamos de sueño, así que mañana más.
Egipto '2000 - Día 8
Día 8, Aswan-El Cairo
Hoy nos levantamos a las 6 para coger el avión de las 8 de regreso a Aswan. Antes de irnos nos despedimos de Musta y le entregamos el sobrecito: el pobre no sabía que decir.
Tendremos que quedarnos todo el santo día en esta puñetera ciudad porque el vuelo hasta el Cairo lo tenemos a las 9’30 de la noche. Rogamos y suplicamos al guía de la agencia que nos lo adelante. Finalmente creo que nos iremos a las 7’15. Nos dejan con todo el equipaje de nuevo en el Mahrousa y el cachondeo generalizado fue mayúsculo porque a todos se nos va la vista hacia Elena. Los andaluces y los asturianos decidimos salir a dar un paseo por las callejuelas de Aswan porque intentaremos encontrar una mezquita abierta. Atravesamos un mercado auténtico donde compran ellos. Lo mejor de todo es la carnicería, toda llena de moscas y con la vaca despedazada tirada encima de un carro con unas condiciones higiénicas dignas de ver. Después un último vistazo al bazar y vuelta a comprar cosas, la mayoría no sé para qué. A Elenina la experta titulada en bazares le sacan 80 £ por una bolsa de té. Sin comentarios. Buscamos un restaurante para comer y decidimos ir a uno flotante. Entramos en uno muy acogedor con decoración tipo nubio. Fue una comida que nos prestó por la vida. Regresamos al barco a esperar hasta las 5’15, hora de recogida para el aeropuerto. Subimos a cubierta para echarnos una siesta y entonces apareció el camareta de Elena, el cual, muy amable, le invita a tomar algo. Ella acepta, por supuesto, pero dice que se está poniendo nerviosa. También nos volvemos a encontrar con las dos parejas catalanas que desde ahora continuarán viaje hasta el Cairo con nosotros. Estamos charlando animadamente cuando vuelve a aparecer el egipcio a la caza de Elena. Otra vez se va con él y esta vez vuelve diciendo “¡que se vaya a tomar por el culo!” porque como el susodicho no sacó tajada quería cobrarle el escarabajo que le había regalado.
Vienen David y Faisal a recogernos para ir al aeropuerto donde seguiremos esperando y pasando controles policiales. Menudo jaleo, sobre todo para etiquetar las maletas y asegurarnos que vienen con nosotros. En el último control la policía detiene la cinta y se dirige a David para que le lleve a la señorita pelirroja. A la pobre casi le da un ataque, se pone toda nerviosa y se acerca al policía para ver que es lo que quiere. Él le habla en inglés y ella con la histeria no entiende nada y eso que el pobre sólo quería hacerse una foto con ella. ¡Lo que nos reímos! Y Patri toda colorada de pies a cabeza. Llegamos a la sala de embarque, nos sentamos, nos levantamos, paseamos, compramos chocolatinas,... la puntualidad no es habitual en este país. Por fin despegamos. El trayecto no fue muy largo, lo malo vino después. Aterrizaron un montón de aviones a la vez y para encontrar a alguien con un cartelito de MapaTours entre semejante marabunta de gente era como buscar una aguja en un pajar. Por fin aparece un chico con un nombre muy raro que nos condujo por entre aquel caos hasta encontrarnos con Teresa, una andaluza que es la representante de la agencia en el Cairo. Nos dice que nos metamos como podamos hasta la cinta transportadora de las maletas y yo no me lo puedo creer. Pero como no hay más remedio decidimos que sean Amador y Patri los que ataquen mientras yo me quedo vigilando el equipaje de mano. Elena está dándole a la lengua, como siempre, y sin un ápice de preocupación. Hay que ver esto con tus propios ojos para captar la magnitud de semejante barullo. El guía egipcio consigue tres carros en los que se supone que tenemos que cargar las maletas de todo el grupo. No hay que echarle mucha imaginación para ver como iba cada uno. Como se necesitan tres conductores el guía cogió uno, Antonio otro y Amador el otro. Y ahora a conducir por entre toda la gente dentro de la terminal y luego por entre coches y autobuses hasta el aparcamiento. Llegamos a nuestro bus y mientras nos distribuyen dependiendo al hotel al que vayamos, Teresa nos va presentando a nuestro nuevo guía cultural. Nos cuentan curiosidades de la ciudad y nos explican el itinerario de las excursiones opcionales cuyos precios son 35$ y 60$, o lo que es lo mismo, 7.000 y 12.000 pelas según el cambio actual. Tenemos que decidir si nos apuntamos o no pero necesitamos tiempo para pensarlo y como nos están apremiando acabamos por decir que no contaran con nosotros, ya nos apañaremos para visitar algo por nuestra cuenta, además nos parecen un poco caras. Menudo mosqueo que pillaron, pero si son opcionales no pueden aturullarnos la cabeza después de un día con tanto avión y tanto trajín. En fin, llegamos al hotel a las 11’30 de la noche y no hemos probado bocado desde las 2’30 de la tarde. Estamos reventados y con un dolor de cabeza bastante agudo. Nosotros 4 decidimos esperar en la habitación a que llegue el equipaje para revisar que está todo e ipso facto salir a comer algo. El buffet del hotel es muy caro así que salimos a ver lo que encontramos. Cerca del hotel hay un centro comercial que tiene McDonalds además de otras franquicias de comida rápida egipcia. Decidimos entrar en uno que se llama Fresco y ¡joder, todo está en árabe! Vemos las fotos de los platos en la pared pero ni sabemos de que se componen ni cuanto cuestan. Pedimos una carta en inglés pero entre que la buscan y no la encuentran, aparece un tipo con pinta de encargado hablando un inglés rarísimo con el que pretende ayudarnos. Como no entendemos casi nada pedimos a voleo y después de esperar más de ½ hora (comida rápida egipcia) a Amador le traen pollo rebozado con patatas y mogollón de perejil y a nosotras ternera con champiñones en salsa rara acompañada de arroz. Tenemos tanta hambre que ahí va todo p’adentro. Pedimos la cuenta con cara de circunstancia pero no fue tal el susto. Pagamos y directos a la cama, estamos machacados y mañana tocan las pirámides.
Hoy nos levantamos a las 6 para coger el avión de las 8 de regreso a Aswan. Antes de irnos nos despedimos de Musta y le entregamos el sobrecito: el pobre no sabía que decir.
Tendremos que quedarnos todo el santo día en esta puñetera ciudad porque el vuelo hasta el Cairo lo tenemos a las 9’30 de la noche. Rogamos y suplicamos al guía de la agencia que nos lo adelante. Finalmente creo que nos iremos a las 7’15. Nos dejan con todo el equipaje de nuevo en el Mahrousa y el cachondeo generalizado fue mayúsculo porque a todos se nos va la vista hacia Elena. Los andaluces y los asturianos decidimos salir a dar un paseo por las callejuelas de Aswan porque intentaremos encontrar una mezquita abierta. Atravesamos un mercado auténtico donde compran ellos. Lo mejor de todo es la carnicería, toda llena de moscas y con la vaca despedazada tirada encima de un carro con unas condiciones higiénicas dignas de ver. Después un último vistazo al bazar y vuelta a comprar cosas, la mayoría no sé para qué. A Elenina la experta titulada en bazares le sacan 80 £ por una bolsa de té. Sin comentarios. Buscamos un restaurante para comer y decidimos ir a uno flotante. Entramos en uno muy acogedor con decoración tipo nubio. Fue una comida que nos prestó por la vida. Regresamos al barco a esperar hasta las 5’15, hora de recogida para el aeropuerto. Subimos a cubierta para echarnos una siesta y entonces apareció el camareta de Elena, el cual, muy amable, le invita a tomar algo. Ella acepta, por supuesto, pero dice que se está poniendo nerviosa. También nos volvemos a encontrar con las dos parejas catalanas que desde ahora continuarán viaje hasta el Cairo con nosotros. Estamos charlando animadamente cuando vuelve a aparecer el egipcio a la caza de Elena. Otra vez se va con él y esta vez vuelve diciendo “¡que se vaya a tomar por el culo!” porque como el susodicho no sacó tajada quería cobrarle el escarabajo que le había regalado.
Vienen David y Faisal a recogernos para ir al aeropuerto donde seguiremos esperando y pasando controles policiales. Menudo jaleo, sobre todo para etiquetar las maletas y asegurarnos que vienen con nosotros. En el último control la policía detiene la cinta y se dirige a David para que le lleve a la señorita pelirroja. A la pobre casi le da un ataque, se pone toda nerviosa y se acerca al policía para ver que es lo que quiere. Él le habla en inglés y ella con la histeria no entiende nada y eso que el pobre sólo quería hacerse una foto con ella. ¡Lo que nos reímos! Y Patri toda colorada de pies a cabeza. Llegamos a la sala de embarque, nos sentamos, nos levantamos, paseamos, compramos chocolatinas,... la puntualidad no es habitual en este país. Por fin despegamos. El trayecto no fue muy largo, lo malo vino después. Aterrizaron un montón de aviones a la vez y para encontrar a alguien con un cartelito de MapaTours entre semejante marabunta de gente era como buscar una aguja en un pajar. Por fin aparece un chico con un nombre muy raro que nos condujo por entre aquel caos hasta encontrarnos con Teresa, una andaluza que es la representante de la agencia en el Cairo. Nos dice que nos metamos como podamos hasta la cinta transportadora de las maletas y yo no me lo puedo creer. Pero como no hay más remedio decidimos que sean Amador y Patri los que ataquen mientras yo me quedo vigilando el equipaje de mano. Elena está dándole a la lengua, como siempre, y sin un ápice de preocupación. Hay que ver esto con tus propios ojos para captar la magnitud de semejante barullo. El guía egipcio consigue tres carros en los que se supone que tenemos que cargar las maletas de todo el grupo. No hay que echarle mucha imaginación para ver como iba cada uno. Como se necesitan tres conductores el guía cogió uno, Antonio otro y Amador el otro. Y ahora a conducir por entre toda la gente dentro de la terminal y luego por entre coches y autobuses hasta el aparcamiento. Llegamos a nuestro bus y mientras nos distribuyen dependiendo al hotel al que vayamos, Teresa nos va presentando a nuestro nuevo guía cultural. Nos cuentan curiosidades de la ciudad y nos explican el itinerario de las excursiones opcionales cuyos precios son 35$ y 60$, o lo que es lo mismo, 7.000 y 12.000 pelas según el cambio actual. Tenemos que decidir si nos apuntamos o no pero necesitamos tiempo para pensarlo y como nos están apremiando acabamos por decir que no contaran con nosotros, ya nos apañaremos para visitar algo por nuestra cuenta, además nos parecen un poco caras. Menudo mosqueo que pillaron, pero si son opcionales no pueden aturullarnos la cabeza después de un día con tanto avión y tanto trajín. En fin, llegamos al hotel a las 11’30 de la noche y no hemos probado bocado desde las 2’30 de la tarde. Estamos reventados y con un dolor de cabeza bastante agudo. Nosotros 4 decidimos esperar en la habitación a que llegue el equipaje para revisar que está todo e ipso facto salir a comer algo. El buffet del hotel es muy caro así que salimos a ver lo que encontramos. Cerca del hotel hay un centro comercial que tiene McDonalds además de otras franquicias de comida rápida egipcia. Decidimos entrar en uno que se llama Fresco y ¡joder, todo está en árabe! Vemos las fotos de los platos en la pared pero ni sabemos de que se componen ni cuanto cuestan. Pedimos una carta en inglés pero entre que la buscan y no la encuentran, aparece un tipo con pinta de encargado hablando un inglés rarísimo con el que pretende ayudarnos. Como no entendemos casi nada pedimos a voleo y después de esperar más de ½ hora (comida rápida egipcia) a Amador le traen pollo rebozado con patatas y mogollón de perejil y a nosotras ternera con champiñones en salsa rara acompañada de arroz. Tenemos tanta hambre que ahí va todo p’adentro. Pedimos la cuenta con cara de circunstancia pero no fue tal el susto. Pagamos y directos a la cama, estamos machacados y mañana tocan las pirámides.
Egipto '2000 - Día 7
Día 7, Abu Simbel
No hemos madrugado mucho porque el avión no sale hasta las 10 pero al llegar al aeropuerto hay mucho retraso y eso mata a cualquiera. Entre una cosa y otra llegamos a Abu Simbel a las 2’30, estamos en pleno desierto al lado del lago Nasser. Es un paisaje distinto a todo lo que habíamos visto hasta ahora pero no por ello más feo, al contrario. Y el hotel una chulada, totalmente nuevo, con vistas al lago. Las habitaciones están en casitas adosadas cuyo tejado está rematado con una cúpula, todas rodeadas de plantas y palmeras y con una piscina distribuida en varias alturas, con una cascada para morirse. Como el restaurante es un pelín caro decidimos comer algo rápido en la cafetería en la que nos sorprenden con tortilla española, aunque no tienen ni puñetera idea de lo que es porque nos dan una francesa con pimientos.
Salimos para el templo, pero entre que nos organizamos, llegamos y sacamos las entradas se nos va toda la luz para poder hacer fotos decentes. Son poco más de las 5 pero dentro de poco será prácticamente de noche. Tenemos que ir a las carreras para poder ver los dos templos. Te los encuentras de repente al girar en una curva del camino y ¡que bestialidad!: el Gran Templo de Abu Simbel y el Templo de Hator. Sólo nos da tiempo a entrar en el de Ramsés porque a las 6 cierran las puertas para preparar el espectáculo de luz y sonido. Te plantas delante de los cuatro colosos de más de 20 m. que flanquean la puerta de entrada y cuando alzas la vista te quedas de piedra, nunca mejor dicho. Avanzas por las escaleras, entras y te das de narices con ocho estatuas a modo de pilares que sujetan el techo de esta sala. Representan a Osiris pero con los rasgos faciales de Ramsés. Y al fondo está el santuario en cuyo altar hay cuatro figuras talladas en la roca que representan a Harmakhis, Ramsés divinizado, Amón-Ra y Ptah. La disposición del templo es tal que los rayos del sol sólo logran alcanzar el santuario dos veces al año: los días del nacimiento y de la coronación de Ramsés. Lo iluminan todo excepto a Ptah, el dios de la oscuridad. Ha sido una pena tener que hacer una visita tan rápida y con tan poca luz, pero es lo que hemos decidido en consenso para no tener que levantarnos a las 4 de la mañana del día siguiente y realizar la visita antes de coger el avión de regreso. El pequeño templo de Hator también está excavado en la roca y en su fachada inclinada se representan cuatro figuras de Ramsés entre las que aparecen dos de Nefertari. Fue mandado construir como símbolo de amor hacia su esposa, a la que adoraba. Nos sentamos en las tribunas para oir la explicación de Mustafá. Se ha levantando un viento frío que nos está haciendo pupa: esto es el desierto y la noche no tiene nada que ver con el día. Empiezan a aparecer franchutes hablando a “grito pelao” y aunque les llamamos la atención no nos hacen ni caso, son unos maleducados. Hemos decidido quedarnos a ver el espectáculo en francés porque a continuación será en español y aunque la espera se hace larga (casi 2 horas) no nos parece que merezca la pena la caminata de ida y vuelta hasta el hotel. Los templos iluminados son increiblemente fantásticos pero muy difíciles de fotografiar sin trípode. Apagan todas las luces y la visión del cielo totalmente a oscuras es impresionante. Empieza el espectáculo y la voz en off ya te cautiva, aunque no logro entender bien toda la historia. Hay proyectores que no funcionan y eso estropea un pelín el relato para una tiquismiquis como yo. Empieza con los acontecimientos de la salvación del templo: su traslado hasta el enclave actual para que este patrimonio de la humanidad no quedase sumergido tras la construcción de la presa de Aswan. Otra obra faraónica en la que participaron un montón de países bajo el control de la UNESCO. Continúa con la historia de amor entre Ramsés y Nefertari, las luchas por el control de Egipto, las expediciones de conquista y, finalmente, con la muerte del faraón, lo mejor del espectáculo desde mi punto de vista. Además la música está perfecta y eso hace aumentar nuestra atención. Dura aproximadamente 30 minutos y luego tenemos que esperar otra hora para el pase en español. Nos quedamos solos con toda esta maravilla para nuestro goce y disfrute ocular. Intento buscar una buena posición para ver si en esta segunda oportunidad logro alguna foto, pero estoy congelada y cansada. A los 15 minutos del comienzo empiezan a salir, no se si de debajo de las piedras, sudamericanos y españoles por todos los lados. Y durante el espectáculo se me acaba el carrete, se me bloquea el obturador.... una porquería, no se lo que habrá salido. Regresamos al hotel muertos de frío y aún así Amador dice que de aquí no se va sin probar la piscina. Menos mal que lo convencimos para que madrugue mañana y se de un chapuzón de despedida. Durante la cena hacemos una colecta para darle una propina extra a Mustafá porque mañana nos abandona. Ana quiere hacer una fiesta pero lo dejamos en tomar unas cervezas en la terraza del bar. Nos reímos un montón enseñándole chistes y palabras largas a Mustafá. Elena se emperra en que aprenda a decir “chachi piruli Juan pelotilla”, como si fuese una expresión para decir a todas horas. A las 12 y pico sale una italiana a reñirnos porque dice que tiene que madrugar y no la dejamos dormir y como somos “mu güenos” nos vamos a la cuna silenciosamente.
No hemos madrugado mucho porque el avión no sale hasta las 10 pero al llegar al aeropuerto hay mucho retraso y eso mata a cualquiera. Entre una cosa y otra llegamos a Abu Simbel a las 2’30, estamos en pleno desierto al lado del lago Nasser. Es un paisaje distinto a todo lo que habíamos visto hasta ahora pero no por ello más feo, al contrario. Y el hotel una chulada, totalmente nuevo, con vistas al lago. Las habitaciones están en casitas adosadas cuyo tejado está rematado con una cúpula, todas rodeadas de plantas y palmeras y con una piscina distribuida en varias alturas, con una cascada para morirse. Como el restaurante es un pelín caro decidimos comer algo rápido en la cafetería en la que nos sorprenden con tortilla española, aunque no tienen ni puñetera idea de lo que es porque nos dan una francesa con pimientos.
Salimos para el templo, pero entre que nos organizamos, llegamos y sacamos las entradas se nos va toda la luz para poder hacer fotos decentes. Son poco más de las 5 pero dentro de poco será prácticamente de noche. Tenemos que ir a las carreras para poder ver los dos templos. Te los encuentras de repente al girar en una curva del camino y ¡que bestialidad!: el Gran Templo de Abu Simbel y el Templo de Hator. Sólo nos da tiempo a entrar en el de Ramsés porque a las 6 cierran las puertas para preparar el espectáculo de luz y sonido. Te plantas delante de los cuatro colosos de más de 20 m. que flanquean la puerta de entrada y cuando alzas la vista te quedas de piedra, nunca mejor dicho. Avanzas por las escaleras, entras y te das de narices con ocho estatuas a modo de pilares que sujetan el techo de esta sala. Representan a Osiris pero con los rasgos faciales de Ramsés. Y al fondo está el santuario en cuyo altar hay cuatro figuras talladas en la roca que representan a Harmakhis, Ramsés divinizado, Amón-Ra y Ptah. La disposición del templo es tal que los rayos del sol sólo logran alcanzar el santuario dos veces al año: los días del nacimiento y de la coronación de Ramsés. Lo iluminan todo excepto a Ptah, el dios de la oscuridad. Ha sido una pena tener que hacer una visita tan rápida y con tan poca luz, pero es lo que hemos decidido en consenso para no tener que levantarnos a las 4 de la mañana del día siguiente y realizar la visita antes de coger el avión de regreso. El pequeño templo de Hator también está excavado en la roca y en su fachada inclinada se representan cuatro figuras de Ramsés entre las que aparecen dos de Nefertari. Fue mandado construir como símbolo de amor hacia su esposa, a la que adoraba. Nos sentamos en las tribunas para oir la explicación de Mustafá. Se ha levantando un viento frío que nos está haciendo pupa: esto es el desierto y la noche no tiene nada que ver con el día. Empiezan a aparecer franchutes hablando a “grito pelao” y aunque les llamamos la atención no nos hacen ni caso, son unos maleducados. Hemos decidido quedarnos a ver el espectáculo en francés porque a continuación será en español y aunque la espera se hace larga (casi 2 horas) no nos parece que merezca la pena la caminata de ida y vuelta hasta el hotel. Los templos iluminados son increiblemente fantásticos pero muy difíciles de fotografiar sin trípode. Apagan todas las luces y la visión del cielo totalmente a oscuras es impresionante. Empieza el espectáculo y la voz en off ya te cautiva, aunque no logro entender bien toda la historia. Hay proyectores que no funcionan y eso estropea un pelín el relato para una tiquismiquis como yo. Empieza con los acontecimientos de la salvación del templo: su traslado hasta el enclave actual para que este patrimonio de la humanidad no quedase sumergido tras la construcción de la presa de Aswan. Otra obra faraónica en la que participaron un montón de países bajo el control de la UNESCO. Continúa con la historia de amor entre Ramsés y Nefertari, las luchas por el control de Egipto, las expediciones de conquista y, finalmente, con la muerte del faraón, lo mejor del espectáculo desde mi punto de vista. Además la música está perfecta y eso hace aumentar nuestra atención. Dura aproximadamente 30 minutos y luego tenemos que esperar otra hora para el pase en español. Nos quedamos solos con toda esta maravilla para nuestro goce y disfrute ocular. Intento buscar una buena posición para ver si en esta segunda oportunidad logro alguna foto, pero estoy congelada y cansada. A los 15 minutos del comienzo empiezan a salir, no se si de debajo de las piedras, sudamericanos y españoles por todos los lados. Y durante el espectáculo se me acaba el carrete, se me bloquea el obturador.... una porquería, no se lo que habrá salido. Regresamos al hotel muertos de frío y aún así Amador dice que de aquí no se va sin probar la piscina. Menos mal que lo convencimos para que madrugue mañana y se de un chapuzón de despedida. Durante la cena hacemos una colecta para darle una propina extra a Mustafá porque mañana nos abandona. Ana quiere hacer una fiesta pero lo dejamos en tomar unas cervezas en la terraza del bar. Nos reímos un montón enseñándole chistes y palabras largas a Mustafá. Elena se emperra en que aprenda a decir “chachi piruli Juan pelotilla”, como si fuese una expresión para decir a todas horas. A las 12 y pico sale una italiana a reñirnos porque dice que tiene que madrugar y no la dejamos dormir y como somos “mu güenos” nos vamos a la cuna silenciosamente.
Egipto '2000 - Día 6
Día 6, Aswan
Nos levantamos a las 5 y cuando bajamos a desayunar estábamos sólo nosotras y un matrimonio inglés. Aquí no hay manera de despejarse con el café porque sabe a rayos y a saber como lo hacen, de Colombia desde luego que no es. De regreso a la habitación ya teníamos al chico de las maletas esperando por ellas, así que cogimos las mochilas y nos fuimos a esperar a recepción. Entre una cosa y otra salimos a las 7 menos cuarto para unirnos al convoy de escolta que nos llevará hasta Aswan. Cuatro horas metidos en un minibús que con tanto traqueteo era imposible coger posición para dormir. Patri y yo estuvimos charlando con Ana, a la que tuve que dar un masaje en el cuello porque no lo mueve. Ya tenemos casa en Granada por si vamos algún día.
Nada más llegar al hotel hicimos los trámites de siempre: rellenar papeles, entregar pasaporte, repartir llaves y poner pegatinas en las maletas. Enseguida vimos la piscina y ahí vamos a ponernos el bañador. Se nota que este hotel es mucho mejor que el de Luxor. ¡A torrarse toca! Y también a bañarse para refrescar, pero yo me lo pienso un montón hasta que busco la zona adecuada a mis posibilidades natatorias, o lo que es lo mismo, donde se hace pie para no ahogarme. Por cierto, al salir me caí y menudo moratón que me salió en la rodilla. ¡Uf! Yo no aguanto tanto sol y tengo que meterme debajo de la sombrilla.
A las 2 nos fuimos a comer al buffet del hotel y después de una buena siesta y una ducha rápida salimos a negociar con un taxista para que nos lleve hasta el bazar. Conseguimos un precio de 20 £ en el que se incluye bajarnos, esperar 2 horas y media y subirnos de nuevo al hotel. Vamos nosotros cuatro, Isabel y Aurora, las andaluzas. El taxi por dentro era igual que una discoteca, todo lleno de luces, campanillas y la música a todo lo que daba. Le tuvimos que decir que si hacía el favor de bajar el volumen. Luego en el mercado todo el rato están sobando, pidiéndote besos y regalos. Lo más gracioso es que al final te acaban tomando el pelo, así que ya lo tenemos asumido. En una especie de joyería, por decirlo de algún modo, nos dieron té de cortesía que no se puede rechazar, que me lo digan a mi que no quería y casi se enfada el paisano. Ahí compramos un montón de cosas y tuvimos que sacar la visa y los dólares porque ya no teníamos “paunds”. Con las camisetas no somos capaces de conseguir un buen precio. Y con las especias menudo cachondeo: “habibi p’aquí, habibi p’allá, déjate de habibi y baja el precio, habibi que mala eres, dame un regalito”. Así que al final el “pollo” se quedó con nuestros bolígrafos, mecheros y botes de gel y champú. A mi esto me cansa un montón, pero como ellos disfrutan como enanos me tengo que aguantar. Cuando regresamos al taxi compramos las camisetas en una joyería, porque aquí da igual de que sea la tienda, si no lo tienen ellos lo cogen de la tienda de al lado. Menudo regateo, conmigo no quieren tratar porque si digo no es que no, imposible de convencer, a no ser que en ese momento esté tontina del todo. Así que siempre van a por Elena o Patri porque les siguen el rollo y se dejan pasar el brazo por el hombro.
Volvimos al hotel para cenar en el buffet y luego quedamos con Mustafá para bajar al centro a tomar algo. Nos dice que iremos andando porque está cerca y ¡casi tardamos una hora!, según él son 5 minutos egipcios. Al lado del hotel están celebrando una boda nubia y nos cruzamos con los novios que iban a hacerse las fotos en nuestro hotel. Ella va totalmente de rojo, totalmente tatuada y totalmente repleta de oro. Él va con una túnica blanca y para de contar. En la fiesta hay una orquesta y los jóvenes bailan por separado. Enseguida se nos acercan un montón de pequeñajos que se ponen a bailar y nos agarran para que les acompañemos. Son muy majos pero muy pesados, uno le pide a Ana un beso en la boca a lo que ella responde: ¡si podría ser tu abuela! y como no les hacemos mucho caso e intentamos irnos entonces aparecen sus verdaderas intenciones: quieren dinero, han bailado para nosotros y nos persiguen por la calle insistentemente. Seguimos andando y vemos otra boda, pero ésta más tradicional, con el novio de traje y la novia de blanco inmaculado. Por fin llegamos al café y después de tanta caminata resulta que no tienen nada de alcohol. Tendremos que conformarnos con té a la menta y sisha para Mustafá. A las 12’30 regresamos al hotel para preparar la mini-maleta con ropa para un día en la que no debe de faltar el traje de baño porque nos vamos a Abu Simbel.
Nos levantamos a las 5 y cuando bajamos a desayunar estábamos sólo nosotras y un matrimonio inglés. Aquí no hay manera de despejarse con el café porque sabe a rayos y a saber como lo hacen, de Colombia desde luego que no es. De regreso a la habitación ya teníamos al chico de las maletas esperando por ellas, así que cogimos las mochilas y nos fuimos a esperar a recepción. Entre una cosa y otra salimos a las 7 menos cuarto para unirnos al convoy de escolta que nos llevará hasta Aswan. Cuatro horas metidos en un minibús que con tanto traqueteo era imposible coger posición para dormir. Patri y yo estuvimos charlando con Ana, a la que tuve que dar un masaje en el cuello porque no lo mueve. Ya tenemos casa en Granada por si vamos algún día.
Nada más llegar al hotel hicimos los trámites de siempre: rellenar papeles, entregar pasaporte, repartir llaves y poner pegatinas en las maletas. Enseguida vimos la piscina y ahí vamos a ponernos el bañador. Se nota que este hotel es mucho mejor que el de Luxor. ¡A torrarse toca! Y también a bañarse para refrescar, pero yo me lo pienso un montón hasta que busco la zona adecuada a mis posibilidades natatorias, o lo que es lo mismo, donde se hace pie para no ahogarme. Por cierto, al salir me caí y menudo moratón que me salió en la rodilla. ¡Uf! Yo no aguanto tanto sol y tengo que meterme debajo de la sombrilla.
A las 2 nos fuimos a comer al buffet del hotel y después de una buena siesta y una ducha rápida salimos a negociar con un taxista para que nos lleve hasta el bazar. Conseguimos un precio de 20 £ en el que se incluye bajarnos, esperar 2 horas y media y subirnos de nuevo al hotel. Vamos nosotros cuatro, Isabel y Aurora, las andaluzas. El taxi por dentro era igual que una discoteca, todo lleno de luces, campanillas y la música a todo lo que daba. Le tuvimos que decir que si hacía el favor de bajar el volumen. Luego en el mercado todo el rato están sobando, pidiéndote besos y regalos. Lo más gracioso es que al final te acaban tomando el pelo, así que ya lo tenemos asumido. En una especie de joyería, por decirlo de algún modo, nos dieron té de cortesía que no se puede rechazar, que me lo digan a mi que no quería y casi se enfada el paisano. Ahí compramos un montón de cosas y tuvimos que sacar la visa y los dólares porque ya no teníamos “paunds”. Con las camisetas no somos capaces de conseguir un buen precio. Y con las especias menudo cachondeo: “habibi p’aquí, habibi p’allá, déjate de habibi y baja el precio, habibi que mala eres, dame un regalito”. Así que al final el “pollo” se quedó con nuestros bolígrafos, mecheros y botes de gel y champú. A mi esto me cansa un montón, pero como ellos disfrutan como enanos me tengo que aguantar. Cuando regresamos al taxi compramos las camisetas en una joyería, porque aquí da igual de que sea la tienda, si no lo tienen ellos lo cogen de la tienda de al lado. Menudo regateo, conmigo no quieren tratar porque si digo no es que no, imposible de convencer, a no ser que en ese momento esté tontina del todo. Así que siempre van a por Elena o Patri porque les siguen el rollo y se dejan pasar el brazo por el hombro.
Volvimos al hotel para cenar en el buffet y luego quedamos con Mustafá para bajar al centro a tomar algo. Nos dice que iremos andando porque está cerca y ¡casi tardamos una hora!, según él son 5 minutos egipcios. Al lado del hotel están celebrando una boda nubia y nos cruzamos con los novios que iban a hacerse las fotos en nuestro hotel. Ella va totalmente de rojo, totalmente tatuada y totalmente repleta de oro. Él va con una túnica blanca y para de contar. En la fiesta hay una orquesta y los jóvenes bailan por separado. Enseguida se nos acercan un montón de pequeñajos que se ponen a bailar y nos agarran para que les acompañemos. Son muy majos pero muy pesados, uno le pide a Ana un beso en la boca a lo que ella responde: ¡si podría ser tu abuela! y como no les hacemos mucho caso e intentamos irnos entonces aparecen sus verdaderas intenciones: quieren dinero, han bailado para nosotros y nos persiguen por la calle insistentemente. Seguimos andando y vemos otra boda, pero ésta más tradicional, con el novio de traje y la novia de blanco inmaculado. Por fin llegamos al café y después de tanta caminata resulta que no tienen nada de alcohol. Tendremos que conformarnos con té a la menta y sisha para Mustafá. A las 12’30 regresamos al hotel para preparar la mini-maleta con ropa para un día en la que no debe de faltar el traje de baño porque nos vamos a Abu Simbel.
Egipto '2000 - Día 5
Día 5, Luxor-Dendera-Luxor
A las 7 bajamos a desayunar y menudo buffet, hay mogollón de cosas pero estamos un poco desganados, menos Elena que “jala” como dios manda. Y nos dice que Pa es muy buena, estuvo hasta las 12’30 paseando por la terraza esperando a que la señorita se aclarase con el moro. En fin, que tiene un colgante más al cuello, un escarabajo regalo de última hora.
Nos subimos en el minibús los 9 que vamos a ir de excursión a Dendera (el resto prefiere dormir). Aunque primero tendremos que juntarnos con el resto de autobuses que formarán la caravana con escolta, unos 25 ó 30 vehículos repletos de turistas protegidos por dos coches de policía armados hasta los dientes, no sé que pensar. Menuda risa que pasamos, por no llorar, al ver como conducen estos elementos. Se meten al otro carril para adelantar a otros autobuses del convoy como si nada, y eso teniendo en cuenta que vienen de frente otros coches y camiones. En una de estas nuestro chófer se pone a adelantar como loco. Isabel la andaluza dice: “Oye Mustafá, dile al conductor que viene un camión. ¡Oye!, dile que es muy grande, y dile también que cada vez está más cerca”. Es la monda... pero son unos artistas del pitido porque frenan de repente, pitan como posesos y se meten en el mínimo hueco que haya dentro del resto de la caravana. Como el trayecto durará casi hora media intentaremos dormir un poco.
Hasta Dendera sólo llegamos dos minibuses de toda la caravana así que tenemos el templo para nosotros solos. Está dedicado a la diosa Hathor, con cara de mujer y orejas y cuerpo de vaca. Es la diosa de la ternura y alegría y en el templo se presentan los meses del año, las semanas, el sol, la luna, los signos del zodiaco y todo el techo recubierto de estrellas, representadas como asteriscos pero sin la patina del medio, así se asemejaban a la figura humana ya que cuando uno muere nace una estrella. Éste es el único templo en el que se puede bajar a la cripta y subir al techo. Para bajar a la cripta hay que tener un mínimo de agilidad por lo que los viejecitos catalanes ni lo intentan. Mejor, porque ya estamos un poco cansados de ellos, sobre todo por él que es un “repunante”, protesta por todo, no oye un pijo, siempre se retrasa, riñe a la mujer y todo lo que dice lo suelta en catalán. Y encima tenemos que estar todo el rato pendientes de él para que no se caiga, aunque ya lo ha hecho una vez, o para que no dé con el cabezón en las puertas bajas, avisarle de los escalones y de los agujeros.... un engorro hasta para el santo Job. Yo suelo ayudar a la mujer porque me da pena, es muy amable y siempre te lo agradece. Y siguiendo con la cripta sólo bajamos nosotros 4 e Isabel. Hay que descender por unas escaleras muy empinadas a las que se accede por una trampilla que hay en el fondo del templo y luego ponerse casi de rodillas para pasar por una puerta de unos 75 cm. de alto. Luego poco a poco te vas poniendo de pie para ver la maravilla de relieves que hacían estos artistas. Son una pasada, sobre todo el halcón y un collar real como el de Cleopatra. Volvemos para arriba, damos propina el de la trampilla y continuamos por una “casi-rampa” muy oscura que nos conduce hasta el techo (antiguamente era escalera pero los escalones están muy gastados en el centro y como no se ve nada es muy fácil tropezar en los extremos). Llegamos a una especie de azotea con varios niveles. Al siguiente hay que acceder por unos cinco escalones muy altos esculpidos en la piedra que los dos de siempre no pueden subir, asi que Mustafá tiene que rodear todo el recinto con ellos para buscar un acceso más sencillo. Luego una escalera metálica nos lleva al tejado del templo. Es una maravilla lo que se puede ver desde aquí arriba: las murallas que rodean el templo con forma de ola representando al mar, las casas de los sacerdotes, el estanque real, un pequeño templo hecho por Augusto y ¡tatachán! unos sarcófagos donde vamos a meter a Elena para hacer una foto. Lo mejor del paisaje es el contraste que provoca el verde de las tierras regadas por el Nilo junto al color ocre claro del Sahara. Estamos un rato haciendo fotos y como se levanta mucho aire (se ven remolinos de arena) damos por terminada la visita de esta parte. Descendemos para ver una serie de salas o capillas que forman la Tumba de Osiris. Dendera era una de las 16 ciudades que conservaba una reliquia del cuerpo desmembrado de Osiris. En una de ellas se representa la resurrección de Osiris en la que Mustafá no sabe como explicarlo. No voy a contar toda la historia, pero resumiendo, una vez que Seth el maligno mata a su hermano Osiris, Isis, su amada esposa, quiere resucitarlo para tener un hijo bueno que vengue la muerte de su padre. Este hijo será Horus el halcón. Isis con sus poderes y sus alas abanica el cuerpo de Osiris hasta que va tomando vida, y la recupera del todo cuando aparece en una escena tumbado con una mano agarrando la “pilila” erecta. Si la pilila está viva Osiris también. Casi nos morimos de risa. Mustafá nos dijo: “en esta escena se puede ver que Osiris ya está vivo y se nota en.... bueno, creo que todos lo podrán notar”. A la salida del templo pasamos al lado de un enorme relieve de Cleopatra y a continuación fuimos a hacer la foto del sarcófago con Elena. Pero Mustafá nos dijo que si queríamos una buena instantánea que lo siguiésemos. Nos llevó hasta una esfinge sin cabeza y se agachó a su derecha a la vez que nos decía que nos pusiésemos nosotros a su izquierda para mirarle. Y entonces caímos de la burra: su cabeza sustituye a la de la esfinge. ¡Ahí va Elena ha hacerse la foto!, y luego Amador y Patri. Salimos del templo y como tenemos que esperar ½ hora por la escolta nos vamos a tomar algo a un tugurio que hay allí al lado donde hay sisha y nos quieren vender hasta alfombras.
A las 12 salimos camino del hotel para recoger al resto del grupo porque hemos decidido ir todos a comer a un restaurante típico en pescado. Cuando llegamos hay mogollón de gente así que tendremos que esperar por mesa. Nos van a servir una especie de menú de degustación. Primero unas tortas de pan que cuecen en unos hornos de adobe que vimos en directo, acompañadas de lentejas, garbanzos, fabas, pasta y salsas raras. Yo no como mucho porque a las salsas les tengo miedo y no me gustan mucho, la pasta pica y las legumbres no las cuecen, sólo las ponen en remojo y están duras como piedras. Luego nos sirven arroz y pescado del Nilo a la plancha, que sabe a quemado que tira p’atrás. Del postre pasamos, Elena no, y luego café o té. Al cambio pagamos unas 2750 pts., un poco caro para lo que hemos comido. Y para regresar al hotel hay discusión porque nosotros nos negamos a regresar andando: son casi 20 min. bajo un sol de campeonato. Así que nos ponemos a regatear con los de las calesas y con los taxistas, siendo en uno de éstos en el que al final conseguimos un buen precio para nosotros cuatro y Ana: 10 £.
Cuando llegamos al hotel son las 4’30, ya no hay sol y ya no hay piscina, además estamos haciendo la digestión. Patri nada más entrar por la puerta de la habitación lo vomita todo; busco un sobre de sal de frutas, le preparo el brebaje y ahora a esperar los efectos. Se mete en la cama con un pañuelo húmedo en la frente. Mientras, nosotros bajamos a las tumbonas de la piscina, pero hace frío y hay que taparse con las toallas. Además están empezando a recoger y aprovechamos para regresar a la habitación. Patri duerme como un ceporro y yo me pongo a escribir. Después de la siestaza nos vestimos para ir a cambiar más dinero porque vuela. Y como ya ha llegado la hora de la cena vamos de nuevo a repostar. Casi se arma la gorda porque nadie quiere sentarse con los catalanes. Además falta un cubierto para Mustafá, pero el camarero no le permite sentarse con nosotros, así que cuando aparece el chaval no le dejamos escapar y no les queda más remedio que servirle la cena, y vaya cara que se le quedó al pobre, no paraba de darnos las gracias. Ya son las 10’15, estamos agotadas, así que una servidora y hermana se van a llamar a mamuchi y luego a dormir porque mañana nos tenemos que levantar a las 5. Pero no tenemos “Cleos” y necesitamos salir a comprar. Tenemos que lidiar primero con un taxista emperrado en acompañarnos y ofreciéndonos sus servicios; luego el del quiosco, además de estafarnos, dice que si le damos nuestra dirección y que si volvemos mañana; y de camino a la habitación nos cruzamos con Mustafá, el cual le suelta a Patri: “que guapa está hoy, Patricia”, ¡claro, va con la chaqueta esa de ganchillo que son todo agujeros...! Y luego dicen de los italianos, los pobres unos santos comparados con estos plomos, que se lo digan a Elena. Ya en la habitación suena el teléfono: Amador y Elena preguntando que hacemos, que tal estamos,.... para matar el rato. Luego les llama Patri y se queda hablando con Elena como si estuviesen una en Soto y la otra en Oviedo. El tema es Mustafá, of course. Vuelve a sonar el teléfono y ahora sólo se oye música: donde habrán puesto esos dos el auricular. En fin, que el cansancio nos vuelve tontos.
A las 7 bajamos a desayunar y menudo buffet, hay mogollón de cosas pero estamos un poco desganados, menos Elena que “jala” como dios manda. Y nos dice que Pa es muy buena, estuvo hasta las 12’30 paseando por la terraza esperando a que la señorita se aclarase con el moro. En fin, que tiene un colgante más al cuello, un escarabajo regalo de última hora.
Nos subimos en el minibús los 9 que vamos a ir de excursión a Dendera (el resto prefiere dormir). Aunque primero tendremos que juntarnos con el resto de autobuses que formarán la caravana con escolta, unos 25 ó 30 vehículos repletos de turistas protegidos por dos coches de policía armados hasta los dientes, no sé que pensar. Menuda risa que pasamos, por no llorar, al ver como conducen estos elementos. Se meten al otro carril para adelantar a otros autobuses del convoy como si nada, y eso teniendo en cuenta que vienen de frente otros coches y camiones. En una de estas nuestro chófer se pone a adelantar como loco. Isabel la andaluza dice: “Oye Mustafá, dile al conductor que viene un camión. ¡Oye!, dile que es muy grande, y dile también que cada vez está más cerca”. Es la monda... pero son unos artistas del pitido porque frenan de repente, pitan como posesos y se meten en el mínimo hueco que haya dentro del resto de la caravana. Como el trayecto durará casi hora media intentaremos dormir un poco.
Hasta Dendera sólo llegamos dos minibuses de toda la caravana así que tenemos el templo para nosotros solos. Está dedicado a la diosa Hathor, con cara de mujer y orejas y cuerpo de vaca. Es la diosa de la ternura y alegría y en el templo se presentan los meses del año, las semanas, el sol, la luna, los signos del zodiaco y todo el techo recubierto de estrellas, representadas como asteriscos pero sin la patina del medio, así se asemejaban a la figura humana ya que cuando uno muere nace una estrella. Éste es el único templo en el que se puede bajar a la cripta y subir al techo. Para bajar a la cripta hay que tener un mínimo de agilidad por lo que los viejecitos catalanes ni lo intentan. Mejor, porque ya estamos un poco cansados de ellos, sobre todo por él que es un “repunante”, protesta por todo, no oye un pijo, siempre se retrasa, riñe a la mujer y todo lo que dice lo suelta en catalán. Y encima tenemos que estar todo el rato pendientes de él para que no se caiga, aunque ya lo ha hecho una vez, o para que no dé con el cabezón en las puertas bajas, avisarle de los escalones y de los agujeros.... un engorro hasta para el santo Job. Yo suelo ayudar a la mujer porque me da pena, es muy amable y siempre te lo agradece. Y siguiendo con la cripta sólo bajamos nosotros 4 e Isabel. Hay que descender por unas escaleras muy empinadas a las que se accede por una trampilla que hay en el fondo del templo y luego ponerse casi de rodillas para pasar por una puerta de unos 75 cm. de alto. Luego poco a poco te vas poniendo de pie para ver la maravilla de relieves que hacían estos artistas. Son una pasada, sobre todo el halcón y un collar real como el de Cleopatra. Volvemos para arriba, damos propina el de la trampilla y continuamos por una “casi-rampa” muy oscura que nos conduce hasta el techo (antiguamente era escalera pero los escalones están muy gastados en el centro y como no se ve nada es muy fácil tropezar en los extremos). Llegamos a una especie de azotea con varios niveles. Al siguiente hay que acceder por unos cinco escalones muy altos esculpidos en la piedra que los dos de siempre no pueden subir, asi que Mustafá tiene que rodear todo el recinto con ellos para buscar un acceso más sencillo. Luego una escalera metálica nos lleva al tejado del templo. Es una maravilla lo que se puede ver desde aquí arriba: las murallas que rodean el templo con forma de ola representando al mar, las casas de los sacerdotes, el estanque real, un pequeño templo hecho por Augusto y ¡tatachán! unos sarcófagos donde vamos a meter a Elena para hacer una foto. Lo mejor del paisaje es el contraste que provoca el verde de las tierras regadas por el Nilo junto al color ocre claro del Sahara. Estamos un rato haciendo fotos y como se levanta mucho aire (se ven remolinos de arena) damos por terminada la visita de esta parte. Descendemos para ver una serie de salas o capillas que forman la Tumba de Osiris. Dendera era una de las 16 ciudades que conservaba una reliquia del cuerpo desmembrado de Osiris. En una de ellas se representa la resurrección de Osiris en la que Mustafá no sabe como explicarlo. No voy a contar toda la historia, pero resumiendo, una vez que Seth el maligno mata a su hermano Osiris, Isis, su amada esposa, quiere resucitarlo para tener un hijo bueno que vengue la muerte de su padre. Este hijo será Horus el halcón. Isis con sus poderes y sus alas abanica el cuerpo de Osiris hasta que va tomando vida, y la recupera del todo cuando aparece en una escena tumbado con una mano agarrando la “pilila” erecta. Si la pilila está viva Osiris también. Casi nos morimos de risa. Mustafá nos dijo: “en esta escena se puede ver que Osiris ya está vivo y se nota en.... bueno, creo que todos lo podrán notar”. A la salida del templo pasamos al lado de un enorme relieve de Cleopatra y a continuación fuimos a hacer la foto del sarcófago con Elena. Pero Mustafá nos dijo que si queríamos una buena instantánea que lo siguiésemos. Nos llevó hasta una esfinge sin cabeza y se agachó a su derecha a la vez que nos decía que nos pusiésemos nosotros a su izquierda para mirarle. Y entonces caímos de la burra: su cabeza sustituye a la de la esfinge. ¡Ahí va Elena ha hacerse la foto!, y luego Amador y Patri. Salimos del templo y como tenemos que esperar ½ hora por la escolta nos vamos a tomar algo a un tugurio que hay allí al lado donde hay sisha y nos quieren vender hasta alfombras.
A las 12 salimos camino del hotel para recoger al resto del grupo porque hemos decidido ir todos a comer a un restaurante típico en pescado. Cuando llegamos hay mogollón de gente así que tendremos que esperar por mesa. Nos van a servir una especie de menú de degustación. Primero unas tortas de pan que cuecen en unos hornos de adobe que vimos en directo, acompañadas de lentejas, garbanzos, fabas, pasta y salsas raras. Yo no como mucho porque a las salsas les tengo miedo y no me gustan mucho, la pasta pica y las legumbres no las cuecen, sólo las ponen en remojo y están duras como piedras. Luego nos sirven arroz y pescado del Nilo a la plancha, que sabe a quemado que tira p’atrás. Del postre pasamos, Elena no, y luego café o té. Al cambio pagamos unas 2750 pts., un poco caro para lo que hemos comido. Y para regresar al hotel hay discusión porque nosotros nos negamos a regresar andando: son casi 20 min. bajo un sol de campeonato. Así que nos ponemos a regatear con los de las calesas y con los taxistas, siendo en uno de éstos en el que al final conseguimos un buen precio para nosotros cuatro y Ana: 10 £.
Cuando llegamos al hotel son las 4’30, ya no hay sol y ya no hay piscina, además estamos haciendo la digestión. Patri nada más entrar por la puerta de la habitación lo vomita todo; busco un sobre de sal de frutas, le preparo el brebaje y ahora a esperar los efectos. Se mete en la cama con un pañuelo húmedo en la frente. Mientras, nosotros bajamos a las tumbonas de la piscina, pero hace frío y hay que taparse con las toallas. Además están empezando a recoger y aprovechamos para regresar a la habitación. Patri duerme como un ceporro y yo me pongo a escribir. Después de la siestaza nos vestimos para ir a cambiar más dinero porque vuela. Y como ya ha llegado la hora de la cena vamos de nuevo a repostar. Casi se arma la gorda porque nadie quiere sentarse con los catalanes. Además falta un cubierto para Mustafá, pero el camarero no le permite sentarse con nosotros, así que cuando aparece el chaval no le dejamos escapar y no les queda más remedio que servirle la cena, y vaya cara que se le quedó al pobre, no paraba de darnos las gracias. Ya son las 10’15, estamos agotadas, así que una servidora y hermana se van a llamar a mamuchi y luego a dormir porque mañana nos tenemos que levantar a las 5. Pero no tenemos “Cleos” y necesitamos salir a comprar. Tenemos que lidiar primero con un taxista emperrado en acompañarnos y ofreciéndonos sus servicios; luego el del quiosco, además de estafarnos, dice que si le damos nuestra dirección y que si volvemos mañana; y de camino a la habitación nos cruzamos con Mustafá, el cual le suelta a Patri: “que guapa está hoy, Patricia”, ¡claro, va con la chaqueta esa de ganchillo que son todo agujeros...! Y luego dicen de los italianos, los pobres unos santos comparados con estos plomos, que se lo digan a Elena. Ya en la habitación suena el teléfono: Amador y Elena preguntando que hacemos, que tal estamos,.... para matar el rato. Luego les llama Patri y se queda hablando con Elena como si estuviesen una en Soto y la otra en Oviedo. El tema es Mustafá, of course. Vuelve a sonar el teléfono y ahora sólo se oye música: donde habrán puesto esos dos el auricular. En fin, que el cansancio nos vuelve tontos.
Egipto '2000 - Día 4
Día 4, Luxor
A las 6’15 salimos en bus hacia el Valle de los Reyes, lugar donde se enterraban los faraones de las últimas dinastías. De camino hicimos una parada para admirar los colosos de Memnon, dos grandes estatuas de unos 17 m. de altura que son lo único que queda en pie del gran templo funerario de Amenofis III. Volviendo al Valle, Mustafá nos explica que lo forman tumbas excavadas en la montaña en un lugar secreto y de difícil acceso cuya situación ni siquiera conocían los artesanos reales a los que vendaban los ojos cuando los transportaban hasta allí. La nueva carretera excavada para facilitar la afluencia de turistas discurre por entre una zona de baja montaña totalmente árida donde no hay ni lagartijas. Hace mucho calor y hay mucha gente. Nada más bajarnos del bus cogemos un trenecito que nos lleva hasta la entrada. Podremos visitar tres tumbas pero no se puede ni filmar ni sacar fotos (para fotos sin flash hay que pagar un suplemento). Echamos a andar y llegamos a la primera: atravesamos una puerta tallada verticalmente en la roca y entramos en un largo corredor en pendiente de forma cóncava totalmente decorado con pinturas y jeroglíficos. Vamos atravesando una serie de pasillos con dependencias hasta llegar al fondo donde estaría el sarcófago, pero no hay porque todas fueron saqueadas. Cada vez hay más gente y más calor. En una de ellas tenemos que entrar prácticamente a empujones porque hay demasiada gente y demasiados franceses maleducados. En otra podemos observar las diferentes fases de construcción y decoración de las tumbas porque está inacabada. Una curiosidad: ¿cómo podían pintar esas maravillas sin luz natural?, misterio misterioso, porque siendo necesario usar luz artificial qué tipo de lámparas utilizaban que su humo no ennegrecía las pinturas. Les saco una foto delante de la tumba de Tutankamón (el faraón niño), pero no vamos a entrar porque además de tener que pagar un suplemento Mustafá nos advierte que apenas tiene interés artístico puesto que no dio tiempo a terminarla. Volvemos a la entrada para proceder a la evacuación de aguas menores, pagando claro, comprar más cantidad del preciado líquido porque estamos deshidratados y algún chicle para engañar al estómago. Ya estamos un poco hartos de tanto egipcio pidiendo dinero, bolígrafos, mecheros, da igual que sean niños o mayores. Hemos aprendido una palabra: “halas”, que quiere decir basta ya y con la cual suelen dejarnos en paz, aunque un simple NO expresado con énfasis suele ser suficiente.
Nuestra siguiente visita es el templo de Ramsés II que no está muy entero pero según Mustafá es muy interesante porque es su templo funerario, pero yo creo que lo es por los restos de la pedazo estatua que tienen por allí desperdigada, un coloso de 17 m. de altura que sólo de imaginarlo en pie ya se te ponen los pelos de punta. Es una imagen de Ramsés, de quien si no, que se había auto proclamado rey de reyes y todas sus obras tenían que ser insuperables en tamaño, grandeza y perfección. Todo este conjunto recibe actualmente el nombre de Rameseum. Hay un equipo de arqueólogos franceses trabajando, pero van lentísimos. Amador se “pierde” por entre los restos y cuando reaparece nos enseña los pies y manos de la “estatuita” para que le hagamos la manicura. Delante del templo podemos ver una serie de atlantes en postura osírica, es decir, con los brazos cruzados sobre el pecho indicando el carácter funerario del templo. Delante de ellos se encuentra la cabeza de una estatua de basalto de la reina Nefertari, la amada primera esposa de Ramsés, pero no la última porque el hombre era un semental en potencia: menos mal que era el faraón porque a ver quien era el que podía mantener a sesenta y pico mujeres y concubinas y al resultado de sus encuentros, o lo que es lo mismo, noventa y pico churumbeles.
Continuando con las visitas del día ahora toca otra de esas paradas en una tienda en la que el guía se lleva comisión. Ésta es de piezas de alabastro y basalto. Nos hacen una demostración, nos intentan explicar como distinguir lo auténtico de lo falso, nos invitan a té y luego nos pasan a la tienda para que compremos no sin antes regatear. Patri y yo no sabemos, además con la cara de “probitinas” que ponemos es imposible que hagamos negocio, nos toman el pelo lo que quieren y más. Al final Amador se lleva una figura de un dios, Elena una piedra pintada y nosotras dos pirámides. Lo mejor es que nos regalan escarabajos de la suerte, o sea, que todavía nos han estafado.
Seguimos rumbo al barrio de los artesanos donde vemos como estaban distribuidas sus casas y poco más porque no queda ni una en pie. En la parte alta están situadas las tumbas de algunos de los más importantes maestros y su estructura es similar a las de los reyes, pero en pequeño. Entramos en dos de ellas y nos sorprendió gratamente el estado de conservación tan bueno en el que se encuentran y la riqueza pictórica que contienen. Pero en su interior hace mucho calor, no corre nada de aire, no son grandes espacios y encima huele fatal. Estamos chorreando y afuera el sol cae a plomo. Yo ya parezco un churrusco para el consomé.
Regresamos al barco para comer, cosa que no sabíamos porque se suponía que hoy nos trasladaban al hotel, pero aquí las cosas nunca son como se piensa, además ahora resulta que estaremos un día más en Luxor en vez de en Aswan, claro que es mejor, pero yo ya no me entero de nada de lo que vamos a hacer en el viaje. Nada más posar el tenedor nos avisan que salimos inmediatamente hacia el templo de Karnak. Es la 1’30, el sol está que lo rompe y para mí esto es asfixiante pero los andaluces están encantados.
El templo es enorme aunque hay partes que han desaparecido totalmente. De todo él lo más impresionante es lo hecho por Ramsés, o lo que se le atibuye a él porque fue quien lo finalizó. Pero vayamos por partes. En este templo se seguía una especie de tradición según la cual todo faraón que se preciase como tal debía de añadirle algo, ya fuese un obelisco, una estatua, un nuevo patio,... Era el Gran Templo de Amón y su carácter de grandiosidad monumental así lo requería. Haptshepsut, la mujer faraón, hizo un obelisco de la leche y una parte del templo, pero su sucesor, que no la soportaba, intentó destruir todo lo que ella hizo. Volviendo a Ramsés, fue el encargado de la decoración jeroglífica de casi toda la Gran Sala Hipóstila, un enorme patio con 12 columnas centrales de 20 m. de altura rodeadas por otras 122 de unos 15 m. Parece que estás en medio de un bosque encantado, te adentras entre las columnas y sólo ves más columnas, me viene a la memoria la mezquita de Córdoba por la sucesión interminable de arcos, pero esto es completamente distinto. El pilón de entrada a esta sala estaba precedido de dos colosos de granito que representaban a Ramsés, de los que sólo queda uno, y de una estatua también de él junto a su hija Ben-Amara. Estuvimos una hora y media recorriendo el templo, hasta dimos las tres vueltas de rigor alrededor de un gran escarabajo de la suerte para que se hiciesen realidad nuestros deseos. En su máximo esplendor ocupaba una extensión de 25 Ha. y se comunicaba con una avenida de corderos con el templo de Luxor ( a 3 km.) y con una avenida de esfinges con otro templo situado a 300 m.(Templo de Mut).
Estamos todos machacados pero aún tenemos fuerzas para visitar una tienda-fábrica de esencias para perfumes, desodorantes, ambientadores, suavizantes. Nos explicaron qué era una esencia y nos dieron a oler unas cuantas, como la de flor de loto: la esencia sagrada de Egipto. Luego nosotros le decíamos un perfume conocido como Chanel nº5 y nos sacaba la esencia base, una pasada. Después de saturar la pituitaria decidimos juntarnos 7 para comprar una cajita de esencias surtidas que nos salía más económica. Patri eligió una de Yves St. Laurent, Amador una de Armani, servidora eligió Trésor de Lancôme y Elena, para variar, esencia de naranja para hacer ambientador.
Regresamos al barco para recoger las maletas y trasladarnos al hotel. Estaba muy cerca y no tardamos nada. Entramos, rellenamos la ficha policial, entregamos pasaportes, nos distribuimos, nos orientamos porque es bastante grande y nos pegamos una ducha, menos Amador, que aún siendo ya de noche (5’30) se va a la piscina. Quedamos a las 8 para cenar y como tenemos tiempo descansaremos un poco. Pero antes de las 7 Amador y Elena no resisten la tentación de salir de tiendas y ahí van a la aventura. Veremos lo que ojean. Yo, mientras, me doy Trombocid en las patucas y en los hombros porque están para freir un huevo; según Patri, entre carcajadas de las de ella, estoy a parches.
Hemos bajado a cenar y nos han dado sopa de cebolla, pollo con arroz (como siempre) y flan (buenísimo comparado con otras cosas que hemos tenido que comer). Luego preguntamos a Mustafá por el mercado de noche y se ofrece para acompañarnos, pero sólo para echar un vistazo y aprovechar el paseo para bajar la cena. Está muy cerca pero ya tenemos casi todo cerrado así que nos propone ir a un café típico y así él podrá fumar sisha. Aceptamos encantados. Nosotros tomamos cerveza y él un té con menta porque los musulmanes no beben alcohol. Estuvimos charlando y riendo a carcajadas, e incluso nos escribió los nombres en árabe. Ana la de “Graná” decía “Joder!, que rápido escribe”, a lo que yo le respondí que si estaba tonta, que lo mismo que nosotros. Carcajada general. De regreso al hotel cual será nuestra sorpresa cuando vemos en la entrada al ligue del barco de Elena. Afortunadamente tanto ella como Amador hacía 5 minutos que habían llegado y no se los cruzaron. Pero el tío fue a preguntarle a Mustafá el apellido de Elena para llamarla desde recepción y éste, como no lo sabía, vino a preguntarnos a nosotras. En cuanto se enteró ahí entra todo pancho a preguntarle al recepcionista el nº de habitación de la señorita Cuadrado. Pero no aparece por ningún lado porque las habitaciones están a nombre de Amador y de Patri. Como el chico insistía tanto mi hermanita le suelta el “room number” y sin dar las gracias ni ná de ná sale escopetado hacia la cabina de teléfono. A nosotras nos da un ataque de risa de camino a la habitación porque encima el moro le trae un regalo. Nos encontramos a la chica saliendo de la habitación, medio vistiéndose y contándonos toda sobresaltada lo que le había pasado y nosotras con dolor de mandíbula de tanto reirnos. Patri lo pensó mejor y se ofreció a bajar con ella porque la pobre estaba un poco “acongojada”. Y ahí me quedo con el relato porque mañana a las 6’30 nos levantamos y ya son las 12. Lo siento por Patri que es “mu güena”, pero Elenita le debe una.
A las 6’15 salimos en bus hacia el Valle de los Reyes, lugar donde se enterraban los faraones de las últimas dinastías. De camino hicimos una parada para admirar los colosos de Memnon, dos grandes estatuas de unos 17 m. de altura que son lo único que queda en pie del gran templo funerario de Amenofis III. Volviendo al Valle, Mustafá nos explica que lo forman tumbas excavadas en la montaña en un lugar secreto y de difícil acceso cuya situación ni siquiera conocían los artesanos reales a los que vendaban los ojos cuando los transportaban hasta allí. La nueva carretera excavada para facilitar la afluencia de turistas discurre por entre una zona de baja montaña totalmente árida donde no hay ni lagartijas. Hace mucho calor y hay mucha gente. Nada más bajarnos del bus cogemos un trenecito que nos lleva hasta la entrada. Podremos visitar tres tumbas pero no se puede ni filmar ni sacar fotos (para fotos sin flash hay que pagar un suplemento). Echamos a andar y llegamos a la primera: atravesamos una puerta tallada verticalmente en la roca y entramos en un largo corredor en pendiente de forma cóncava totalmente decorado con pinturas y jeroglíficos. Vamos atravesando una serie de pasillos con dependencias hasta llegar al fondo donde estaría el sarcófago, pero no hay porque todas fueron saqueadas. Cada vez hay más gente y más calor. En una de ellas tenemos que entrar prácticamente a empujones porque hay demasiada gente y demasiados franceses maleducados. En otra podemos observar las diferentes fases de construcción y decoración de las tumbas porque está inacabada. Una curiosidad: ¿cómo podían pintar esas maravillas sin luz natural?, misterio misterioso, porque siendo necesario usar luz artificial qué tipo de lámparas utilizaban que su humo no ennegrecía las pinturas. Les saco una foto delante de la tumba de Tutankamón (el faraón niño), pero no vamos a entrar porque además de tener que pagar un suplemento Mustafá nos advierte que apenas tiene interés artístico puesto que no dio tiempo a terminarla. Volvemos a la entrada para proceder a la evacuación de aguas menores, pagando claro, comprar más cantidad del preciado líquido porque estamos deshidratados y algún chicle para engañar al estómago. Ya estamos un poco hartos de tanto egipcio pidiendo dinero, bolígrafos, mecheros, da igual que sean niños o mayores. Hemos aprendido una palabra: “halas”, que quiere decir basta ya y con la cual suelen dejarnos en paz, aunque un simple NO expresado con énfasis suele ser suficiente.
Nuestra siguiente visita es el templo de Ramsés II que no está muy entero pero según Mustafá es muy interesante porque es su templo funerario, pero yo creo que lo es por los restos de la pedazo estatua que tienen por allí desperdigada, un coloso de 17 m. de altura que sólo de imaginarlo en pie ya se te ponen los pelos de punta. Es una imagen de Ramsés, de quien si no, que se había auto proclamado rey de reyes y todas sus obras tenían que ser insuperables en tamaño, grandeza y perfección. Todo este conjunto recibe actualmente el nombre de Rameseum. Hay un equipo de arqueólogos franceses trabajando, pero van lentísimos. Amador se “pierde” por entre los restos y cuando reaparece nos enseña los pies y manos de la “estatuita” para que le hagamos la manicura. Delante del templo podemos ver una serie de atlantes en postura osírica, es decir, con los brazos cruzados sobre el pecho indicando el carácter funerario del templo. Delante de ellos se encuentra la cabeza de una estatua de basalto de la reina Nefertari, la amada primera esposa de Ramsés, pero no la última porque el hombre era un semental en potencia: menos mal que era el faraón porque a ver quien era el que podía mantener a sesenta y pico mujeres y concubinas y al resultado de sus encuentros, o lo que es lo mismo, noventa y pico churumbeles.
Continuando con las visitas del día ahora toca otra de esas paradas en una tienda en la que el guía se lleva comisión. Ésta es de piezas de alabastro y basalto. Nos hacen una demostración, nos intentan explicar como distinguir lo auténtico de lo falso, nos invitan a té y luego nos pasan a la tienda para que compremos no sin antes regatear. Patri y yo no sabemos, además con la cara de “probitinas” que ponemos es imposible que hagamos negocio, nos toman el pelo lo que quieren y más. Al final Amador se lleva una figura de un dios, Elena una piedra pintada y nosotras dos pirámides. Lo mejor es que nos regalan escarabajos de la suerte, o sea, que todavía nos han estafado.
Seguimos rumbo al barrio de los artesanos donde vemos como estaban distribuidas sus casas y poco más porque no queda ni una en pie. En la parte alta están situadas las tumbas de algunos de los más importantes maestros y su estructura es similar a las de los reyes, pero en pequeño. Entramos en dos de ellas y nos sorprendió gratamente el estado de conservación tan bueno en el que se encuentran y la riqueza pictórica que contienen. Pero en su interior hace mucho calor, no corre nada de aire, no son grandes espacios y encima huele fatal. Estamos chorreando y afuera el sol cae a plomo. Yo ya parezco un churrusco para el consomé.
Regresamos al barco para comer, cosa que no sabíamos porque se suponía que hoy nos trasladaban al hotel, pero aquí las cosas nunca son como se piensa, además ahora resulta que estaremos un día más en Luxor en vez de en Aswan, claro que es mejor, pero yo ya no me entero de nada de lo que vamos a hacer en el viaje. Nada más posar el tenedor nos avisan que salimos inmediatamente hacia el templo de Karnak. Es la 1’30, el sol está que lo rompe y para mí esto es asfixiante pero los andaluces están encantados.
El templo es enorme aunque hay partes que han desaparecido totalmente. De todo él lo más impresionante es lo hecho por Ramsés, o lo que se le atibuye a él porque fue quien lo finalizó. Pero vayamos por partes. En este templo se seguía una especie de tradición según la cual todo faraón que se preciase como tal debía de añadirle algo, ya fuese un obelisco, una estatua, un nuevo patio,... Era el Gran Templo de Amón y su carácter de grandiosidad monumental así lo requería. Haptshepsut, la mujer faraón, hizo un obelisco de la leche y una parte del templo, pero su sucesor, que no la soportaba, intentó destruir todo lo que ella hizo. Volviendo a Ramsés, fue el encargado de la decoración jeroglífica de casi toda la Gran Sala Hipóstila, un enorme patio con 12 columnas centrales de 20 m. de altura rodeadas por otras 122 de unos 15 m. Parece que estás en medio de un bosque encantado, te adentras entre las columnas y sólo ves más columnas, me viene a la memoria la mezquita de Córdoba por la sucesión interminable de arcos, pero esto es completamente distinto. El pilón de entrada a esta sala estaba precedido de dos colosos de granito que representaban a Ramsés, de los que sólo queda uno, y de una estatua también de él junto a su hija Ben-Amara. Estuvimos una hora y media recorriendo el templo, hasta dimos las tres vueltas de rigor alrededor de un gran escarabajo de la suerte para que se hiciesen realidad nuestros deseos. En su máximo esplendor ocupaba una extensión de 25 Ha. y se comunicaba con una avenida de corderos con el templo de Luxor ( a 3 km.) y con una avenida de esfinges con otro templo situado a 300 m.(Templo de Mut).
Estamos todos machacados pero aún tenemos fuerzas para visitar una tienda-fábrica de esencias para perfumes, desodorantes, ambientadores, suavizantes. Nos explicaron qué era una esencia y nos dieron a oler unas cuantas, como la de flor de loto: la esencia sagrada de Egipto. Luego nosotros le decíamos un perfume conocido como Chanel nº5 y nos sacaba la esencia base, una pasada. Después de saturar la pituitaria decidimos juntarnos 7 para comprar una cajita de esencias surtidas que nos salía más económica. Patri eligió una de Yves St. Laurent, Amador una de Armani, servidora eligió Trésor de Lancôme y Elena, para variar, esencia de naranja para hacer ambientador.
Regresamos al barco para recoger las maletas y trasladarnos al hotel. Estaba muy cerca y no tardamos nada. Entramos, rellenamos la ficha policial, entregamos pasaportes, nos distribuimos, nos orientamos porque es bastante grande y nos pegamos una ducha, menos Amador, que aún siendo ya de noche (5’30) se va a la piscina. Quedamos a las 8 para cenar y como tenemos tiempo descansaremos un poco. Pero antes de las 7 Amador y Elena no resisten la tentación de salir de tiendas y ahí van a la aventura. Veremos lo que ojean. Yo, mientras, me doy Trombocid en las patucas y en los hombros porque están para freir un huevo; según Patri, entre carcajadas de las de ella, estoy a parches.
Hemos bajado a cenar y nos han dado sopa de cebolla, pollo con arroz (como siempre) y flan (buenísimo comparado con otras cosas que hemos tenido que comer). Luego preguntamos a Mustafá por el mercado de noche y se ofrece para acompañarnos, pero sólo para echar un vistazo y aprovechar el paseo para bajar la cena. Está muy cerca pero ya tenemos casi todo cerrado así que nos propone ir a un café típico y así él podrá fumar sisha. Aceptamos encantados. Nosotros tomamos cerveza y él un té con menta porque los musulmanes no beben alcohol. Estuvimos charlando y riendo a carcajadas, e incluso nos escribió los nombres en árabe. Ana la de “Graná” decía “Joder!, que rápido escribe”, a lo que yo le respondí que si estaba tonta, que lo mismo que nosotros. Carcajada general. De regreso al hotel cual será nuestra sorpresa cuando vemos en la entrada al ligue del barco de Elena. Afortunadamente tanto ella como Amador hacía 5 minutos que habían llegado y no se los cruzaron. Pero el tío fue a preguntarle a Mustafá el apellido de Elena para llamarla desde recepción y éste, como no lo sabía, vino a preguntarnos a nosotras. En cuanto se enteró ahí entra todo pancho a preguntarle al recepcionista el nº de habitación de la señorita Cuadrado. Pero no aparece por ningún lado porque las habitaciones están a nombre de Amador y de Patri. Como el chico insistía tanto mi hermanita le suelta el “room number” y sin dar las gracias ni ná de ná sale escopetado hacia la cabina de teléfono. A nosotras nos da un ataque de risa de camino a la habitación porque encima el moro le trae un regalo. Nos encontramos a la chica saliendo de la habitación, medio vistiéndose y contándonos toda sobresaltada lo que le había pasado y nosotras con dolor de mandíbula de tanto reirnos. Patri lo pensó mejor y se ofreció a bajar con ella porque la pobre estaba un poco “acongojada”. Y ahí me quedo con el relato porque mañana a las 6’30 nos levantamos y ya son las 12. Lo siento por Patri que es “mu güena”, pero Elenita le debe una.
Egipto '2000 - Día 3
Día 3, Crucero por el Nilo-Edfú-Luxor
¡Hala!, otra vez p’arriba. Esta vez el desayuno no tiene bollinos ricos, así que nos conformamos con tostadas “superduras”, yogur que no es como el nuestro pero que está bueno, café de sobre y té. Los mini-donuts saben raros. Son las 6’30 y salimos del barco para coger una calesa que nos llevará al templo de Edfú. Hay cientos de carros con caballos esqueléticos, cagadas por todas partes, un tufo que no hay quien lo aguante, coches pitando, mogollón de gente..... ¡la leche!. Nos reparten de 4 en 4 y allá salimos entre un caos digno de ver. Hasta se cayó un caballo que iba todo “despendolao” y chocó contra un coche de policía. Hay bichos que no andan y otros que van como motos, y nosotras bien agarradas por lo que pueda pasar. La ciudad está sucísima y muy vieja, casas destartaladas, la gente pasando de todo, tomando té y fumando la pipa de turno. Nos cruzamos con un entierro al que sólo asisten hombres y en el que llevan al muerto envuelto en una sábana y colocado sobre una tabla.
Llegamos sanos y salvos al templo, pero hay muchísimos grupos y tenemos que hacer cola. Cuando entramos en el recinto y levantamos la vista nos quedamos maravillados porque es todo tan grande que te parece imposible que puedas estar allí viéndolo y sintiéndolo. Está dedicado a Horus y es el segundo más importante de Egipto en cuanto a dimensiones. Su buen estado de conservación nos permite contemplar todo su esplendor y aprender a distinguir los sucesivos recintos y su simbolismo: pilono, patio, pronao (1ª sala hipóstila o de columnas), segunda sala hipóstila, cámara de las ofrendas, santuario,... Atendemos a todas las explicaciones de Mustafá y hacemos bastantes fotos, como siempre. Pero en el interior el acceso a la cámara sagrada se convierte en agobiante, y no digamos para ver la barca sagrada. Hay demasiada gente y todo dios tocando los jeroglíficos de las paredes, como si los hubiesen puesto ahí para dar goce a los deditos. Salimos rápido porque en 15 minutos zarpa el barco y todavía nos queda el regreso en calesa hasta el embarcadero. Por el camino los niños nos piden bolis, siempre están pidiendo. Además suele suceder que estás posando para la foto de turno delante de un monumento cuando de repente se te acerca un tipo que luego te pide dinero por haberle fotografiado.
En cuanto llegamos al barco fuimos hacia la cubierta para coger tumbona porque no hay para todos y están muy solicitadas. Aquí arriba vuelas, literalmente; hay un aire que te tira, pero aguantamos, aunque yo tengo frío. Amador y Elena están a pillar todo rayo de sol que se les ofrezca y como es gratis pues vuelta p’arriba, vuelta p’abajo, mueve la tumbona,... yo a esto no le cojo el tranquillo, además el sol no es lo mío. Patri se va al camarote al cabo de una hora porque tiene frío y prefiere dormir. Todavía son las 10 de la mañana y no llegaremos a Luxor hasta las 4’30 así que nos quedan unas cuantas horas p’a no hacer ná, aparte de comer, dormir y tomar el sol. A las 12 llegamos a la esclusa de Esna que es como la del canal de Panamá. A pesar de que fuimos como motos adelantando a todo chisme que flotara ya tenemos delante dos barcos y tendremos que esperar. Me voy a achicharrar y lo mejor será darme una ducha. Tengo las piernas en carne viva y me voy a dar crema a paletadas. Vamos a comer y luego a dormir la siesta hasta la hora del té, a las 4 mas o menos, porque tenemos que ver al guía para saldar deudas.
Llegamos a las 5 a Luxor y ya es casi de noche. Desembarcamos y nos meten en un autobús con otro grupo. Cuando estamos llegando al templo y lo vemos todo iluminado nos empieza a caer la baba, casi nos morimos, de gusto claro. En cuanto pasamos por taquilla empezamos a darle al obturador como el del anuncio de la tele. Es una pena que sea de noche porque de día hubiésemos hecho unas cuantas fotos dignas de ser pegadas en el album, sobre todo una de la avenida de las esfinges que unía este templo con el de Karnak. Mustafá aprovecha para darnos un breve repaso de la cronología egipcia que nos será de utilidad para distinguir las zonas del templo que construyó cada faraón aunque, en la mayoría, lo más monumental siempre es obra de Ramsés, como la fachada. En ella vemos un obelisco de 25 m. y dos colosos franqueando la puerta de entrada que representan a Ramsés II sentado en el trono. A su lado siempre la imagen de Nefertari. El resto de estatuas están bastante destruídas, algunas han desaparecido, igual que el obelisco que falta y que ahora está “plantado” en la plaza de la Concordia de París.
A la salida del templo el autobús nos recoge para llevarnos a una joyería estatal por si vemos algo que nos interese. Yo no pienso gastar nada a no ser que vea una ganga porque estoy de vacaciones, no de compras, además como buena devota de la “virgen del puño” no puedo cambiar el rumbo de mis plegarias. Amador y Patri “pican” y compran sendos escarabajos por unas 4.000 pts. cada uno. Regresamos al barco para cenar y ver el espectáculo de una bailarina a la que no vimos porque llegamos tarde, así que tomamos algo, bailamos una danza nubia, Elenita anduvo liada con el “camareta”, terminamos de preparar las maletas y luego a soñar con los angelinos. Mañana nos levantamos a las 5.
¡Hala!, otra vez p’arriba. Esta vez el desayuno no tiene bollinos ricos, así que nos conformamos con tostadas “superduras”, yogur que no es como el nuestro pero que está bueno, café de sobre y té. Los mini-donuts saben raros. Son las 6’30 y salimos del barco para coger una calesa que nos llevará al templo de Edfú. Hay cientos de carros con caballos esqueléticos, cagadas por todas partes, un tufo que no hay quien lo aguante, coches pitando, mogollón de gente..... ¡la leche!. Nos reparten de 4 en 4 y allá salimos entre un caos digno de ver. Hasta se cayó un caballo que iba todo “despendolao” y chocó contra un coche de policía. Hay bichos que no andan y otros que van como motos, y nosotras bien agarradas por lo que pueda pasar. La ciudad está sucísima y muy vieja, casas destartaladas, la gente pasando de todo, tomando té y fumando la pipa de turno. Nos cruzamos con un entierro al que sólo asisten hombres y en el que llevan al muerto envuelto en una sábana y colocado sobre una tabla.
Llegamos sanos y salvos al templo, pero hay muchísimos grupos y tenemos que hacer cola. Cuando entramos en el recinto y levantamos la vista nos quedamos maravillados porque es todo tan grande que te parece imposible que puedas estar allí viéndolo y sintiéndolo. Está dedicado a Horus y es el segundo más importante de Egipto en cuanto a dimensiones. Su buen estado de conservación nos permite contemplar todo su esplendor y aprender a distinguir los sucesivos recintos y su simbolismo: pilono, patio, pronao (1ª sala hipóstila o de columnas), segunda sala hipóstila, cámara de las ofrendas, santuario,... Atendemos a todas las explicaciones de Mustafá y hacemos bastantes fotos, como siempre. Pero en el interior el acceso a la cámara sagrada se convierte en agobiante, y no digamos para ver la barca sagrada. Hay demasiada gente y todo dios tocando los jeroglíficos de las paredes, como si los hubiesen puesto ahí para dar goce a los deditos. Salimos rápido porque en 15 minutos zarpa el barco y todavía nos queda el regreso en calesa hasta el embarcadero. Por el camino los niños nos piden bolis, siempre están pidiendo. Además suele suceder que estás posando para la foto de turno delante de un monumento cuando de repente se te acerca un tipo que luego te pide dinero por haberle fotografiado.
En cuanto llegamos al barco fuimos hacia la cubierta para coger tumbona porque no hay para todos y están muy solicitadas. Aquí arriba vuelas, literalmente; hay un aire que te tira, pero aguantamos, aunque yo tengo frío. Amador y Elena están a pillar todo rayo de sol que se les ofrezca y como es gratis pues vuelta p’arriba, vuelta p’abajo, mueve la tumbona,... yo a esto no le cojo el tranquillo, además el sol no es lo mío. Patri se va al camarote al cabo de una hora porque tiene frío y prefiere dormir. Todavía son las 10 de la mañana y no llegaremos a Luxor hasta las 4’30 así que nos quedan unas cuantas horas p’a no hacer ná, aparte de comer, dormir y tomar el sol. A las 12 llegamos a la esclusa de Esna que es como la del canal de Panamá. A pesar de que fuimos como motos adelantando a todo chisme que flotara ya tenemos delante dos barcos y tendremos que esperar. Me voy a achicharrar y lo mejor será darme una ducha. Tengo las piernas en carne viva y me voy a dar crema a paletadas. Vamos a comer y luego a dormir la siesta hasta la hora del té, a las 4 mas o menos, porque tenemos que ver al guía para saldar deudas.
Llegamos a las 5 a Luxor y ya es casi de noche. Desembarcamos y nos meten en un autobús con otro grupo. Cuando estamos llegando al templo y lo vemos todo iluminado nos empieza a caer la baba, casi nos morimos, de gusto claro. En cuanto pasamos por taquilla empezamos a darle al obturador como el del anuncio de la tele. Es una pena que sea de noche porque de día hubiésemos hecho unas cuantas fotos dignas de ser pegadas en el album, sobre todo una de la avenida de las esfinges que unía este templo con el de Karnak. Mustafá aprovecha para darnos un breve repaso de la cronología egipcia que nos será de utilidad para distinguir las zonas del templo que construyó cada faraón aunque, en la mayoría, lo más monumental siempre es obra de Ramsés, como la fachada. En ella vemos un obelisco de 25 m. y dos colosos franqueando la puerta de entrada que representan a Ramsés II sentado en el trono. A su lado siempre la imagen de Nefertari. El resto de estatuas están bastante destruídas, algunas han desaparecido, igual que el obelisco que falta y que ahora está “plantado” en la plaza de la Concordia de París.
A la salida del templo el autobús nos recoge para llevarnos a una joyería estatal por si vemos algo que nos interese. Yo no pienso gastar nada a no ser que vea una ganga porque estoy de vacaciones, no de compras, además como buena devota de la “virgen del puño” no puedo cambiar el rumbo de mis plegarias. Amador y Patri “pican” y compran sendos escarabajos por unas 4.000 pts. cada uno. Regresamos al barco para cenar y ver el espectáculo de una bailarina a la que no vimos porque llegamos tarde, así que tomamos algo, bailamos una danza nubia, Elenita anduvo liada con el “camareta”, terminamos de preparar las maletas y luego a soñar con los angelinos. Mañana nos levantamos a las 5.
Egipto '2000 - Día 2
Día 2, Aswan-Crucero por el Nilo-KomOmbo
Nos levantamos a las 7 y lo primero que hicimos después de desayunar fue salir como postas a comprar tabaco, Cleopatras, cigarrillos rubios egipcios que no saben a ná pero que son baratos: 2 £. Volvemos rápido para coger el bus en el que nos llevan a ver el obelisco inacabado de Haptsepsut, el que pretendía ser el más grande construido pero que tuvieron que abandonar cuando empezaron a aparecer fisuras en la roca. Aswan era la cantera de donde se extraían los bloques de granito rojo usados para la construcción de los colosos y de los obeliscos. La excursión continúa hasta las presas de Aswan, la vieja y la nueva, la que regula el Nilo y proporciona energía eléctrica a todo el país. Es una de las mayores del mundo y su construcción originó el lago artificial llamado Nasser, donde quedan almacenadas prácticamente todas las reservas de agua del país. Al otro lado de la presa hay cocodrilos, pero no los vemos, primero porque está muy alto y segundo porque hay redes protectoras. Llegan a medir 8 m. De regreso al embarcadero cogemos una faluca, embarcación típica de vela, y damos un paseo alrededor de la isla Elefantina en la que abunda la vegetación y donde hay un poblado nubio, raza de piel negra pero con rasgos finos. Es un paisaje de contrastes: la exuberante vegetación justo al lado del árido desierto. En esta isla está el nilómetro, una gran escalera que se adentra en el agua y en cuyas paredes hay una escala graduada que mide las crecidas del Nilo. De pronto se nos acerca a la faluca un pequeñajo metido en una barquita y remando con las manos. Nos pregunta que de donde somos, le decimos que españoles y entonces se pone a cantar a grito “pelao” la macarena y el porompompom. Quiere dinero por ofrecernos esa gran actuación. La verdad es que fue una situación de lo más graciosa. Regresamos al barco a las 11’30, a las 12 es la comida y aunque sólo quedan 30 minutos, Amador va como un tiro a ponerse el bañador para ir a tomar el sol en la cubierta del barco. Patri y yo subimos a echar un vistazo, pero hace mucho calor así que mejor vamos a ver que comida nos dan hoy.
Nada mas comer cogimos una lancha a motor que nos llevará hasta un poblado nubio que está a unos 5 km. El trayecto es una gozada, hace calor pero la brisa nos refresca, además la charla hace el viaje muy entretenido y el paisaje es alucinante. Al llegar ya están un montón de pequeñajos esperando para vender abalorios. Desembarcamos y se nos pegan como lapas, nos cogen de la mano y dicen: “¿luego?, ¿luego?”, que si luego, a la vuelta, les compramos algo. Nos dicen sus nombres y nos preguntan los nuestros, no nos dejan en paz en toda la visita, pero son una cucada y muy guapos. Echamos a andar por entre la arena y las casas, algunas pintadas de colores vivos, hasta una zona elevada donde Patri se fotografía con una de las niñas, a cambio de una libra, claro. Seguimos el recorrido a lo largo del cual observamos como viven y que costumbres tienen. Por lo visto no piensan ni modernizarse ni cambiar, aunque creo que el factor económico es una de las principales barreras para intentarlo, por mucho que nos digan David y Mustafá. Entramos en una casa donde nos ofrecen fumar de la pipa y nos dan té. Tienen un cocodrilin de 5 meses que mide unos 40 cm. y que al tocarlo nos enseña los dientes, además de dos gatinos escuálidos. Aparece la artista de la familia, una chica que hace tatuajes en hena y ahí vamos los 4 a hacernos uno. Cuesta 6 £. A la salida nos hacemos una foto con un camello que estaba “aparcado” al lado de un muro y enseguida aparecen dos paisanas vestidas de negro pidiéndonos dinero por fotografiar al bicho. Ya se que aquí las cosas funcionan de otro modo, pero tienen un morro que se lo pisan porque el bicho ni siquiera era de ellas. Volvemos al barco y el jefe, porque llamarle “capitán” me parece un poco fuerte, y sus ayudantes nos intentan vender collares, pulseras y demás objetos hechos con madera o hueso de camello, igual que en la faluca de por la mañana. Hay gente del grupo que dentro de poco, y eso que sólo llevamos aquí un día, va a poder montar su propio puestecillo. Hace mucho calor y me duele bastante la cabeza, todavía no he conseguido aclimatarme. Paramos en una orilla por si alguien quiere darse un baño de bautismo en el Nilo: Amador el primero, luego Patri y Elena. Poco más y se ahogan: como no saben nadar muy bien, cubre mucho y hay corrientes pues era de esperar. También se apuntaron otros 5 ó 6 del grupo. Yo, mientras, a coger una bolsa de arena del desierto porque dice Patri que da buena suerte.
Regresamos al barco a toda leche porque zarpamos rumbo Kom Ombo. Los viciosos del sol directos a cubierta, yo también aunque no me pongo el bañador porque estoy hecha polvo, debo tener insolación. Patri churruscó la espalda, que novedad. A las 5 nos dieron té con un bizcocho muy rico por el que Elena se peleaba. Después nosotras bajamos al camarote a pegarnos una ducha y los otros 2 a comprar a la joyería del barco. Llegamos a Kom Ombo a las 7’30. Tenemos solamente una hora para visitar el templo y comprar chilabas y pañuelos para la fiesta de disfraces de la noche. El templo es una pasada, además la iluminación nocturna está muy lograda, pero no se que saldrá en las fotos porque esto es demasiado grande para un flash tan pequeño. Está bastante derruido y lo más curioso de él es que hay dos puertas de entrada porque está dedicado a dos divinidades: Horus el halcón y Sobek el cocodrilo.
Y ahora a regatear: ¡son la leche!, les tenemos que regalar bolis y mecheros para que nos dejen cada túnica en 20 £ y cada pañuelo en 5 £. Volvemos a las carreras al barco porque zarpamos hacia Edfú, además tenemos que ponernos nuestros nuevos modelitos para ir a cenar. Un apunte: en la cabina del baño el agua se sale por todos los lados, no hay forma de colocar la cortina para evitar la riada hacia la puerta y por detrás del water.
Hoy la cena no nos ha gustado nada, a Elena supongo que si porque se mete unos “plataos” en el cuerpo que parece que está celebrando su última cena. Patri está un poco pocha de tanto sol así que bajamos a la habitación a refrescarnos un poco y a lavar los “piños”. Cuando entramos menudo susto: nos habían hecho un muñeco con las almohadas, el pijama y las toallas, casi nos morimos de risa. Ya por la mañana teníamos encima de la cama un cisne hecho con toallas y con una rosa. El chico que hace la limpieza vino a decirnos que era obra suya y que si nos gustaba y nosotras “yes, yes, beautiful, pero anda sal de la habitación, monín”.
Vamos p’a la fiesta, pero sólo un ratín porque mañana a las 5’30 nos tendremos que levantar. ¿En que consiste?. En bailar música árabe vestidos de moros y en participar en los juegos a los que amablemente te “obligan-invitan”. Al primero vamos los cuatro y la cosa funciona así: se baila hasta que pare la música; entonces el animador dice un número, por ejemplo el 6, y hay que formar grupos con esa cantidad de gente. Hay una manada de viejecitas a las que llaman las faraonas que son bestias como ellas solas. Por supuesto los que quedan desagrupados son eliminados del juego. Empezamos bastante bien y cuando ya quedaba poca gente y dijeron el número 4, nosotras tres nos agarramos a otra chica y dejamos a Amador solo, a lo que él nos dijo con una amable sonrisa: “¡cabronas!”. Al final abandonamos para que las faraonas se lo pasaran mejor. En el segundo juego, sólo para chicas, había que dar vueltas alrededor de un círculo en cuyo centro había un montón de cucharillas y cuando paraba la música había que lanzarse a por una. Ahí participó Patri, pero se retiró porque casi la estrapalla una de las delicadas viejecitas. En un descanso nos hicimos una foto todos juntos con los guías Mustafá y David. Siguiente juego: ponerse en círculo todos de espalda y pasarse una botella a toda leche. El que se quede con ella en la mano cuando deje de sonar quedará eliminado. Participan Elena y Amador, y sin apenas entrenamiento, porque viene del campeonato mundial de otra especialidad, gana nuestra representante la “pasabotellas”. El premio: una consumición en el bar que aprovecha de lo lindo “dándole a la lengua”, quiero decir charlando con el jefe de camareros. Último juego: cuatro parejas en las que uno tiene que empapelar estilo momia al otro. Nosotras ya no aguantamos más y nos vamos a la cuna. Amador y la charlatana esperan al fin de fiesta que se produce unos 5 minutos más tarde. Son las 10’30 de la noche, hace calor en el camarote y conectamos el aire acondicionado. Los motores del barco no me dejan dormir y necesito descansar así que la solución más sencilla es ponerme los tapones en los oídos: ahora si que hay paz.
Nos levantamos a las 7 y lo primero que hicimos después de desayunar fue salir como postas a comprar tabaco, Cleopatras, cigarrillos rubios egipcios que no saben a ná pero que son baratos: 2 £. Volvemos rápido para coger el bus en el que nos llevan a ver el obelisco inacabado de Haptsepsut, el que pretendía ser el más grande construido pero que tuvieron que abandonar cuando empezaron a aparecer fisuras en la roca. Aswan era la cantera de donde se extraían los bloques de granito rojo usados para la construcción de los colosos y de los obeliscos. La excursión continúa hasta las presas de Aswan, la vieja y la nueva, la que regula el Nilo y proporciona energía eléctrica a todo el país. Es una de las mayores del mundo y su construcción originó el lago artificial llamado Nasser, donde quedan almacenadas prácticamente todas las reservas de agua del país. Al otro lado de la presa hay cocodrilos, pero no los vemos, primero porque está muy alto y segundo porque hay redes protectoras. Llegan a medir 8 m. De regreso al embarcadero cogemos una faluca, embarcación típica de vela, y damos un paseo alrededor de la isla Elefantina en la que abunda la vegetación y donde hay un poblado nubio, raza de piel negra pero con rasgos finos. Es un paisaje de contrastes: la exuberante vegetación justo al lado del árido desierto. En esta isla está el nilómetro, una gran escalera que se adentra en el agua y en cuyas paredes hay una escala graduada que mide las crecidas del Nilo. De pronto se nos acerca a la faluca un pequeñajo metido en una barquita y remando con las manos. Nos pregunta que de donde somos, le decimos que españoles y entonces se pone a cantar a grito “pelao” la macarena y el porompompom. Quiere dinero por ofrecernos esa gran actuación. La verdad es que fue una situación de lo más graciosa. Regresamos al barco a las 11’30, a las 12 es la comida y aunque sólo quedan 30 minutos, Amador va como un tiro a ponerse el bañador para ir a tomar el sol en la cubierta del barco. Patri y yo subimos a echar un vistazo, pero hace mucho calor así que mejor vamos a ver que comida nos dan hoy.
Nada mas comer cogimos una lancha a motor que nos llevará hasta un poblado nubio que está a unos 5 km. El trayecto es una gozada, hace calor pero la brisa nos refresca, además la charla hace el viaje muy entretenido y el paisaje es alucinante. Al llegar ya están un montón de pequeñajos esperando para vender abalorios. Desembarcamos y se nos pegan como lapas, nos cogen de la mano y dicen: “¿luego?, ¿luego?”, que si luego, a la vuelta, les compramos algo. Nos dicen sus nombres y nos preguntan los nuestros, no nos dejan en paz en toda la visita, pero son una cucada y muy guapos. Echamos a andar por entre la arena y las casas, algunas pintadas de colores vivos, hasta una zona elevada donde Patri se fotografía con una de las niñas, a cambio de una libra, claro. Seguimos el recorrido a lo largo del cual observamos como viven y que costumbres tienen. Por lo visto no piensan ni modernizarse ni cambiar, aunque creo que el factor económico es una de las principales barreras para intentarlo, por mucho que nos digan David y Mustafá. Entramos en una casa donde nos ofrecen fumar de la pipa y nos dan té. Tienen un cocodrilin de 5 meses que mide unos 40 cm. y que al tocarlo nos enseña los dientes, además de dos gatinos escuálidos. Aparece la artista de la familia, una chica que hace tatuajes en hena y ahí vamos los 4 a hacernos uno. Cuesta 6 £. A la salida nos hacemos una foto con un camello que estaba “aparcado” al lado de un muro y enseguida aparecen dos paisanas vestidas de negro pidiéndonos dinero por fotografiar al bicho. Ya se que aquí las cosas funcionan de otro modo, pero tienen un morro que se lo pisan porque el bicho ni siquiera era de ellas. Volvemos al barco y el jefe, porque llamarle “capitán” me parece un poco fuerte, y sus ayudantes nos intentan vender collares, pulseras y demás objetos hechos con madera o hueso de camello, igual que en la faluca de por la mañana. Hay gente del grupo que dentro de poco, y eso que sólo llevamos aquí un día, va a poder montar su propio puestecillo. Hace mucho calor y me duele bastante la cabeza, todavía no he conseguido aclimatarme. Paramos en una orilla por si alguien quiere darse un baño de bautismo en el Nilo: Amador el primero, luego Patri y Elena. Poco más y se ahogan: como no saben nadar muy bien, cubre mucho y hay corrientes pues era de esperar. También se apuntaron otros 5 ó 6 del grupo. Yo, mientras, a coger una bolsa de arena del desierto porque dice Patri que da buena suerte.
Regresamos al barco a toda leche porque zarpamos rumbo Kom Ombo. Los viciosos del sol directos a cubierta, yo también aunque no me pongo el bañador porque estoy hecha polvo, debo tener insolación. Patri churruscó la espalda, que novedad. A las 5 nos dieron té con un bizcocho muy rico por el que Elena se peleaba. Después nosotras bajamos al camarote a pegarnos una ducha y los otros 2 a comprar a la joyería del barco. Llegamos a Kom Ombo a las 7’30. Tenemos solamente una hora para visitar el templo y comprar chilabas y pañuelos para la fiesta de disfraces de la noche. El templo es una pasada, además la iluminación nocturna está muy lograda, pero no se que saldrá en las fotos porque esto es demasiado grande para un flash tan pequeño. Está bastante derruido y lo más curioso de él es que hay dos puertas de entrada porque está dedicado a dos divinidades: Horus el halcón y Sobek el cocodrilo.
Y ahora a regatear: ¡son la leche!, les tenemos que regalar bolis y mecheros para que nos dejen cada túnica en 20 £ y cada pañuelo en 5 £. Volvemos a las carreras al barco porque zarpamos hacia Edfú, además tenemos que ponernos nuestros nuevos modelitos para ir a cenar. Un apunte: en la cabina del baño el agua se sale por todos los lados, no hay forma de colocar la cortina para evitar la riada hacia la puerta y por detrás del water.
Hoy la cena no nos ha gustado nada, a Elena supongo que si porque se mete unos “plataos” en el cuerpo que parece que está celebrando su última cena. Patri está un poco pocha de tanto sol así que bajamos a la habitación a refrescarnos un poco y a lavar los “piños”. Cuando entramos menudo susto: nos habían hecho un muñeco con las almohadas, el pijama y las toallas, casi nos morimos de risa. Ya por la mañana teníamos encima de la cama un cisne hecho con toallas y con una rosa. El chico que hace la limpieza vino a decirnos que era obra suya y que si nos gustaba y nosotras “yes, yes, beautiful, pero anda sal de la habitación, monín”.
Vamos p’a la fiesta, pero sólo un ratín porque mañana a las 5’30 nos tendremos que levantar. ¿En que consiste?. En bailar música árabe vestidos de moros y en participar en los juegos a los que amablemente te “obligan-invitan”. Al primero vamos los cuatro y la cosa funciona así: se baila hasta que pare la música; entonces el animador dice un número, por ejemplo el 6, y hay que formar grupos con esa cantidad de gente. Hay una manada de viejecitas a las que llaman las faraonas que son bestias como ellas solas. Por supuesto los que quedan desagrupados son eliminados del juego. Empezamos bastante bien y cuando ya quedaba poca gente y dijeron el número 4, nosotras tres nos agarramos a otra chica y dejamos a Amador solo, a lo que él nos dijo con una amable sonrisa: “¡cabronas!”. Al final abandonamos para que las faraonas se lo pasaran mejor. En el segundo juego, sólo para chicas, había que dar vueltas alrededor de un círculo en cuyo centro había un montón de cucharillas y cuando paraba la música había que lanzarse a por una. Ahí participó Patri, pero se retiró porque casi la estrapalla una de las delicadas viejecitas. En un descanso nos hicimos una foto todos juntos con los guías Mustafá y David. Siguiente juego: ponerse en círculo todos de espalda y pasarse una botella a toda leche. El que se quede con ella en la mano cuando deje de sonar quedará eliminado. Participan Elena y Amador, y sin apenas entrenamiento, porque viene del campeonato mundial de otra especialidad, gana nuestra representante la “pasabotellas”. El premio: una consumición en el bar que aprovecha de lo lindo “dándole a la lengua”, quiero decir charlando con el jefe de camareros. Último juego: cuatro parejas en las que uno tiene que empapelar estilo momia al otro. Nosotras ya no aguantamos más y nos vamos a la cuna. Amador y la charlatana esperan al fin de fiesta que se produce unos 5 minutos más tarde. Son las 10’30 de la noche, hace calor en el camarote y conectamos el aire acondicionado. Los motores del barco no me dejan dormir y necesito descansar así que la solución más sencilla es ponerme los tapones en los oídos: ahora si que hay paz.
Egipto '2000 - Día 1
Día 1, Soto de Luiña-Madrid-Aswan
El viaje hasta Madrid fue bastante monótono y pesado, sobre todo por la gran cantidad de agua que nos cayó durante todo el camino. Para muestra de la atrofia que esto produjo en nuestros cerebros aquí va una serie de diálogos y pensamientos inteligentes sucedidos a lo largo del trayecto:
• Desayunando camino de Madrid:
Elena.- ¿Qué es eso?
Mari.- Un Termalgin.
Elena.- Dame, que voy a tomar uno.
Mari.- ¿Te duele la cabeza?
Elena.- No, pero esto no hace daño, además “ye” bueno.
Mari.- Pero, ¿tu los tomas cuando te “peta”?
Elena.- Noooo, pero hoy es por si acaso.
• Remedio para los “cuerpecitos” doloridos:
Elena.- ¡Agggg!, no respiro. Voy a sacar la pomada Thailandesa.
Patri.- ¿La que?
Elena.- La pomada que me dieron en Thailandia para la urticaria.
Patri.- ¿Y dónde dices que la vas a echar?
Elena.- Debajo de la nariz, en el bigote, para respirar bien.
Amador, Patri, Mari.- ¿Queeeee?
Elena.- Es que vale para todo. Mira Mari, moja el dedo y pásalo por la frente, ya verás como te pasa la cabeza.
(Y no sé que narices lleva ese bote que atufa a alcanfor que a los 10 min. me empezó a pasar el dolor. Supongo que el Termalgin que me tomé estaba haciendo también su efecto).
• En el coche, aburridos del paisaje:
Amador.- ¿De quien será todo esto?
Elena.- No se, de algún ricachón.
Amador.- ¿Y valdrá mucho?
Elena.- Igual 300 millones, pero yo no lo quiero ni “regalao”.
Amador.- Además el terreno debe de ser malísimo.
Elena.- Si, son “areniscas” (sic). (Experta geóloga).
Como era de esperar, no entramos bien en dirección al aeropuerto, pero siguiendo las indicaciones de los numerosos paneles conseguimos llegar al parking de la terminal T1, del cual tuvimos que volver a salir dirección Madrid porque no habíamos llenado el depósito del coche para poder devolverlo. Después de una y mil maniobras por fin quedó el auto convenientemente aparcado y con todos los papeles en orden.
Y ya dentro del aeropuerto tuvimos que esperar más de una hora hasta que nos atendieron en el mostrador de MapaTours. Recogimos toda la documentación y nos fuimos a facturar el equipaje. Había mucha cola, y un bobo con pista de aterrizaje en el cabezón nos llamó la atención porque según él nos estábamos colando, cosa que no era cierta, por lo que Elena le dijo cuatro cositas de nada. Cuando llegó nuestro turno aparece un tío que dice ser de nuestra agencia de viajes y nos pide que si le podemos facturar con nuestras cosas un paquetón con forma de cilindro. Nos quedamos con cara de ¡NO! a lo que él nos dice que no se trata de nada raro, solo una pancarta enrollada. Amador y Elena dicen que de acuerdo pero a mi sólo me pasa por la cabeza la aduana egipcia. Que sea lo que Dios quiera.
Pasamos el control de policía y sacamos el pasaporte por segunda vez. Damos tantas vueltas buscando un sitio para comer algo calentito que se nos echa el tiempo encima. Al final nos tenemos que conformar con un bocata frío y una coca-cola. Ya nos llaman para embarcar y durante el trayecto en autobús hasta el avión Elena va buscando con la vista el jumbo en el que dice que viajaremos. Y resulta que aparcamos al lado de un trasto de la Shorouk Airlines. Por supuesto, la entendida en vuelos intercontinentales se puso a darnos explicaciones que no venían a cuento. Nos tocó en la cola del avión, al lado de los azafatos que tanto impresionaron a Elena. Amador y yo vamos delante y las coleguillas detrás. Me puse los tapones en los oídos, ya me había tomado una biodramina y sólo me quedaba esperar el resultado. Entretanto me puse a rellenar el papel del visado que nos dieron al subir al avión, pero Elena dale que te pego diciendo que eso se hacía al llegar allí, Amador que mejor ahora porque el año pasado en New York lo pasó fatal, y yo a mi rollo poniendo los datos que nos pedían en el papel.
Despegamos muy bien: el estómago en la garganta, luego en los tobillos, pero como iba dopada todo fue viento en popa. Hasta miré por la ventanilla un par de veces. Decidí que lo mejor era dormir porque con los tapones auditivos no me enteraba de nada de lo que decían los otros. Al cabo de un rato explican por megafonía la forma de rellenar el visado porque van a pasar a recogerlo. Y ahí saltan las dos de atrás para pedirme el mío y ver como lo he rellenado. Poco a poco se va acercando por el pasillo un señor con carrito, papeles, cuños y demás trastos. Así que otra vez a sacar el pasaporte. No tuvimos problema aunque nuestras fotos parezcan las de terroristas de Hamas. Vuelvo a dormir hasta que Amador me despierta porque nos traen la comidita y eso que sólo son poco más de las 6. La bandeja contiene una especie de ensalada blanca con aceitunas que no pruebo, carne de algo al lado de una cosa redonda rebozada y pasta rellena, un trozo de pastel de chocolate, un quesito y mantequilla. De beber hay agua, pepsi, mirinda, zumo.... y luego té o café. Yo no como mucho pero aprovecho para tomar la siguiente biodramina y un termalgin. A propósito, después de la cena el “pitín”, porque aquí se puede fumar, aunque sólo en la cola del avión. Y no hay tele, ni música, ni cascos, ni ná de ná. Entonces vuelta a dormir, ya casi de noche, porque aquí oscurece mucho antes.
Llegamos a las 8’30 a Aswan en un aterrizaje por lo visto muy bueno porque los azafatos y azafatas se pusieron a aplaudir como locos diciendo “It’s good, it’s good!!!”. Y nosotros alucinando. Cuando el avión está llegando cerca de del aeropuerto vemos la pista llena de perros espanzurrados, y luego policías por todos los lados. Descendemos buscando a nuestro guía y otra vez a sacar el pasaporte para pegar unos sellos al lado del cuño que nos pusieron en el avión. Luego nos mandan pasar a una sala a recoger las maletas y cuando empiezan a salir la de Elena se cae de la cinta transportadora. Ya estamos todos listos y ahora tenemos que pasar por un control de policía para revisar el visado, así que otra vez con el pasaporte en los dientes. Y luego otro más en el que a algunos les hicieron abrir las maletas.
Por fin salimos fuera del aeropuerto y hace un calor asqueroso. Nos meten en una especie de minibús del año la polka con alfombras en el suelo en el que nos cocemos por momentos. Y las maletas van en el techo, como para que se caigan en una curva. Llega el guía cultural, Mustafá, y nos cuenta lo que vamos a hacer los primeros días. Parece muy interesante.
Estamos llegando a la zona portuaria de Aswan y es un horror ver como circula aquí la gente: ¡como le da la gana!, sin luces, por cualquier carril y todo el rato están pitando. El bus nos deja en el embarcadero del Mahrousa, un barco con decoración de estilo nubio (eso nos han dicho aunque todavía no sabemos distinguirla), y nos presentan al representante español de la agencia, David, un tipo alto que habla un poco raro. Nos suben al bar donde nos ofrecen una bebida típica llamada karkadé, una especie de té frío pero con sabor amargo, mientras David nos explica un montón de cosas y nos da otro papel en el que tenemos que poner todos nuestros datos para el control policial del barco. Seguidamente vamos a cenar: hay ensaladas raras, verdura, pollo, ternera, más cosas raras.... Ya no nos queda tabaco, estamos racionando 4 miserables cigarrillos. Preguntamos qué podemos comprar y dónde. Tenemos que salir del barco y nada más llegar a pie de calle la impresión que me produjo todo lo que veía fue de ¡Que espanto de ciudad! Eran un cúmulo de cosas que en conjunto te hacen sentir decepcionada: suciedad, polvo, tráfico loco, gente desaliñada, casas destartaladas, pitidos constantes.... Tenía que haber leído antes la guía, para algo la compramos. Intento animarme, pienso que quizás estemos a las afueras de la ciudad y que mañana veremos cosas bonitas. Además está todo cerrado, no encontramos nada abierto en los alrededores, así que volvemos al barco, aprovechamos para sacarle una foto, vemos como los de la tripulación fuman de una pipa muy grande, y a la cama.
El viaje hasta Madrid fue bastante monótono y pesado, sobre todo por la gran cantidad de agua que nos cayó durante todo el camino. Para muestra de la atrofia que esto produjo en nuestros cerebros aquí va una serie de diálogos y pensamientos inteligentes sucedidos a lo largo del trayecto:
• Desayunando camino de Madrid:
Elena.- ¿Qué es eso?
Mari.- Un Termalgin.
Elena.- Dame, que voy a tomar uno.
Mari.- ¿Te duele la cabeza?
Elena.- No, pero esto no hace daño, además “ye” bueno.
Mari.- Pero, ¿tu los tomas cuando te “peta”?
Elena.- Noooo, pero hoy es por si acaso.
• Remedio para los “cuerpecitos” doloridos:
Elena.- ¡Agggg!, no respiro. Voy a sacar la pomada Thailandesa.
Patri.- ¿La que?
Elena.- La pomada que me dieron en Thailandia para la urticaria.
Patri.- ¿Y dónde dices que la vas a echar?
Elena.- Debajo de la nariz, en el bigote, para respirar bien.
Amador, Patri, Mari.- ¿Queeeee?
Elena.- Es que vale para todo. Mira Mari, moja el dedo y pásalo por la frente, ya verás como te pasa la cabeza.
(Y no sé que narices lleva ese bote que atufa a alcanfor que a los 10 min. me empezó a pasar el dolor. Supongo que el Termalgin que me tomé estaba haciendo también su efecto).
• En el coche, aburridos del paisaje:
Amador.- ¿De quien será todo esto?
Elena.- No se, de algún ricachón.
Amador.- ¿Y valdrá mucho?
Elena.- Igual 300 millones, pero yo no lo quiero ni “regalao”.
Amador.- Además el terreno debe de ser malísimo.
Elena.- Si, son “areniscas” (sic). (Experta geóloga).
Como era de esperar, no entramos bien en dirección al aeropuerto, pero siguiendo las indicaciones de los numerosos paneles conseguimos llegar al parking de la terminal T1, del cual tuvimos que volver a salir dirección Madrid porque no habíamos llenado el depósito del coche para poder devolverlo. Después de una y mil maniobras por fin quedó el auto convenientemente aparcado y con todos los papeles en orden.
Y ya dentro del aeropuerto tuvimos que esperar más de una hora hasta que nos atendieron en el mostrador de MapaTours. Recogimos toda la documentación y nos fuimos a facturar el equipaje. Había mucha cola, y un bobo con pista de aterrizaje en el cabezón nos llamó la atención porque según él nos estábamos colando, cosa que no era cierta, por lo que Elena le dijo cuatro cositas de nada. Cuando llegó nuestro turno aparece un tío que dice ser de nuestra agencia de viajes y nos pide que si le podemos facturar con nuestras cosas un paquetón con forma de cilindro. Nos quedamos con cara de ¡NO! a lo que él nos dice que no se trata de nada raro, solo una pancarta enrollada. Amador y Elena dicen que de acuerdo pero a mi sólo me pasa por la cabeza la aduana egipcia. Que sea lo que Dios quiera.
Pasamos el control de policía y sacamos el pasaporte por segunda vez. Damos tantas vueltas buscando un sitio para comer algo calentito que se nos echa el tiempo encima. Al final nos tenemos que conformar con un bocata frío y una coca-cola. Ya nos llaman para embarcar y durante el trayecto en autobús hasta el avión Elena va buscando con la vista el jumbo en el que dice que viajaremos. Y resulta que aparcamos al lado de un trasto de la Shorouk Airlines. Por supuesto, la entendida en vuelos intercontinentales se puso a darnos explicaciones que no venían a cuento. Nos tocó en la cola del avión, al lado de los azafatos que tanto impresionaron a Elena. Amador y yo vamos delante y las coleguillas detrás. Me puse los tapones en los oídos, ya me había tomado una biodramina y sólo me quedaba esperar el resultado. Entretanto me puse a rellenar el papel del visado que nos dieron al subir al avión, pero Elena dale que te pego diciendo que eso se hacía al llegar allí, Amador que mejor ahora porque el año pasado en New York lo pasó fatal, y yo a mi rollo poniendo los datos que nos pedían en el papel.
Despegamos muy bien: el estómago en la garganta, luego en los tobillos, pero como iba dopada todo fue viento en popa. Hasta miré por la ventanilla un par de veces. Decidí que lo mejor era dormir porque con los tapones auditivos no me enteraba de nada de lo que decían los otros. Al cabo de un rato explican por megafonía la forma de rellenar el visado porque van a pasar a recogerlo. Y ahí saltan las dos de atrás para pedirme el mío y ver como lo he rellenado. Poco a poco se va acercando por el pasillo un señor con carrito, papeles, cuños y demás trastos. Así que otra vez a sacar el pasaporte. No tuvimos problema aunque nuestras fotos parezcan las de terroristas de Hamas. Vuelvo a dormir hasta que Amador me despierta porque nos traen la comidita y eso que sólo son poco más de las 6. La bandeja contiene una especie de ensalada blanca con aceitunas que no pruebo, carne de algo al lado de una cosa redonda rebozada y pasta rellena, un trozo de pastel de chocolate, un quesito y mantequilla. De beber hay agua, pepsi, mirinda, zumo.... y luego té o café. Yo no como mucho pero aprovecho para tomar la siguiente biodramina y un termalgin. A propósito, después de la cena el “pitín”, porque aquí se puede fumar, aunque sólo en la cola del avión. Y no hay tele, ni música, ni cascos, ni ná de ná. Entonces vuelta a dormir, ya casi de noche, porque aquí oscurece mucho antes.
Llegamos a las 8’30 a Aswan en un aterrizaje por lo visto muy bueno porque los azafatos y azafatas se pusieron a aplaudir como locos diciendo “It’s good, it’s good!!!”. Y nosotros alucinando. Cuando el avión está llegando cerca de del aeropuerto vemos la pista llena de perros espanzurrados, y luego policías por todos los lados. Descendemos buscando a nuestro guía y otra vez a sacar el pasaporte para pegar unos sellos al lado del cuño que nos pusieron en el avión. Luego nos mandan pasar a una sala a recoger las maletas y cuando empiezan a salir la de Elena se cae de la cinta transportadora. Ya estamos todos listos y ahora tenemos que pasar por un control de policía para revisar el visado, así que otra vez con el pasaporte en los dientes. Y luego otro más en el que a algunos les hicieron abrir las maletas.
Por fin salimos fuera del aeropuerto y hace un calor asqueroso. Nos meten en una especie de minibús del año la polka con alfombras en el suelo en el que nos cocemos por momentos. Y las maletas van en el techo, como para que se caigan en una curva. Llega el guía cultural, Mustafá, y nos cuenta lo que vamos a hacer los primeros días. Parece muy interesante.
Estamos llegando a la zona portuaria de Aswan y es un horror ver como circula aquí la gente: ¡como le da la gana!, sin luces, por cualquier carril y todo el rato están pitando. El bus nos deja en el embarcadero del Mahrousa, un barco con decoración de estilo nubio (eso nos han dicho aunque todavía no sabemos distinguirla), y nos presentan al representante español de la agencia, David, un tipo alto que habla un poco raro. Nos suben al bar donde nos ofrecen una bebida típica llamada karkadé, una especie de té frío pero con sabor amargo, mientras David nos explica un montón de cosas y nos da otro papel en el que tenemos que poner todos nuestros datos para el control policial del barco. Seguidamente vamos a cenar: hay ensaladas raras, verdura, pollo, ternera, más cosas raras.... Ya no nos queda tabaco, estamos racionando 4 miserables cigarrillos. Preguntamos qué podemos comprar y dónde. Tenemos que salir del barco y nada más llegar a pie de calle la impresión que me produjo todo lo que veía fue de ¡Que espanto de ciudad! Eran un cúmulo de cosas que en conjunto te hacen sentir decepcionada: suciedad, polvo, tráfico loco, gente desaliñada, casas destartaladas, pitidos constantes.... Tenía que haber leído antes la guía, para algo la compramos. Intento animarme, pienso que quizás estemos a las afueras de la ciudad y que mañana veremos cosas bonitas. Además está todo cerrado, no encontramos nada abierto en los alrededores, así que volvemos al barco, aprovechamos para sacarle una foto, vemos como los de la tripulación fuman de una pipa muy grande, y a la cama.
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