Día 2, Aswan-Crucero por el Nilo-KomOmbo
Nos levantamos a las 7 y lo primero que hicimos después de desayunar fue salir como postas a comprar tabaco, Cleopatras, cigarrillos rubios egipcios que no saben a ná pero que son baratos: 2 £. Volvemos rápido para coger el bus en el que nos llevan a ver el obelisco inacabado de Haptsepsut, el que pretendía ser el más grande construido pero que tuvieron que abandonar cuando empezaron a aparecer fisuras en la roca. Aswan era la cantera de donde se extraían los bloques de granito rojo usados para la construcción de los colosos y de los obeliscos. La excursión continúa hasta las presas de Aswan, la vieja y la nueva, la que regula el Nilo y proporciona energía eléctrica a todo el país. Es una de las mayores del mundo y su construcción originó el lago artificial llamado Nasser, donde quedan almacenadas prácticamente todas las reservas de agua del país. Al otro lado de la presa hay cocodrilos, pero no los vemos, primero porque está muy alto y segundo porque hay redes protectoras. Llegan a medir 8 m. De regreso al embarcadero cogemos una faluca, embarcación típica de vela, y damos un paseo alrededor de la isla Elefantina en la que abunda la vegetación y donde hay un poblado nubio, raza de piel negra pero con rasgos finos. Es un paisaje de contrastes: la exuberante vegetación justo al lado del árido desierto. En esta isla está el nilómetro, una gran escalera que se adentra en el agua y en cuyas paredes hay una escala graduada que mide las crecidas del Nilo. De pronto se nos acerca a la faluca un pequeñajo metido en una barquita y remando con las manos. Nos pregunta que de donde somos, le decimos que españoles y entonces se pone a cantar a grito “pelao” la macarena y el porompompom. Quiere dinero por ofrecernos esa gran actuación. La verdad es que fue una situación de lo más graciosa. Regresamos al barco a las 11’30, a las 12 es la comida y aunque sólo quedan 30 minutos, Amador va como un tiro a ponerse el bañador para ir a tomar el sol en la cubierta del barco. Patri y yo subimos a echar un vistazo, pero hace mucho calor así que mejor vamos a ver que comida nos dan hoy.
Nada mas comer cogimos una lancha a motor que nos llevará hasta un poblado nubio que está a unos 5 km. El trayecto es una gozada, hace calor pero la brisa nos refresca, además la charla hace el viaje muy entretenido y el paisaje es alucinante. Al llegar ya están un montón de pequeñajos esperando para vender abalorios. Desembarcamos y se nos pegan como lapas, nos cogen de la mano y dicen: “¿luego?, ¿luego?”, que si luego, a la vuelta, les compramos algo. Nos dicen sus nombres y nos preguntan los nuestros, no nos dejan en paz en toda la visita, pero son una cucada y muy guapos. Echamos a andar por entre la arena y las casas, algunas pintadas de colores vivos, hasta una zona elevada donde Patri se fotografía con una de las niñas, a cambio de una libra, claro. Seguimos el recorrido a lo largo del cual observamos como viven y que costumbres tienen. Por lo visto no piensan ni modernizarse ni cambiar, aunque creo que el factor económico es una de las principales barreras para intentarlo, por mucho que nos digan David y Mustafá. Entramos en una casa donde nos ofrecen fumar de la pipa y nos dan té. Tienen un cocodrilin de 5 meses que mide unos 40 cm. y que al tocarlo nos enseña los dientes, además de dos gatinos escuálidos. Aparece la artista de la familia, una chica que hace tatuajes en hena y ahí vamos los 4 a hacernos uno. Cuesta 6 £. A la salida nos hacemos una foto con un camello que estaba “aparcado” al lado de un muro y enseguida aparecen dos paisanas vestidas de negro pidiéndonos dinero por fotografiar al bicho. Ya se que aquí las cosas funcionan de otro modo, pero tienen un morro que se lo pisan porque el bicho ni siquiera era de ellas. Volvemos al barco y el jefe, porque llamarle “capitán” me parece un poco fuerte, y sus ayudantes nos intentan vender collares, pulseras y demás objetos hechos con madera o hueso de camello, igual que en la faluca de por la mañana. Hay gente del grupo que dentro de poco, y eso que sólo llevamos aquí un día, va a poder montar su propio puestecillo. Hace mucho calor y me duele bastante la cabeza, todavía no he conseguido aclimatarme. Paramos en una orilla por si alguien quiere darse un baño de bautismo en el Nilo: Amador el primero, luego Patri y Elena. Poco más y se ahogan: como no saben nadar muy bien, cubre mucho y hay corrientes pues era de esperar. También se apuntaron otros 5 ó 6 del grupo. Yo, mientras, a coger una bolsa de arena del desierto porque dice Patri que da buena suerte.
Regresamos al barco a toda leche porque zarpamos rumbo Kom Ombo. Los viciosos del sol directos a cubierta, yo también aunque no me pongo el bañador porque estoy hecha polvo, debo tener insolación. Patri churruscó la espalda, que novedad. A las 5 nos dieron té con un bizcocho muy rico por el que Elena se peleaba. Después nosotras bajamos al camarote a pegarnos una ducha y los otros 2 a comprar a la joyería del barco. Llegamos a Kom Ombo a las 7’30. Tenemos solamente una hora para visitar el templo y comprar chilabas y pañuelos para la fiesta de disfraces de la noche. El templo es una pasada, además la iluminación nocturna está muy lograda, pero no se que saldrá en las fotos porque esto es demasiado grande para un flash tan pequeño. Está bastante derruido y lo más curioso de él es que hay dos puertas de entrada porque está dedicado a dos divinidades: Horus el halcón y Sobek el cocodrilo.
Y ahora a regatear: ¡son la leche!, les tenemos que regalar bolis y mecheros para que nos dejen cada túnica en 20 £ y cada pañuelo en 5 £. Volvemos a las carreras al barco porque zarpamos hacia Edfú, además tenemos que ponernos nuestros nuevos modelitos para ir a cenar. Un apunte: en la cabina del baño el agua se sale por todos los lados, no hay forma de colocar la cortina para evitar la riada hacia la puerta y por detrás del water.
Hoy la cena no nos ha gustado nada, a Elena supongo que si porque se mete unos “plataos” en el cuerpo que parece que está celebrando su última cena. Patri está un poco pocha de tanto sol así que bajamos a la habitación a refrescarnos un poco y a lavar los “piños”. Cuando entramos menudo susto: nos habían hecho un muñeco con las almohadas, el pijama y las toallas, casi nos morimos de risa. Ya por la mañana teníamos encima de la cama un cisne hecho con toallas y con una rosa. El chico que hace la limpieza vino a decirnos que era obra suya y que si nos gustaba y nosotras “yes, yes, beautiful, pero anda sal de la habitación, monín”.
Vamos p’a la fiesta, pero sólo un ratín porque mañana a las 5’30 nos tendremos que levantar. ¿En que consiste?. En bailar música árabe vestidos de moros y en participar en los juegos a los que amablemente te “obligan-invitan”. Al primero vamos los cuatro y la cosa funciona así: se baila hasta que pare la música; entonces el animador dice un número, por ejemplo el 6, y hay que formar grupos con esa cantidad de gente. Hay una manada de viejecitas a las que llaman las faraonas que son bestias como ellas solas. Por supuesto los que quedan desagrupados son eliminados del juego. Empezamos bastante bien y cuando ya quedaba poca gente y dijeron el número 4, nosotras tres nos agarramos a otra chica y dejamos a Amador solo, a lo que él nos dijo con una amable sonrisa: “¡cabronas!”. Al final abandonamos para que las faraonas se lo pasaran mejor. En el segundo juego, sólo para chicas, había que dar vueltas alrededor de un círculo en cuyo centro había un montón de cucharillas y cuando paraba la música había que lanzarse a por una. Ahí participó Patri, pero se retiró porque casi la estrapalla una de las delicadas viejecitas. En un descanso nos hicimos una foto todos juntos con los guías Mustafá y David. Siguiente juego: ponerse en círculo todos de espalda y pasarse una botella a toda leche. El que se quede con ella en la mano cuando deje de sonar quedará eliminado. Participan Elena y Amador, y sin apenas entrenamiento, porque viene del campeonato mundial de otra especialidad, gana nuestra representante la “pasabotellas”. El premio: una consumición en el bar que aprovecha de lo lindo “dándole a la lengua”, quiero decir charlando con el jefe de camareros. Último juego: cuatro parejas en las que uno tiene que empapelar estilo momia al otro. Nosotras ya no aguantamos más y nos vamos a la cuna. Amador y la charlatana esperan al fin de fiesta que se produce unos 5 minutos más tarde. Son las 10’30 de la noche, hace calor en el camarote y conectamos el aire acondicionado. Los motores del barco no me dejan dormir y necesito descansar así que la solución más sencilla es ponerme los tapones en los oídos: ahora si que hay paz.
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