domingo, 5 de abril de 2009

Egipto '2000 - Día 7

Día 7, Abu Simbel

No hemos madrugado mucho porque el avión no sale hasta las 10 pero al llegar al aeropuerto hay mucho retraso y eso mata a cualquiera. Entre una cosa y otra llegamos a Abu Simbel a las 2’30, estamos en pleno desierto al lado del lago Nasser. Es un paisaje distinto a todo lo que habíamos visto hasta ahora pero no por ello más feo, al contrario. Y el hotel una chulada, totalmente nuevo, con vistas al lago. Las habitaciones están en casitas adosadas cuyo tejado está rematado con una cúpula, todas rodeadas de plantas y palmeras y con una piscina distribuida en varias alturas, con una cascada para morirse. Como el restaurante es un pelín caro decidimos comer algo rápido en la cafetería en la que nos sorprenden con tortilla española, aunque no tienen ni puñetera idea de lo que es porque nos dan una francesa con pimientos.
Salimos para el templo, pero entre que nos organizamos, llegamos y sacamos las entradas se nos va toda la luz para poder hacer fotos decentes. Son poco más de las 5 pero dentro de poco será prácticamente de noche. Tenemos que ir a las carreras para poder ver los dos templos. Te los encuentras de repente al girar en una curva del camino y ¡que bestialidad!: el Gran Templo de Abu Simbel y el Templo de Hator. Sólo nos da tiempo a entrar en el de Ramsés porque a las 6 cierran las puertas para preparar el espectáculo de luz y sonido. Te plantas delante de los cuatro colosos de más de 20 m. que flanquean la puerta de entrada y cuando alzas la vista te quedas de piedra, nunca mejor dicho. Avanzas por las escaleras, entras y te das de narices con ocho estatuas a modo de pilares que sujetan el techo de esta sala. Representan a Osiris pero con los rasgos faciales de Ramsés. Y al fondo está el santuario en cuyo altar hay cuatro figuras talladas en la roca que representan a Harmakhis, Ramsés divinizado, Amón-Ra y Ptah. La disposición del templo es tal que los rayos del sol sólo logran alcanzar el santuario dos veces al año: los días del nacimiento y de la coronación de Ramsés. Lo iluminan todo excepto a Ptah, el dios de la oscuridad. Ha sido una pena tener que hacer una visita tan rápida y con tan poca luz, pero es lo que hemos decidido en consenso para no tener que levantarnos a las 4 de la mañana del día siguiente y realizar la visita antes de coger el avión de regreso. El pequeño templo de Hator también está excavado en la roca y en su fachada inclinada se representan cuatro figuras de Ramsés entre las que aparecen dos de Nefertari. Fue mandado construir como símbolo de amor hacia su esposa, a la que adoraba. Nos sentamos en las tribunas para oir la explicación de Mustafá. Se ha levantando un viento frío que nos está haciendo pupa: esto es el desierto y la noche no tiene nada que ver con el día. Empiezan a aparecer franchutes hablando a “grito pelao” y aunque les llamamos la atención no nos hacen ni caso, son unos maleducados. Hemos decidido quedarnos a ver el espectáculo en francés porque a continuación será en español y aunque la espera se hace larga (casi 2 horas) no nos parece que merezca la pena la caminata de ida y vuelta hasta el hotel. Los templos iluminados son increiblemente fantásticos pero muy difíciles de fotografiar sin trípode. Apagan todas las luces y la visión del cielo totalmente a oscuras es impresionante. Empieza el espectáculo y la voz en off ya te cautiva, aunque no logro entender bien toda la historia. Hay proyectores que no funcionan y eso estropea un pelín el relato para una tiquismiquis como yo. Empieza con los acontecimientos de la salvación del templo: su traslado hasta el enclave actual para que este patrimonio de la humanidad no quedase sumergido tras la construcción de la presa de Aswan. Otra obra faraónica en la que participaron un montón de países bajo el control de la UNESCO. Continúa con la historia de amor entre Ramsés y Nefertari, las luchas por el control de Egipto, las expediciones de conquista y, finalmente, con la muerte del faraón, lo mejor del espectáculo desde mi punto de vista. Además la música está perfecta y eso hace aumentar nuestra atención. Dura aproximadamente 30 minutos y luego tenemos que esperar otra hora para el pase en español. Nos quedamos solos con toda esta maravilla para nuestro goce y disfrute ocular. Intento buscar una buena posición para ver si en esta segunda oportunidad logro alguna foto, pero estoy congelada y cansada. A los 15 minutos del comienzo empiezan a salir, no se si de debajo de las piedras, sudamericanos y españoles por todos los lados. Y durante el espectáculo se me acaba el carrete, se me bloquea el obturador.... una porquería, no se lo que habrá salido. Regresamos al hotel muertos de frío y aún así Amador dice que de aquí no se va sin probar la piscina. Menos mal que lo convencimos para que madrugue mañana y se de un chapuzón de despedida. Durante la cena hacemos una colecta para darle una propina extra a Mustafá porque mañana nos abandona. Ana quiere hacer una fiesta pero lo dejamos en tomar unas cervezas en la terraza del bar. Nos reímos un montón enseñándole chistes y palabras largas a Mustafá. Elena se emperra en que aprenda a decir “chachi piruli Juan pelotilla”, como si fuese una expresión para decir a todas horas. A las 12 y pico sale una italiana a reñirnos porque dice que tiene que madrugar y no la dejamos dormir y como somos “mu güenos” nos vamos a la cuna silenciosamente.

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