domingo, 5 de abril de 2009

Egipto '2000 - Día 8

Día 8, Aswan-El Cairo

Hoy nos levantamos a las 6 para coger el avión de las 8 de regreso a Aswan. Antes de irnos nos despedimos de Musta y le entregamos el sobrecito: el pobre no sabía que decir.
Tendremos que quedarnos todo el santo día en esta puñetera ciudad porque el vuelo hasta el Cairo lo tenemos a las 9’30 de la noche. Rogamos y suplicamos al guía de la agencia que nos lo adelante. Finalmente creo que nos iremos a las 7’15. Nos dejan con todo el equipaje de nuevo en el Mahrousa y el cachondeo generalizado fue mayúsculo porque a todos se nos va la vista hacia Elena. Los andaluces y los asturianos decidimos salir a dar un paseo por las callejuelas de Aswan porque intentaremos encontrar una mezquita abierta. Atravesamos un mercado auténtico donde compran ellos. Lo mejor de todo es la carnicería, toda llena de moscas y con la vaca despedazada tirada encima de un carro con unas condiciones higiénicas dignas de ver. Después un último vistazo al bazar y vuelta a comprar cosas, la mayoría no sé para qué. A Elenina la experta titulada en bazares le sacan 80 £ por una bolsa de té. Sin comentarios. Buscamos un restaurante para comer y decidimos ir a uno flotante. Entramos en uno muy acogedor con decoración tipo nubio. Fue una comida que nos prestó por la vida. Regresamos al barco a esperar hasta las 5’15, hora de recogida para el aeropuerto. Subimos a cubierta para echarnos una siesta y entonces apareció el camareta de Elena, el cual, muy amable, le invita a tomar algo. Ella acepta, por supuesto, pero dice que se está poniendo nerviosa. También nos volvemos a encontrar con las dos parejas catalanas que desde ahora continuarán viaje hasta el Cairo con nosotros. Estamos charlando animadamente cuando vuelve a aparecer el egipcio a la caza de Elena. Otra vez se va con él y esta vez vuelve diciendo “¡que se vaya a tomar por el culo!” porque como el susodicho no sacó tajada quería cobrarle el escarabajo que le había regalado.
Vienen David y Faisal a recogernos para ir al aeropuerto donde seguiremos esperando y pasando controles policiales. Menudo jaleo, sobre todo para etiquetar las maletas y asegurarnos que vienen con nosotros. En el último control la policía detiene la cinta y se dirige a David para que le lleve a la señorita pelirroja. A la pobre casi le da un ataque, se pone toda nerviosa y se acerca al policía para ver que es lo que quiere. Él le habla en inglés y ella con la histeria no entiende nada y eso que el pobre sólo quería hacerse una foto con ella. ¡Lo que nos reímos! Y Patri toda colorada de pies a cabeza. Llegamos a la sala de embarque, nos sentamos, nos levantamos, paseamos, compramos chocolatinas,... la puntualidad no es habitual en este país. Por fin despegamos. El trayecto no fue muy largo, lo malo vino después. Aterrizaron un montón de aviones a la vez y para encontrar a alguien con un cartelito de MapaTours entre semejante marabunta de gente era como buscar una aguja en un pajar. Por fin aparece un chico con un nombre muy raro que nos condujo por entre aquel caos hasta encontrarnos con Teresa, una andaluza que es la representante de la agencia en el Cairo. Nos dice que nos metamos como podamos hasta la cinta transportadora de las maletas y yo no me lo puedo creer. Pero como no hay más remedio decidimos que sean Amador y Patri los que ataquen mientras yo me quedo vigilando el equipaje de mano. Elena está dándole a la lengua, como siempre, y sin un ápice de preocupación. Hay que ver esto con tus propios ojos para captar la magnitud de semejante barullo. El guía egipcio consigue tres carros en los que se supone que tenemos que cargar las maletas de todo el grupo. No hay que echarle mucha imaginación para ver como iba cada uno. Como se necesitan tres conductores el guía cogió uno, Antonio otro y Amador el otro. Y ahora a conducir por entre toda la gente dentro de la terminal y luego por entre coches y autobuses hasta el aparcamiento. Llegamos a nuestro bus y mientras nos distribuyen dependiendo al hotel al que vayamos, Teresa nos va presentando a nuestro nuevo guía cultural. Nos cuentan curiosidades de la ciudad y nos explican el itinerario de las excursiones opcionales cuyos precios son 35$ y 60$, o lo que es lo mismo, 7.000 y 12.000 pelas según el cambio actual. Tenemos que decidir si nos apuntamos o no pero necesitamos tiempo para pensarlo y como nos están apremiando acabamos por decir que no contaran con nosotros, ya nos apañaremos para visitar algo por nuestra cuenta, además nos parecen un poco caras. Menudo mosqueo que pillaron, pero si son opcionales no pueden aturullarnos la cabeza después de un día con tanto avión y tanto trajín. En fin, llegamos al hotel a las 11’30 de la noche y no hemos probado bocado desde las 2’30 de la tarde. Estamos reventados y con un dolor de cabeza bastante agudo. Nosotros 4 decidimos esperar en la habitación a que llegue el equipaje para revisar que está todo e ipso facto salir a comer algo. El buffet del hotel es muy caro así que salimos a ver lo que encontramos. Cerca del hotel hay un centro comercial que tiene McDonalds además de otras franquicias de comida rápida egipcia. Decidimos entrar en uno que se llama Fresco y ¡joder, todo está en árabe! Vemos las fotos de los platos en la pared pero ni sabemos de que se componen ni cuanto cuestan. Pedimos una carta en inglés pero entre que la buscan y no la encuentran, aparece un tipo con pinta de encargado hablando un inglés rarísimo con el que pretende ayudarnos. Como no entendemos casi nada pedimos a voleo y después de esperar más de ½ hora (comida rápida egipcia) a Amador le traen pollo rebozado con patatas y mogollón de perejil y a nosotras ternera con champiñones en salsa rara acompañada de arroz. Tenemos tanta hambre que ahí va todo p’adentro. Pedimos la cuenta con cara de circunstancia pero no fue tal el susto. Pagamos y directos a la cama, estamos machacados y mañana tocan las pirámides.

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