domingo, 5 de abril de 2009

Egipto '2000 - Día 1

Día 1, Soto de Luiña-Madrid-Aswan

El viaje hasta Madrid fue bastante monótono y pesado, sobre todo por la gran cantidad de agua que nos cayó durante todo el camino. Para muestra de la atrofia que esto produjo en nuestros cerebros aquí va una serie de diálogos y pensamientos inteligentes sucedidos a lo largo del trayecto:
• Desayunando camino de Madrid:
Elena.- ¿Qué es eso?
Mari.- Un Termalgin.
Elena.- Dame, que voy a tomar uno.
Mari.- ¿Te duele la cabeza?
Elena.- No, pero esto no hace daño, además “ye” bueno.
Mari.- Pero, ¿tu los tomas cuando te “peta”?
Elena.- Noooo, pero hoy es por si acaso.

• Remedio para los “cuerpecitos” doloridos:
Elena.- ¡Agggg!, no respiro. Voy a sacar la pomada Thailandesa.
Patri.- ¿La que?
Elena.- La pomada que me dieron en Thailandia para la urticaria.
Patri.- ¿Y dónde dices que la vas a echar?
Elena.- Debajo de la nariz, en el bigote, para respirar bien.
Amador, Patri, Mari.- ¿Queeeee?
Elena.- Es que vale para todo. Mira Mari, moja el dedo y pásalo por la frente, ya verás como te pasa la cabeza.
(Y no sé que narices lleva ese bote que atufa a alcanfor que a los 10 min. me empezó a pasar el dolor. Supongo que el Termalgin que me tomé estaba haciendo también su efecto).

• En el coche, aburridos del paisaje:
Amador.- ¿De quien será todo esto?
Elena.- No se, de algún ricachón.
Amador.- ¿Y valdrá mucho?
Elena.- Igual 300 millones, pero yo no lo quiero ni “regalao”.
Amador.- Además el terreno debe de ser malísimo.
Elena.- Si, son “areniscas” (sic). (Experta geóloga).

Como era de esperar, no entramos bien en dirección al aeropuerto, pero siguiendo las indicaciones de los numerosos paneles conseguimos llegar al parking de la terminal T1, del cual tuvimos que volver a salir dirección Madrid porque no habíamos llenado el depósito del coche para poder devolverlo. Después de una y mil maniobras por fin quedó el auto convenientemente aparcado y con todos los papeles en orden.
Y ya dentro del aeropuerto tuvimos que esperar más de una hora hasta que nos atendieron en el mostrador de MapaTours. Recogimos toda la documentación y nos fuimos a facturar el equipaje. Había mucha cola, y un bobo con pista de aterrizaje en el cabezón nos llamó la atención porque según él nos estábamos colando, cosa que no era cierta, por lo que Elena le dijo cuatro cositas de nada. Cuando llegó nuestro turno aparece un tío que dice ser de nuestra agencia de viajes y nos pide que si le podemos facturar con nuestras cosas un paquetón con forma de cilindro. Nos quedamos con cara de ¡NO! a lo que él nos dice que no se trata de nada raro, solo una pancarta enrollada. Amador y Elena dicen que de acuerdo pero a mi sólo me pasa por la cabeza la aduana egipcia. Que sea lo que Dios quiera.
Pasamos el control de policía y sacamos el pasaporte por segunda vez. Damos tantas vueltas buscando un sitio para comer algo calentito que se nos echa el tiempo encima. Al final nos tenemos que conformar con un bocata frío y una coca-cola. Ya nos llaman para embarcar y durante el trayecto en autobús hasta el avión Elena va buscando con la vista el jumbo en el que dice que viajaremos. Y resulta que aparcamos al lado de un trasto de la Shorouk Airlines. Por supuesto, la entendida en vuelos intercontinentales se puso a darnos explicaciones que no venían a cuento. Nos tocó en la cola del avión, al lado de los azafatos que tanto impresionaron a Elena. Amador y yo vamos delante y las coleguillas detrás. Me puse los tapones en los oídos, ya me había tomado una biodramina y sólo me quedaba esperar el resultado. Entretanto me puse a rellenar el papel del visado que nos dieron al subir al avión, pero Elena dale que te pego diciendo que eso se hacía al llegar allí, Amador que mejor ahora porque el año pasado en New York lo pasó fatal, y yo a mi rollo poniendo los datos que nos pedían en el papel.
Despegamos muy bien: el estómago en la garganta, luego en los tobillos, pero como iba dopada todo fue viento en popa. Hasta miré por la ventanilla un par de veces. Decidí que lo mejor era dormir porque con los tapones auditivos no me enteraba de nada de lo que decían los otros. Al cabo de un rato explican por megafonía la forma de rellenar el visado porque van a pasar a recogerlo. Y ahí saltan las dos de atrás para pedirme el mío y ver como lo he rellenado. Poco a poco se va acercando por el pasillo un señor con carrito, papeles, cuños y demás trastos. Así que otra vez a sacar el pasaporte. No tuvimos problema aunque nuestras fotos parezcan las de terroristas de Hamas. Vuelvo a dormir hasta que Amador me despierta porque nos traen la comidita y eso que sólo son poco más de las 6. La bandeja contiene una especie de ensalada blanca con aceitunas que no pruebo, carne de algo al lado de una cosa redonda rebozada y pasta rellena, un trozo de pastel de chocolate, un quesito y mantequilla. De beber hay agua, pepsi, mirinda, zumo.... y luego té o café. Yo no como mucho pero aprovecho para tomar la siguiente biodramina y un termalgin. A propósito, después de la cena el “pitín”, porque aquí se puede fumar, aunque sólo en la cola del avión. Y no hay tele, ni música, ni cascos, ni ná de ná. Entonces vuelta a dormir, ya casi de noche, porque aquí oscurece mucho antes.
Llegamos a las 8’30 a Aswan en un aterrizaje por lo visto muy bueno porque los azafatos y azafatas se pusieron a aplaudir como locos diciendo “It’s good, it’s good!!!”. Y nosotros alucinando. Cuando el avión está llegando cerca de del aeropuerto vemos la pista llena de perros espanzurrados, y luego policías por todos los lados. Descendemos buscando a nuestro guía y otra vez a sacar el pasaporte para pegar unos sellos al lado del cuño que nos pusieron en el avión. Luego nos mandan pasar a una sala a recoger las maletas y cuando empiezan a salir la de Elena se cae de la cinta transportadora. Ya estamos todos listos y ahora tenemos que pasar por un control de policía para revisar el visado, así que otra vez con el pasaporte en los dientes. Y luego otro más en el que a algunos les hicieron abrir las maletas.
Por fin salimos fuera del aeropuerto y hace un calor asqueroso. Nos meten en una especie de minibús del año la polka con alfombras en el suelo en el que nos cocemos por momentos. Y las maletas van en el techo, como para que se caigan en una curva. Llega el guía cultural, Mustafá, y nos cuenta lo que vamos a hacer los primeros días. Parece muy interesante.
Estamos llegando a la zona portuaria de Aswan y es un horror ver como circula aquí la gente: ¡como le da la gana!, sin luces, por cualquier carril y todo el rato están pitando. El bus nos deja en el embarcadero del Mahrousa, un barco con decoración de estilo nubio (eso nos han dicho aunque todavía no sabemos distinguirla), y nos presentan al representante español de la agencia, David, un tipo alto que habla un poco raro. Nos suben al bar donde nos ofrecen una bebida típica llamada karkadé, una especie de té frío pero con sabor amargo, mientras David nos explica un montón de cosas y nos da otro papel en el que tenemos que poner todos nuestros datos para el control policial del barco. Seguidamente vamos a cenar: hay ensaladas raras, verdura, pollo, ternera, más cosas raras.... Ya no nos queda tabaco, estamos racionando 4 miserables cigarrillos. Preguntamos qué podemos comprar y dónde. Tenemos que salir del barco y nada más llegar a pie de calle la impresión que me produjo todo lo que veía fue de ¡Que espanto de ciudad! Eran un cúmulo de cosas que en conjunto te hacen sentir decepcionada: suciedad, polvo, tráfico loco, gente desaliñada, casas destartaladas, pitidos constantes.... Tenía que haber leído antes la guía, para algo la compramos. Intento animarme, pienso que quizás estemos a las afueras de la ciudad y que mañana veremos cosas bonitas. Además está todo cerrado, no encontramos nada abierto en los alrededores, así que volvemos al barco, aprovechamos para sacarle una foto, vemos como los de la tripulación fuman de una pipa muy grande, y a la cama.

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