domingo, 5 de abril de 2009

Egipto '2000 - Día 4

Día 4, Luxor

A las 6’15 salimos en bus hacia el Valle de los Reyes, lugar donde se enterraban los faraones de las últimas dinastías. De camino hicimos una parada para admirar los colosos de Memnon, dos grandes estatuas de unos 17 m. de altura que son lo único que queda en pie del gran templo funerario de Amenofis III. Volviendo al Valle, Mustafá nos explica que lo forman tumbas excavadas en la montaña en un lugar secreto y de difícil acceso cuya situación ni siquiera conocían los artesanos reales a los que vendaban los ojos cuando los transportaban hasta allí. La nueva carretera excavada para facilitar la afluencia de turistas discurre por entre una zona de baja montaña totalmente árida donde no hay ni lagartijas. Hace mucho calor y hay mucha gente. Nada más bajarnos del bus cogemos un trenecito que nos lleva hasta la entrada. Podremos visitar tres tumbas pero no se puede ni filmar ni sacar fotos (para fotos sin flash hay que pagar un suplemento). Echamos a andar y llegamos a la primera: atravesamos una puerta tallada verticalmente en la roca y entramos en un largo corredor en pendiente de forma cóncava totalmente decorado con pinturas y jeroglíficos. Vamos atravesando una serie de pasillos con dependencias hasta llegar al fondo donde estaría el sarcófago, pero no hay porque todas fueron saqueadas. Cada vez hay más gente y más calor. En una de ellas tenemos que entrar prácticamente a empujones porque hay demasiada gente y demasiados franceses maleducados. En otra podemos observar las diferentes fases de construcción y decoración de las tumbas porque está inacabada. Una curiosidad: ¿cómo podían pintar esas maravillas sin luz natural?, misterio misterioso, porque siendo necesario usar luz artificial qué tipo de lámparas utilizaban que su humo no ennegrecía las pinturas. Les saco una foto delante de la tumba de Tutankamón (el faraón niño), pero no vamos a entrar porque además de tener que pagar un suplemento Mustafá nos advierte que apenas tiene interés artístico puesto que no dio tiempo a terminarla. Volvemos a la entrada para proceder a la evacuación de aguas menores, pagando claro, comprar más cantidad del preciado líquido porque estamos deshidratados y algún chicle para engañar al estómago. Ya estamos un poco hartos de tanto egipcio pidiendo dinero, bolígrafos, mecheros, da igual que sean niños o mayores. Hemos aprendido una palabra: “halas”, que quiere decir basta ya y con la cual suelen dejarnos en paz, aunque un simple NO expresado con énfasis suele ser suficiente.
Nuestra siguiente visita es el templo de Ramsés II que no está muy entero pero según Mustafá es muy interesante porque es su templo funerario, pero yo creo que lo es por los restos de la pedazo estatua que tienen por allí desperdigada, un coloso de 17 m. de altura que sólo de imaginarlo en pie ya se te ponen los pelos de punta. Es una imagen de Ramsés, de quien si no, que se había auto proclamado rey de reyes y todas sus obras tenían que ser insuperables en tamaño, grandeza y perfección. Todo este conjunto recibe actualmente el nombre de Rameseum. Hay un equipo de arqueólogos franceses trabajando, pero van lentísimos. Amador se “pierde” por entre los restos y cuando reaparece nos enseña los pies y manos de la “estatuita” para que le hagamos la manicura. Delante del templo podemos ver una serie de atlantes en postura osírica, es decir, con los brazos cruzados sobre el pecho indicando el carácter funerario del templo. Delante de ellos se encuentra la cabeza de una estatua de basalto de la reina Nefertari, la amada primera esposa de Ramsés, pero no la última porque el hombre era un semental en potencia: menos mal que era el faraón porque a ver quien era el que podía mantener a sesenta y pico mujeres y concubinas y al resultado de sus encuentros, o lo que es lo mismo, noventa y pico churumbeles.
Continuando con las visitas del día ahora toca otra de esas paradas en una tienda en la que el guía se lleva comisión. Ésta es de piezas de alabastro y basalto. Nos hacen una demostración, nos intentan explicar como distinguir lo auténtico de lo falso, nos invitan a té y luego nos pasan a la tienda para que compremos no sin antes regatear. Patri y yo no sabemos, además con la cara de “probitinas” que ponemos es imposible que hagamos negocio, nos toman el pelo lo que quieren y más. Al final Amador se lleva una figura de un dios, Elena una piedra pintada y nosotras dos pirámides. Lo mejor es que nos regalan escarabajos de la suerte, o sea, que todavía nos han estafado.
Seguimos rumbo al barrio de los artesanos donde vemos como estaban distribuidas sus casas y poco más porque no queda ni una en pie. En la parte alta están situadas las tumbas de algunos de los más importantes maestros y su estructura es similar a las de los reyes, pero en pequeño. Entramos en dos de ellas y nos sorprendió gratamente el estado de conservación tan bueno en el que se encuentran y la riqueza pictórica que contienen. Pero en su interior hace mucho calor, no corre nada de aire, no son grandes espacios y encima huele fatal. Estamos chorreando y afuera el sol cae a plomo. Yo ya parezco un churrusco para el consomé.
Regresamos al barco para comer, cosa que no sabíamos porque se suponía que hoy nos trasladaban al hotel, pero aquí las cosas nunca son como se piensa, además ahora resulta que estaremos un día más en Luxor en vez de en Aswan, claro que es mejor, pero yo ya no me entero de nada de lo que vamos a hacer en el viaje. Nada más posar el tenedor nos avisan que salimos inmediatamente hacia el templo de Karnak. Es la 1’30, el sol está que lo rompe y para mí esto es asfixiante pero los andaluces están encantados.
El templo es enorme aunque hay partes que han desaparecido totalmente. De todo él lo más impresionante es lo hecho por Ramsés, o lo que se le atibuye a él porque fue quien lo finalizó. Pero vayamos por partes. En este templo se seguía una especie de tradición según la cual todo faraón que se preciase como tal debía de añadirle algo, ya fuese un obelisco, una estatua, un nuevo patio,... Era el Gran Templo de Amón y su carácter de grandiosidad monumental así lo requería. Haptshepsut, la mujer faraón, hizo un obelisco de la leche y una parte del templo, pero su sucesor, que no la soportaba, intentó destruir todo lo que ella hizo. Volviendo a Ramsés, fue el encargado de la decoración jeroglífica de casi toda la Gran Sala Hipóstila, un enorme patio con 12 columnas centrales de 20 m. de altura rodeadas por otras 122 de unos 15 m. Parece que estás en medio de un bosque encantado, te adentras entre las columnas y sólo ves más columnas, me viene a la memoria la mezquita de Córdoba por la sucesión interminable de arcos, pero esto es completamente distinto. El pilón de entrada a esta sala estaba precedido de dos colosos de granito que representaban a Ramsés, de los que sólo queda uno, y de una estatua también de él junto a su hija Ben-Amara. Estuvimos una hora y media recorriendo el templo, hasta dimos las tres vueltas de rigor alrededor de un gran escarabajo de la suerte para que se hiciesen realidad nuestros deseos. En su máximo esplendor ocupaba una extensión de 25 Ha. y se comunicaba con una avenida de corderos con el templo de Luxor ( a 3 km.) y con una avenida de esfinges con otro templo situado a 300 m.(Templo de Mut).
Estamos todos machacados pero aún tenemos fuerzas para visitar una tienda-fábrica de esencias para perfumes, desodorantes, ambientadores, suavizantes. Nos explicaron qué era una esencia y nos dieron a oler unas cuantas, como la de flor de loto: la esencia sagrada de Egipto. Luego nosotros le decíamos un perfume conocido como Chanel nº5 y nos sacaba la esencia base, una pasada. Después de saturar la pituitaria decidimos juntarnos 7 para comprar una cajita de esencias surtidas que nos salía más económica. Patri eligió una de Yves St. Laurent, Amador una de Armani, servidora eligió Trésor de Lancôme y Elena, para variar, esencia de naranja para hacer ambientador.
Regresamos al barco para recoger las maletas y trasladarnos al hotel. Estaba muy cerca y no tardamos nada. Entramos, rellenamos la ficha policial, entregamos pasaportes, nos distribuimos, nos orientamos porque es bastante grande y nos pegamos una ducha, menos Amador, que aún siendo ya de noche (5’30) se va a la piscina. Quedamos a las 8 para cenar y como tenemos tiempo descansaremos un poco. Pero antes de las 7 Amador y Elena no resisten la tentación de salir de tiendas y ahí van a la aventura. Veremos lo que ojean. Yo, mientras, me doy Trombocid en las patucas y en los hombros porque están para freir un huevo; según Patri, entre carcajadas de las de ella, estoy a parches.
Hemos bajado a cenar y nos han dado sopa de cebolla, pollo con arroz (como siempre) y flan (buenísimo comparado con otras cosas que hemos tenido que comer). Luego preguntamos a Mustafá por el mercado de noche y se ofrece para acompañarnos, pero sólo para echar un vistazo y aprovechar el paseo para bajar la cena. Está muy cerca pero ya tenemos casi todo cerrado así que nos propone ir a un café típico y así él podrá fumar sisha. Aceptamos encantados. Nosotros tomamos cerveza y él un té con menta porque los musulmanes no beben alcohol. Estuvimos charlando y riendo a carcajadas, e incluso nos escribió los nombres en árabe. Ana la de “Graná” decía “Joder!, que rápido escribe”, a lo que yo le respondí que si estaba tonta, que lo mismo que nosotros. Carcajada general. De regreso al hotel cual será nuestra sorpresa cuando vemos en la entrada al ligue del barco de Elena. Afortunadamente tanto ella como Amador hacía 5 minutos que habían llegado y no se los cruzaron. Pero el tío fue a preguntarle a Mustafá el apellido de Elena para llamarla desde recepción y éste, como no lo sabía, vino a preguntarnos a nosotras. En cuanto se enteró ahí entra todo pancho a preguntarle al recepcionista el nº de habitación de la señorita Cuadrado. Pero no aparece por ningún lado porque las habitaciones están a nombre de Amador y de Patri. Como el chico insistía tanto mi hermanita le suelta el “room number” y sin dar las gracias ni ná de ná sale escopetado hacia la cabina de teléfono. A nosotras nos da un ataque de risa de camino a la habitación porque encima el moro le trae un regalo. Nos encontramos a la chica saliendo de la habitación, medio vistiéndose y contándonos toda sobresaltada lo que le había pasado y nosotras con dolor de mandíbula de tanto reirnos. Patri lo pensó mejor y se ofreció a bajar con ella porque la pobre estaba un poco “acongojada”. Y ahí me quedo con el relato porque mañana a las 6’30 nos levantamos y ya son las 12. Lo siento por Patri que es “mu güena”, pero Elenita le debe una.

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