LUNES 18/11
Son las 5 de la mañana y ya suena el despertador. No hemos dormido ni tres horas, pero ya lo haremos en el avión.
El comedor ya está abierto y aprovechamos para tomar un café. Bajamos todos los trastos a recepción y ahí está Chayanne esperando a Elena. A este chico le ha dado bien fuerte. No ha dormido y está un poco enfadado con su hermano por no haberle dejado estar anoche con nosotros. Ahora quiere estar a solas con Elena, no se que narices le quiere decir. Entretanto los recepcionistas me llaman porque han subido a la habitación y falta una botella de agua. Les digo que ya lo se y que por eso les he dejado dinero dentro del minibar, yo nunca me voy sin pagar de los sitios. Como no me entiendo con ellos, tengo que subir a la habitación para coger el dinero y entregarlo en recepción. Me parece una chorrada tan grande que hace que me suba la presión cerebral, aunque esta vez sin consecuencias.
Llega el minibus. Elena se despide y los demás buscamos posición cómoda para dormir un rato. En el aeropuerto tenemos que pasar unos controles absurdos dignos de un pais tercermundista. Porque eso de que tengamos que subir y bajar los tremendos maletones de la cinta transportadora del scaner me parece exagerado. Si arrastrarlos ya es una odisea, levantarlos es brutal. Después de toda la parafernalia nos sentamos en el suelo a esperar la salida de nuestro avión. Luego seguimos con más controles policiales justo hasta la puerta de embarque y, ya por fin, sentaditos con el cinturón abrochado para despegar.
En Madrid estuvimos tirados 5 horas y para rematar las vacaciones a Elena le traga la tarjeta un cajero. Y en Ranón la Guardia Civil no nos quita ojo preguntando insistentemente el porqué de tantas maletas y si no tenemos nada que declarar.
Que cansados estamos y que ganas de llegar a casa. Mamá, Tatá y Tiomó están como locos cuando nos ven llegar. Whisky casi nos come y Lío, que estaba desaparecido, nos sorprendió gratamente al venir a recibirnos. Sacamos todos los regalos en el bar, menudo jolgorio. No cenamos casi nada porque estamos hechos polvo. Mañana les contaremos las aventuras.
Turquía, menudo pais. Este verano he estado tan estresada que las vacaciones no han sido tan buenas como otras veces. De momento sigo quedándome con Egipto. Amador ya está pensando en el año que viene, en Grecia y en la extensión a Estambul. Es para matarlo. Aunque aún queda un año por delante y teniendo en cuenta que lo que vale es el día a día ya veremos lo que nos depara todo ese tiempo de espera. Entretanto intentaremos acordarnos de los buenos ratos que hemos pasado y, sobre todo, ¡ahorrar para las próximas vacaciones!.
Un recuerdo para todos los que han tenido el humor y las ganas de haber compartido conmigo estos 15 días. Espero seguir contando con ellos para futuras ocasiones.
FIN
Mª Mar Pérez
Turquía 2002
lunes, 6 de abril de 2009
TURQUIA 2002 - DIA 14
DOMINGO 17/11
Me levanto con un tremendo dolor de cabeza: ¡quiero que se acaben las vacaciones!. Quiero irme a casa porque esta ciudad me está matando.
En el desayuno nos cuentan la aventura de ayer. Se fueron aun pub muy oscuro situado en el último piso de un edificio. Por lo visto tenían un gatín recien nacido al que le daban el biberón y a Elena le hizo una gracia tremenda. Chayanne no sabe como desembarazarse de Amador para que le deje solo con Elena: se pasa todo el rato diciendole si no le gusta bailar. Y, aunque no le apetece mucho, capta la indirecta y se va muerto de risa. Lo que pasó en la mesa habrá que preguntarselo a Elena, cosa que no hacemos porque a discretos y educados no nos gana nadie. La cosa es que la moza está hoy “megacontenta”, como diría ella, porque se ha pasado todas las vacaciones diciendo que las cosas son mega esto o mega lo otro. Este lenguaje habrá que pulirlo un poco porque a mi se me atasca un poquito.
Salimos dando un paseo hasta una mezquita que hay cerca del hotel de las segovianas. Entramos pero yo ya estoy harta de estos sitios. Al lado está la universidad y Elsa quiere entrar porque dice que dentro hay un monumento dedicado a no se quien. Pero está cerrado así que nos vamos hasta el Dolmabache para hacer el último intento de ver el harem. Para colmo sigue estando cerrado por culpa del Ataturk de las narices. Cogemos un taxi y nos vamos hasta el barrio Galata para echarle un vistazo al hotel en el que Aghata Christie escribió la novela del Orient Express. Tomamos un café en el bar, una cucada de sitio que parece sacado de una peli antigua y por el que ha pasado hasta Julio Iglesias.
Bajamos andando hasta el puente Galata y de camino pasamos por un mercado de pajarracos y por otro de pescado. Ya no sabemos que hacer para matar el tiempo asi que cogemos el metro y nos volvemos a la zona del Gran Bazar. Elena se acuerda que el hermano de Chayanne tiene un restaurante en la zona del Tumpaki y decidimos acercarnos hasta allí. Que caminata, Patri está la pobre que no se aguanta. Llegamos hasta otro mercado de pescado en el que preguntamos por la calle que buscamos pero nadie sabe contestarnos ni decirnos por donde debemos ir. Seguimos andando pero como estamos muy cansados cogemos un taxi: ¡HORROR!. El taxista no quiere enchufar el taxímetro porque dice que no funciona y para más inri nos da un montón de vueltas para hacernos creer que estamos lejísimos y que el precio pactado (7.500.000 liras) es el adecuado. Yo no estoy muy conforme y cuando voy a pagar intenta timarme. Se piensa que después de 15 días en este dichoso país todavía no conocemos los billetes. Intenta hacerme ver que le he dado un billete de 500.000 liras cuando le he dado uno de 5.000.000. Esto es para cabrearse mucho. Elena me ayuda y nos enfrentamos a él diciéndole que no nos tome el pelo que le hemos visto cambiarlo y esconder el “gordo” en la chaqueta. Le pagamos lo acordado y salimos dando un portazo haciendo oídos sordos a la retahila que nos suelta el sinvergüenza.
Por fin encontramos la famosa zona de restaurantes especializados en pescado y que vienen en todas las guías. Pero resulta ser una plazoleta donde un montón de camareros te asalta continuamente para que escojas su local. No somos capaces a encontrar el del hermano de Chayanne y eso que por lo visto nos están esperando. Además no puedes preguntar a nadie porque aquí la competencia es pura y dura. Hay un pesado que no nos deja en paz indicando su restaurante pero ese no es el que buscamos. Nos sentamos en medio de la plaza para que Elena se comunique con el susodicho y nos vuelva a dar la dirección y el nombre. Cuando recibimos la contestación casi nos da mal porque era el del camarero pesado de hacía un rato. Menuda cara que se nos quedó cuando, sonriendo, nos invitó a entrar. El hermanísimo estaba sentado dentro con esa sonrisa de “...os atenderemos porque mi hermano me lo ha pedido, pero si sois más tontos...”. Comimos bastante bien y fue todo un detalle que nos invitasen a los postres. Nos despedimos agradeciendo el buen servicio y echamos a andar hacia el hotelito, pero menuda cuestecilla. A ver si descansamos un rato y nos ponemos a hacer las maletas intentando colocarlo todo de forma sencilla y sin rompederos de cabeza.
Por la noche salimos a cenar al restaurante de Chayanne. Hemos quedado con él para despedirnos pero tiene que ir a ayudar a su hermano. Así que le da un regalito a Elena y nos promete regresar a eso de las 12. En la cena lo pasamos muy bien, por lo menos nos reimos un poco aguantando las gracias de los camareros. El de la voz cavernosa le tira los tejos a mi hermana, y ésta, como no quiere ser descortés, consigue que ya tengamos un nuevo turco pegado como una lapa. Terminada la cena nos fuimos a tomar algo al pub de ayer junto con Figo que no le quita el ojo a Elsa y con “voz cavernosa” persiguiendo insistentemente a mi hermana. Nos tomamos unas cervezas mientras esperamos a Chayanne, bailamos unas piezucas y luego nos sentamos a parlotear. A mi se pega otro camarero, amigo de los dos pintas que nos acompañan, al que no le entiendo ni papa porque yo de inglés poco y él de español ná de ná. Chayanne no aparece porque su hermano le ha mandado al aeropuerto a recoger a un cliente importante, Elena y yo seguimos hablando con el camarerín, porque es un guaje, mientras Elsa intenta hacerse entender con Figo. Este hombre es igual que un loro, repitiendo todo lo que nos oye, intentando hablar español sin tener ni idea y para rematar todo el rato la llama Olsa. Amador da unas carcajadas de agárrate. En el otro extremo está “voz cavernosa” intentando lo intentable con mi hermana. Igualito que Omar con Maru la primera noche que pasamos en Estambul, solo que éste va a tal velocidad que se salta cuatro pueblos en cada asalto. Nos reimos un montón. Estuvimos hasta las dos de la mañana, hora en la que nos fuimos hacia el hotel todos agarrados del brazo en medio de una conversación sin sentido y vigilando que el pulpo cavernoso no le dejase marcas de ventosas a mi hermana.
Menos mal que con las risas de esta noche se nos han ido olvidando los percances de estos últimos días.
Me levanto con un tremendo dolor de cabeza: ¡quiero que se acaben las vacaciones!. Quiero irme a casa porque esta ciudad me está matando.
En el desayuno nos cuentan la aventura de ayer. Se fueron aun pub muy oscuro situado en el último piso de un edificio. Por lo visto tenían un gatín recien nacido al que le daban el biberón y a Elena le hizo una gracia tremenda. Chayanne no sabe como desembarazarse de Amador para que le deje solo con Elena: se pasa todo el rato diciendole si no le gusta bailar. Y, aunque no le apetece mucho, capta la indirecta y se va muerto de risa. Lo que pasó en la mesa habrá que preguntarselo a Elena, cosa que no hacemos porque a discretos y educados no nos gana nadie. La cosa es que la moza está hoy “megacontenta”, como diría ella, porque se ha pasado todas las vacaciones diciendo que las cosas son mega esto o mega lo otro. Este lenguaje habrá que pulirlo un poco porque a mi se me atasca un poquito.
Salimos dando un paseo hasta una mezquita que hay cerca del hotel de las segovianas. Entramos pero yo ya estoy harta de estos sitios. Al lado está la universidad y Elsa quiere entrar porque dice que dentro hay un monumento dedicado a no se quien. Pero está cerrado así que nos vamos hasta el Dolmabache para hacer el último intento de ver el harem. Para colmo sigue estando cerrado por culpa del Ataturk de las narices. Cogemos un taxi y nos vamos hasta el barrio Galata para echarle un vistazo al hotel en el que Aghata Christie escribió la novela del Orient Express. Tomamos un café en el bar, una cucada de sitio que parece sacado de una peli antigua y por el que ha pasado hasta Julio Iglesias.
Bajamos andando hasta el puente Galata y de camino pasamos por un mercado de pajarracos y por otro de pescado. Ya no sabemos que hacer para matar el tiempo asi que cogemos el metro y nos volvemos a la zona del Gran Bazar. Elena se acuerda que el hermano de Chayanne tiene un restaurante en la zona del Tumpaki y decidimos acercarnos hasta allí. Que caminata, Patri está la pobre que no se aguanta. Llegamos hasta otro mercado de pescado en el que preguntamos por la calle que buscamos pero nadie sabe contestarnos ni decirnos por donde debemos ir. Seguimos andando pero como estamos muy cansados cogemos un taxi: ¡HORROR!. El taxista no quiere enchufar el taxímetro porque dice que no funciona y para más inri nos da un montón de vueltas para hacernos creer que estamos lejísimos y que el precio pactado (7.500.000 liras) es el adecuado. Yo no estoy muy conforme y cuando voy a pagar intenta timarme. Se piensa que después de 15 días en este dichoso país todavía no conocemos los billetes. Intenta hacerme ver que le he dado un billete de 500.000 liras cuando le he dado uno de 5.000.000. Esto es para cabrearse mucho. Elena me ayuda y nos enfrentamos a él diciéndole que no nos tome el pelo que le hemos visto cambiarlo y esconder el “gordo” en la chaqueta. Le pagamos lo acordado y salimos dando un portazo haciendo oídos sordos a la retahila que nos suelta el sinvergüenza.
Por fin encontramos la famosa zona de restaurantes especializados en pescado y que vienen en todas las guías. Pero resulta ser una plazoleta donde un montón de camareros te asalta continuamente para que escojas su local. No somos capaces a encontrar el del hermano de Chayanne y eso que por lo visto nos están esperando. Además no puedes preguntar a nadie porque aquí la competencia es pura y dura. Hay un pesado que no nos deja en paz indicando su restaurante pero ese no es el que buscamos. Nos sentamos en medio de la plaza para que Elena se comunique con el susodicho y nos vuelva a dar la dirección y el nombre. Cuando recibimos la contestación casi nos da mal porque era el del camarero pesado de hacía un rato. Menuda cara que se nos quedó cuando, sonriendo, nos invitó a entrar. El hermanísimo estaba sentado dentro con esa sonrisa de “...os atenderemos porque mi hermano me lo ha pedido, pero si sois más tontos...”. Comimos bastante bien y fue todo un detalle que nos invitasen a los postres. Nos despedimos agradeciendo el buen servicio y echamos a andar hacia el hotelito, pero menuda cuestecilla. A ver si descansamos un rato y nos ponemos a hacer las maletas intentando colocarlo todo de forma sencilla y sin rompederos de cabeza.
Por la noche salimos a cenar al restaurante de Chayanne. Hemos quedado con él para despedirnos pero tiene que ir a ayudar a su hermano. Así que le da un regalito a Elena y nos promete regresar a eso de las 12. En la cena lo pasamos muy bien, por lo menos nos reimos un poco aguantando las gracias de los camareros. El de la voz cavernosa le tira los tejos a mi hermana, y ésta, como no quiere ser descortés, consigue que ya tengamos un nuevo turco pegado como una lapa. Terminada la cena nos fuimos a tomar algo al pub de ayer junto con Figo que no le quita el ojo a Elsa y con “voz cavernosa” persiguiendo insistentemente a mi hermana. Nos tomamos unas cervezas mientras esperamos a Chayanne, bailamos unas piezucas y luego nos sentamos a parlotear. A mi se pega otro camarero, amigo de los dos pintas que nos acompañan, al que no le entiendo ni papa porque yo de inglés poco y él de español ná de ná. Chayanne no aparece porque su hermano le ha mandado al aeropuerto a recoger a un cliente importante, Elena y yo seguimos hablando con el camarerín, porque es un guaje, mientras Elsa intenta hacerse entender con Figo. Este hombre es igual que un loro, repitiendo todo lo que nos oye, intentando hablar español sin tener ni idea y para rematar todo el rato la llama Olsa. Amador da unas carcajadas de agárrate. En el otro extremo está “voz cavernosa” intentando lo intentable con mi hermana. Igualito que Omar con Maru la primera noche que pasamos en Estambul, solo que éste va a tal velocidad que se salta cuatro pueblos en cada asalto. Nos reimos un montón. Estuvimos hasta las dos de la mañana, hora en la que nos fuimos hacia el hotel todos agarrados del brazo en medio de una conversación sin sentido y vigilando que el pulpo cavernoso no le dejase marcas de ventosas a mi hermana.
Menos mal que con las risas de esta noche se nos han ido olvidando los percances de estos últimos días.
TURQUIA 2002 - DIA 13
SÁBADO 16/11
Nos levantamos justito antes de que cierre el comedor de desayunos pero comprobamos que no somos los únicos que lo hacemos porque por ahí anda el ruso & cía y un montón de gente más buscando un hueco donde sentarse.
Hoy vamos a seguir de compras por el Bazar porque aún no hemos terminado con los regalos familiares y yo intentaré comprarme una chaqueta de cuero, si es que la encuentro porque mi talla no es ácil de conseguir. En la tienda del gasto millonario de Amador me han prometido conseguir una que no tenga defectillos de esos que no se pueden dejar pasar por alto. Pero cuando llegamos me dicen que no tienen otra, que o me llevo la que me probé ayer o nada de nada. Y claro que no me la llevé. Que mal me ha sentado, yo que ya estaba tan decidida me he quedado ¡plof!. Elena me anima y dice que vayamos a otra tienda, a la que fue Patri el primer día y, aunque no voy muy convencida, acabo comprando una muy parecida por 90 €, 30 menos de lo que me pedían en el otro lado. Elsa se anima y se compra otra para regalar a sus hermanas.
Andamos por el Bazar intentando no tropezarnos con Omar, aunque es verdaderamente complicado. El motivo es que ya no queremos más compromisos turcos y Elena ha decidido que no quiere saber más del Chayanne. Cuando le vemos pasamos a toda prisa diciendo: ¡holaaaa, nos vemos luego!. Y cuando llega luego decimos: ¡no nos paramos, que tenemos una prisa....!
Otra vez hemos comido aquí, en el mismo sitio e igual de bien. Pero estamos cansadísimos. Vamos a hacer las últimas y definitivas compras porque si no el susto de la tarjeta puede ser de película.
Llegamos al hotel con unas bolsadas que parecemos la Julia Roberts en Pretty Woman. Descargamos en la room e intentamos acoplarlo todo en las maletas: ¡complicadísimo!. Yo pretendía dejar la rota en el hotel para que la tirasen a la basura, pero me temo que habrá que hacerle un apaño con cinta de embalar para que regrese conmigo a casina. Por esta vez ha salvado la vida.
Volvemos a la calle camino del Bazar de las Especias, muy concurrido y con un calor asfixiante. Damos una vuelta y compramos algo de té y pistachos. Como por aquí cerca está la Mezquita del Sultán intentaremos verla. ¡Menuda caminata!, noche cerrada y calles empinadísimas. Finalmente, y con Patri medio muerta, llegamos, pero están rezando. Entramos igual porque después del pateo sería un fastidio. Elsa se arrodilla en la alfombra y se queda como abducida: debe de estar rezando, digo yo. Como una no es muy religiosa, más bien algo atea, no entiendo de esas cosas y me sorprende enormemente cuando veo a mi hermana o a alguien cercano tener ese tipo de reacciones cuando entramos en una iglesia o un lugar de culto, independientemente de la religión que sea. Amador ya lleva un buen rato esperándonos afuera.
A la salida, como andamos un poco desorientados y con lo oscuro que está todo esto, nos metemos por unos sitios que nos están poniendo un poco nerviosos. Yo no se que coño hicimos pero aparecimos en la otra punta de Estambul. Bueno, quizás esté exagerando un poco, pero estábamos muy lejos de las zonas conocidas y no sabíamos como volver al hotel. Así que cogimos un taxi y eso fue la peor cosa que pudimos haber hecho. No porque hubiésemos tenido algún problema durante el trayecto si no porque a la hora de pagar, Amador, que iba delante, se puso nervioso con todos los ceros que veía en el taxímetro. Los coches de atrás estaban pitando y yo ya estaba afuera porque íbamos tan apretados que al abrir la puerta casi me caigo. Amador pedía angustiado que le dijésemos cuanto marcaba la puta pantalla porque no se aclaraba con tanto número y a mi me dio un subidón de adrenalina que provocó que me pusiese a gritarle a Elena para que leyera la dichosa cantidad y solucionase de una santa vez el pago. En esas ella también se pone nerviosa y le dice a Amador que le de 25.000.000. Yo desde afuera gritando como una loca que no le den nada todavía porque es imposible que nos pueda costar tanto. Pero el taxista ya lo tiene en la mano, lo guarda apresuradamente en la chaqueta e intenta marcharse con Elsa y Amador que todavía no han salido del coche. Nos ponemos todos muy nerviosos y nadie reacciona para pedirle al “pollo” que nos devuelva el dinero. El taxi se larga y yo soltanto tacos como una loca, tratando a todos de forma bastante incorrecta y dejando alucinado a todo turco que pasa por nuestro lado. Lo siento mucho por Elena y Elsa. Amador y Patri como ya me conocen y saben de mis prontos y de mis arrebatos (soltando tacos tan gordos que cualquier día me excomulgan), pues no se asustaron tanto. Ya se que no soy perfecta y que también me equivoco, pero es que no puedo evitarlo. ¡Pobre Elsa!, que cara se le quedó. ¿Y a Elena? Idem de lo mismo. ¡Que bruta soy!
Llegamos al hotel sin hablarnos, sin decir media palabra. Menudo final de vacaciones. Pensándolo bien no era para tanto, aunque hayamos tirado casi 3.000 pelas a lo tonto. Pero es que a mi esas situaciones en las que un tipejo de tres al cuarto tima a 5 personas y que ninguna de ellas sepa como reaccionar, me sube la presión de las venas de la cabeza y según mi hermana me convierte en Mr. Hide. Ya no se cuantas veces le he prometido que voy a cambiar, pero sigo sin poder evitarlo. Y lo más cojonudo es que luego me quedo tan mal conmigo misma que me da un bajón tremendo y me entran ganas de llorar. Así que en la habitación dejo plantadas a Patri y Elsa y seguro que mi hermanita le diría que en estos casos lo mejor es dejarme sola. Bajo al bar y me tomo una caña. Pero llegan los rusos y se traen unos tejemanejes tan raros que al rato me vuelvo para la habitación hecha polvo.
Tenemos que salir a cenar, no van a dejar de comer por mi culpa. Y ahí vamos los cinco, todos cabizbajos, en busca de un sitio que Elena tiene marcado en su guía. Cuando llegamos a mi no se de que narices me suena el nombre y la entrada me recuerda a algún sitio en el que ya he estado. Entramos y casi nos da un vuelco el corazón: la taquicardia fue de aúpa, ¡era el bar del Chayane!. Nos sentamos en la misma mesa del primer día intentando pasar desapercibidos. A Elena casi le da un soponcio. Menudo día, de esos que prefieres que se acabe inmediatamente. Al principio no nos ve, y eso que solo había otra pareja cenando. Pero el camarero que nos atiende, el de la voz cavernosa, le da el soplo y ahí se acerca con cara entre de sorpresa y de pocos amigos, pero intentando ser amable y reaccionando como el buen camarero ante el cliente esquivo y con cara de querer ser teletransportado.
Que nervios pasamos. Menos mal que lo arreglamos todo como bien pudimos y aunque la cena casi no la saboreamos porque la situación no la hacía nada agradable, finalmente todo salió bien. En la tele ponían el partido del Barça, pero podría haber sido el Libro gordo de Petete, por no levantar la vista y con la cara de gilipollas que teníamos, mejor salir de allí pitando.
Chayanne o Antonio, porque no se como se llama el turco, nos acompañó a la salida. Quería arreglar las cosas con Elena y nosostros le ayudamos. Que nos perdone pero le dimos la razón a él que era quien la tenía. Patri, Elsa y yo estamos hechas polvo de tanto estrés y queremos ir para la camina. Elena, por su parte, no quiere quedarse sola con él y se lleva a Amador de carabina. El turquín no entiende esa relación tan rara de compartir habitación y de que solo sean amigos, pero se resigna y se van los tres a tomar algo. Nosotras cogemos el metro y que mañana nos cuenten la aventura.
Nos levantamos justito antes de que cierre el comedor de desayunos pero comprobamos que no somos los únicos que lo hacemos porque por ahí anda el ruso & cía y un montón de gente más buscando un hueco donde sentarse.
Hoy vamos a seguir de compras por el Bazar porque aún no hemos terminado con los regalos familiares y yo intentaré comprarme una chaqueta de cuero, si es que la encuentro porque mi talla no es ácil de conseguir. En la tienda del gasto millonario de Amador me han prometido conseguir una que no tenga defectillos de esos que no se pueden dejar pasar por alto. Pero cuando llegamos me dicen que no tienen otra, que o me llevo la que me probé ayer o nada de nada. Y claro que no me la llevé. Que mal me ha sentado, yo que ya estaba tan decidida me he quedado ¡plof!. Elena me anima y dice que vayamos a otra tienda, a la que fue Patri el primer día y, aunque no voy muy convencida, acabo comprando una muy parecida por 90 €, 30 menos de lo que me pedían en el otro lado. Elsa se anima y se compra otra para regalar a sus hermanas.
Andamos por el Bazar intentando no tropezarnos con Omar, aunque es verdaderamente complicado. El motivo es que ya no queremos más compromisos turcos y Elena ha decidido que no quiere saber más del Chayanne. Cuando le vemos pasamos a toda prisa diciendo: ¡holaaaa, nos vemos luego!. Y cuando llega luego decimos: ¡no nos paramos, que tenemos una prisa....!
Otra vez hemos comido aquí, en el mismo sitio e igual de bien. Pero estamos cansadísimos. Vamos a hacer las últimas y definitivas compras porque si no el susto de la tarjeta puede ser de película.
Llegamos al hotel con unas bolsadas que parecemos la Julia Roberts en Pretty Woman. Descargamos en la room e intentamos acoplarlo todo en las maletas: ¡complicadísimo!. Yo pretendía dejar la rota en el hotel para que la tirasen a la basura, pero me temo que habrá que hacerle un apaño con cinta de embalar para que regrese conmigo a casina. Por esta vez ha salvado la vida.
Volvemos a la calle camino del Bazar de las Especias, muy concurrido y con un calor asfixiante. Damos una vuelta y compramos algo de té y pistachos. Como por aquí cerca está la Mezquita del Sultán intentaremos verla. ¡Menuda caminata!, noche cerrada y calles empinadísimas. Finalmente, y con Patri medio muerta, llegamos, pero están rezando. Entramos igual porque después del pateo sería un fastidio. Elsa se arrodilla en la alfombra y se queda como abducida: debe de estar rezando, digo yo. Como una no es muy religiosa, más bien algo atea, no entiendo de esas cosas y me sorprende enormemente cuando veo a mi hermana o a alguien cercano tener ese tipo de reacciones cuando entramos en una iglesia o un lugar de culto, independientemente de la religión que sea. Amador ya lleva un buen rato esperándonos afuera.
A la salida, como andamos un poco desorientados y con lo oscuro que está todo esto, nos metemos por unos sitios que nos están poniendo un poco nerviosos. Yo no se que coño hicimos pero aparecimos en la otra punta de Estambul. Bueno, quizás esté exagerando un poco, pero estábamos muy lejos de las zonas conocidas y no sabíamos como volver al hotel. Así que cogimos un taxi y eso fue la peor cosa que pudimos haber hecho. No porque hubiésemos tenido algún problema durante el trayecto si no porque a la hora de pagar, Amador, que iba delante, se puso nervioso con todos los ceros que veía en el taxímetro. Los coches de atrás estaban pitando y yo ya estaba afuera porque íbamos tan apretados que al abrir la puerta casi me caigo. Amador pedía angustiado que le dijésemos cuanto marcaba la puta pantalla porque no se aclaraba con tanto número y a mi me dio un subidón de adrenalina que provocó que me pusiese a gritarle a Elena para que leyera la dichosa cantidad y solucionase de una santa vez el pago. En esas ella también se pone nerviosa y le dice a Amador que le de 25.000.000. Yo desde afuera gritando como una loca que no le den nada todavía porque es imposible que nos pueda costar tanto. Pero el taxista ya lo tiene en la mano, lo guarda apresuradamente en la chaqueta e intenta marcharse con Elsa y Amador que todavía no han salido del coche. Nos ponemos todos muy nerviosos y nadie reacciona para pedirle al “pollo” que nos devuelva el dinero. El taxi se larga y yo soltanto tacos como una loca, tratando a todos de forma bastante incorrecta y dejando alucinado a todo turco que pasa por nuestro lado. Lo siento mucho por Elena y Elsa. Amador y Patri como ya me conocen y saben de mis prontos y de mis arrebatos (soltando tacos tan gordos que cualquier día me excomulgan), pues no se asustaron tanto. Ya se que no soy perfecta y que también me equivoco, pero es que no puedo evitarlo. ¡Pobre Elsa!, que cara se le quedó. ¿Y a Elena? Idem de lo mismo. ¡Que bruta soy!
Llegamos al hotel sin hablarnos, sin decir media palabra. Menudo final de vacaciones. Pensándolo bien no era para tanto, aunque hayamos tirado casi 3.000 pelas a lo tonto. Pero es que a mi esas situaciones en las que un tipejo de tres al cuarto tima a 5 personas y que ninguna de ellas sepa como reaccionar, me sube la presión de las venas de la cabeza y según mi hermana me convierte en Mr. Hide. Ya no se cuantas veces le he prometido que voy a cambiar, pero sigo sin poder evitarlo. Y lo más cojonudo es que luego me quedo tan mal conmigo misma que me da un bajón tremendo y me entran ganas de llorar. Así que en la habitación dejo plantadas a Patri y Elsa y seguro que mi hermanita le diría que en estos casos lo mejor es dejarme sola. Bajo al bar y me tomo una caña. Pero llegan los rusos y se traen unos tejemanejes tan raros que al rato me vuelvo para la habitación hecha polvo.
Tenemos que salir a cenar, no van a dejar de comer por mi culpa. Y ahí vamos los cinco, todos cabizbajos, en busca de un sitio que Elena tiene marcado en su guía. Cuando llegamos a mi no se de que narices me suena el nombre y la entrada me recuerda a algún sitio en el que ya he estado. Entramos y casi nos da un vuelco el corazón: la taquicardia fue de aúpa, ¡era el bar del Chayane!. Nos sentamos en la misma mesa del primer día intentando pasar desapercibidos. A Elena casi le da un soponcio. Menudo día, de esos que prefieres que se acabe inmediatamente. Al principio no nos ve, y eso que solo había otra pareja cenando. Pero el camarero que nos atiende, el de la voz cavernosa, le da el soplo y ahí se acerca con cara entre de sorpresa y de pocos amigos, pero intentando ser amable y reaccionando como el buen camarero ante el cliente esquivo y con cara de querer ser teletransportado.
Que nervios pasamos. Menos mal que lo arreglamos todo como bien pudimos y aunque la cena casi no la saboreamos porque la situación no la hacía nada agradable, finalmente todo salió bien. En la tele ponían el partido del Barça, pero podría haber sido el Libro gordo de Petete, por no levantar la vista y con la cara de gilipollas que teníamos, mejor salir de allí pitando.
Chayanne o Antonio, porque no se como se llama el turco, nos acompañó a la salida. Quería arreglar las cosas con Elena y nosostros le ayudamos. Que nos perdone pero le dimos la razón a él que era quien la tenía. Patri, Elsa y yo estamos hechas polvo de tanto estrés y queremos ir para la camina. Elena, por su parte, no quiere quedarse sola con él y se lleva a Amador de carabina. El turquín no entiende esa relación tan rara de compartir habitación y de que solo sean amigos, pero se resigna y se van los tres a tomar algo. Nosotras cogemos el metro y que mañana nos cuenten la aventura.
TURQUIA 2002 - DIA 12
VIERNES 15/11
Se nos han ido las amiguinas asi que adiós a los madrugones. Hasta las 10’15 no nos vimos las caras.
Hoy toca compras, compras y más compras. Estuvimos todo el santo día metidos en el Gran Bazar, incluso comimos dentro, en un restaurante de esos típicos de escoger comida que nos recomendó Omar. Este tipo de sitios son una delicia para los paladares porque en todos se come de maravilla y barato.
Amador hizo la compra de su vida al gastarse nada menos que 1.100.000.000 de liras turcas en prendas de ante y cuero. ¡Qué locura!, porque siguió comprando como un poseso. Elena anda como loca detrás de las pashminas. No sé cuantas se compró, pero en la número 20 dejé aparcado el suma y sigue. Elsa busca camisas de chica con el logo del paisanín a caballo y jerseys de esos que llevan la bandera USA. Y quiere un bolso, una de esas auténticas falsificaciones que tienen escondidas (truquito de Elena) detrás de espejos y armarios y que son carísimas. Al final no hubo bolso de renombre pero si algo de cuero. Patri, por su parte, se compró camisas, un bolso, una chaqueta de ante y no se cuantas cosas más. Servidora se compró una camisa. Y ya está. Yo siempre acabo las compras enseguida, así que alguien se apiade de mi por haber aguantado 8 horas aquí dentro sin una triste bocanada de aire fresco. También hicimos acopio de regalos para la family. Pero lo gordo fue cuando nos tragó la tarjeta el cajero. Pensé que a Patri le daba algo, que disgusto se llevó porque no tenía nada, absolutamente nada de dinero: ni euros ni liras. Al final todo se solucionó: llamamos para anular la tarjeta, le pagué yo las compras y entre todos la tranquilizamos un poco.
Llegando al hotel Amador y yo nos compramos sendas maletas porque en algo tendrá que llevarse él todas sus compras y a mi como me han roto la mía en el aeropuerto pues es evidente que la necesito.
Estamos agotados. A Amador se le enciende la bombilla y recuerda que el hotel tiene piscina. Nada mejor para relajar nuestros musculitos que un bañito de agua de la que se estila por aquí: caliente. Elsa no se apunta pero el resto nos lo pasamos muy bien. Como estábamos solos podíamos hacer todo tipo de tonterías. Hasta que llegó el ruso del bañador-braga luciendo una porquería de cuerpo y haciendo alarde de estilos natatorios. Y Elena puntuando y dándole consejos. Risas disimuladas, of course. Como esto arrugaba mucho bajamos a la habitación y casi nos dormimos.
Salimos a cenar y entramos en un sitio que estaba hasta arriba de gente y donde solo se podía comer sopa de lentejas, ensalada, brochetas de cordero y albóndigas. Claro que esto no lo supimos hasta que estábamos sentados. ¡Que mal!, fue realmente decepcionante. Patri decía que tenía un sabor de boca tan asqueroso que solo se le venía a la cabeza el flan de La Casa de Medusa. No lo pensamos dos veces y nos fuimos para allá.
¡Que casualidad que de camino nos encontrásemos con Omar!, al que alguien le dijo que no íbamos a salir hoy. Pues a echarle imaginación. Y a Elena solo se le ocurre decirle que vamos a llamar por teléfono y que buscamos una cabina. El otro, con cara de perro, nos dice que vamos bien, que al final de la calle hay varias. Menos mal que no se empeñó en acompañarnos. Creo que se ha dado cuenta de que intentamos evitarlo.
Después del mal trago y mirando hacia atrás para ver que no nos sigue llegamos al Medusa. A la puerta estaba el encargado que nos recibió muy bien y, aunque no habíamos cenado allí, nos dejó subir al último piso (el de los cojines en el suelo) para tomar unas cervezas y Patri su flan. Fue muy agradable y el camarero encantador. Le tiraba los tejos a Patri y se sentó con nosotros, pero no a su lado porque ahí estaba yo en el medio p’a fastidiar, je, je. Nos enseñó una foto de Ana Belén de cuando se rodó en Estambul la Pasión Turca. También nos habló del restaurante que tienen en Zaragoza. Son las doce y están cerrando. Nos despide preguntando si volveremos, cosa que no sabemos responder, y agradeciéndole su amabilidad nos vamos p’a casina.
¿Y a quién nos encontramos a unos 100 m.? A Chayanne con un cabreo de tres pares de coj... Menuda nochecita. No me estraña que el pobre esté tan enfadado. Elena, que no tiene dos dedos de frente, se enrolla con él y a saber lo que le habrá dicho. Porque éste está como los españoles de los 70 detrás de las suecas: en cuanto ven a una española ahí van como locos a ver si sacan tajada y con unas ilusiones de la leche. Pero éste parece buen crío y con 23 añinos que tiene a mi me da pena. Pues nada, que ahí empieza Elena a contar trolas para ver si cuela y él a decir que ha hablado con Omar. Menudo jaleo. No se despiden muy diplomáticamente que digamos. A nosotros no nos parece nada bien lo que está haciendo, que le diga directamente que la deje en paz o que se tire al agua, pero que se decida. Así que le cae bronca por partida cuádruple. Lo mejor será tranquilizarse y consultar con la almohada, que a veces da buenos consejos.
Se nos han ido las amiguinas asi que adiós a los madrugones. Hasta las 10’15 no nos vimos las caras.
Hoy toca compras, compras y más compras. Estuvimos todo el santo día metidos en el Gran Bazar, incluso comimos dentro, en un restaurante de esos típicos de escoger comida que nos recomendó Omar. Este tipo de sitios son una delicia para los paladares porque en todos se come de maravilla y barato.
Amador hizo la compra de su vida al gastarse nada menos que 1.100.000.000 de liras turcas en prendas de ante y cuero. ¡Qué locura!, porque siguió comprando como un poseso. Elena anda como loca detrás de las pashminas. No sé cuantas se compró, pero en la número 20 dejé aparcado el suma y sigue. Elsa busca camisas de chica con el logo del paisanín a caballo y jerseys de esos que llevan la bandera USA. Y quiere un bolso, una de esas auténticas falsificaciones que tienen escondidas (truquito de Elena) detrás de espejos y armarios y que son carísimas. Al final no hubo bolso de renombre pero si algo de cuero. Patri, por su parte, se compró camisas, un bolso, una chaqueta de ante y no se cuantas cosas más. Servidora se compró una camisa. Y ya está. Yo siempre acabo las compras enseguida, así que alguien se apiade de mi por haber aguantado 8 horas aquí dentro sin una triste bocanada de aire fresco. También hicimos acopio de regalos para la family. Pero lo gordo fue cuando nos tragó la tarjeta el cajero. Pensé que a Patri le daba algo, que disgusto se llevó porque no tenía nada, absolutamente nada de dinero: ni euros ni liras. Al final todo se solucionó: llamamos para anular la tarjeta, le pagué yo las compras y entre todos la tranquilizamos un poco.
Llegando al hotel Amador y yo nos compramos sendas maletas porque en algo tendrá que llevarse él todas sus compras y a mi como me han roto la mía en el aeropuerto pues es evidente que la necesito.
Estamos agotados. A Amador se le enciende la bombilla y recuerda que el hotel tiene piscina. Nada mejor para relajar nuestros musculitos que un bañito de agua de la que se estila por aquí: caliente. Elsa no se apunta pero el resto nos lo pasamos muy bien. Como estábamos solos podíamos hacer todo tipo de tonterías. Hasta que llegó el ruso del bañador-braga luciendo una porquería de cuerpo y haciendo alarde de estilos natatorios. Y Elena puntuando y dándole consejos. Risas disimuladas, of course. Como esto arrugaba mucho bajamos a la habitación y casi nos dormimos.
Salimos a cenar y entramos en un sitio que estaba hasta arriba de gente y donde solo se podía comer sopa de lentejas, ensalada, brochetas de cordero y albóndigas. Claro que esto no lo supimos hasta que estábamos sentados. ¡Que mal!, fue realmente decepcionante. Patri decía que tenía un sabor de boca tan asqueroso que solo se le venía a la cabeza el flan de La Casa de Medusa. No lo pensamos dos veces y nos fuimos para allá.
¡Que casualidad que de camino nos encontrásemos con Omar!, al que alguien le dijo que no íbamos a salir hoy. Pues a echarle imaginación. Y a Elena solo se le ocurre decirle que vamos a llamar por teléfono y que buscamos una cabina. El otro, con cara de perro, nos dice que vamos bien, que al final de la calle hay varias. Menos mal que no se empeñó en acompañarnos. Creo que se ha dado cuenta de que intentamos evitarlo.
Después del mal trago y mirando hacia atrás para ver que no nos sigue llegamos al Medusa. A la puerta estaba el encargado que nos recibió muy bien y, aunque no habíamos cenado allí, nos dejó subir al último piso (el de los cojines en el suelo) para tomar unas cervezas y Patri su flan. Fue muy agradable y el camarero encantador. Le tiraba los tejos a Patri y se sentó con nosotros, pero no a su lado porque ahí estaba yo en el medio p’a fastidiar, je, je. Nos enseñó una foto de Ana Belén de cuando se rodó en Estambul la Pasión Turca. También nos habló del restaurante que tienen en Zaragoza. Son las doce y están cerrando. Nos despide preguntando si volveremos, cosa que no sabemos responder, y agradeciéndole su amabilidad nos vamos p’a casina.
¿Y a quién nos encontramos a unos 100 m.? A Chayanne con un cabreo de tres pares de coj... Menuda nochecita. No me estraña que el pobre esté tan enfadado. Elena, que no tiene dos dedos de frente, se enrolla con él y a saber lo que le habrá dicho. Porque éste está como los españoles de los 70 detrás de las suecas: en cuanto ven a una española ahí van como locos a ver si sacan tajada y con unas ilusiones de la leche. Pero éste parece buen crío y con 23 añinos que tiene a mi me da pena. Pues nada, que ahí empieza Elena a contar trolas para ver si cuela y él a decir que ha hablado con Omar. Menudo jaleo. No se despiden muy diplomáticamente que digamos. A nosotros no nos parece nada bien lo que está haciendo, que le diga directamente que la deje en paz o que se tire al agua, pero que se decida. Así que le cae bronca por partida cuádruple. Lo mejor será tranquilizarse y consultar con la almohada, que a veces da buenos consejos.
TURQUIA 2002 - DIA 11
14/11 JUEVES
Quedamos a la hora de siempre. Hoy vamos a probar un nuevo medio de transporte: el autobús. Hemos comprado 8 billetes pero el conductor nos devuelve 4, un poco raro pero suponemos que los otros sean para el viaje de vuelta. Pasamos por debajo del acueducto del que tanto habla Omar. Con razón le dice Maru que deje de cacarearlo tanto, que si ve el de Segovia se va a quedar pasmado. Llegamos a la última parada y aunque no vemos por ningún lado el “Chora” no nos queda más remedio que apearnos porque ésto ya no va a ningún otro lado. No tardamos mucho en encontrarla y ¡que bonita!. Tiene unos mosaicos y unos frescos tan bien conservados que, después de todo, mereció la pena el trayecto. A la salida hay un montón de puestecillos y ahí se van todos menos “las hermanas”: acabamos de empezar el día y ya estamos cansadas. Nos sentamos a observar. ¡Que afán por las compras y por revolver entre tanto cachivache! ¡Joder! Por algo dicen que soy rara, supongo que porque soy incapaz de desenvolverme en estas situaciones, además ¡me ponen de una leche...!
Muy cerca hay unas murallas y Elsa “la planificadora” dice que hay que verlas. Los demás no estamos por la labor y como hay que hacer una mini escalada la cosa fue vista y no vista. Volvemos a la parada donde dejamos a Paz y Nuria que regresan al centro para seguir de tiendas y de Bazar. El resto intentaremos encontrar un autobús que nos lleve al Dolmabache para ver el Harem. Pero la parada del 26B no aparece por ningún lado y eso que damos vueltas y vueltas preguntando a todo quisqui. Hasta encontramos un camión marca DESOTO. Finalmente aparece un bus número 26 y aunque es el V (buscamos el B) nos subimos y ¡a la aventura!. Intento picar los billetes pero la máquina no funciona. El conductor se ríe y me señala al cobrador: un señor sentado detrás de un mostrador que me mira y también se ríe. Le doy los billetes, me los devuelve, me suelta una parrafada en turco y se vuelve a reir. Entonces yo, ni corta ni perezosa, me guardo los billetes, pienso en lo simpáticos que son estos tipos, me río con ellos y les comunico a mis compañeros que ya está todo solucionado, que ya nos podemos sentar. Y ahí vamos todos, tan distraidos contemplando el paisaje, cuando viene el cobrador ¡RIÉNDOSE!. Nos enseña dinero, sacude unos cuantos billetes delante de nuestras narices e intenta decirnos ¡que tenemos que pagar!. Vale hombre, vale, pero que difícil poneis aquí lo del transporte público.
Como no sabemos donde tenemos que bajarnos nos pasamos el dichoso palacio unos tres pueblos: ¡hala, bonitos!, ¡a hacer piernas que hay que entrenar para las olimpiadas!. Lo más simpático de todo fue que cuando llegamos estaba todo cerrado: el harem, el palacio, ¡todo!. Menuda pérdida de tiempo y de dinero en el azaroso trayecto. Cogemos un par de taxis y vamos hacia la torre Gálata: ¡a ver si la encontramos!, porque llega un momento que ya piensas de todo.
No es gran cosa. Una especie de torre vigía. Además la entrada para subir hasta arriba me parece un poco cara. Pero como hay que matar el tiempo subiremos. Tiene buenas vistas del Bósforo y del Cuerno pero hay un viento que tira p’atrás. Tenemos que esperar a que aparezcan Nuria y Paz así que, mientras Amador y Maru dan una vuelta, nosotras cuatro nos vamos a tomar un café. Menudo clavo que nos metieron en un tugurio de mala muerte. El tiempo parece que no pasa y decidimos salir también a dar una vuelta. Patri aprovecha para comprarse una montura de gafas de titanio. Es que creo que quiere apuntarse para ir a la Luna: ¡esta hermana mía!. Me parece recordar que le costó unas diez mil pesetillas y eso por lo visto es baratísimo comparado con el precio que tienen en “Spain”. Lo mejor de todo es que le pusieron a “cocer” las gafas viejas dentro de un cachivache y se las dejaron tan limpias que ahora parece que tienen zoom.
Por fin aparece el par de segovianas, y después de dejarles que visiten la torre, nos fuimos a comer a un sitio típico donde generalmente solo comen turcos. Es como una especie de self-service en el que te aproximas a un expositor de comida caliente, eliges lo que más te apetece, te sientas en una mesa y, al momento, un camarero te trae servido un plato de la apetitosa comidita. Puedes pedir acompañamiento de arroz o de patatas. Te ponen pan y agua y luego, si quieres, te levantas a elegir postre o te tomas un té. Se come muy bien y barato, no más de 800 “pelas” al cambio.
Bajamos dando un paseo por unas callejuelas muy empinadas en las que, por supuesto, hay un montón de tiendas y algunos siguen haciendo compras para ir practicando mientras llegamos al Gran Bazar.
Otra vez estamos aquí dentro. Yo ya estoy un poco harta de probarme cuero para la hermana de Elena. Casi que me voy a llevar yo algo y eso que no lo había imaginado ni en mis peores pesadillas. ¡Me espanta ir de compras!, por si alguien no se había dado cuenta.
Los asturianos, aunque aún nos quedan días en Estambul, ya vamos concretando cosas. En cambio para las segovianas es su última oportunidad. Nuria sufre un descontrol psíquico que la lleva a una tienda de cuero y se compra dos chaquetas. Los demás opinamos sobre la calidad del cuero, sobre el acabado de la prenda, tomamos el té de manzana de rigor y ayudamos a regatear. Estamos empezando a afinar con esto del tira y afloja. Aunque no debemos hacernos ilusiones porque siguen engañándonos continuamente: siempre hubiésemos podido conseguir un precio mejor.
Por fin se termina la tarde y nos vamos de aquí, no sin antes pasar por la tienda de Omar al que invitamos a cenar para celebrar su cumpleaños. Quedamos a las 9’30 en el hotel “Segovia”.
Ahí vamos rumbo al barrio de Orchair, donde según Omar se come el mejor pescado. La cena no fue para dar saltos de contentos y no porque el “lufer” (sabe a chicharro) que me comí estuviese malo, sino porque el sitio no era nada acogedor, hacía frio y era bastante tarde. Después de una mini-sobremesa nos despedimos de las segovianas que se van mañana temprano y el bloque astur se fue directo al hotel.
Quedamos a la hora de siempre. Hoy vamos a probar un nuevo medio de transporte: el autobús. Hemos comprado 8 billetes pero el conductor nos devuelve 4, un poco raro pero suponemos que los otros sean para el viaje de vuelta. Pasamos por debajo del acueducto del que tanto habla Omar. Con razón le dice Maru que deje de cacarearlo tanto, que si ve el de Segovia se va a quedar pasmado. Llegamos a la última parada y aunque no vemos por ningún lado el “Chora” no nos queda más remedio que apearnos porque ésto ya no va a ningún otro lado. No tardamos mucho en encontrarla y ¡que bonita!. Tiene unos mosaicos y unos frescos tan bien conservados que, después de todo, mereció la pena el trayecto. A la salida hay un montón de puestecillos y ahí se van todos menos “las hermanas”: acabamos de empezar el día y ya estamos cansadas. Nos sentamos a observar. ¡Que afán por las compras y por revolver entre tanto cachivache! ¡Joder! Por algo dicen que soy rara, supongo que porque soy incapaz de desenvolverme en estas situaciones, además ¡me ponen de una leche...!
Muy cerca hay unas murallas y Elsa “la planificadora” dice que hay que verlas. Los demás no estamos por la labor y como hay que hacer una mini escalada la cosa fue vista y no vista. Volvemos a la parada donde dejamos a Paz y Nuria que regresan al centro para seguir de tiendas y de Bazar. El resto intentaremos encontrar un autobús que nos lleve al Dolmabache para ver el Harem. Pero la parada del 26B no aparece por ningún lado y eso que damos vueltas y vueltas preguntando a todo quisqui. Hasta encontramos un camión marca DESOTO. Finalmente aparece un bus número 26 y aunque es el V (buscamos el B) nos subimos y ¡a la aventura!. Intento picar los billetes pero la máquina no funciona. El conductor se ríe y me señala al cobrador: un señor sentado detrás de un mostrador que me mira y también se ríe. Le doy los billetes, me los devuelve, me suelta una parrafada en turco y se vuelve a reir. Entonces yo, ni corta ni perezosa, me guardo los billetes, pienso en lo simpáticos que son estos tipos, me río con ellos y les comunico a mis compañeros que ya está todo solucionado, que ya nos podemos sentar. Y ahí vamos todos, tan distraidos contemplando el paisaje, cuando viene el cobrador ¡RIÉNDOSE!. Nos enseña dinero, sacude unos cuantos billetes delante de nuestras narices e intenta decirnos ¡que tenemos que pagar!. Vale hombre, vale, pero que difícil poneis aquí lo del transporte público.
Como no sabemos donde tenemos que bajarnos nos pasamos el dichoso palacio unos tres pueblos: ¡hala, bonitos!, ¡a hacer piernas que hay que entrenar para las olimpiadas!. Lo más simpático de todo fue que cuando llegamos estaba todo cerrado: el harem, el palacio, ¡todo!. Menuda pérdida de tiempo y de dinero en el azaroso trayecto. Cogemos un par de taxis y vamos hacia la torre Gálata: ¡a ver si la encontramos!, porque llega un momento que ya piensas de todo.
No es gran cosa. Una especie de torre vigía. Además la entrada para subir hasta arriba me parece un poco cara. Pero como hay que matar el tiempo subiremos. Tiene buenas vistas del Bósforo y del Cuerno pero hay un viento que tira p’atrás. Tenemos que esperar a que aparezcan Nuria y Paz así que, mientras Amador y Maru dan una vuelta, nosotras cuatro nos vamos a tomar un café. Menudo clavo que nos metieron en un tugurio de mala muerte. El tiempo parece que no pasa y decidimos salir también a dar una vuelta. Patri aprovecha para comprarse una montura de gafas de titanio. Es que creo que quiere apuntarse para ir a la Luna: ¡esta hermana mía!. Me parece recordar que le costó unas diez mil pesetillas y eso por lo visto es baratísimo comparado con el precio que tienen en “Spain”. Lo mejor de todo es que le pusieron a “cocer” las gafas viejas dentro de un cachivache y se las dejaron tan limpias que ahora parece que tienen zoom.
Por fin aparece el par de segovianas, y después de dejarles que visiten la torre, nos fuimos a comer a un sitio típico donde generalmente solo comen turcos. Es como una especie de self-service en el que te aproximas a un expositor de comida caliente, eliges lo que más te apetece, te sientas en una mesa y, al momento, un camarero te trae servido un plato de la apetitosa comidita. Puedes pedir acompañamiento de arroz o de patatas. Te ponen pan y agua y luego, si quieres, te levantas a elegir postre o te tomas un té. Se come muy bien y barato, no más de 800 “pelas” al cambio.
Bajamos dando un paseo por unas callejuelas muy empinadas en las que, por supuesto, hay un montón de tiendas y algunos siguen haciendo compras para ir practicando mientras llegamos al Gran Bazar.
Otra vez estamos aquí dentro. Yo ya estoy un poco harta de probarme cuero para la hermana de Elena. Casi que me voy a llevar yo algo y eso que no lo había imaginado ni en mis peores pesadillas. ¡Me espanta ir de compras!, por si alguien no se había dado cuenta.
Los asturianos, aunque aún nos quedan días en Estambul, ya vamos concretando cosas. En cambio para las segovianas es su última oportunidad. Nuria sufre un descontrol psíquico que la lleva a una tienda de cuero y se compra dos chaquetas. Los demás opinamos sobre la calidad del cuero, sobre el acabado de la prenda, tomamos el té de manzana de rigor y ayudamos a regatear. Estamos empezando a afinar con esto del tira y afloja. Aunque no debemos hacernos ilusiones porque siguen engañándonos continuamente: siempre hubiésemos podido conseguir un precio mejor.
Por fin se termina la tarde y nos vamos de aquí, no sin antes pasar por la tienda de Omar al que invitamos a cenar para celebrar su cumpleaños. Quedamos a las 9’30 en el hotel “Segovia”.
Ahí vamos rumbo al barrio de Orchair, donde según Omar se come el mejor pescado. La cena no fue para dar saltos de contentos y no porque el “lufer” (sabe a chicharro) que me comí estuviese malo, sino porque el sitio no era nada acogedor, hacía frio y era bastante tarde. Después de una mini-sobremesa nos despedimos de las segovianas que se van mañana temprano y el bloque astur se fue directo al hotel.
TURQUIA 2002 - DIA 10
13/11 MIÉRCOLES
Otra vez nos vemos las caras a las 8:30, el ritual sistemático del que ya no nos desprenderemos.
Hoy toca Mezquita Azul. Cuando estamos llegando, Patri y Nuria se entretienen con unos chicos que venden libros y postales. Empiezan con el rollo de que les cambies las monedas de €uro por un billete y te acaban estafando, por lo menos a la tonta de mi hermana a la que le birlaron unos 6 €. No hay nada mejor para empezar el día que ponerme de mala leche, así seguro que volveré a tener gastritis.
Comenzamos la visita y como es temprano aún hay poca gente. Es muy bonita y está muy cuidada, pero yo soy de la misma opinión que Amador: vista una, vistas todas. Claro que yo no entiendo un pimiento de arte musulmán y seguro que Maru o Nuria, las historiadoras, pondrían el grito en el cielo ante semejante comentario. Dimos una vueltiquina y nos sentamos un rato en la alfombra, planeamos la siguiente jugada y nos animamos un poco.
La formación asturiana acompañada de Maru se va a ver el palacio Topkapi. Las otras dos se van al bazar de las especias.
En este palacio, también residencia de los sultanes, se encuentra una gran colección de objetos de oro y plata con incrustaciones de piedras preciosas de considerable tamaño. La estrella de la colección es el diamante Topkapi: ¡menudo pedrusco! Dimos una vuelta por el resto de las salas e instalaciones que nos dejan ver y que no son precisamente muchas. Hay una zona decorada con mosaicos azules y dorados que me llamó mucho la atención. También hay una sala de armas con unos espadones que no los levanta el “chuachenaguer” ni de coña. Luego están los jardincillos descuidados por los que damos un paseo. Y también una plaga de italianos vestidos a la última moda pijo-turista, pijo-deportiva. Resumiendo: todos tan bien compaginados de pies a cabeza y con tufillo a ropa de marca de esa “que me compro aunque me cueste un ojo de la cara”, p’a impresionar, vamos.
Al salir nos cruzamos con las vascas: saludos de cortesía, bla, bla, bla, y ¡hala! hasta la vista.
Continuamos con el Museo Arqueológico y aquí ya volvemos a ser el grupete de 8. Pues en este sitio, además de mosaicos, hay restos de todas las civilizaciones que pasaron por la Anatolia. Lo que guardan con más celo es el llamado sarcófago de Alejandro Magno, muy chuli, pero a saber de quien es porque el del mencionado señor nunca se ha encontrado. Así que esto es como para vendernos la moto. Tienen también un caballín de Troya que Patri ya no llegó a ver porque dijo: ¡BASTA!, y se paró en el sillón de la entrada con una “depre” de agárrate. Los demás seguimos como pudimos deambulando por el resto de salas hasta que reventamos y dijimos también ¡BASTA YA, JODER!. Me refiero a la sección asturiana porque la segoviana estaba tan pancha.
Necesitábamos reponer fuerzas y buscamos un Restaurante que viene en la guía como recomendado. En él comió Ana Belén cuando rodó La Pasión Turca. Se llama “La Casa de Medusa” y es una preciosa casita de madera con unos baños limpísimos que se agradecen un montón. El maître habla español y es muy profesional. Comemos tan bien y tan agusto que no nos apetece irnos. A algunos les parece haber degustado la mejor crema de chocolate de su vida. Pero como siempre andamos con prisa la sobremesa solo dura unos pocos minutos.
Próxima parada: las cisternas subterráneas. Mucho. Eso fue lo que me impresionaron, y a estas alturas de las vacaciones que algo me haya sorprendido tanto es un disfrute tremendo. No pensé que fuesen así y gracias a ellas y a la pequeña descarga de adrenalina, las fuerzas renovadas para seguir con este ritmo de visitas vuelven a correr por mis venas. En su interior había una exposición muy curiosa de arte moderno. Al fondo está lo que todos buscamos para hacer la foto de turno: las cabezas de Medusa, que son en definitiva las bases de dos de las innumerables columnas que pueblan este inmenso depósito de agua.
Ya hay “mono” de Gran Bazar así que damos por concluída la ruta cultural y comenzamos la de gasto incontrolado. ¡Hay tantas cosas... ¡ Pero nosotros firmes ante la tentación, ¡que no tenemos prisa!, porque hasta el lunes no nos vamos. Maru se viene con nosotros a una tienda de piel y se acaba comprando un “tres cuartos” color burdeos muy mono. Y eso que solo va de acompañante. Sus dos amiguitas se entretienen comprando cachivaches, anillos y demás cosas de esas en las que yo ni me fijo. ¡Menos mal que cierran a las siete!.
Regresamos al hotel para refrescarnos. Tendremos que salir a cenar. Las de Segovia están de MP pero nosotros tenemos que buscarnos la vida. Damos un montón de vueltas intentando localizar alguno de los restaurantes que vienen en la guía azul, pero no aparece ni uno. Después de tanto andar y teniendo en cuenta que se nos echa el tiempo encima, entramos en el primero que vemos. Se llama Mozaic y resultó ser sorprendente: una vieja casa con suelos de madera donde los pequeños comedores se distribuyen en las antiguas habitaciones de la casa. Además fue mi primer bocado de pez espada: yo que casi no pruebo el pescado aquí en Estambul me estoy saliendo. Llamamos a las chicas para comunicarles nuestra estratégica posición y aparecen a los postres. En la planta baja hay un pub y se tomarán una copa mientras nos esperan. A los 10 minutos ya estamos todos juntos y a la media hora aparece Omar con una tarta: es su cumpleaños y nos quiere invitar. No le hemos comprado nada, pero yo no creo que sea para tanto. Ya sé que intenta ser agradable y todo lo demás, pero yo pienso que tiene un morro que se lo pisa, aunque en el fondo no parece mala persona. Nos comimos la tarta, tomamos unas cañas, bailamos el “aserejé” y cuando Paz se cabreó con el camarero porque le quería cobrar de más, nos fuimos para el hotel.
Otra vez nos vemos las caras a las 8:30, el ritual sistemático del que ya no nos desprenderemos.
Hoy toca Mezquita Azul. Cuando estamos llegando, Patri y Nuria se entretienen con unos chicos que venden libros y postales. Empiezan con el rollo de que les cambies las monedas de €uro por un billete y te acaban estafando, por lo menos a la tonta de mi hermana a la que le birlaron unos 6 €. No hay nada mejor para empezar el día que ponerme de mala leche, así seguro que volveré a tener gastritis.
Comenzamos la visita y como es temprano aún hay poca gente. Es muy bonita y está muy cuidada, pero yo soy de la misma opinión que Amador: vista una, vistas todas. Claro que yo no entiendo un pimiento de arte musulmán y seguro que Maru o Nuria, las historiadoras, pondrían el grito en el cielo ante semejante comentario. Dimos una vueltiquina y nos sentamos un rato en la alfombra, planeamos la siguiente jugada y nos animamos un poco.
La formación asturiana acompañada de Maru se va a ver el palacio Topkapi. Las otras dos se van al bazar de las especias.
En este palacio, también residencia de los sultanes, se encuentra una gran colección de objetos de oro y plata con incrustaciones de piedras preciosas de considerable tamaño. La estrella de la colección es el diamante Topkapi: ¡menudo pedrusco! Dimos una vuelta por el resto de las salas e instalaciones que nos dejan ver y que no son precisamente muchas. Hay una zona decorada con mosaicos azules y dorados que me llamó mucho la atención. También hay una sala de armas con unos espadones que no los levanta el “chuachenaguer” ni de coña. Luego están los jardincillos descuidados por los que damos un paseo. Y también una plaga de italianos vestidos a la última moda pijo-turista, pijo-deportiva. Resumiendo: todos tan bien compaginados de pies a cabeza y con tufillo a ropa de marca de esa “que me compro aunque me cueste un ojo de la cara”, p’a impresionar, vamos.
Al salir nos cruzamos con las vascas: saludos de cortesía, bla, bla, bla, y ¡hala! hasta la vista.
Continuamos con el Museo Arqueológico y aquí ya volvemos a ser el grupete de 8. Pues en este sitio, además de mosaicos, hay restos de todas las civilizaciones que pasaron por la Anatolia. Lo que guardan con más celo es el llamado sarcófago de Alejandro Magno, muy chuli, pero a saber de quien es porque el del mencionado señor nunca se ha encontrado. Así que esto es como para vendernos la moto. Tienen también un caballín de Troya que Patri ya no llegó a ver porque dijo: ¡BASTA!, y se paró en el sillón de la entrada con una “depre” de agárrate. Los demás seguimos como pudimos deambulando por el resto de salas hasta que reventamos y dijimos también ¡BASTA YA, JODER!. Me refiero a la sección asturiana porque la segoviana estaba tan pancha.
Necesitábamos reponer fuerzas y buscamos un Restaurante que viene en la guía como recomendado. En él comió Ana Belén cuando rodó La Pasión Turca. Se llama “La Casa de Medusa” y es una preciosa casita de madera con unos baños limpísimos que se agradecen un montón. El maître habla español y es muy profesional. Comemos tan bien y tan agusto que no nos apetece irnos. A algunos les parece haber degustado la mejor crema de chocolate de su vida. Pero como siempre andamos con prisa la sobremesa solo dura unos pocos minutos.
Próxima parada: las cisternas subterráneas. Mucho. Eso fue lo que me impresionaron, y a estas alturas de las vacaciones que algo me haya sorprendido tanto es un disfrute tremendo. No pensé que fuesen así y gracias a ellas y a la pequeña descarga de adrenalina, las fuerzas renovadas para seguir con este ritmo de visitas vuelven a correr por mis venas. En su interior había una exposición muy curiosa de arte moderno. Al fondo está lo que todos buscamos para hacer la foto de turno: las cabezas de Medusa, que son en definitiva las bases de dos de las innumerables columnas que pueblan este inmenso depósito de agua.
Ya hay “mono” de Gran Bazar así que damos por concluída la ruta cultural y comenzamos la de gasto incontrolado. ¡Hay tantas cosas... ¡ Pero nosotros firmes ante la tentación, ¡que no tenemos prisa!, porque hasta el lunes no nos vamos. Maru se viene con nosotros a una tienda de piel y se acaba comprando un “tres cuartos” color burdeos muy mono. Y eso que solo va de acompañante. Sus dos amiguitas se entretienen comprando cachivaches, anillos y demás cosas de esas en las que yo ni me fijo. ¡Menos mal que cierran a las siete!.
Regresamos al hotel para refrescarnos. Tendremos que salir a cenar. Las de Segovia están de MP pero nosotros tenemos que buscarnos la vida. Damos un montón de vueltas intentando localizar alguno de los restaurantes que vienen en la guía azul, pero no aparece ni uno. Después de tanto andar y teniendo en cuenta que se nos echa el tiempo encima, entramos en el primero que vemos. Se llama Mozaic y resultó ser sorprendente: una vieja casa con suelos de madera donde los pequeños comedores se distribuyen en las antiguas habitaciones de la casa. Además fue mi primer bocado de pez espada: yo que casi no pruebo el pescado aquí en Estambul me estoy saliendo. Llamamos a las chicas para comunicarles nuestra estratégica posición y aparecen a los postres. En la planta baja hay un pub y se tomarán una copa mientras nos esperan. A los 10 minutos ya estamos todos juntos y a la media hora aparece Omar con una tarta: es su cumpleaños y nos quiere invitar. No le hemos comprado nada, pero yo no creo que sea para tanto. Ya sé que intenta ser agradable y todo lo demás, pero yo pienso que tiene un morro que se lo pisa, aunque en el fondo no parece mala persona. Nos comimos la tarta, tomamos unas cañas, bailamos el “aserejé” y cuando Paz se cabreó con el camarero porque le quería cobrar de más, nos fuimos para el hotel.
TURQUIA 2002 - DIA 9
12/11 MARTES
Como viene siendo habitual, quedamos con el trío a las 8:30 en su calle, pero entre el cansancio y demás circunstancias no llegamos hasta las 9.
No recuerdo porqué andamos tanto cuando podíamos haber cogido un taxi. ¿El resultado? ¡tremendo paseo! hasta que llegamos al muelle desde donde salen los cruceros por el Bósforo, que tampoco sé porqué tenemos que coger uno. En fin, que después del consiguiente tira y afloja, llegamos a un acuerdo con un “paisa” que consistía en un recorrido de 2 horas a un precio de 12.000.000 de liras por cabeza. Y ahí nos subimos en el barcucho de unas 25 plazas: ¡se mueve que da gusto! Me tomo una biodramina y aún así voy echa polvo, además de muerta de frio. Pero no me pienso levantar de donde estoy para meterme en la cabina porque seguro que me marearé más. Prefiero que la brisa polar me congele el cerebro. La cuestión, tengo que reconocerlo, es que se ven buenas vistas de Estambul, además de un montón de pescadores con sus “chalanos” intentando pescar algo entre el abundante tráfico de barcos que atraviesan el estrecho. Pero a mi me hubiese sobrado todo esto. Se me olvidaba recordar la cantidad de veces que Maru y Elena nos deleitaron con la “canción del pirata”, sobre todo con las estrofas de “Asia a un lado, al otro Europa y allá en el frente Estambul”. Amador y Paz hicieron el trayecto en el techo de la cabina, en plan machote. Y con nosotros venía una familia japonesa que tenía una cámara digital de alucinar, un señor que parecía alemán y una tía muy rara que resultó ser española.
Ya en tierra firme otra vez andando hasta el Dolmabache: ¡que brutalidad de caminata! Solo podemos sacar la entrada para el palacio porque el harem está cerrado en honor del “Ataturk de los cataplines”. Nos dan unas fundas tipo patucos para los zapatos y comienza la visita guiada, pero es en inglés. ¿Qué me pareció? Pues el típico palacio recargado, preparado para vivir a lo bestia y con un salón de ceremonias enorme.
Acabada la visita palaciega por fín cogemos un taxi para ir a ver Santa Sofía, la mezquita con la cúpula más grande. Es muy antigua y en ella se hicieron tantos añadidos y reformas, y pasaron tantas culturas por ella, que por afuera parece como una cárcel o un reformatorio: ¡es que es muy rara! En su interior hay un pedazo andamio sujetando la cúpula que lo estropea todo. Tenemos mucho frío y el hambre nos está atacando. Maru está disfrutando como una enana pero la sección asturiana está medio muerta. Saco unas cuantas fotos pero no se me está dando muy bien el día.
Reunido todo el grupo se decide por mayoría ir a comer de restaurante. Pero es que algunos necesitamos sentarnos un rato porque este ritmo nos está descoyuntando los huesitos. A mi por ejemplo, después del estresante verano, estoy tan baja física y mentalmente que ya voy en reserva. Y mi hermanina, que puedo decir de este nuevo método de rehabilitación que nos hemos inventado. Espero que no se me rompa. Además con la porquería de colchones que estamos teniendo la pobre se levanta con más dolor de espalda que cuando se acuesta.
La comida fue un coñazo por culpa del tonto del camarero. Entiendo que su intención era la de ser simpático, pero estábamos tan bordes y cansados que la situación empeoraba por momentos. De todas formas el chico era muy poco profesional y no tenía muchas luces porque no es tan difícil saber cuando un cliente quiere comer tranquilo y sin que le molesten con continuas chorradas fuera de tono.
Con las fuerzas renovadas se fueron calmando los ánimos y decidimos pasear nuestros cuerpecillos por las innumerables tiendas que encontramos camino de el Gran Bazar: una especie de mercado cubierto pero con identidad propia. Es como una ciudad formada por 4.000 tiendas repartidas por innumerables calles y callejones en las que 2.000 turcos varones (no creo ni que haya un 0’1% de dependientas) intentan satisfacer los deseos de compras compulsivas de la marabunta de turistas que deambulan por sus negocios. ¡Son tremendos!, además de liantes, engatusadores, pulpos con doble personalidad, bandoleros y grandes negociantes. Tengo la sensación de estar ante la mejor empresa del mundo por donde se mueven diariamente trillones de liras turcas. Todo tipo de cachivaches se ofrecen a la vista: cerámica, ojos de la suerte, cachimbas, objetos de orfebrería, oro, plata, alfombras, kilims, cojines, telas, seda, pañuelos, pashminas, prendas de vestir, ropa deportiva, cuero, ante, bolsos, relojes, ... y ¡falsificaciones a precios increíbles!. Por ser el primer día los asturianos solo miramos, pero las segovianas ya se están lanzando. Estuvimos dentro hasta las 7 y pico, hora de cierre. Estamos tan cansados que no tenemos fuerzas para quedar a cenar, además así el trío podrá aprovechar la cena de MP que tienen contratada. Llegamos al hotel tan desfallecidos que nos dormimos. A las 10 y pico llamamos al servicio de habitaciones para comer algo. Nos atendieron y entendieron bastante bien, pero a Elena no le aciertan demasiado con el pedido (la siesta no le sienta nada bien porque está un poco tontina). Con esto queda demostrado que el “chapurreo” también es efectivo, sobre todo si al final le dices al camarero ¡gracias, salao!
Entre pitos y flautas nos dan las 00:30 horas. Si es que no descansamos nada.
Como viene siendo habitual, quedamos con el trío a las 8:30 en su calle, pero entre el cansancio y demás circunstancias no llegamos hasta las 9.
No recuerdo porqué andamos tanto cuando podíamos haber cogido un taxi. ¿El resultado? ¡tremendo paseo! hasta que llegamos al muelle desde donde salen los cruceros por el Bósforo, que tampoco sé porqué tenemos que coger uno. En fin, que después del consiguiente tira y afloja, llegamos a un acuerdo con un “paisa” que consistía en un recorrido de 2 horas a un precio de 12.000.000 de liras por cabeza. Y ahí nos subimos en el barcucho de unas 25 plazas: ¡se mueve que da gusto! Me tomo una biodramina y aún así voy echa polvo, además de muerta de frio. Pero no me pienso levantar de donde estoy para meterme en la cabina porque seguro que me marearé más. Prefiero que la brisa polar me congele el cerebro. La cuestión, tengo que reconocerlo, es que se ven buenas vistas de Estambul, además de un montón de pescadores con sus “chalanos” intentando pescar algo entre el abundante tráfico de barcos que atraviesan el estrecho. Pero a mi me hubiese sobrado todo esto. Se me olvidaba recordar la cantidad de veces que Maru y Elena nos deleitaron con la “canción del pirata”, sobre todo con las estrofas de “Asia a un lado, al otro Europa y allá en el frente Estambul”. Amador y Paz hicieron el trayecto en el techo de la cabina, en plan machote. Y con nosotros venía una familia japonesa que tenía una cámara digital de alucinar, un señor que parecía alemán y una tía muy rara que resultó ser española.
Ya en tierra firme otra vez andando hasta el Dolmabache: ¡que brutalidad de caminata! Solo podemos sacar la entrada para el palacio porque el harem está cerrado en honor del “Ataturk de los cataplines”. Nos dan unas fundas tipo patucos para los zapatos y comienza la visita guiada, pero es en inglés. ¿Qué me pareció? Pues el típico palacio recargado, preparado para vivir a lo bestia y con un salón de ceremonias enorme.
Acabada la visita palaciega por fín cogemos un taxi para ir a ver Santa Sofía, la mezquita con la cúpula más grande. Es muy antigua y en ella se hicieron tantos añadidos y reformas, y pasaron tantas culturas por ella, que por afuera parece como una cárcel o un reformatorio: ¡es que es muy rara! En su interior hay un pedazo andamio sujetando la cúpula que lo estropea todo. Tenemos mucho frío y el hambre nos está atacando. Maru está disfrutando como una enana pero la sección asturiana está medio muerta. Saco unas cuantas fotos pero no se me está dando muy bien el día.
Reunido todo el grupo se decide por mayoría ir a comer de restaurante. Pero es que algunos necesitamos sentarnos un rato porque este ritmo nos está descoyuntando los huesitos. A mi por ejemplo, después del estresante verano, estoy tan baja física y mentalmente que ya voy en reserva. Y mi hermanina, que puedo decir de este nuevo método de rehabilitación que nos hemos inventado. Espero que no se me rompa. Además con la porquería de colchones que estamos teniendo la pobre se levanta con más dolor de espalda que cuando se acuesta.
La comida fue un coñazo por culpa del tonto del camarero. Entiendo que su intención era la de ser simpático, pero estábamos tan bordes y cansados que la situación empeoraba por momentos. De todas formas el chico era muy poco profesional y no tenía muchas luces porque no es tan difícil saber cuando un cliente quiere comer tranquilo y sin que le molesten con continuas chorradas fuera de tono.
Con las fuerzas renovadas se fueron calmando los ánimos y decidimos pasear nuestros cuerpecillos por las innumerables tiendas que encontramos camino de el Gran Bazar: una especie de mercado cubierto pero con identidad propia. Es como una ciudad formada por 4.000 tiendas repartidas por innumerables calles y callejones en las que 2.000 turcos varones (no creo ni que haya un 0’1% de dependientas) intentan satisfacer los deseos de compras compulsivas de la marabunta de turistas que deambulan por sus negocios. ¡Son tremendos!, además de liantes, engatusadores, pulpos con doble personalidad, bandoleros y grandes negociantes. Tengo la sensación de estar ante la mejor empresa del mundo por donde se mueven diariamente trillones de liras turcas. Todo tipo de cachivaches se ofrecen a la vista: cerámica, ojos de la suerte, cachimbas, objetos de orfebrería, oro, plata, alfombras, kilims, cojines, telas, seda, pañuelos, pashminas, prendas de vestir, ropa deportiva, cuero, ante, bolsos, relojes, ... y ¡falsificaciones a precios increíbles!. Por ser el primer día los asturianos solo miramos, pero las segovianas ya se están lanzando. Estuvimos dentro hasta las 7 y pico, hora de cierre. Estamos tan cansados que no tenemos fuerzas para quedar a cenar, además así el trío podrá aprovechar la cena de MP que tienen contratada. Llegamos al hotel tan desfallecidos que nos dormimos. A las 10 y pico llamamos al servicio de habitaciones para comer algo. Nos atendieron y entendieron bastante bien, pero a Elena no le aciertan demasiado con el pedido (la siesta no le sienta nada bien porque está un poco tontina). Con esto queda demostrado que el “chapurreo” también es efectivo, sobre todo si al final le dices al camarero ¡gracias, salao!
Entre pitos y flautas nos dan las 00:30 horas. Si es que no descansamos nada.
TURQUIA 2002 - DIA 8
11/11 LUNES
Se acaba el tour; nos vamos a Estambul. Pero antes, nos llevan a visitar el Mausoleo de Ataturk, una especie de Valle de los Caídos. Es un mamotreto muy gordo con un piedrón de granito tapando su tumba que a nosotros no nos dice ná. Luego hay que hacer el recorrido por la sala de las batallinas, con ambientación sonora tipo efectos especiales: ¡de traca!. Hay fotos del tipo este por todos los lados: de pequeño, de mediano, de grande, de militar, de civil, con sus parientes, con sus generales,… Están sus coches, sus armas, el cañón del día del entierro,… ¡para morirse!, valga la redundancia. Y aquí los impasibles guardias, esos que no se mueven aunque les enseñes el culo, están metidos en cabinas de teléfonos, o por lo menos eso parece.
Nos vamos de Ankara y lo hacemos por autopista, menos mal, porque aquí las carreteras son como las de España de hace 25 años. Por el camino hasta nos nieva y se ve un paisaje de lo más bonito.
Decidimos poner todos 6 € de propina para Ebru & Cía. Se lo dimos después de la comida, bueno, se lo escondieron las vascas para hacer el juego de frío y caliente. Una chorrada. Iba con un papel firmado por todos que le gustó mucho pero me temo que se pensó que la propi era solo para ella.
Por fin llegamos a Estambul y comienza la distribución por los hoteles. Esto es tremendo, no se como se les ocurre meter este pedazo autobús por estas calles tan estrechas, llenísimas de tiendas y puestos ambulantes y con coches aparcados en doble o triple fila. Pues ocurrió que llegó el momento en el que no pasábamos, ni p’alante ni p’atrás: menudo guirigay que se montó. Dejamos a las amiguinas en el President y quedamos con ellas a las 8’30 para ir a cenar pescado. Llegamos al Çara, nos despedimos de Ebru y por fin pudimos deshacer un poco la maleta.
Salimos a por las chicas y cuando las encontramos empezaron como locas a contarnos su odisea en el hotel. Resulta que no hablan inglés y la habitación que les dieron era doble. Llaman a recepción, intentan hacerse entender y les mandan a un chico con una supletoria que casi no cabe en la habitación. Como no se revuelven y además faltan toallas, vuelven a llamar a recepción. Les enseñan otra habitación doble en la que hay un sofá-cama. Se lo despliegan y les dicen que si es OK. Se sienta Nuria y se rompe, pero el chico lo vuelve a colocar y les repite que si es OK. Como la situación parece de psiquiátrico y además no les han dejado sábanas y no saben como pedirlas, Nuria “la adivina” se pone muy nerviosa y quiere hacer un té. Paz intenta enviar un mensaje a una amiga para que le diga sábana en inglés. ¿Y Maru? Pues ahí va, toda salerosa, coge el teléfono y en un perfecto castellano le espeta al recepcionista: “por favor, necesitamos sábanas para la cama supletoria, ¿pueden traerlas?” Y va el recepcionista y le dice que en un momento las tendrán en la habitación. P’a flipar. En esas aparece el chico de antes, hace la cama y les dice la célebre frasecita: ¿es OK? Y ellas diciéndole que no es OK pero que da igual. Él repitiendo es OK y ellas no OK pero da igual y sal por favor de la habitación. Igualito que una de los hermanos Marx.
Mientras nos van contando la ventura se nos pega un chico que habla muy bien español, incluso sabe que a los de Oviedo les llaman carbayones. Nos deja alucinados. Dice que trabaja en el Gran Bazar y nos da una tarjeta. Cuando Patri la ve se queda de piedra puesto que es igualita a una que nos habían dado unos de Gijón. Empezamos a hablar con él, nos recomienda sitios y responde a todas nuestras preguntas. Nos lleva a tomar té y narguile e incluso llamó a un amigo de un restaurante para preguntarle si tenían pescado. Nos fuimos para allá, estaba muy cerca. Nos presentó a su amigo, un camarero igualito a Chayane, y le recordó que tendría que hacernos descuento porque éramos sus amigos. Cenamos dorada y lubina, postre, té y chupito. ¿Precio? Unas 1500 pelas por cabeza. A las 11’30 volvió Omar a buscarnos para ir a tomar algo y nos llevamos a Chayane y a Figo, otro de los camareros. Había un cuarto turco esperando en un coche, Fatih. Nos repartimos entre su coche y dos taxis y nos fuimos a un local de música en directo. Entre tanto ruido apareció un gatín que casi se me duerme en los brazos. Tomamos cerveza, bailamos, hablamos algo, Elsa y yo más bien poco con Fatih, Omar se pegó a Maru, Figo a Paz y Chayane a Elena, y resultó ser el único que notó acuse de recibo. A las 2 y pico estábamos muy cansados y nos fuimos a por un taxi para regresar al hotel. Omar cabreadísimo porque Maru le había dicho que lo intentara con otra, que con ella ná de ná. Y encima se les estropeó el coche que los llevaba de vuelta al hotel. Nosotros llegamos sanos y salvos al Çara. Dejamos a Elena con el turco, parloteando suponemos, hasta que llegó la poli a darles un toque. En fin, toda una aventura.
Se acaba el tour; nos vamos a Estambul. Pero antes, nos llevan a visitar el Mausoleo de Ataturk, una especie de Valle de los Caídos. Es un mamotreto muy gordo con un piedrón de granito tapando su tumba que a nosotros no nos dice ná. Luego hay que hacer el recorrido por la sala de las batallinas, con ambientación sonora tipo efectos especiales: ¡de traca!. Hay fotos del tipo este por todos los lados: de pequeño, de mediano, de grande, de militar, de civil, con sus parientes, con sus generales,… Están sus coches, sus armas, el cañón del día del entierro,… ¡para morirse!, valga la redundancia. Y aquí los impasibles guardias, esos que no se mueven aunque les enseñes el culo, están metidos en cabinas de teléfonos, o por lo menos eso parece.
Nos vamos de Ankara y lo hacemos por autopista, menos mal, porque aquí las carreteras son como las de España de hace 25 años. Por el camino hasta nos nieva y se ve un paisaje de lo más bonito.
Decidimos poner todos 6 € de propina para Ebru & Cía. Se lo dimos después de la comida, bueno, se lo escondieron las vascas para hacer el juego de frío y caliente. Una chorrada. Iba con un papel firmado por todos que le gustó mucho pero me temo que se pensó que la propi era solo para ella.
Por fin llegamos a Estambul y comienza la distribución por los hoteles. Esto es tremendo, no se como se les ocurre meter este pedazo autobús por estas calles tan estrechas, llenísimas de tiendas y puestos ambulantes y con coches aparcados en doble o triple fila. Pues ocurrió que llegó el momento en el que no pasábamos, ni p’alante ni p’atrás: menudo guirigay que se montó. Dejamos a las amiguinas en el President y quedamos con ellas a las 8’30 para ir a cenar pescado. Llegamos al Çara, nos despedimos de Ebru y por fin pudimos deshacer un poco la maleta.
Salimos a por las chicas y cuando las encontramos empezaron como locas a contarnos su odisea en el hotel. Resulta que no hablan inglés y la habitación que les dieron era doble. Llaman a recepción, intentan hacerse entender y les mandan a un chico con una supletoria que casi no cabe en la habitación. Como no se revuelven y además faltan toallas, vuelven a llamar a recepción. Les enseñan otra habitación doble en la que hay un sofá-cama. Se lo despliegan y les dicen que si es OK. Se sienta Nuria y se rompe, pero el chico lo vuelve a colocar y les repite que si es OK. Como la situación parece de psiquiátrico y además no les han dejado sábanas y no saben como pedirlas, Nuria “la adivina” se pone muy nerviosa y quiere hacer un té. Paz intenta enviar un mensaje a una amiga para que le diga sábana en inglés. ¿Y Maru? Pues ahí va, toda salerosa, coge el teléfono y en un perfecto castellano le espeta al recepcionista: “por favor, necesitamos sábanas para la cama supletoria, ¿pueden traerlas?” Y va el recepcionista y le dice que en un momento las tendrán en la habitación. P’a flipar. En esas aparece el chico de antes, hace la cama y les dice la célebre frasecita: ¿es OK? Y ellas diciéndole que no es OK pero que da igual. Él repitiendo es OK y ellas no OK pero da igual y sal por favor de la habitación. Igualito que una de los hermanos Marx.
Mientras nos van contando la ventura se nos pega un chico que habla muy bien español, incluso sabe que a los de Oviedo les llaman carbayones. Nos deja alucinados. Dice que trabaja en el Gran Bazar y nos da una tarjeta. Cuando Patri la ve se queda de piedra puesto que es igualita a una que nos habían dado unos de Gijón. Empezamos a hablar con él, nos recomienda sitios y responde a todas nuestras preguntas. Nos lleva a tomar té y narguile e incluso llamó a un amigo de un restaurante para preguntarle si tenían pescado. Nos fuimos para allá, estaba muy cerca. Nos presentó a su amigo, un camarero igualito a Chayane, y le recordó que tendría que hacernos descuento porque éramos sus amigos. Cenamos dorada y lubina, postre, té y chupito. ¿Precio? Unas 1500 pelas por cabeza. A las 11’30 volvió Omar a buscarnos para ir a tomar algo y nos llevamos a Chayane y a Figo, otro de los camareros. Había un cuarto turco esperando en un coche, Fatih. Nos repartimos entre su coche y dos taxis y nos fuimos a un local de música en directo. Entre tanto ruido apareció un gatín que casi se me duerme en los brazos. Tomamos cerveza, bailamos, hablamos algo, Elsa y yo más bien poco con Fatih, Omar se pegó a Maru, Figo a Paz y Chayane a Elena, y resultó ser el único que notó acuse de recibo. A las 2 y pico estábamos muy cansados y nos fuimos a por un taxi para regresar al hotel. Omar cabreadísimo porque Maru le había dicho que lo intentara con otra, que con ella ná de ná. Y encima se les estropeó el coche que los llevaba de vuelta al hotel. Nosotros llegamos sanos y salvos al Çara. Dejamos a Elena con el turco, parloteando suponemos, hasta que llegó la poli a darles un toque. En fin, toda una aventura.
TURQUIA 2002 - DIA 7
10/11 DOMINGO
No sé que narices hemos hecho con los despertadores que nos hemos levantado tempranísimo, pero ya que estamos preparadas bajaremos a desayunar con calma. Somos las primeras, pero al momento aparece el trío “telefónica” con unas caras de sueño que ni p’a qué. Y, aunque no queremos ser indiscretas, de nuestra boquita sale la fatídica pregunta: ¿qué tal la juerga?. ¡Uf, menos mal que no han puesto mala cara!. Unánimemente contestan que muy bien, que al final se llevó a dos amigos y que el de Nuria era un poco pulpo, pero que como no hablaba español pues algo tenía que hacer. El de Maru resultó ser el más guapo. Se bebieron 4 Efes Pilsen, le cantaron a Maru el “cumpleaños feliz” en turco, se rieron un montón y yo que sé cuantas más cosas. Resumiendo: que lo pasaron pipa. Estuvieron hasta las 2 y pico. En esas aparece Elena “la maruja” diciendo que esperen, que ella si que quiere saber todos los detalles. Si es que la tenían que contratar en “Corazón, corazón” o en algo de ese estilo. Y al rato aparecen las vascas preguntando por lo mismo y las pobres chicas tuvieron que repetir otra vez la historia y contestar a un montón de preguntas: ¡vamos!, como los famosos.
Nos vamos a Ankara. Por el camino paramos a hacer fotos de algunas formaciones rocosas muy curiosas: una parece un camello, otras son como focas, otra parece una imagen de la Virgen,… Luego realizamos la visita a una ciudad subterránea, un verdadero laberinto de agujeros y estancias donde vivían unas 2000 pax. Y con 7 plantas de profundidad, aunque solo hay 4 excavadas. Por algunos pasillos tenemos que pasar agachados aunque yo estoy encantada porque parece hecho a mi medida: unos 15 o 20 cm más alto, lo justo para que los cuernos no rayen el techo. Lo que sí tienen es un sistema de ventilación estupendo, con unas grandes chimeneas que hacen que sientas el aire correr y nunca tienes sensación de agobio.
De vuelta al aire libre, nos vamos a los puestecillos a ver si compramos algo. Pero Patri y yo no sabemos hacerlo muy bien y no tenemos la suficiente paciencia. Elena está en su salsa y se queda en la tienda dale que te pego. Al final nos consigue las 2 blusas bordadas y un bolso por 20 €. Ella se compra una colcha y una muñeca (el regalo de cumple de la Maru, 39 tacos de ná). Maru, que está muy contenta, agarra el micro y se pone a cantar. Pertenece a un grupo de baile regional y le gusta investigar todo lo relacionado con tradiciones, instrumentos, bailes y canciones de otras regiones. También es licenciada en historia antigua, igual que Nuria; Paz creo que ha hecho Magisterio, aunque no estoy muy segura. En resumen: que ninguna de las tres es mono-neurona. Volviendo a la cantante, tiene tantas ganas de desgañitar las cuerdas vocales que se pone a dedicar una canción a las comunidades autónomas presentes en el autobús. Así que nos canta en vasco, en catalán, en bable y en castellano.
Mientras sucede todo lo anterior se produce una tremenda desgracia, ¡snif!: tres gallinas desbocadas se avalanzan sobre nuestro autobús y aunque nuestro conductor intenta por todos los medios evitar una confrontación, en nuestra retina quedará para el recuerdo aquella alfombra decorando la carretera y que unos momentos antes cacareaba como una descosida. A partir de ese momento al conductor dejamos de llamarle “capi”, ha pasado a ser “MATAGALLINAS”, ¡ja, ja, ja!
Paramos a ver otra posada de caravanas pero está un poco pocha. Como tenemos que aprovechar esta parada tan tonta, hacemos un par de fotos para cubrir el expediente. Un par de horas después nos detenemos para comer. Maru sigue tan contenta que nos invita a todos a tarta. Todo un detalle por su parte, pero es que es “mu” maja.
Llegamos a Ankara y, antes de pasar por el hotel, nos llevan a ver un museo de arte antiguo que va desde la prehistoria y recorre todas las civilizaciones que en algún momento se establecieron en la Anatolia. Había cosas muy interesantes pero a mí lo que más me gustó fue lo de los hititas. ¡Aggggg! ¡Está todo esto lleno de excursiones de guajes y no paran de correr y de berrear!
En el hotel decidimos cenar de buffet pero tenemos de máximo hasta las 7. El comedor vuelve a abrirse a las 9 pero la cena será de menú y hoy no nos apetecen sorpresas. Aprovecharemos a dar el paseo después de cenar porque no pensamos acostarnos tan temprano.
Hoy aquí están de fiesta conmemorando la muerte de Mustafa Kemal Ataturk, el padre de los turcos, que es el señor con pinta de drácula que nos asusta cuando miramos los billetes y vemos esos ojos rodeados de tantos ceros. Pues parece que es como un dios al que veneran porque a las 9 y 5 minutos de la mañana (¡ojo al dato!) todos han hecho un minuto de silencio, y ahora en Ankara, que es donde está su mausoleo, hay antorchas y ramos de flores al lado de sus estatuas. Y en la tele, todas las cadenas ponen una foto de él en una esquinina. Esto es la hostia, que dirían las vascas que para eso son más brutas. Amador quiere que Maru sople las antorchas porque es su cumpleaños. Así, de paso, nos hacemos una foto con este señor tan famoso.
Hay un montón de gente por la calle pero hoy, por respeto, cerrará todo muy pronto. Echamos a andar hasta la mezquita. Ebru nos ha dicho que es la tercera más grande del mundo pero cuando llegamos está cerrada. Vuelta p’abajo, callejeando un poco, a ver si encontramos un sitio donde tomar algo. Entramos en un garito que pone disco-bar y dentro no hay más que 4 gatos. Y esto es una expresión, porque no es que dentro haya 4 felinos, pero podría haberlos porque en este país los hay por todos lados, ¡y son todos tan mansinos y peludinos….! Una cucada. Pedimos cerveza y hay una pila de camareros de corbata que agobia un poco. Nos ponen pincho de garbanzos secos con pistachos: nunca lo había visto. Entran unos tipos con pinta de mafiosos y se ponen en una esquina a trapichear: ¡menudo antro!. Luego salen a bailar dos parejas una especie de danza tradicional y Amador y Maru se apuntan con ellos. Y para rematar el espectáculo, una tía que está sentada frente a nosotros, salta a la pista y se pone a menear el esqueleto como una descosida, en plan reina de las pistas. ¡P’a matala! Elena y Maru se ponen a revolver entre los discos del DJ para ver si encuentran algo bailable y que no sea chunta-chunta. Como no tienen casi nada conocido, excepto Julio Iglesias, aguantamos solo un rato, pagamos la millonada y nos fuimos a dormir.
No sé que narices hemos hecho con los despertadores que nos hemos levantado tempranísimo, pero ya que estamos preparadas bajaremos a desayunar con calma. Somos las primeras, pero al momento aparece el trío “telefónica” con unas caras de sueño que ni p’a qué. Y, aunque no queremos ser indiscretas, de nuestra boquita sale la fatídica pregunta: ¿qué tal la juerga?. ¡Uf, menos mal que no han puesto mala cara!. Unánimemente contestan que muy bien, que al final se llevó a dos amigos y que el de Nuria era un poco pulpo, pero que como no hablaba español pues algo tenía que hacer. El de Maru resultó ser el más guapo. Se bebieron 4 Efes Pilsen, le cantaron a Maru el “cumpleaños feliz” en turco, se rieron un montón y yo que sé cuantas más cosas. Resumiendo: que lo pasaron pipa. Estuvieron hasta las 2 y pico. En esas aparece Elena “la maruja” diciendo que esperen, que ella si que quiere saber todos los detalles. Si es que la tenían que contratar en “Corazón, corazón” o en algo de ese estilo. Y al rato aparecen las vascas preguntando por lo mismo y las pobres chicas tuvieron que repetir otra vez la historia y contestar a un montón de preguntas: ¡vamos!, como los famosos.
Nos vamos a Ankara. Por el camino paramos a hacer fotos de algunas formaciones rocosas muy curiosas: una parece un camello, otras son como focas, otra parece una imagen de la Virgen,… Luego realizamos la visita a una ciudad subterránea, un verdadero laberinto de agujeros y estancias donde vivían unas 2000 pax. Y con 7 plantas de profundidad, aunque solo hay 4 excavadas. Por algunos pasillos tenemos que pasar agachados aunque yo estoy encantada porque parece hecho a mi medida: unos 15 o 20 cm más alto, lo justo para que los cuernos no rayen el techo. Lo que sí tienen es un sistema de ventilación estupendo, con unas grandes chimeneas que hacen que sientas el aire correr y nunca tienes sensación de agobio.
De vuelta al aire libre, nos vamos a los puestecillos a ver si compramos algo. Pero Patri y yo no sabemos hacerlo muy bien y no tenemos la suficiente paciencia. Elena está en su salsa y se queda en la tienda dale que te pego. Al final nos consigue las 2 blusas bordadas y un bolso por 20 €. Ella se compra una colcha y una muñeca (el regalo de cumple de la Maru, 39 tacos de ná). Maru, que está muy contenta, agarra el micro y se pone a cantar. Pertenece a un grupo de baile regional y le gusta investigar todo lo relacionado con tradiciones, instrumentos, bailes y canciones de otras regiones. También es licenciada en historia antigua, igual que Nuria; Paz creo que ha hecho Magisterio, aunque no estoy muy segura. En resumen: que ninguna de las tres es mono-neurona. Volviendo a la cantante, tiene tantas ganas de desgañitar las cuerdas vocales que se pone a dedicar una canción a las comunidades autónomas presentes en el autobús. Así que nos canta en vasco, en catalán, en bable y en castellano.
Mientras sucede todo lo anterior se produce una tremenda desgracia, ¡snif!: tres gallinas desbocadas se avalanzan sobre nuestro autobús y aunque nuestro conductor intenta por todos los medios evitar una confrontación, en nuestra retina quedará para el recuerdo aquella alfombra decorando la carretera y que unos momentos antes cacareaba como una descosida. A partir de ese momento al conductor dejamos de llamarle “capi”, ha pasado a ser “MATAGALLINAS”, ¡ja, ja, ja!
Paramos a ver otra posada de caravanas pero está un poco pocha. Como tenemos que aprovechar esta parada tan tonta, hacemos un par de fotos para cubrir el expediente. Un par de horas después nos detenemos para comer. Maru sigue tan contenta que nos invita a todos a tarta. Todo un detalle por su parte, pero es que es “mu” maja.
Llegamos a Ankara y, antes de pasar por el hotel, nos llevan a ver un museo de arte antiguo que va desde la prehistoria y recorre todas las civilizaciones que en algún momento se establecieron en la Anatolia. Había cosas muy interesantes pero a mí lo que más me gustó fue lo de los hititas. ¡Aggggg! ¡Está todo esto lleno de excursiones de guajes y no paran de correr y de berrear!
En el hotel decidimos cenar de buffet pero tenemos de máximo hasta las 7. El comedor vuelve a abrirse a las 9 pero la cena será de menú y hoy no nos apetecen sorpresas. Aprovecharemos a dar el paseo después de cenar porque no pensamos acostarnos tan temprano.
Hoy aquí están de fiesta conmemorando la muerte de Mustafa Kemal Ataturk, el padre de los turcos, que es el señor con pinta de drácula que nos asusta cuando miramos los billetes y vemos esos ojos rodeados de tantos ceros. Pues parece que es como un dios al que veneran porque a las 9 y 5 minutos de la mañana (¡ojo al dato!) todos han hecho un minuto de silencio, y ahora en Ankara, que es donde está su mausoleo, hay antorchas y ramos de flores al lado de sus estatuas. Y en la tele, todas las cadenas ponen una foto de él en una esquinina. Esto es la hostia, que dirían las vascas que para eso son más brutas. Amador quiere que Maru sople las antorchas porque es su cumpleaños. Así, de paso, nos hacemos una foto con este señor tan famoso.
Hay un montón de gente por la calle pero hoy, por respeto, cerrará todo muy pronto. Echamos a andar hasta la mezquita. Ebru nos ha dicho que es la tercera más grande del mundo pero cuando llegamos está cerrada. Vuelta p’abajo, callejeando un poco, a ver si encontramos un sitio donde tomar algo. Entramos en un garito que pone disco-bar y dentro no hay más que 4 gatos. Y esto es una expresión, porque no es que dentro haya 4 felinos, pero podría haberlos porque en este país los hay por todos lados, ¡y son todos tan mansinos y peludinos….! Una cucada. Pedimos cerveza y hay una pila de camareros de corbata que agobia un poco. Nos ponen pincho de garbanzos secos con pistachos: nunca lo había visto. Entran unos tipos con pinta de mafiosos y se ponen en una esquina a trapichear: ¡menudo antro!. Luego salen a bailar dos parejas una especie de danza tradicional y Amador y Maru se apuntan con ellos. Y para rematar el espectáculo, una tía que está sentada frente a nosotros, salta a la pista y se pone a menear el esqueleto como una descosida, en plan reina de las pistas. ¡P’a matala! Elena y Maru se ponen a revolver entre los discos del DJ para ver si encuentran algo bailable y que no sea chunta-chunta. Como no tienen casi nada conocido, excepto Julio Iglesias, aguantamos solo un rato, pagamos la millonada y nos fuimos a dormir.
TURQUIA 2002 - DIA 6
9/11 SÁBADO
Hoy dedicaremos casi todo el día a ver las formaciones rocosas tan curiosas que caracterizan a la Capadocia. Comenzamos con las iglesias rupestres de Göreme: grandes monolitos de toba en los que vivían religiosos y donde excavaron numerosas iglesias, inicialmente decoradas con frescos pintados en rojo y formas simples. Algunas de ellas están repintadas con escenas de la vida de Cristo realizadas en vivos colores. Extraordinarias.
Continuamos dando un paseo hacia el valle de “Bil Clinton”, nombre cachondo dado a un valle formado por tobas muy altas y rectas terminadas en un capuchón de basalto que a alguien le debió de recordar al miembro viril del USA-president. La verdad es que es la monda pasear por aquí y realmente esto parece un bosque de pirulillas erectas. El cachondeo que nos traemos no es para menos. Amador se hizo una foto que como salga es para enmarcar.
Seguimos tour hasta Zelve, otra zona volcánica donde existe una aldea muy antigua excavada en la roca y donde llegó a vivir mucha gente, creo que nos mencionaron unas 1000 personas. Recorrimos el valle visitando sus casas, iglesias, molino,… La verdad es que es un poco complicado imaginar sus condiciones de vida, pero es realmente alucinante.
Paramos a comer en un restaurante cuya decoración imita a una antigua posada. Hoy nos dan comidita similar a la nuestra: sopa de verduras, pan con tomate, un rollito relleno, tortilla de patata y luego a escoger entre ternera, pollo o trucha. De postre helado con macedonia.
Después de reponer fuerzas continuamos con la visita de las ciudades de Uchisar y Ortahisar. Hacemos fotos de las casas trogloditas y aprovechamos para hacer alguna compra en los distintos puestecillos que hay de paso. Subimos a una zona alta para hacer fotos del “valle de los palomares”, otro tipo de excavaciones en la roca pero solo para pájaros. El motivo de su construcción no era más que para recoger sus excrementos y abonar esta zona tan árida. También visitamos el “valle del blanco de nieve” en el que la erosión moldeó de tal forma las rocas que parecen montones de nata montada adornando un flan. Y entre medias de todo esto hicimos una parada en una tienda de alfombras con taller artesanal en la que nos explican todo el proceso de fabricación. Muy chulis pero muy caras; no tenemos presupuesto para cambiar las del hotel. Luego paramos en otra tienda de onix, oro, plata y espuma de mar para hacer pipas. Yo, para no variar, no compro nada en ninguno de los dos sitios.
Regresamos al hotel a las 5’30 y todos de cabeza a un baño turco menos el bulto sospechoso del grupo, servidora para más señas. ¡A ver si no de dónde voy a sacar tiempo para escribir todo esto!. Además me quedo de encargada de las pertenencias de algunos compañeros de tour porque nos han comentado que en este hotel ya han robado en varias habitaciones. ¡Mira si son chorizos! Y eso que no lo comen.
Los del baño me cuentan que entre espesos vapores, froti-frotis con guante para quitar células muertas y demás refriegues, Maru, una de las segovianas, se llevó la sorpresa del día cuando el masajista turco que le habían asignado dejó reposar los huevillos en la palma de su mano. Ella, muy educada, y no teniendo intención de hacer una omelette, aguantó estoicamente la situación. Y aunque los demás digan que es una exagerada, que fue pura casualidad, yo estoy con ella en pensar que esas cosas si verdaderamente son sin querer duran apenas un par de segundos, no se acomodan a la espera de ver que sucede. Claro, que si estoy allí y lo veo, probablemente me parta de la risa, con perdón de la pobre chica.
Cuando bajamos a cenar sonó el teléfono de Mari Paz y al escuchar la voz del otro lado casi le da un paro. Era el alfombrero, el que nos explicó por la tarde como se hacían y comercializaban los kilims y alfombras, el mismo que logró venderle una a ella. Pues que quiere quedar, que si le parece bien a las 9’30 y que llevará a un amigo y, por tanto, que porqué no se lleva a Nuria con ella. Sin pensarselo mucho acepta y la Maru diciéndole que como que se van a ir, y ella qué, sola en el hotel no se piensa quedar, por supuesto que se va con ellas, faltaría más. ¡Parecen los hermanos Marx! Después de cenar, los asturianos salimos al bar a tomar algo. Que risa cuando aparece el trío, todo arregladito y con algún que otro nervio desatado. Y las caras que pusieron cuando apareció Temal o Tefal (tiene un nombre parecido a la marca de sartenes). Ahí van, a ver que nos cuentan mañana.
Hoy dedicaremos casi todo el día a ver las formaciones rocosas tan curiosas que caracterizan a la Capadocia. Comenzamos con las iglesias rupestres de Göreme: grandes monolitos de toba en los que vivían religiosos y donde excavaron numerosas iglesias, inicialmente decoradas con frescos pintados en rojo y formas simples. Algunas de ellas están repintadas con escenas de la vida de Cristo realizadas en vivos colores. Extraordinarias.
Continuamos dando un paseo hacia el valle de “Bil Clinton”, nombre cachondo dado a un valle formado por tobas muy altas y rectas terminadas en un capuchón de basalto que a alguien le debió de recordar al miembro viril del USA-president. La verdad es que es la monda pasear por aquí y realmente esto parece un bosque de pirulillas erectas. El cachondeo que nos traemos no es para menos. Amador se hizo una foto que como salga es para enmarcar.
Seguimos tour hasta Zelve, otra zona volcánica donde existe una aldea muy antigua excavada en la roca y donde llegó a vivir mucha gente, creo que nos mencionaron unas 1000 personas. Recorrimos el valle visitando sus casas, iglesias, molino,… La verdad es que es un poco complicado imaginar sus condiciones de vida, pero es realmente alucinante.
Paramos a comer en un restaurante cuya decoración imita a una antigua posada. Hoy nos dan comidita similar a la nuestra: sopa de verduras, pan con tomate, un rollito relleno, tortilla de patata y luego a escoger entre ternera, pollo o trucha. De postre helado con macedonia.
Después de reponer fuerzas continuamos con la visita de las ciudades de Uchisar y Ortahisar. Hacemos fotos de las casas trogloditas y aprovechamos para hacer alguna compra en los distintos puestecillos que hay de paso. Subimos a una zona alta para hacer fotos del “valle de los palomares”, otro tipo de excavaciones en la roca pero solo para pájaros. El motivo de su construcción no era más que para recoger sus excrementos y abonar esta zona tan árida. También visitamos el “valle del blanco de nieve” en el que la erosión moldeó de tal forma las rocas que parecen montones de nata montada adornando un flan. Y entre medias de todo esto hicimos una parada en una tienda de alfombras con taller artesanal en la que nos explican todo el proceso de fabricación. Muy chulis pero muy caras; no tenemos presupuesto para cambiar las del hotel. Luego paramos en otra tienda de onix, oro, plata y espuma de mar para hacer pipas. Yo, para no variar, no compro nada en ninguno de los dos sitios.
Regresamos al hotel a las 5’30 y todos de cabeza a un baño turco menos el bulto sospechoso del grupo, servidora para más señas. ¡A ver si no de dónde voy a sacar tiempo para escribir todo esto!. Además me quedo de encargada de las pertenencias de algunos compañeros de tour porque nos han comentado que en este hotel ya han robado en varias habitaciones. ¡Mira si son chorizos! Y eso que no lo comen.
Los del baño me cuentan que entre espesos vapores, froti-frotis con guante para quitar células muertas y demás refriegues, Maru, una de las segovianas, se llevó la sorpresa del día cuando el masajista turco que le habían asignado dejó reposar los huevillos en la palma de su mano. Ella, muy educada, y no teniendo intención de hacer una omelette, aguantó estoicamente la situación. Y aunque los demás digan que es una exagerada, que fue pura casualidad, yo estoy con ella en pensar que esas cosas si verdaderamente son sin querer duran apenas un par de segundos, no se acomodan a la espera de ver que sucede. Claro, que si estoy allí y lo veo, probablemente me parta de la risa, con perdón de la pobre chica.
Cuando bajamos a cenar sonó el teléfono de Mari Paz y al escuchar la voz del otro lado casi le da un paro. Era el alfombrero, el que nos explicó por la tarde como se hacían y comercializaban los kilims y alfombras, el mismo que logró venderle una a ella. Pues que quiere quedar, que si le parece bien a las 9’30 y que llevará a un amigo y, por tanto, que porqué no se lleva a Nuria con ella. Sin pensarselo mucho acepta y la Maru diciéndole que como que se van a ir, y ella qué, sola en el hotel no se piensa quedar, por supuesto que se va con ellas, faltaría más. ¡Parecen los hermanos Marx! Después de cenar, los asturianos salimos al bar a tomar algo. Que risa cuando aparece el trío, todo arregladito y con algún que otro nervio desatado. Y las caras que pusieron cuando apareció Temal o Tefal (tiene un nombre parecido a la marca de sartenes). Ahí van, a ver que nos cuentan mañana.
TURQUIA 2002 - DIA 5
8/11 VIERNES
Salimos a las 6 rumbo a la Capadocia. Nos pasamos toda la mañana en el autobús hasta las 12 y pico que fue cuando llegamos a Konya, y menuda “coña” con el nombrecito. Visitamos el Mausoleo de Mevlana, el fundador de la secta místico-religiosa de los derviches danzantes. Luego nos llevaron a comer a una posada de caravanas del siglo XI, una chulada, pero la comida no tanto porque le echan a todo unos hierbajos que le dan un sabor imposible para mi paladar. Y creo que no soy la única porque la sopa fue unánimemente rechazada por todos.
Otra vez p’al autobús. Es ya nuestra segunda casa. Después de una de las muchas paradas técnicas (nombre “fisno” p’a decir que paramos a mear), nos pusimos a jugar a las películas. Nos divertimos de lo lindo hasta las 6 y pico. A esa hora llegamos a Avanos y hoy nuestro hotel se llama Yiltok. Tenemos 2 horas para asearnos y cenar porque a las 8’30 salimos a ver un espectáculo de derviches, una de las excursiones opcionales del programa y que por lo tanto valen dinerito, creo que fueron unos 30 €. A la hora establecida aún estamos esperando por la guía que se ha dormido y por tanto se ha quedado sin cenar. Menos mal que ésta no sigue el ramadán y come cuando le da la gana y fuma y hace todo lo que está prohibido. Muy bien por ella, a ver si en estos países dejan de lado el fanatismo de una santa vez.
Centrándonos en el espectáculo, éste se realiza en una antigua posada de caravanas. Nos acomodan en nuestros asientos y nos recuerdan la prohibición de usar flash para no desconcentrar a los monjes. La ceremonia se compone de varias fases. Hay unos músicos interpretando algo místico y muy raro que suena a desafinado pero que por lo visto es muy difícil de tocar, aunque a mi me parece que son los mismos ruidos que hago yo cuando intento tocar la flauta; otro canta en alto pasajes del corán, aunque podría ser otra cosa porque yo no entiendo ni papa; luego está el jefe de la banda que se coloca encima de una piel de cordero teñida de rojo, p’a que se sepa quien manda allí, y finalmente los 4 que van a bailar se sitúan encima de unas pieles de cordero blancas que deben de ser para que no les enfríe el trasero cuando se sientan. Se saludan un montón de veces, como si no se hubiesen visto en la vida, y según va cambiando la música van bailando totalmente concentrados dando vueltas sin parar: la cabeza inclinada hacia la derecha y los brazos en alto, el derecho con la mano hacia arriba y el izquierdo con la palma hacia abajo. Todo muy curioso, pero estamos tan cansados que nos da sueño. Al terminar el espectáculo encienden las luces y vuelven a salir para que les podamos hacer fotos. Luego nos dan té de canela en un reservado decorado con chismes antiguos y nos invitan a fumar de una cachimba. Cuando llegamos al hotel nos tomamos una cerveza en el bar y a las 12 nos fuimos a la cama, que ya es hora y estamos que no podemos ni con las pestañas.
Salimos a las 6 rumbo a la Capadocia. Nos pasamos toda la mañana en el autobús hasta las 12 y pico que fue cuando llegamos a Konya, y menuda “coña” con el nombrecito. Visitamos el Mausoleo de Mevlana, el fundador de la secta místico-religiosa de los derviches danzantes. Luego nos llevaron a comer a una posada de caravanas del siglo XI, una chulada, pero la comida no tanto porque le echan a todo unos hierbajos que le dan un sabor imposible para mi paladar. Y creo que no soy la única porque la sopa fue unánimemente rechazada por todos.
Otra vez p’al autobús. Es ya nuestra segunda casa. Después de una de las muchas paradas técnicas (nombre “fisno” p’a decir que paramos a mear), nos pusimos a jugar a las películas. Nos divertimos de lo lindo hasta las 6 y pico. A esa hora llegamos a Avanos y hoy nuestro hotel se llama Yiltok. Tenemos 2 horas para asearnos y cenar porque a las 8’30 salimos a ver un espectáculo de derviches, una de las excursiones opcionales del programa y que por lo tanto valen dinerito, creo que fueron unos 30 €. A la hora establecida aún estamos esperando por la guía que se ha dormido y por tanto se ha quedado sin cenar. Menos mal que ésta no sigue el ramadán y come cuando le da la gana y fuma y hace todo lo que está prohibido. Muy bien por ella, a ver si en estos países dejan de lado el fanatismo de una santa vez.
Centrándonos en el espectáculo, éste se realiza en una antigua posada de caravanas. Nos acomodan en nuestros asientos y nos recuerdan la prohibición de usar flash para no desconcentrar a los monjes. La ceremonia se compone de varias fases. Hay unos músicos interpretando algo místico y muy raro que suena a desafinado pero que por lo visto es muy difícil de tocar, aunque a mi me parece que son los mismos ruidos que hago yo cuando intento tocar la flauta; otro canta en alto pasajes del corán, aunque podría ser otra cosa porque yo no entiendo ni papa; luego está el jefe de la banda que se coloca encima de una piel de cordero teñida de rojo, p’a que se sepa quien manda allí, y finalmente los 4 que van a bailar se sitúan encima de unas pieles de cordero blancas que deben de ser para que no les enfríe el trasero cuando se sientan. Se saludan un montón de veces, como si no se hubiesen visto en la vida, y según va cambiando la música van bailando totalmente concentrados dando vueltas sin parar: la cabeza inclinada hacia la derecha y los brazos en alto, el derecho con la mano hacia arriba y el izquierdo con la palma hacia abajo. Todo muy curioso, pero estamos tan cansados que nos da sueño. Al terminar el espectáculo encienden las luces y vuelven a salir para que les podamos hacer fotos. Luego nos dan té de canela en un reservado decorado con chismes antiguos y nos invitan a fumar de una cachimba. Cuando llegamos al hotel nos tomamos una cerveza en el bar y a las 12 nos fuimos a la cama, que ya es hora y estamos que no podemos ni con las pestañas.
TURQUIA 2002 - DIA 4
7/11 JUEVES
Salimos a las 8 hacia Meyermana Evi, una casita en la que se supone que vivió la Virgen María los últimos años de su vida. Yo como no creo mucho en esas cosas no me pareció una visita muy interesante. Mi hermana puso velas y todo ese rollo. Y luego afuera hay unos grifos con agua milagrosa o algo por el estilo y se llevó una botella. También bebimos un trago, pero sabe a rayos y no descarto posteriores consecuencias. Y se me olvidaba lo del muro donde dejas un papelín con tus deseos. Si se entera “Paquito chocolarero” de ésto seguro que monta algo parecido en Soto. Porque tenemos iglesia, con casa al lado y muro con fuente centenaria: vamos, que se forra en tres días y encima les venderá papeletas p’a la tongo-rifa.
Continuamos hasta la acrópolis de Éfeso donde se encuentra uno de los conjuntos de restos romanos más importantes de Asia Menor. Paseamos por sus avenidas y visitamos los baños, el prostíbulo, los templos, las áreas comerciales, la gran biblioteca de Celso y el teatro. En una de las losas de la calle hay una especie de grabado publicitario: un corazón partido, unas monedas, la imagen de una bella mujer y la huella de un pie indicando una dirección. Significado: si tienes el corazón partido y tu pie es mayor que el de la huella (así no iban niños), sigue la dirección y por una módica cantidad de dinero una bella señorita te complacerá.
Después de la visita nos vamos a comer y hoy nos sorprenden con una ensalada de hierbajos que no nos gustan, una especie de pastel de macarrones con bechamel que sabe a rayos, un rollito de primavera relleno de patata y verdura inidentificable y una cazuela de patatas guisadas con ternera que fue lo que mejor admitió mi paladar. De postre hay bizcocho con mandarina. Y para rematar Amador, Nuria y Paz piden un té de manzana que tiene un color igualito al fregasuelos que usamos en el bar.
De vuelta al autobús nos notifican que aún nos quedan 3 horas hasta Pamukale. Las carreteras son muy malas y el bus se mueve mucho. Además el conductor pone la calefacción y el aire acondicionado todo a la vez: nos vamos a poner malísimos. Alrededor de las 4 llegamos a la necrópolis de Pamukale: la ciudad de los muertos, todo lleno de tumbas de muy diversas formas. Las hay tipo sarcófago, tipo casita, tipo hórreo gallego, redondas con un puntín encima tipo boina,… Nos hacemos fotos y Elena se tumba dentro de una p’a que inmortalicemos la gracia del día. A 500 m. tenemos las cascadas calcáreas de Pamukale, aunque ya casi no tienen agua y ya no son tan blancas. Aquí pasa como en España pero más a lo bestia y sin esconderse de nada. Es el caso del típico espabilado situado en un puesto influyente que vende los manantiales a un grupo de mafiosos que posteriormente construirán complejos hoteleros de aguas termales sin tener en cuenta el impacto medioambiental y el daño natural producido. Menos mal que recientemente un grupo ecologista ganó la demanda interpuesta y ya se han derribado 4 de los 5 que se habían construido.
Y siguiendo con las cascadas pues solo nos pudimos mojar las piernas hasta la pantorrilla. El agua está ¡calentina, calentina!, pero es una situación un poco incómoda con toda la gente intentando meter los pies en el mismo sitio. Además hay sitios en los que hay que cruzarse con mucho cuidado porque igual te despeñas monte abajo. Esto en agosto tiene que ser brutal. De todos modos el paisaje es espectacular, toda una maravilla de la naturaleza. Parece que está totalmente nevado y tu en manga corta y descalza. Una pena que ya no caiga el agua por las cascadas: posiblemente con el tiempo lleguen a desaparecer.
Hoy el hotel lo tenemos casi al lado de este tremendo paisaje, a unos 5 minutos. Y tiene piscina de agua termal así que en cuanto nos dieron la llave de la habitación nos pusimos el bañador y ¡al agua patos!. Cuando llegamos ya estaban en remojo Amador y Elena. Con gran valor conseguí meterme en aquellas aguas marrones que quemaban. Pensé que no haría pie porque como a los demás les llegaba el agua al cuello y dada mi estatura,…. Pero estaban agachados los muy cerdos y yo cagada de miedo. En fin, que no era para tanto y además a los 3 minutos ya se te ha acostumbrado el cuerpo al calorcito y se lleva muy bien. El problema es que te quedas de un arrugado que ni con vaporeta te vuelven a estirar. Para Amador esto es igual que el lago Ness por la cantidad de monstruos que lo pueblan (de la 3ª edad se entiende). Estuvimos algo más de media hora esperando por el resto del grupo, pero como no apareció nadie nos fuimos a cambiar a la habitación para ir a cenar. Mañana nos levantaremos a las 5 porque tenemos un trayecto de 12 horas hasta la Capadoccia.
Después de la cena intentamos tomar algo en el bar pero como no había sitio bajamos hasta la discoteca. Estaba muy oscuro y comenzaba a llenarse de alemanes. Nos sentamos en una esquina y pedimos unas cervezas. En esas entra una tía con modelito de tetero-lentejuelas y pantalones Elvis Presley pero “rotos” por los laterales. Empieza a menear las caderas y a tocar unos platillos que lleva en los dedos. Cuando se cansó del clin, clin, clin y de su “exótica” danza, empezó a sacar a unos tíos a bailar y casi sin enterarnos se nos llevó al paisanín del grupo, le mandó quitarse la camisa y ¡hala!, “movimiento sepsi”. Después de las patochadas que habían hecho los dinosaurios alemanes, el representante de España estaba ya con la medalla de oro colgada al cuello. Luego se puso a sacar a las mujeres y a continuación se pasó por las mesas haciendo tonterías para que le metiesen dinero en el canalillo y aprovechar para hacer fotos. Amador le dio 250.000 liras (unas 30 pelas) y va que arde. A las 10 nosotras tres nos fuimos a la cama, estoy muerta y me duele mucho el coco. Los otros dos se quedaron bailando un rato más en la sauna-disco, porque hace un calor horroroso. Espero que no les dé algo.
Salimos a las 8 hacia Meyermana Evi, una casita en la que se supone que vivió la Virgen María los últimos años de su vida. Yo como no creo mucho en esas cosas no me pareció una visita muy interesante. Mi hermana puso velas y todo ese rollo. Y luego afuera hay unos grifos con agua milagrosa o algo por el estilo y se llevó una botella. También bebimos un trago, pero sabe a rayos y no descarto posteriores consecuencias. Y se me olvidaba lo del muro donde dejas un papelín con tus deseos. Si se entera “Paquito chocolarero” de ésto seguro que monta algo parecido en Soto. Porque tenemos iglesia, con casa al lado y muro con fuente centenaria: vamos, que se forra en tres días y encima les venderá papeletas p’a la tongo-rifa.
Continuamos hasta la acrópolis de Éfeso donde se encuentra uno de los conjuntos de restos romanos más importantes de Asia Menor. Paseamos por sus avenidas y visitamos los baños, el prostíbulo, los templos, las áreas comerciales, la gran biblioteca de Celso y el teatro. En una de las losas de la calle hay una especie de grabado publicitario: un corazón partido, unas monedas, la imagen de una bella mujer y la huella de un pie indicando una dirección. Significado: si tienes el corazón partido y tu pie es mayor que el de la huella (así no iban niños), sigue la dirección y por una módica cantidad de dinero una bella señorita te complacerá.
Después de la visita nos vamos a comer y hoy nos sorprenden con una ensalada de hierbajos que no nos gustan, una especie de pastel de macarrones con bechamel que sabe a rayos, un rollito de primavera relleno de patata y verdura inidentificable y una cazuela de patatas guisadas con ternera que fue lo que mejor admitió mi paladar. De postre hay bizcocho con mandarina. Y para rematar Amador, Nuria y Paz piden un té de manzana que tiene un color igualito al fregasuelos que usamos en el bar.
De vuelta al autobús nos notifican que aún nos quedan 3 horas hasta Pamukale. Las carreteras son muy malas y el bus se mueve mucho. Además el conductor pone la calefacción y el aire acondicionado todo a la vez: nos vamos a poner malísimos. Alrededor de las 4 llegamos a la necrópolis de Pamukale: la ciudad de los muertos, todo lleno de tumbas de muy diversas formas. Las hay tipo sarcófago, tipo casita, tipo hórreo gallego, redondas con un puntín encima tipo boina,… Nos hacemos fotos y Elena se tumba dentro de una p’a que inmortalicemos la gracia del día. A 500 m. tenemos las cascadas calcáreas de Pamukale, aunque ya casi no tienen agua y ya no son tan blancas. Aquí pasa como en España pero más a lo bestia y sin esconderse de nada. Es el caso del típico espabilado situado en un puesto influyente que vende los manantiales a un grupo de mafiosos que posteriormente construirán complejos hoteleros de aguas termales sin tener en cuenta el impacto medioambiental y el daño natural producido. Menos mal que recientemente un grupo ecologista ganó la demanda interpuesta y ya se han derribado 4 de los 5 que se habían construido.
Y siguiendo con las cascadas pues solo nos pudimos mojar las piernas hasta la pantorrilla. El agua está ¡calentina, calentina!, pero es una situación un poco incómoda con toda la gente intentando meter los pies en el mismo sitio. Además hay sitios en los que hay que cruzarse con mucho cuidado porque igual te despeñas monte abajo. Esto en agosto tiene que ser brutal. De todos modos el paisaje es espectacular, toda una maravilla de la naturaleza. Parece que está totalmente nevado y tu en manga corta y descalza. Una pena que ya no caiga el agua por las cascadas: posiblemente con el tiempo lleguen a desaparecer.
Hoy el hotel lo tenemos casi al lado de este tremendo paisaje, a unos 5 minutos. Y tiene piscina de agua termal así que en cuanto nos dieron la llave de la habitación nos pusimos el bañador y ¡al agua patos!. Cuando llegamos ya estaban en remojo Amador y Elena. Con gran valor conseguí meterme en aquellas aguas marrones que quemaban. Pensé que no haría pie porque como a los demás les llegaba el agua al cuello y dada mi estatura,…. Pero estaban agachados los muy cerdos y yo cagada de miedo. En fin, que no era para tanto y además a los 3 minutos ya se te ha acostumbrado el cuerpo al calorcito y se lleva muy bien. El problema es que te quedas de un arrugado que ni con vaporeta te vuelven a estirar. Para Amador esto es igual que el lago Ness por la cantidad de monstruos que lo pueblan (de la 3ª edad se entiende). Estuvimos algo más de media hora esperando por el resto del grupo, pero como no apareció nadie nos fuimos a cambiar a la habitación para ir a cenar. Mañana nos levantaremos a las 5 porque tenemos un trayecto de 12 horas hasta la Capadoccia.
Después de la cena intentamos tomar algo en el bar pero como no había sitio bajamos hasta la discoteca. Estaba muy oscuro y comenzaba a llenarse de alemanes. Nos sentamos en una esquina y pedimos unas cervezas. En esas entra una tía con modelito de tetero-lentejuelas y pantalones Elvis Presley pero “rotos” por los laterales. Empieza a menear las caderas y a tocar unos platillos que lleva en los dedos. Cuando se cansó del clin, clin, clin y de su “exótica” danza, empezó a sacar a unos tíos a bailar y casi sin enterarnos se nos llevó al paisanín del grupo, le mandó quitarse la camisa y ¡hala!, “movimiento sepsi”. Después de las patochadas que habían hecho los dinosaurios alemanes, el representante de España estaba ya con la medalla de oro colgada al cuello. Luego se puso a sacar a las mujeres y a continuación se pasó por las mesas haciendo tonterías para que le metiesen dinero en el canalillo y aprovechar para hacer fotos. Amador le dio 250.000 liras (unas 30 pelas) y va que arde. A las 10 nosotras tres nos fuimos a la cama, estoy muerta y me duele mucho el coco. Los otros dos se quedaron bailando un rato más en la sauna-disco, porque hace un calor horroroso. Espero que no les dé algo.
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TURQUIA 2002 - DIA 3
6/11 MIERCOLES
A las 7 de la mañana me despierta el móvil de Patri. Tengo las narices resecas y los ojos rojos y sin vidilla. Tanta calefacción me está matando.
Hoy el desayuno ha estado muy bien. He preparado unas tostadas con mantequilla que me han sabido a gloria y me he comido una mandarina para ver si se me descongestionan las tripas. Los bollos dulces no los he probado y el café es Nescafé aguado al que hay que echarle ingentes cantidades de azucar para que sepa a algo, yo 7 terrones, pero es que aquí son muy pequeños. Elena casi no desayuna porque no le gusta nada de lo que hay. Y las de Segovia no han pegado ojo porque han tenido a unos tipos tocando el tambor bajo su ventana, suponemos que será porque empieza el ramadán.
Salimos a las 8’15 para Pérgamo: son 4 horas de viaje. Llueve a mares y esto no tiene pinta de parar. Llegamos poco después del mediodía y aunque ha amainado un poco seguro que nos ponemos como sopas. Comenzamos la visita de la acrópolis donde vemos los restos de los templos de Dionisos y Trajano. Y lo mejor de todo es la visita al teatro romano más inclinado del mundo, una gozada.
Nos llevan a comer a un restaurante en el que los baños son dignos de mención pues están bastante apartados, llenos de goteras y totalmente encharcados. Y con el diluvio que está cayendo tienen su gracia, por el exotismo, claro, porque entre bajar los pantalones, arremangar las perneras para que no se empapen y evitar que se te moje el culo, te da tiempo a echarte unas risas. Siguiendo con la comida hoy tenemos buffet. Yo me como una especie de patatas guisadas con unas albóndigas que no me gustan y unos espaguettis con pollo. De postre un mega-yogur, como dice Elena para la que últimamente todo es mega…, nada de grande o muy grande porque “mola” más esa palabreja. Ya verás cuando empiece a decir que todo es giga-guay o tera-simpático, por seguir con la terminología de los bytes informáticos.
Finalizado el tentempié visitamos el Asclepión, una especie de hospital de lo más famoso de la antigüedad donde la gente iba a curarse a base de plantas y aguas termales, sin dejar de un lado grandes dosis de fe porque si no lo tenías chungo. Además si cuando llegabas te veían muy pocho ya no te atendían y te enviaban a Pamukale a ver si sus aguas termales obraban el milagro. Ebru nos cuenta el caso de un chico gravemente enfermo al que no quisieron atender, el cual, ante la desesperación decide suicidarse bebiendo el veneno de dos serpientes. Pero empezó a mejorar y cuando estuvo totalmente curado regresó para contarlo. Allí le dijeron lo mismo que te dicen en la Seguridad Social: que ya les parecía a ellos que lo que él tenía podía curarse con el veneno, pero que como no estaban seguros de las cantidades a recetar por eso no se lo habían dado. Actualmente te atiborran de pastillas sin tener ni idea de si han acertado con el diagnóstico. Así que p’al caso…. En fin, que según Ebru, el símbolo de los médicos con las dos serpientes salió de esta historia.
Nos vamos de Pérgamo hacia el área de Esmirna donde encontraremos el hotel de turno. Pero ya hace un montón de kilómetros que hemos pasado la dichosa ciudad y o el área es infinita o ya nos estamos interseccionando con la siguiente. ¡Hasta Éfeso hemos llegado! Estos tipos redactan los itinerarios de viaje sin recorrer previamente las distancias. El autobús se paró en el hotel Hitita, un 4 estrellas. Hoy nos ha tocado una habitación del tamaño de una mesa de pinpong si comparamos la de ayer con un campo de tenis. Tenemos tres caminas totalmente juntas y un baño con una ducha rebelde contra la que batallé arduamente hasta hacerme con el control de la situación, aunque creo que ganó ella porque lo puse todo pingando. Bajamos a las 8’30 a cenar y también hay buffet, casi con las mismas cosas de todos los días. Luego nos quedamos con las segovianas tomando raki y riéndonos de lo lindo a costa de Elena que nos estuvo leyendo una revista en alemán y una novela tipo Jazmín, pero en inglés. Era igual que el “Pozí” con el “AmaRosa”.
A las 7 de la mañana me despierta el móvil de Patri. Tengo las narices resecas y los ojos rojos y sin vidilla. Tanta calefacción me está matando.
Hoy el desayuno ha estado muy bien. He preparado unas tostadas con mantequilla que me han sabido a gloria y me he comido una mandarina para ver si se me descongestionan las tripas. Los bollos dulces no los he probado y el café es Nescafé aguado al que hay que echarle ingentes cantidades de azucar para que sepa a algo, yo 7 terrones, pero es que aquí son muy pequeños. Elena casi no desayuna porque no le gusta nada de lo que hay. Y las de Segovia no han pegado ojo porque han tenido a unos tipos tocando el tambor bajo su ventana, suponemos que será porque empieza el ramadán.
Salimos a las 8’15 para Pérgamo: son 4 horas de viaje. Llueve a mares y esto no tiene pinta de parar. Llegamos poco después del mediodía y aunque ha amainado un poco seguro que nos ponemos como sopas. Comenzamos la visita de la acrópolis donde vemos los restos de los templos de Dionisos y Trajano. Y lo mejor de todo es la visita al teatro romano más inclinado del mundo, una gozada.
Nos llevan a comer a un restaurante en el que los baños son dignos de mención pues están bastante apartados, llenos de goteras y totalmente encharcados. Y con el diluvio que está cayendo tienen su gracia, por el exotismo, claro, porque entre bajar los pantalones, arremangar las perneras para que no se empapen y evitar que se te moje el culo, te da tiempo a echarte unas risas. Siguiendo con la comida hoy tenemos buffet. Yo me como una especie de patatas guisadas con unas albóndigas que no me gustan y unos espaguettis con pollo. De postre un mega-yogur, como dice Elena para la que últimamente todo es mega…, nada de grande o muy grande porque “mola” más esa palabreja. Ya verás cuando empiece a decir que todo es giga-guay o tera-simpático, por seguir con la terminología de los bytes informáticos.
Finalizado el tentempié visitamos el Asclepión, una especie de hospital de lo más famoso de la antigüedad donde la gente iba a curarse a base de plantas y aguas termales, sin dejar de un lado grandes dosis de fe porque si no lo tenías chungo. Además si cuando llegabas te veían muy pocho ya no te atendían y te enviaban a Pamukale a ver si sus aguas termales obraban el milagro. Ebru nos cuenta el caso de un chico gravemente enfermo al que no quisieron atender, el cual, ante la desesperación decide suicidarse bebiendo el veneno de dos serpientes. Pero empezó a mejorar y cuando estuvo totalmente curado regresó para contarlo. Allí le dijeron lo mismo que te dicen en la Seguridad Social: que ya les parecía a ellos que lo que él tenía podía curarse con el veneno, pero que como no estaban seguros de las cantidades a recetar por eso no se lo habían dado. Actualmente te atiborran de pastillas sin tener ni idea de si han acertado con el diagnóstico. Así que p’al caso…. En fin, que según Ebru, el símbolo de los médicos con las dos serpientes salió de esta historia.
Nos vamos de Pérgamo hacia el área de Esmirna donde encontraremos el hotel de turno. Pero ya hace un montón de kilómetros que hemos pasado la dichosa ciudad y o el área es infinita o ya nos estamos interseccionando con la siguiente. ¡Hasta Éfeso hemos llegado! Estos tipos redactan los itinerarios de viaje sin recorrer previamente las distancias. El autobús se paró en el hotel Hitita, un 4 estrellas. Hoy nos ha tocado una habitación del tamaño de una mesa de pinpong si comparamos la de ayer con un campo de tenis. Tenemos tres caminas totalmente juntas y un baño con una ducha rebelde contra la que batallé arduamente hasta hacerme con el control de la situación, aunque creo que ganó ella porque lo puse todo pingando. Bajamos a las 8’30 a cenar y también hay buffet, casi con las mismas cosas de todos los días. Luego nos quedamos con las segovianas tomando raki y riéndonos de lo lindo a costa de Elena que nos estuvo leyendo una revista en alemán y una novela tipo Jazmín, pero en inglés. Era igual que el “Pozí” con el “AmaRosa”.
TURQUIA 2002 - DIA 2
5/11 MARTES
Primer día de desayuno y para inaugurarlo hemos sido las primeras en bajar. Pero teníamos hambre, la cena de ayer no habíamos sido capaces de terminarla (por lo mala que era), y menuda sorpresa de desayuno, no había nada atrayente que llevarse a la boca, así que nos tuvimos que conformar con un trocito de pan gomoso, mantequilla y mermelada. El café, de correr y no parar. Lo mejor fue ver la cara de Elena buscando bizcocho, croisant o similar.
Bajamos las maletas a recepción y nos juntamos con otras 6 mozas. Llega la guía, muy moderna p’a ser turca, casi parece de nuestra tierra aunque los rasgos la delatan. Se llama Ebru, parecido al río. En el bus hay otras dos chicas esperando así que el grupo lo formamos 12 féminas y un machito: llamémosle el grupo del harem, Amador y sus concubinas.
Atravesamos el Cuerno de Oro, una gran ría de 7 km., hasta llegar al estrecho del Bósforo, el único camino hacia el Mediterráneo para los países del Mar Negro. Ya estamos en Asia, bueno, en la parte asiática de Estambul, una ciudad de 14 millones de habitantes que tiene una extensión de 80 km. de este a oeste y 150 km. de norte a sur. Vamos a coger el ferry que nos llevará por el mar de Mármara hasta otro punto más occidental donde de nuevo continuaremos en autobus hacia Bursa. Patri, Elsa y yo nos mareamos un poquito pero sin consecuencias.
Llegamos a Bursa, una de las ciudades más importantes de Turquía donde veremos la Mezquita Verde y el Mausoleo. Pero antes daremos una vuelta hasta la hora de comer porque hay un entierro y no podemos pasar. Hoy la comida está bastante más rica: sopa de tomate, ensalada como la de ayer y kebab de ternera, que es como una carne con salsa de tomate colocada encima de una torta de pan gorda que parece frita en mantequilla. Sabe como a pizza pero yo no consigo terminarlo. De postre un flan muy bueno.
Realizamos la visita cultural de los dos edificios mencionados y luego nos dieron hora y media para recorrer el mercado de la seda. Vienen con nosotros tres mozas segovianas que según ellas no saben regatear y flipan con Elena. Actualmente hay muy pocos turistas y ante el temor de la guerra en Irak, país con el que Turquía tiene frontera, necesitan dinero en efectivo por si vienen las vacas flacas; así que a intentar sacar buenos precios. Entramos en una tienda a comprar pañuelos, pashminas y cojines, y no nos salió nada mal la compra. Además nos dieron té de manzana. En otra de más adelante nos regalaron ojos de la suerte, unos chismes azules para protegerte del mal de ojo. Como ya se acercan las 5, hora de reunión con Ebru, realizamos una visita rápida a la Gran Mezquita y regresamos al bus para trasladarnos al hotel. De camino las segovianas nos preguntan que de donde somos. Amador les dice que de un pueblo de Asturias, pero para que se centren les dice que de Cudillero. Casi se mueren de la risa y nosotros alucinando y buscándole el chiste a la situación para ver si había que sacarles tarjeta roja o les perdonábamos la vida. Resultó ser que habían hecho apuestas sobre nuestra procedencia y una de ellas vaticinó que si éramos asturianos lo éramos de Cudillero. Y acertó, de chiripa, pero dio en el clavo. Posiblemente sea asidua de los programas de la Aramis o del Rappel.
Llegamos a las 5’30 al hotel Almira, un 5 estrellas, que no era lo que teníamos contratado pero mira que suerte hemos tenido. Y a continuación situación de no saber que hacer cuando no aparece el maletón de Elsa. Resulta que nosotros ni metemos ni sacamos las maletas del bus, siempre hay un chico que se encarga de ello y esta vez se le olvidó una en el maletero. Menos mal que el sobresalto solo duró 5 minutos. Subimos a la habitación y la nuestra resultó ser como un aeropuerto, con una cama de 1’50 p’a la Patri y otras dos de 90 p’a Elsa y p’a mi. Tenemos frutas de bienvenida y unos dulces de castaña. Y hay teléfono en el baño. En fin, que tenemos una suite para nosotras tres solitas. Comunicamos el evento a los otros dos, vienen a hacernos una visita, nos comen los dulces y nosotras preocupadas porque a ver si se han equivocado y nos tenemos que cambiar y pagar lo que se han tragado. Quedamos a las 8 para cenar. Entretanto nos aseamos, descansamos, escribo un rato y planeamos la post-cena. Amador y Elena se van de tour por el hotel y encuentran la piscina, los baños turcos, los bares, el pub, … El chico tiene una contractura en el cuello y aprovecha para darse un masaje de 12.000.000 de liras. Yo también tengo la espalda echa polvo, Elsa no digamos, y lo de Patri será sin comentarios. Elena dice que a ella también le duele pero no le hacemos caso.
Un apunte: en el techo de la habitación hay una flechina indicando hacia donde está la Meca.
Otro apunte: Notas sobre como matar un bicho verde que vuela a lo loco por la habitación. Se coge una servilleta, se aproxima una al bicho, se le tira la servilleta para que no sufra y para terminar se coge un plato y se le dan porrazos hasta que quede lo bastante espachurrado como para que sea imposible identificar su especie. ¡Si es que Elsa es una artista!
Hoy la cena es también de menú: sopa de tomate, entremeses muy raros y escalope con tallarines. De postre hay macedonia con helado. Nos quedamos de sobremesa con las segovianas y luego bajamos al bar a tomar algo. Allí nos enteramos de que trabajan en “timofónica” pero nos suplican que por favor no se lo recordemos porque están de vacaciones y necesitan desestresarse. Son muy simpáticas y es una pena que en Estambul no estemos en el mismo hotel. Se llaman Nuria, Mari Paz y Maria Eugenia, alias la “Maru”. Les regalamos nuestras frutas de bienvenida para ver si les sirven de remedio intestinal.
A las 11 y pico nos fuimos a dormir pero hace un calor en la habitación exagerado. Yo tengo que dormir toda destapada porque me va a dar algo.
Primer día de desayuno y para inaugurarlo hemos sido las primeras en bajar. Pero teníamos hambre, la cena de ayer no habíamos sido capaces de terminarla (por lo mala que era), y menuda sorpresa de desayuno, no había nada atrayente que llevarse a la boca, así que nos tuvimos que conformar con un trocito de pan gomoso, mantequilla y mermelada. El café, de correr y no parar. Lo mejor fue ver la cara de Elena buscando bizcocho, croisant o similar.
Bajamos las maletas a recepción y nos juntamos con otras 6 mozas. Llega la guía, muy moderna p’a ser turca, casi parece de nuestra tierra aunque los rasgos la delatan. Se llama Ebru, parecido al río. En el bus hay otras dos chicas esperando así que el grupo lo formamos 12 féminas y un machito: llamémosle el grupo del harem, Amador y sus concubinas.
Atravesamos el Cuerno de Oro, una gran ría de 7 km., hasta llegar al estrecho del Bósforo, el único camino hacia el Mediterráneo para los países del Mar Negro. Ya estamos en Asia, bueno, en la parte asiática de Estambul, una ciudad de 14 millones de habitantes que tiene una extensión de 80 km. de este a oeste y 150 km. de norte a sur. Vamos a coger el ferry que nos llevará por el mar de Mármara hasta otro punto más occidental donde de nuevo continuaremos en autobus hacia Bursa. Patri, Elsa y yo nos mareamos un poquito pero sin consecuencias.
Llegamos a Bursa, una de las ciudades más importantes de Turquía donde veremos la Mezquita Verde y el Mausoleo. Pero antes daremos una vuelta hasta la hora de comer porque hay un entierro y no podemos pasar. Hoy la comida está bastante más rica: sopa de tomate, ensalada como la de ayer y kebab de ternera, que es como una carne con salsa de tomate colocada encima de una torta de pan gorda que parece frita en mantequilla. Sabe como a pizza pero yo no consigo terminarlo. De postre un flan muy bueno.
Realizamos la visita cultural de los dos edificios mencionados y luego nos dieron hora y media para recorrer el mercado de la seda. Vienen con nosotros tres mozas segovianas que según ellas no saben regatear y flipan con Elena. Actualmente hay muy pocos turistas y ante el temor de la guerra en Irak, país con el que Turquía tiene frontera, necesitan dinero en efectivo por si vienen las vacas flacas; así que a intentar sacar buenos precios. Entramos en una tienda a comprar pañuelos, pashminas y cojines, y no nos salió nada mal la compra. Además nos dieron té de manzana. En otra de más adelante nos regalaron ojos de la suerte, unos chismes azules para protegerte del mal de ojo. Como ya se acercan las 5, hora de reunión con Ebru, realizamos una visita rápida a la Gran Mezquita y regresamos al bus para trasladarnos al hotel. De camino las segovianas nos preguntan que de donde somos. Amador les dice que de un pueblo de Asturias, pero para que se centren les dice que de Cudillero. Casi se mueren de la risa y nosotros alucinando y buscándole el chiste a la situación para ver si había que sacarles tarjeta roja o les perdonábamos la vida. Resultó ser que habían hecho apuestas sobre nuestra procedencia y una de ellas vaticinó que si éramos asturianos lo éramos de Cudillero. Y acertó, de chiripa, pero dio en el clavo. Posiblemente sea asidua de los programas de la Aramis o del Rappel.
Llegamos a las 5’30 al hotel Almira, un 5 estrellas, que no era lo que teníamos contratado pero mira que suerte hemos tenido. Y a continuación situación de no saber que hacer cuando no aparece el maletón de Elsa. Resulta que nosotros ni metemos ni sacamos las maletas del bus, siempre hay un chico que se encarga de ello y esta vez se le olvidó una en el maletero. Menos mal que el sobresalto solo duró 5 minutos. Subimos a la habitación y la nuestra resultó ser como un aeropuerto, con una cama de 1’50 p’a la Patri y otras dos de 90 p’a Elsa y p’a mi. Tenemos frutas de bienvenida y unos dulces de castaña. Y hay teléfono en el baño. En fin, que tenemos una suite para nosotras tres solitas. Comunicamos el evento a los otros dos, vienen a hacernos una visita, nos comen los dulces y nosotras preocupadas porque a ver si se han equivocado y nos tenemos que cambiar y pagar lo que se han tragado. Quedamos a las 8 para cenar. Entretanto nos aseamos, descansamos, escribo un rato y planeamos la post-cena. Amador y Elena se van de tour por el hotel y encuentran la piscina, los baños turcos, los bares, el pub, … El chico tiene una contractura en el cuello y aprovecha para darse un masaje de 12.000.000 de liras. Yo también tengo la espalda echa polvo, Elsa no digamos, y lo de Patri será sin comentarios. Elena dice que a ella también le duele pero no le hacemos caso.
Un apunte: en el techo de la habitación hay una flechina indicando hacia donde está la Meca.
Otro apunte: Notas sobre como matar un bicho verde que vuela a lo loco por la habitación. Se coge una servilleta, se aproxima una al bicho, se le tira la servilleta para que no sufra y para terminar se coge un plato y se le dan porrazos hasta que quede lo bastante espachurrado como para que sea imposible identificar su especie. ¡Si es que Elsa es una artista!
Hoy la cena es también de menú: sopa de tomate, entremeses muy raros y escalope con tallarines. De postre hay macedonia con helado. Nos quedamos de sobremesa con las segovianas y luego bajamos al bar a tomar algo. Allí nos enteramos de que trabajan en “timofónica” pero nos suplican que por favor no se lo recordemos porque están de vacaciones y necesitan desestresarse. Son muy simpáticas y es una pena que en Estambul no estemos en el mismo hotel. Se llaman Nuria, Mari Paz y Maria Eugenia, alias la “Maru”. Les regalamos nuestras frutas de bienvenida para ver si les sirven de remedio intestinal.
A las 11 y pico nos fuimos a dormir pero hace un calor en la habitación exagerado. Yo tengo que dormir toda destapada porque me va a dar algo.
TURQUIA 2002 - DIA 1
4/11 LUNES
Trasiego de bultos y personas por aviones y aeropuertos hasta la llegada a las 6’40 a Estambul, hora local (una más que en España). Mientras llegan las maletas aprovechamos para cambiar 50 € cada uno. La gracia de algo tan aparentemente simple surgió cuando nos dieron unos 400.000.000 de liras turcas a repartir entre cinco. Por primera vez en la vida nos sentimos como auténticos millonarios.
Nos recoge un autobús para conducirnos al hotel asignado; la mayoría vamos al Royal, unos para quedarse en la ciudad y otros para comenzar el tour hacia el interior del país. Estamos bastante cansados pero tenemos que buscar un sitio para cenar así que nada más dejar las maletas salimos del hotel y comenzamos a patear.
Esta ciudad está bastante sucia, no hay contenedores de basura, al menos por esta zona. La gente apila toda la porquería en unos tremendos montones entre los que rebuscan los pobres. Menuda impresión que me he llevado.
Comenzamos la caminata sin rumbo fijo. Pasamos por delante de dos mezquitas y Elena empieza a orientarse. Al cabo de un buen rato llegamos a un local que ella conoce y donde dice que se cena bien. Es un restaurante enfocado a los turistas donde unas mujeres cocinan en el centro del salón. Están sentadas en el suelo haciendo una especie de tortas que luego rellenan de carne. Un camarero bastante simpático se enrolla con nosotros, más bien con quien ya sabemos todos, y empieza la cháchara mitad en inglés mitad en español. Pedimos kebab de cordero, de pollo y de ternera, además de una ensalada de pepino, tomate y pimiento. A mi no me convenció mucho, digamos que más bien poco o nada, y encima tuve que cenar con agua. Y luego aquellos músicos tocando alrededor de nosotros y dejándome los tímpanos hechos polvo mientras intentan sacar a Elena a bailar. Pagamos 34.500.000 liras turcas. Estas cantidades nos van a volver locos; menos mal que haciendo cálculos resultan no ser más de 3.500 pelas (en euros no hay quien lo calcule). De camino al hotel paramos en un café típico con un patio lleno de alfombras por todos lados excepto en el techo, aunque no sería de extrañar porque estos musulmanes son obsesivos de las alfombras. Pedimos té y nos fumamos dos cachimbas. Un turco se pegó a Patri para preguntarle si éramos enfermeras, ¡menuda manera más tonta de entablar conversación!. También estaba interesado en lo que nos había costado el viaje. Pero no aguantó mucho con el interrogatorio porque mi hermanita contestaba con monosílabos para ver si el tipo se daba por aludido. Nos caemos de sueño, por lo que después de pagar la millonada de turno nos fuimos al hotel a descansar de una vez. Mañana a las 7 estaremos en pie.
Trasiego de bultos y personas por aviones y aeropuertos hasta la llegada a las 6’40 a Estambul, hora local (una más que en España). Mientras llegan las maletas aprovechamos para cambiar 50 € cada uno. La gracia de algo tan aparentemente simple surgió cuando nos dieron unos 400.000.000 de liras turcas a repartir entre cinco. Por primera vez en la vida nos sentimos como auténticos millonarios.
Nos recoge un autobús para conducirnos al hotel asignado; la mayoría vamos al Royal, unos para quedarse en la ciudad y otros para comenzar el tour hacia el interior del país. Estamos bastante cansados pero tenemos que buscar un sitio para cenar así que nada más dejar las maletas salimos del hotel y comenzamos a patear.
Esta ciudad está bastante sucia, no hay contenedores de basura, al menos por esta zona. La gente apila toda la porquería en unos tremendos montones entre los que rebuscan los pobres. Menuda impresión que me he llevado.
Comenzamos la caminata sin rumbo fijo. Pasamos por delante de dos mezquitas y Elena empieza a orientarse. Al cabo de un buen rato llegamos a un local que ella conoce y donde dice que se cena bien. Es un restaurante enfocado a los turistas donde unas mujeres cocinan en el centro del salón. Están sentadas en el suelo haciendo una especie de tortas que luego rellenan de carne. Un camarero bastante simpático se enrolla con nosotros, más bien con quien ya sabemos todos, y empieza la cháchara mitad en inglés mitad en español. Pedimos kebab de cordero, de pollo y de ternera, además de una ensalada de pepino, tomate y pimiento. A mi no me convenció mucho, digamos que más bien poco o nada, y encima tuve que cenar con agua. Y luego aquellos músicos tocando alrededor de nosotros y dejándome los tímpanos hechos polvo mientras intentan sacar a Elena a bailar. Pagamos 34.500.000 liras turcas. Estas cantidades nos van a volver locos; menos mal que haciendo cálculos resultan no ser más de 3.500 pelas (en euros no hay quien lo calcule). De camino al hotel paramos en un café típico con un patio lleno de alfombras por todos lados excepto en el techo, aunque no sería de extrañar porque estos musulmanes son obsesivos de las alfombras. Pedimos té y nos fumamos dos cachimbas. Un turco se pegó a Patri para preguntarle si éramos enfermeras, ¡menuda manera más tonta de entablar conversación!. También estaba interesado en lo que nos había costado el viaje. Pero no aguantó mucho con el interrogatorio porque mi hermanita contestaba con monosílabos para ver si el tipo se daba por aludido. Nos caemos de sueño, por lo que después de pagar la millonada de turno nos fuimos al hotel a descansar de una vez. Mañana a las 7 estaremos en pie.
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