lunes, 6 de abril de 2009

TURQUIA 2002 - DIA 3

6/11 MIERCOLES

A las 7 de la mañana me despierta el móvil de Patri. Tengo las narices resecas y los ojos rojos y sin vidilla. Tanta calefacción me está matando.
Hoy el desayuno ha estado muy bien. He preparado unas tostadas con mantequilla que me han sabido a gloria y me he comido una mandarina para ver si se me descongestionan las tripas. Los bollos dulces no los he probado y el café es Nescafé aguado al que hay que echarle ingentes cantidades de azucar para que sepa a algo, yo 7 terrones, pero es que aquí son muy pequeños. Elena casi no desayuna porque no le gusta nada de lo que hay. Y las de Segovia no han pegado ojo porque han tenido a unos tipos tocando el tambor bajo su ventana, suponemos que será porque empieza el ramadán.
Salimos a las 8’15 para Pérgamo: son 4 horas de viaje. Llueve a mares y esto no tiene pinta de parar. Llegamos poco después del mediodía y aunque ha amainado un poco seguro que nos ponemos como sopas. Comenzamos la visita de la acrópolis donde vemos los restos de los templos de Dionisos y Trajano. Y lo mejor de todo es la visita al teatro romano más inclinado del mundo, una gozada.
Nos llevan a comer a un restaurante en el que los baños son dignos de mención pues están bastante apartados, llenos de goteras y totalmente encharcados. Y con el diluvio que está cayendo tienen su gracia, por el exotismo, claro, porque entre bajar los pantalones, arremangar las perneras para que no se empapen y evitar que se te moje el culo, te da tiempo a echarte unas risas. Siguiendo con la comida hoy tenemos buffet. Yo me como una especie de patatas guisadas con unas albóndigas que no me gustan y unos espaguettis con pollo. De postre un mega-yogur, como dice Elena para la que últimamente todo es mega…, nada de grande o muy grande porque “mola” más esa palabreja. Ya verás cuando empiece a decir que todo es giga-guay o tera-simpático, por seguir con la terminología de los bytes informáticos.
Finalizado el tentempié visitamos el Asclepión, una especie de hospital de lo más famoso de la antigüedad donde la gente iba a curarse a base de plantas y aguas termales, sin dejar de un lado grandes dosis de fe porque si no lo tenías chungo. Además si cuando llegabas te veían muy pocho ya no te atendían y te enviaban a Pamukale a ver si sus aguas termales obraban el milagro. Ebru nos cuenta el caso de un chico gravemente enfermo al que no quisieron atender, el cual, ante la desesperación decide suicidarse bebiendo el veneno de dos serpientes. Pero empezó a mejorar y cuando estuvo totalmente curado regresó para contarlo. Allí le dijeron lo mismo que te dicen en la Seguridad Social: que ya les parecía a ellos que lo que él tenía podía curarse con el veneno, pero que como no estaban seguros de las cantidades a recetar por eso no se lo habían dado. Actualmente te atiborran de pastillas sin tener ni idea de si han acertado con el diagnóstico. Así que p’al caso…. En fin, que según Ebru, el símbolo de los médicos con las dos serpientes salió de esta historia.
Nos vamos de Pérgamo hacia el área de Esmirna donde encontraremos el hotel de turno. Pero ya hace un montón de kilómetros que hemos pasado la dichosa ciudad y o el área es infinita o ya nos estamos interseccionando con la siguiente. ¡Hasta Éfeso hemos llegado! Estos tipos redactan los itinerarios de viaje sin recorrer previamente las distancias. El autobús se paró en el hotel Hitita, un 4 estrellas. Hoy nos ha tocado una habitación del tamaño de una mesa de pinpong si comparamos la de ayer con un campo de tenis. Tenemos tres caminas totalmente juntas y un baño con una ducha rebelde contra la que batallé arduamente hasta hacerme con el control de la situación, aunque creo que ganó ella porque lo puse todo pingando. Bajamos a las 8’30 a cenar y también hay buffet, casi con las mismas cosas de todos los días. Luego nos quedamos con las segovianas tomando raki y riéndonos de lo lindo a costa de Elena que nos estuvo leyendo una revista en alemán y una novela tipo Jazmín, pero en inglés. Era igual que el “Pozí” con el “AmaRosa”.

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