lunes, 6 de abril de 2009

TURQUIA 2002 - DIA 1

4/11 LUNES

Trasiego de bultos y personas por aviones y aeropuertos hasta la llegada a las 6’40 a Estambul, hora local (una más que en España). Mientras llegan las maletas aprovechamos para cambiar 50 € cada uno. La gracia de algo tan aparentemente simple surgió cuando nos dieron unos 400.000.000 de liras turcas a repartir entre cinco. Por primera vez en la vida nos sentimos como auténticos millonarios.
Nos recoge un autobús para conducirnos al hotel asignado; la mayoría vamos al Royal, unos para quedarse en la ciudad y otros para comenzar el tour hacia el interior del país. Estamos bastante cansados pero tenemos que buscar un sitio para cenar así que nada más dejar las maletas salimos del hotel y comenzamos a patear.
Esta ciudad está bastante sucia, no hay contenedores de basura, al menos por esta zona. La gente apila toda la porquería en unos tremendos montones entre los que rebuscan los pobres. Menuda impresión que me he llevado.
Comenzamos la caminata sin rumbo fijo. Pasamos por delante de dos mezquitas y Elena empieza a orientarse. Al cabo de un buen rato llegamos a un local que ella conoce y donde dice que se cena bien. Es un restaurante enfocado a los turistas donde unas mujeres cocinan en el centro del salón. Están sentadas en el suelo haciendo una especie de tortas que luego rellenan de carne. Un camarero bastante simpático se enrolla con nosotros, más bien con quien ya sabemos todos, y empieza la cháchara mitad en inglés mitad en español. Pedimos kebab de cordero, de pollo y de ternera, además de una ensalada de pepino, tomate y pimiento. A mi no me convenció mucho, digamos que más bien poco o nada, y encima tuve que cenar con agua. Y luego aquellos músicos tocando alrededor de nosotros y dejándome los tímpanos hechos polvo mientras intentan sacar a Elena a bailar. Pagamos 34.500.000 liras turcas. Estas cantidades nos van a volver locos; menos mal que haciendo cálculos resultan no ser más de 3.500 pelas (en euros no hay quien lo calcule). De camino al hotel paramos en un café típico con un patio lleno de alfombras por todos lados excepto en el techo, aunque no sería de extrañar porque estos musulmanes son obsesivos de las alfombras. Pedimos té y nos fumamos dos cachimbas. Un turco se pegó a Patri para preguntarle si éramos enfermeras, ¡menuda manera más tonta de entablar conversación!. También estaba interesado en lo que nos había costado el viaje. Pero no aguantó mucho con el interrogatorio porque mi hermanita contestaba con monosílabos para ver si el tipo se daba por aludido. Nos caemos de sueño, por lo que después de pagar la millonada de turno nos fuimos al hotel a descansar de una vez. Mañana a las 7 estaremos en pie.

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