8/11 VIERNES
Salimos a las 6 rumbo a la Capadocia. Nos pasamos toda la mañana en el autobús hasta las 12 y pico que fue cuando llegamos a Konya, y menuda “coña” con el nombrecito. Visitamos el Mausoleo de Mevlana, el fundador de la secta místico-religiosa de los derviches danzantes. Luego nos llevaron a comer a una posada de caravanas del siglo XI, una chulada, pero la comida no tanto porque le echan a todo unos hierbajos que le dan un sabor imposible para mi paladar. Y creo que no soy la única porque la sopa fue unánimemente rechazada por todos.
Otra vez p’al autobús. Es ya nuestra segunda casa. Después de una de las muchas paradas técnicas (nombre “fisno” p’a decir que paramos a mear), nos pusimos a jugar a las películas. Nos divertimos de lo lindo hasta las 6 y pico. A esa hora llegamos a Avanos y hoy nuestro hotel se llama Yiltok. Tenemos 2 horas para asearnos y cenar porque a las 8’30 salimos a ver un espectáculo de derviches, una de las excursiones opcionales del programa y que por lo tanto valen dinerito, creo que fueron unos 30 €. A la hora establecida aún estamos esperando por la guía que se ha dormido y por tanto se ha quedado sin cenar. Menos mal que ésta no sigue el ramadán y come cuando le da la gana y fuma y hace todo lo que está prohibido. Muy bien por ella, a ver si en estos países dejan de lado el fanatismo de una santa vez.
Centrándonos en el espectáculo, éste se realiza en una antigua posada de caravanas. Nos acomodan en nuestros asientos y nos recuerdan la prohibición de usar flash para no desconcentrar a los monjes. La ceremonia se compone de varias fases. Hay unos músicos interpretando algo místico y muy raro que suena a desafinado pero que por lo visto es muy difícil de tocar, aunque a mi me parece que son los mismos ruidos que hago yo cuando intento tocar la flauta; otro canta en alto pasajes del corán, aunque podría ser otra cosa porque yo no entiendo ni papa; luego está el jefe de la banda que se coloca encima de una piel de cordero teñida de rojo, p’a que se sepa quien manda allí, y finalmente los 4 que van a bailar se sitúan encima de unas pieles de cordero blancas que deben de ser para que no les enfríe el trasero cuando se sientan. Se saludan un montón de veces, como si no se hubiesen visto en la vida, y según va cambiando la música van bailando totalmente concentrados dando vueltas sin parar: la cabeza inclinada hacia la derecha y los brazos en alto, el derecho con la mano hacia arriba y el izquierdo con la palma hacia abajo. Todo muy curioso, pero estamos tan cansados que nos da sueño. Al terminar el espectáculo encienden las luces y vuelven a salir para que les podamos hacer fotos. Luego nos dan té de canela en un reservado decorado con chismes antiguos y nos invitan a fumar de una cachimba. Cuando llegamos al hotel nos tomamos una cerveza en el bar y a las 12 nos fuimos a la cama, que ya es hora y estamos que no podemos ni con las pestañas.
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