lunes, 6 de abril de 2009

TURQUIA 2002 - DIA 7

10/11 DOMINGO

No sé que narices hemos hecho con los despertadores que nos hemos levantado tempranísimo, pero ya que estamos preparadas bajaremos a desayunar con calma. Somos las primeras, pero al momento aparece el trío “telefónica” con unas caras de sueño que ni p’a qué. Y, aunque no queremos ser indiscretas, de nuestra boquita sale la fatídica pregunta: ¿qué tal la juerga?. ¡Uf, menos mal que no han puesto mala cara!. Unánimemente contestan que muy bien, que al final se llevó a dos amigos y que el de Nuria era un poco pulpo, pero que como no hablaba español pues algo tenía que hacer. El de Maru resultó ser el más guapo. Se bebieron 4 Efes Pilsen, le cantaron a Maru el “cumpleaños feliz” en turco, se rieron un montón y yo que sé cuantas más cosas. Resumiendo: que lo pasaron pipa. Estuvieron hasta las 2 y pico. En esas aparece Elena “la maruja” diciendo que esperen, que ella si que quiere saber todos los detalles. Si es que la tenían que contratar en “Corazón, corazón” o en algo de ese estilo. Y al rato aparecen las vascas preguntando por lo mismo y las pobres chicas tuvieron que repetir otra vez la historia y contestar a un montón de preguntas: ¡vamos!, como los famosos.
Nos vamos a Ankara. Por el camino paramos a hacer fotos de algunas formaciones rocosas muy curiosas: una parece un camello, otras son como focas, otra parece una imagen de la Virgen,… Luego realizamos la visita a una ciudad subterránea, un verdadero laberinto de agujeros y estancias donde vivían unas 2000 pax. Y con 7 plantas de profundidad, aunque solo hay 4 excavadas. Por algunos pasillos tenemos que pasar agachados aunque yo estoy encantada porque parece hecho a mi medida: unos 15 o 20 cm más alto, lo justo para que los cuernos no rayen el techo. Lo que sí tienen es un sistema de ventilación estupendo, con unas grandes chimeneas que hacen que sientas el aire correr y nunca tienes sensación de agobio.
De vuelta al aire libre, nos vamos a los puestecillos a ver si compramos algo. Pero Patri y yo no sabemos hacerlo muy bien y no tenemos la suficiente paciencia. Elena está en su salsa y se queda en la tienda dale que te pego. Al final nos consigue las 2 blusas bordadas y un bolso por 20 €. Ella se compra una colcha y una muñeca (el regalo de cumple de la Maru, 39 tacos de ná). Maru, que está muy contenta, agarra el micro y se pone a cantar. Pertenece a un grupo de baile regional y le gusta investigar todo lo relacionado con tradiciones, instrumentos, bailes y canciones de otras regiones. También es licenciada en historia antigua, igual que Nuria; Paz creo que ha hecho Magisterio, aunque no estoy muy segura. En resumen: que ninguna de las tres es mono-neurona. Volviendo a la cantante, tiene tantas ganas de desgañitar las cuerdas vocales que se pone a dedicar una canción a las comunidades autónomas presentes en el autobús. Así que nos canta en vasco, en catalán, en bable y en castellano.
Mientras sucede todo lo anterior se produce una tremenda desgracia, ¡snif!: tres gallinas desbocadas se avalanzan sobre nuestro autobús y aunque nuestro conductor intenta por todos los medios evitar una confrontación, en nuestra retina quedará para el recuerdo aquella alfombra decorando la carretera y que unos momentos antes cacareaba como una descosida. A partir de ese momento al conductor dejamos de llamarle “capi”, ha pasado a ser “MATAGALLINAS”, ¡ja, ja, ja!
Paramos a ver otra posada de caravanas pero está un poco pocha. Como tenemos que aprovechar esta parada tan tonta, hacemos un par de fotos para cubrir el expediente. Un par de horas después nos detenemos para comer. Maru sigue tan contenta que nos invita a todos a tarta. Todo un detalle por su parte, pero es que es “mu” maja.
Llegamos a Ankara y, antes de pasar por el hotel, nos llevan a ver un museo de arte antiguo que va desde la prehistoria y recorre todas las civilizaciones que en algún momento se establecieron en la Anatolia. Había cosas muy interesantes pero a mí lo que más me gustó fue lo de los hititas. ¡Aggggg! ¡Está todo esto lleno de excursiones de guajes y no paran de correr y de berrear!
En el hotel decidimos cenar de buffet pero tenemos de máximo hasta las 7. El comedor vuelve a abrirse a las 9 pero la cena será de menú y hoy no nos apetecen sorpresas. Aprovecharemos a dar el paseo después de cenar porque no pensamos acostarnos tan temprano.
Hoy aquí están de fiesta conmemorando la muerte de Mustafa Kemal Ataturk, el padre de los turcos, que es el señor con pinta de drácula que nos asusta cuando miramos los billetes y vemos esos ojos rodeados de tantos ceros. Pues parece que es como un dios al que veneran porque a las 9 y 5 minutos de la mañana (¡ojo al dato!) todos han hecho un minuto de silencio, y ahora en Ankara, que es donde está su mausoleo, hay antorchas y ramos de flores al lado de sus estatuas. Y en la tele, todas las cadenas ponen una foto de él en una esquinina. Esto es la hostia, que dirían las vascas que para eso son más brutas. Amador quiere que Maru sople las antorchas porque es su cumpleaños. Así, de paso, nos hacemos una foto con este señor tan famoso.
Hay un montón de gente por la calle pero hoy, por respeto, cerrará todo muy pronto. Echamos a andar hasta la mezquita. Ebru nos ha dicho que es la tercera más grande del mundo pero cuando llegamos está cerrada. Vuelta p’abajo, callejeando un poco, a ver si encontramos un sitio donde tomar algo. Entramos en un garito que pone disco-bar y dentro no hay más que 4 gatos. Y esto es una expresión, porque no es que dentro haya 4 felinos, pero podría haberlos porque en este país los hay por todos lados, ¡y son todos tan mansinos y peludinos….! Una cucada. Pedimos cerveza y hay una pila de camareros de corbata que agobia un poco. Nos ponen pincho de garbanzos secos con pistachos: nunca lo había visto. Entran unos tipos con pinta de mafiosos y se ponen en una esquina a trapichear: ¡menudo antro!. Luego salen a bailar dos parejas una especie de danza tradicional y Amador y Maru se apuntan con ellos. Y para rematar el espectáculo, una tía que está sentada frente a nosotros, salta a la pista y se pone a menear el esqueleto como una descosida, en plan reina de las pistas. ¡P’a matala! Elena y Maru se ponen a revolver entre los discos del DJ para ver si encuentran algo bailable y que no sea chunta-chunta. Como no tienen casi nada conocido, excepto Julio Iglesias, aguantamos solo un rato, pagamos la millonada y nos fuimos a dormir.

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