7/11 JUEVES
Salimos a las 8 hacia Meyermana Evi, una casita en la que se supone que vivió la Virgen María los últimos años de su vida. Yo como no creo mucho en esas cosas no me pareció una visita muy interesante. Mi hermana puso velas y todo ese rollo. Y luego afuera hay unos grifos con agua milagrosa o algo por el estilo y se llevó una botella. También bebimos un trago, pero sabe a rayos y no descarto posteriores consecuencias. Y se me olvidaba lo del muro donde dejas un papelín con tus deseos. Si se entera “Paquito chocolarero” de ésto seguro que monta algo parecido en Soto. Porque tenemos iglesia, con casa al lado y muro con fuente centenaria: vamos, que se forra en tres días y encima les venderá papeletas p’a la tongo-rifa.
Continuamos hasta la acrópolis de Éfeso donde se encuentra uno de los conjuntos de restos romanos más importantes de Asia Menor. Paseamos por sus avenidas y visitamos los baños, el prostíbulo, los templos, las áreas comerciales, la gran biblioteca de Celso y el teatro. En una de las losas de la calle hay una especie de grabado publicitario: un corazón partido, unas monedas, la imagen de una bella mujer y la huella de un pie indicando una dirección. Significado: si tienes el corazón partido y tu pie es mayor que el de la huella (así no iban niños), sigue la dirección y por una módica cantidad de dinero una bella señorita te complacerá.
Después de la visita nos vamos a comer y hoy nos sorprenden con una ensalada de hierbajos que no nos gustan, una especie de pastel de macarrones con bechamel que sabe a rayos, un rollito de primavera relleno de patata y verdura inidentificable y una cazuela de patatas guisadas con ternera que fue lo que mejor admitió mi paladar. De postre hay bizcocho con mandarina. Y para rematar Amador, Nuria y Paz piden un té de manzana que tiene un color igualito al fregasuelos que usamos en el bar.
De vuelta al autobús nos notifican que aún nos quedan 3 horas hasta Pamukale. Las carreteras son muy malas y el bus se mueve mucho. Además el conductor pone la calefacción y el aire acondicionado todo a la vez: nos vamos a poner malísimos. Alrededor de las 4 llegamos a la necrópolis de Pamukale: la ciudad de los muertos, todo lleno de tumbas de muy diversas formas. Las hay tipo sarcófago, tipo casita, tipo hórreo gallego, redondas con un puntín encima tipo boina,… Nos hacemos fotos y Elena se tumba dentro de una p’a que inmortalicemos la gracia del día. A 500 m. tenemos las cascadas calcáreas de Pamukale, aunque ya casi no tienen agua y ya no son tan blancas. Aquí pasa como en España pero más a lo bestia y sin esconderse de nada. Es el caso del típico espabilado situado en un puesto influyente que vende los manantiales a un grupo de mafiosos que posteriormente construirán complejos hoteleros de aguas termales sin tener en cuenta el impacto medioambiental y el daño natural producido. Menos mal que recientemente un grupo ecologista ganó la demanda interpuesta y ya se han derribado 4 de los 5 que se habían construido.
Y siguiendo con las cascadas pues solo nos pudimos mojar las piernas hasta la pantorrilla. El agua está ¡calentina, calentina!, pero es una situación un poco incómoda con toda la gente intentando meter los pies en el mismo sitio. Además hay sitios en los que hay que cruzarse con mucho cuidado porque igual te despeñas monte abajo. Esto en agosto tiene que ser brutal. De todos modos el paisaje es espectacular, toda una maravilla de la naturaleza. Parece que está totalmente nevado y tu en manga corta y descalza. Una pena que ya no caiga el agua por las cascadas: posiblemente con el tiempo lleguen a desaparecer.
Hoy el hotel lo tenemos casi al lado de este tremendo paisaje, a unos 5 minutos. Y tiene piscina de agua termal así que en cuanto nos dieron la llave de la habitación nos pusimos el bañador y ¡al agua patos!. Cuando llegamos ya estaban en remojo Amador y Elena. Con gran valor conseguí meterme en aquellas aguas marrones que quemaban. Pensé que no haría pie porque como a los demás les llegaba el agua al cuello y dada mi estatura,…. Pero estaban agachados los muy cerdos y yo cagada de miedo. En fin, que no era para tanto y además a los 3 minutos ya se te ha acostumbrado el cuerpo al calorcito y se lleva muy bien. El problema es que te quedas de un arrugado que ni con vaporeta te vuelven a estirar. Para Amador esto es igual que el lago Ness por la cantidad de monstruos que lo pueblan (de la 3ª edad se entiende). Estuvimos algo más de media hora esperando por el resto del grupo, pero como no apareció nadie nos fuimos a cambiar a la habitación para ir a cenar. Mañana nos levantaremos a las 5 porque tenemos un trayecto de 12 horas hasta la Capadoccia.
Después de la cena intentamos tomar algo en el bar pero como no había sitio bajamos hasta la discoteca. Estaba muy oscuro y comenzaba a llenarse de alemanes. Nos sentamos en una esquina y pedimos unas cervezas. En esas entra una tía con modelito de tetero-lentejuelas y pantalones Elvis Presley pero “rotos” por los laterales. Empieza a menear las caderas y a tocar unos platillos que lleva en los dedos. Cuando se cansó del clin, clin, clin y de su “exótica” danza, empezó a sacar a unos tíos a bailar y casi sin enterarnos se nos llevó al paisanín del grupo, le mandó quitarse la camisa y ¡hala!, “movimiento sepsi”. Después de las patochadas que habían hecho los dinosaurios alemanes, el representante de España estaba ya con la medalla de oro colgada al cuello. Luego se puso a sacar a las mujeres y a continuación se pasó por las mesas haciendo tonterías para que le metiesen dinero en el canalillo y aprovechar para hacer fotos. Amador le dio 250.000 liras (unas 30 pelas) y va que arde. A las 10 nosotras tres nos fuimos a la cama, estoy muerta y me duele mucho el coco. Los otros dos se quedaron bailando un rato más en la sauna-disco, porque hace un calor horroroso. Espero que no les dé algo.
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