DOMINGO 17/11
Me levanto con un tremendo dolor de cabeza: ¡quiero que se acaben las vacaciones!. Quiero irme a casa porque esta ciudad me está matando.
En el desayuno nos cuentan la aventura de ayer. Se fueron aun pub muy oscuro situado en el último piso de un edificio. Por lo visto tenían un gatín recien nacido al que le daban el biberón y a Elena le hizo una gracia tremenda. Chayanne no sabe como desembarazarse de Amador para que le deje solo con Elena: se pasa todo el rato diciendole si no le gusta bailar. Y, aunque no le apetece mucho, capta la indirecta y se va muerto de risa. Lo que pasó en la mesa habrá que preguntarselo a Elena, cosa que no hacemos porque a discretos y educados no nos gana nadie. La cosa es que la moza está hoy “megacontenta”, como diría ella, porque se ha pasado todas las vacaciones diciendo que las cosas son mega esto o mega lo otro. Este lenguaje habrá que pulirlo un poco porque a mi se me atasca un poquito.
Salimos dando un paseo hasta una mezquita que hay cerca del hotel de las segovianas. Entramos pero yo ya estoy harta de estos sitios. Al lado está la universidad y Elsa quiere entrar porque dice que dentro hay un monumento dedicado a no se quien. Pero está cerrado así que nos vamos hasta el Dolmabache para hacer el último intento de ver el harem. Para colmo sigue estando cerrado por culpa del Ataturk de las narices. Cogemos un taxi y nos vamos hasta el barrio Galata para echarle un vistazo al hotel en el que Aghata Christie escribió la novela del Orient Express. Tomamos un café en el bar, una cucada de sitio que parece sacado de una peli antigua y por el que ha pasado hasta Julio Iglesias.
Bajamos andando hasta el puente Galata y de camino pasamos por un mercado de pajarracos y por otro de pescado. Ya no sabemos que hacer para matar el tiempo asi que cogemos el metro y nos volvemos a la zona del Gran Bazar. Elena se acuerda que el hermano de Chayanne tiene un restaurante en la zona del Tumpaki y decidimos acercarnos hasta allí. Que caminata, Patri está la pobre que no se aguanta. Llegamos hasta otro mercado de pescado en el que preguntamos por la calle que buscamos pero nadie sabe contestarnos ni decirnos por donde debemos ir. Seguimos andando pero como estamos muy cansados cogemos un taxi: ¡HORROR!. El taxista no quiere enchufar el taxímetro porque dice que no funciona y para más inri nos da un montón de vueltas para hacernos creer que estamos lejísimos y que el precio pactado (7.500.000 liras) es el adecuado. Yo no estoy muy conforme y cuando voy a pagar intenta timarme. Se piensa que después de 15 días en este dichoso país todavía no conocemos los billetes. Intenta hacerme ver que le he dado un billete de 500.000 liras cuando le he dado uno de 5.000.000. Esto es para cabrearse mucho. Elena me ayuda y nos enfrentamos a él diciéndole que no nos tome el pelo que le hemos visto cambiarlo y esconder el “gordo” en la chaqueta. Le pagamos lo acordado y salimos dando un portazo haciendo oídos sordos a la retahila que nos suelta el sinvergüenza.
Por fin encontramos la famosa zona de restaurantes especializados en pescado y que vienen en todas las guías. Pero resulta ser una plazoleta donde un montón de camareros te asalta continuamente para que escojas su local. No somos capaces a encontrar el del hermano de Chayanne y eso que por lo visto nos están esperando. Además no puedes preguntar a nadie porque aquí la competencia es pura y dura. Hay un pesado que no nos deja en paz indicando su restaurante pero ese no es el que buscamos. Nos sentamos en medio de la plaza para que Elena se comunique con el susodicho y nos vuelva a dar la dirección y el nombre. Cuando recibimos la contestación casi nos da mal porque era el del camarero pesado de hacía un rato. Menuda cara que se nos quedó cuando, sonriendo, nos invitó a entrar. El hermanísimo estaba sentado dentro con esa sonrisa de “...os atenderemos porque mi hermano me lo ha pedido, pero si sois más tontos...”. Comimos bastante bien y fue todo un detalle que nos invitasen a los postres. Nos despedimos agradeciendo el buen servicio y echamos a andar hacia el hotelito, pero menuda cuestecilla. A ver si descansamos un rato y nos ponemos a hacer las maletas intentando colocarlo todo de forma sencilla y sin rompederos de cabeza.
Por la noche salimos a cenar al restaurante de Chayanne. Hemos quedado con él para despedirnos pero tiene que ir a ayudar a su hermano. Así que le da un regalito a Elena y nos promete regresar a eso de las 12. En la cena lo pasamos muy bien, por lo menos nos reimos un poco aguantando las gracias de los camareros. El de la voz cavernosa le tira los tejos a mi hermana, y ésta, como no quiere ser descortés, consigue que ya tengamos un nuevo turco pegado como una lapa. Terminada la cena nos fuimos a tomar algo al pub de ayer junto con Figo que no le quita el ojo a Elsa y con “voz cavernosa” persiguiendo insistentemente a mi hermana. Nos tomamos unas cervezas mientras esperamos a Chayanne, bailamos unas piezucas y luego nos sentamos a parlotear. A mi se pega otro camarero, amigo de los dos pintas que nos acompañan, al que no le entiendo ni papa porque yo de inglés poco y él de español ná de ná. Chayanne no aparece porque su hermano le ha mandado al aeropuerto a recoger a un cliente importante, Elena y yo seguimos hablando con el camarerín, porque es un guaje, mientras Elsa intenta hacerse entender con Figo. Este hombre es igual que un loro, repitiendo todo lo que nos oye, intentando hablar español sin tener ni idea y para rematar todo el rato la llama Olsa. Amador da unas carcajadas de agárrate. En el otro extremo está “voz cavernosa” intentando lo intentable con mi hermana. Igualito que Omar con Maru la primera noche que pasamos en Estambul, solo que éste va a tal velocidad que se salta cuatro pueblos en cada asalto. Nos reimos un montón. Estuvimos hasta las dos de la mañana, hora en la que nos fuimos hacia el hotel todos agarrados del brazo en medio de una conversación sin sentido y vigilando que el pulpo cavernoso no le dejase marcas de ventosas a mi hermana.
Menos mal que con las risas de esta noche se nos han ido olvidando los percances de estos últimos días.
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