VIERNES 15/11
Se nos han ido las amiguinas asi que adiós a los madrugones. Hasta las 10’15 no nos vimos las caras.
Hoy toca compras, compras y más compras. Estuvimos todo el santo día metidos en el Gran Bazar, incluso comimos dentro, en un restaurante de esos típicos de escoger comida que nos recomendó Omar. Este tipo de sitios son una delicia para los paladares porque en todos se come de maravilla y barato.
Amador hizo la compra de su vida al gastarse nada menos que 1.100.000.000 de liras turcas en prendas de ante y cuero. ¡Qué locura!, porque siguió comprando como un poseso. Elena anda como loca detrás de las pashminas. No sé cuantas se compró, pero en la número 20 dejé aparcado el suma y sigue. Elsa busca camisas de chica con el logo del paisanín a caballo y jerseys de esos que llevan la bandera USA. Y quiere un bolso, una de esas auténticas falsificaciones que tienen escondidas (truquito de Elena) detrás de espejos y armarios y que son carísimas. Al final no hubo bolso de renombre pero si algo de cuero. Patri, por su parte, se compró camisas, un bolso, una chaqueta de ante y no se cuantas cosas más. Servidora se compró una camisa. Y ya está. Yo siempre acabo las compras enseguida, así que alguien se apiade de mi por haber aguantado 8 horas aquí dentro sin una triste bocanada de aire fresco. También hicimos acopio de regalos para la family. Pero lo gordo fue cuando nos tragó la tarjeta el cajero. Pensé que a Patri le daba algo, que disgusto se llevó porque no tenía nada, absolutamente nada de dinero: ni euros ni liras. Al final todo se solucionó: llamamos para anular la tarjeta, le pagué yo las compras y entre todos la tranquilizamos un poco.
Llegando al hotel Amador y yo nos compramos sendas maletas porque en algo tendrá que llevarse él todas sus compras y a mi como me han roto la mía en el aeropuerto pues es evidente que la necesito.
Estamos agotados. A Amador se le enciende la bombilla y recuerda que el hotel tiene piscina. Nada mejor para relajar nuestros musculitos que un bañito de agua de la que se estila por aquí: caliente. Elsa no se apunta pero el resto nos lo pasamos muy bien. Como estábamos solos podíamos hacer todo tipo de tonterías. Hasta que llegó el ruso del bañador-braga luciendo una porquería de cuerpo y haciendo alarde de estilos natatorios. Y Elena puntuando y dándole consejos. Risas disimuladas, of course. Como esto arrugaba mucho bajamos a la habitación y casi nos dormimos.
Salimos a cenar y entramos en un sitio que estaba hasta arriba de gente y donde solo se podía comer sopa de lentejas, ensalada, brochetas de cordero y albóndigas. Claro que esto no lo supimos hasta que estábamos sentados. ¡Que mal!, fue realmente decepcionante. Patri decía que tenía un sabor de boca tan asqueroso que solo se le venía a la cabeza el flan de La Casa de Medusa. No lo pensamos dos veces y nos fuimos para allá.
¡Que casualidad que de camino nos encontrásemos con Omar!, al que alguien le dijo que no íbamos a salir hoy. Pues a echarle imaginación. Y a Elena solo se le ocurre decirle que vamos a llamar por teléfono y que buscamos una cabina. El otro, con cara de perro, nos dice que vamos bien, que al final de la calle hay varias. Menos mal que no se empeñó en acompañarnos. Creo que se ha dado cuenta de que intentamos evitarlo.
Después del mal trago y mirando hacia atrás para ver que no nos sigue llegamos al Medusa. A la puerta estaba el encargado que nos recibió muy bien y, aunque no habíamos cenado allí, nos dejó subir al último piso (el de los cojines en el suelo) para tomar unas cervezas y Patri su flan. Fue muy agradable y el camarero encantador. Le tiraba los tejos a Patri y se sentó con nosotros, pero no a su lado porque ahí estaba yo en el medio p’a fastidiar, je, je. Nos enseñó una foto de Ana Belén de cuando se rodó en Estambul la Pasión Turca. También nos habló del restaurante que tienen en Zaragoza. Son las doce y están cerrando. Nos despide preguntando si volveremos, cosa que no sabemos responder, y agradeciéndole su amabilidad nos vamos p’a casina.
¿Y a quién nos encontramos a unos 100 m.? A Chayanne con un cabreo de tres pares de coj... Menuda nochecita. No me estraña que el pobre esté tan enfadado. Elena, que no tiene dos dedos de frente, se enrolla con él y a saber lo que le habrá dicho. Porque éste está como los españoles de los 70 detrás de las suecas: en cuanto ven a una española ahí van como locos a ver si sacan tajada y con unas ilusiones de la leche. Pero éste parece buen crío y con 23 añinos que tiene a mi me da pena. Pues nada, que ahí empieza Elena a contar trolas para ver si cuela y él a decir que ha hablado con Omar. Menudo jaleo. No se despiden muy diplomáticamente que digamos. A nosotros no nos parece nada bien lo que está haciendo, que le diga directamente que la deje en paz o que se tire al agua, pero que se decida. Así que le cae bronca por partida cuádruple. Lo mejor será tranquilizarse y consultar con la almohada, que a veces da buenos consejos.
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