Día 9, El Cairo
Cuando me levanto y me asomo a la ventana ya hay un tráfico horroroso, pero lo mejor de todo es cuando veo a un tío en bici cargado de pan hasta arriba con una bandeja enorme en la cabeza repleta aún de más pan y circulando en sentido contrario. Aquí una ya no se sorprende de nada. Alas 9 nos recoge el autobús con el guía y salimos para Giza. Hay mucha niebla y polución y cuando estamos llegando a las pirámides menos mal que nos avisó el guía porque ni las veíamos. La primera es la de Keops, la más grande, pero no he sentido ese “algo” especial al verla. Lo que me sorprende es la cantidad de piedra y esfuerzo humano que supuso semejante construcción, e imaginármela totalmente recubierta de granito pulido es la leche, sobre todo por lo milimétrico de su trazado. Actualmente sólo permiten el acceso a 100 pax/día porque se ha deteriorado bastante. Además es sorprendente lo cerca que están de la ciudad, apenas unos cientos de metros. Hacemos un montón de fotos mientras sorteamos gran cantidad de grupos de estudiantes que se vuelven tontos al vernos. Ellas se acercan como locas para fotografiarse a nuestro lado porque alucinan con nuestro color de pelo: pelirroja y rubia. Continuamos el recorrido pasando al lado de la pirámide de Kefren, actualmente cerrada por su restauración, hasta llegar a la de Micerinos. Seguimos con el publirreportaje fotográfico mientras esperamos por los valientes que deciden entrar: Jordi y Tere. El resto nos desperdigamos un poco. Nosotros vamos hacia los camellos porque Elena quiere foto, pero no se atreve sola y lleva a Amador. Se suben en uno, ella no quiere que el bicho se ponga de pie y el moro azuzándolo: las voces que pegaba se oían hasta dentro de las pirámides. Primero inclinación hacia delante, luego hacia atrás, yo pensé que se mataba aunque se agarraba a Amador como si tuviese Loctite en los dedos. En esas el “camellero” agarra las riendas y arranca con el animal. Ellos dando voces diciendo que parase, que se querían bajar, pero él haciendo oídos sordos y relatando en árabe. Y yo corriendo con la cámara preparada detrás de ellos: era una situación de cámara oculta. De repente el tío se para y me llama. Resulta que estaba buscando un buen punto de vista con las pirámides al fondo para que saliese bien la foto. Finalmente pude disparar y al momento el moro los bajó del bicho porque quería cobrar. Dice que subir en camello + paseo + foto son 40 £. Le dijimos que si estaba chiflado, que con 5 £ era suficiente. Se puso como loco, a saber lo que nos habrá llamado, así que por si acaso echamos a andar a paso ligero. Después del incidente nos reunimos con el resto del grupo para subir a una explanada desde donde se puede ver todo el conjunto de Giza. Y ¿a quien nos encontramos? A Mustafá haciendo de guía de dos matrimonios catalanes. Nosotros llamándole a voces: ¡Musta, Musta,...! Y ahí vino el pobre.... acabamos con él. Le preguntamos la hora a la que acaba de trabajar y le proponemos quedar a las 7 en el Guri Gureya para ver un baile sofi (danza espiritual). Él encantado, así que allí nos veremos.
Camino de la esfinge hicimos una parada al lado de la barca sagrada del faraón Kefren y al vernos bajar del bus empiezan a aparecer críos vendiendo cosas. Había una pequeñina que vendía postales que era una cucada. Amador la cogió en cuello para hacer una foto y de regalo le dio una libra. La pobrecita agarró el billete con miedo y con tanta vergüenza que se agachaba escondiendo la cara. Amador la llamaba pero ella ni caso, hasta que los ánimos de los otros niños consiguieron que se levantara y le regalara la mejor de sus sonrisas. Una gozada.
Llegamos a la esfinge y recibimos la escueta explicación del guía. Resulta que está enclavada en la cantera de donde sacaban los bloques para hacer las pirámides y el faraón Kefrén decidió tallar uno de grandes dimensiones dándole esa forma tan magnífica. Es una pasada pero hay mucha gente. Tiene la nariz espachurrada porque cuando alguien se quería vengar destrozaba las “napias” de todas las figuras del faraón para que su alma dejase de ser eterna. Muy curioso.
Continuamos nuestra visita hasta una fábrica de papiros. Allí nos explican todo el proceso, desde la obtención de las tiras del tallo de la planta hasta el prensado, secado y entrelazado. Luego nos invitan a ver la exposición recordándonos que si hacemos una compra superior a 100 £ nos harán un 10% de descuento. Nadie tenía pensado comprar pero hay auténticas maravillas y se nos hace la boca agua. Picamos unos cuantos y al final los hijos de ..... no nos hacen descuento porque en ningún momento han mencionado semejante cosa: ¡alucinante! Yo insisto pero no consigo nada, sólo un regalo que según ellos vale 5 £ y que consiste en un mini-mini-papiro en forma de cartucho sin grabar. Le hago saber que no me interesa, que quiero money, él que no y yo que sí. Como no cede el muy cabrón acabo aceptando el regalo con la condición de que me lo grabe, no lo voy a llevar vacío. “O.K., de acuerdo” me dice, pero eso cuesta 5 £. Yo alucino, este tío me saca de quicio y encima se sale con la suya porque consigue 135 £ por el papiro y 5 £ para grabar el regalo. Decididamente soy gilipollas.
De camino al hotel las dos parejas de catalanes, las madrileñas y nosotros decidimos “pasar” de comer para aprovechar el día, así que alquilamos taxis para bajar al centro del Cairo y visitar el museo egipcio. Cierra antes de las 5: ¡ya podemos espabilar!. Bajamos a toda leche, sacamos las entradas y mientras decidimos por donde empezar se nos acerca un chico ofreciéndose como guía del museo. No nos ponemos de acuerdo entre nosotros porque algunos prefieren ir por su cuenta. Pero esto es muy grande y no tenemos un buen libro para seguir ordenadamente la visita de las salas. Al final pactamos con el chaval un precio de 60 £ por una hora.
Empezamos el recorrido pero el tío va a toda leche y como hay mucha gente casi no le oímos. En la visita vemos sarcófagos, esculturas, papiros, relieves, útiles de trabajo, útiles de aseo personal, tronos, barcas, sillas, todo tipo de joyas y bisutería, ropas, calzado... El guía nos llevó a una vitrina para enseñarnos un preservativo egipcio y nosotros alucinados por el tamaño. Al final resultó que era un calcetín. Cómo se reía el tío pensando en lo “pardillos” que éramos. Llegamos al tesoro de Tutankamón, una auténtica maravilla, pero los muy “capullos” casi no lo iluminan para que no puedas hacer fotos. Amador pagó un suplemento de 10 £ para poder entrar con la cámara pero no permiten flash. Para introducir un trípode necesitas un permiso especial así que te pones a pensar en lo absurdo que ha sido gastar ese dinero. Volviendo al tesoro es increíble la cantidad de joyas y chismes con los que cubrieron la momia. Los sarcófagos de oro son una maravilla pero la máscara es algo tan impresionante que la estás mirando y no puedes apartar la vista, es como un imán. Lo más curioso es que se te despeja el cerebro y te pones a pensar que si un faraón que murió a los 18 años tenía todos estos tesoros enterrados en su cámara funeraria qué no tendrían otros como Ramsés II que murió a los 96. Qué habrán hecho los saqueadores de tumbas con lo que encontraban, supongo que fundirlo para facilitar la venta porque no creo que hoy en día exista algo intacto. Cuando faltaban 10 minutos para completar la hora el guía nos dice que ha terminado y que el precio ha subido. Casi lo mandamos a la mierda. Le damos lo acordado y lo dejamos protestando de mala gana. Todavía tenemos 1’30 h. hasta que cierren el museo y decidimos seguir la visita con la ayuda del libro que he llevado. Pero no consigo aclararme, no me centro en las salas ni con la situación de todos los elementos que hay en ellas. Así que me dejan sola, prefieren ir por su cuenta y eso me hace parecer idiota. A los 5 minutos conseguí descifrar el entramado del maldito libro pero sólo Patri, Emma y Pep estaban esperando. Recorrimos toda la planta baja pero al poco de haber empezado por la de arriba comienzan a desalojar el museo porque van a cerrar. Nos quedamos sin poder echarle un último vistazo a la máscara de Tutankamón, que se le va a hacer. Creo que conseguimos ver lo más característico del museo pero no estoy segura de si habrá sido lo más interesante porque esto es enorme y necesitaríamos un día entero para recorrer, sin detenernos mucho, todas las salas. Cuando llegamos a la puerta vimos a Ana la de Granada esperándonos. No se nos había unido antes y cuando decidió bajar sola desde el hotel se le hizo demasiado tarde para entrar. Los otros 3 andaluces se apuntaron con los “güelitinos” para visitar Menfis y Sakara. Posteriormente nos contarían que el viaje fue una aventura porque el taxi empezó a echar humo, lo tuvieron que empujar y luego buscar agua para aliviar el motor después de semejante calentón.
Cuando se juntó todo el grupo a las afueras del museo se nos acerca un tipo que se ofrece a llevarnos en taxi donde queramos. Le decimos que no, pero el tipo comenta algo de una furgoneta. Como hemos decidido que mañana visitaremos la ciudad por nuestra cuenta ya que no pensamos pagar 60$, Lydia dice que por qué no la alquilamos para mañana. Como el paisano sólo habla inglés mandamos a Elena a pactar con él. Después de 20 minutos de tira y afloja y con los estómagos por los suelos de no haber probado bocado desde las 9 de la mañana, conseguimos una furgoneta de 14 plazas con aire acondicionado desde las 9 hasta las 7 de la tarde a 20 £ por cabeza. Le damos las direcciones de los hoteles, nos despedimos y salimos pitando a buscar un McDonalds. Y cual es nuestra sorpresa cuando al preguntar por uno nos dicen que tenemos que cruzar una calle de 6 carriles. Menudo cachondeo. En cuanto vimos oportunidad salimos disparados a las carreras Jordi, Tere, Amador, Patri y yo. Conseguimos llegar al otro lado y cuando miramos hacia atrás vemos a las 4 novietas de Indiana Jones paradas entre dos carriles totalmente apretujadas, dos delante y dos detrás, y dando voces como posesas. Eran Elena, Ana, Lydia y Maite. Más atrás iban Pep y Emma. Ella se puso nerviosa, se soltó de su mano y se quedó sola y con cara de me voy a echar a llorar si no me sacáis de aquí. Finalmente todas consiguieron cruzar entre las risas del resto del grupo.
Lo primero que vemos es un Kentuky de esos donde se comen cosas hechas sólo con pollo. Ni lo pensamos: directos hasta el fondo. Comimos hamburguesas y pepsi, lo suficiente para reponer fuerzas. Cuando salimos a la calle intento orientarme con el mapa que he traído pero como aquí no ponen carteles con los nombres de las calles no hay manera de trazar un itinerario que nos lleve hasta el sitio ese del baile Sofi. Lo mejor será coger un taxi pero en ese momento se nos acerca una chica preguntando en inglés si necesitamos ayuda. Nos suelta un rollo patatero y nos quiere llevar a un café típico. Yo que soy bastante desconfiada me huele a chamusquina pero Elena le hace caso a todo lo que dice y como ella es la intérprete.... Alguien le pide que nos lleve a un banco para cambiar y ella nos acompaña. Luego le decimos que queremos ir andando hasta el Khalili para disfrutar del mercado antes de ir al espectáculo. Ella responde que eso es imposible porque está lejísimos y además está cerrado. Yo no me lo creo, Mustafá nos dijo que hoy era un buen día para bajar al mercado y esta elementa dice todo lo contrario. Le preguntamos a otra chica, pero no está muy segura, posiblemente esté cerrado. Tengo un mosqueo bastante grande. La seguimos hasta un café donde nos estafan con la consumición y con la sisha, no sé si compinchados con ella. Le decimos que nos vamos y ella nos quiere llevar a hacer tatuajes. Afuera hay un tipo esperando. Algunos ya no aguantamos más toda esta tontería y nos vamos a por un taxi, ya casi no nos queda tiempo. Entonces el “amigo” con cara de mala leche le monta una muy gorda a la tía, y ahí se quedan discutiendo acaloradamente mientras salimos disparados en tres taxis hasta el Khalili. Y cuando llegamos que curioso que esté todo abierto y repleto de gente. Me dan ganas de volver para darle un regalo con la mano abierta, y otro para la tontaina de la intérprete. Lo mejor será recordar lo de “sosiego y calma, sosiego y calma” de Demolition Man.
Nos metemos entre la gente hasta el Guri Gureya pero hay una cola enorme y aún no son las 7. Teresa, la guía española, nos dijo que con estar una hora antes era suficiente para conseguir entrada pero estamos como sardinas en lata y encima Mustafá no aparece. Por fin abren las puertas pero seguimos haciendo cola, sólo que ahora bajo techo. Al cabo de un rato aparece Musta, el cual ha tenido que mentir para poder entrar a buscarnos porque le acaban de decir que ya está todo vendido y que sería un milagro que pudiésemos ver el espectáculo. Ya que estamos aquí y como tenemos el mercado al lado le pedimos a Mustafá que nos haga de guía. Pero éste es el mercado egipcio de fruta, hortalizas, carne, ropa... el bazar está al otro lado de la calle. Le decimos que nos han dicho que hoy está cerrado, pero según él, si hoy es sábado, el Khalili estará abierto hasta las 2 de la mañana. Se nos ha acabado de poner la cara a todos de gilipollas en su grado máximo.
Seguimos a Mustafá y llegamos al corazón del bazar. Es un entramado de callejuelas muy estrechas que parece un laberinto, todo lleno de tiendas de especias, perfumes, papiros, bolsos, pañuelos, cojines, alabastro, plata oro, hueso de camello,... ¡una pasada!. Lo más simpático de todo es que aquí piden menos por las cosas y teniendo en cuenta el posterior regateo nos ponemos a pensar en cuanto dinero de más nos han sacado en los mercadillos de las otras ciudades. Es para darse cabezadas contra las paredes. Entramos en un montón de puestos pero nosotros cuatro no compramos nada. El resto comienza a pulir dinerito en papiros de 5£, pañuelos, cartuchos de plata, cadenas, pulseras, bastones, perfumes,.... es de locura. La sorpresa agradable fue encontrar entre el laberinto de callejuelas un restaurante llamado Khan El-Khalili. Mustafá nos explica que es muy famoso porque allí siempre iba un premio Nobel egipcio a tomar té. Algunos entramos a echar un vistazo y vaya chulada. Tiene una especie de café a la entrada con música en directo donde la gente está fumando sisha; un comedor grande a la derecha y a ambos lados de un pasillo hay pequeños reservados con distinta decoración. Los camareros van muy elegantes. Sin pensarlo dos veces decidimos reservar mesa para cenar mañana, invitaremos a Mustafá que nunca ha ido porque para ellos es muy caro, así que seremos un grupo de 17 pax. porque tendremos que contar con los güelitines.
Estamos cansados y además el pobre Mustafá ni siquiera tuvo tiempo de pasar por su hotel para ducharse y comer algo, así que decidimos ir a un café a fumar sisha porque ya estamos todos enganchados. Nos reimos un montón, como siempre. Faltaban Antonio y “Cleopatra”-Aurora e Isabel que después de regresar de Sakara no consiguieron encontrarnos. Son casi las 11, estamos hambrientos y sin fuerzas y lo mejor será ir al hotel a dormir. Pero aún queda la aventura del trayecto en taxi, o lo que es lo mismo: esos pirados y sus locos cacharros, porque van pasados de revoluciones, sin parar de pitar, sin luces, parece que están todos mosqueados con todos. Lo tomamos a cachondeo y fuimos dando voces, a veces de risa y a veces de susto. Cuando nos bajamos en el hotelito ni siquiera entramos, nos fuimos directos al super del centro comercial a comprar algo de fruta y yogures. Intentamos conseguir cucharas pero como no tienen Amador propone usas las tapas, como en la mili. No supimos a cuanto podía ascender nuestra compra hasta que salió el ticket de caja porque estaba todo en árabe, pero ya no nos molestamos en intentar averiguar precios como al principio, siempre con la misma pregunta: ¿qué coño será esto? Y ahora de picnic a nuestra habitación. No aguantamos ni ½ hora, nos caíamos de sueño, así que mañana más.
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