Día 6, Aswan
Nos levantamos a las 5 y cuando bajamos a desayunar estábamos sólo nosotras y un matrimonio inglés. Aquí no hay manera de despejarse con el café porque sabe a rayos y a saber como lo hacen, de Colombia desde luego que no es. De regreso a la habitación ya teníamos al chico de las maletas esperando por ellas, así que cogimos las mochilas y nos fuimos a esperar a recepción. Entre una cosa y otra salimos a las 7 menos cuarto para unirnos al convoy de escolta que nos llevará hasta Aswan. Cuatro horas metidos en un minibús que con tanto traqueteo era imposible coger posición para dormir. Patri y yo estuvimos charlando con Ana, a la que tuve que dar un masaje en el cuello porque no lo mueve. Ya tenemos casa en Granada por si vamos algún día.
Nada más llegar al hotel hicimos los trámites de siempre: rellenar papeles, entregar pasaporte, repartir llaves y poner pegatinas en las maletas. Enseguida vimos la piscina y ahí vamos a ponernos el bañador. Se nota que este hotel es mucho mejor que el de Luxor. ¡A torrarse toca! Y también a bañarse para refrescar, pero yo me lo pienso un montón hasta que busco la zona adecuada a mis posibilidades natatorias, o lo que es lo mismo, donde se hace pie para no ahogarme. Por cierto, al salir me caí y menudo moratón que me salió en la rodilla. ¡Uf! Yo no aguanto tanto sol y tengo que meterme debajo de la sombrilla.
A las 2 nos fuimos a comer al buffet del hotel y después de una buena siesta y una ducha rápida salimos a negociar con un taxista para que nos lleve hasta el bazar. Conseguimos un precio de 20 £ en el que se incluye bajarnos, esperar 2 horas y media y subirnos de nuevo al hotel. Vamos nosotros cuatro, Isabel y Aurora, las andaluzas. El taxi por dentro era igual que una discoteca, todo lleno de luces, campanillas y la música a todo lo que daba. Le tuvimos que decir que si hacía el favor de bajar el volumen. Luego en el mercado todo el rato están sobando, pidiéndote besos y regalos. Lo más gracioso es que al final te acaban tomando el pelo, así que ya lo tenemos asumido. En una especie de joyería, por decirlo de algún modo, nos dieron té de cortesía que no se puede rechazar, que me lo digan a mi que no quería y casi se enfada el paisano. Ahí compramos un montón de cosas y tuvimos que sacar la visa y los dólares porque ya no teníamos “paunds”. Con las camisetas no somos capaces de conseguir un buen precio. Y con las especias menudo cachondeo: “habibi p’aquí, habibi p’allá, déjate de habibi y baja el precio, habibi que mala eres, dame un regalito”. Así que al final el “pollo” se quedó con nuestros bolígrafos, mecheros y botes de gel y champú. A mi esto me cansa un montón, pero como ellos disfrutan como enanos me tengo que aguantar. Cuando regresamos al taxi compramos las camisetas en una joyería, porque aquí da igual de que sea la tienda, si no lo tienen ellos lo cogen de la tienda de al lado. Menudo regateo, conmigo no quieren tratar porque si digo no es que no, imposible de convencer, a no ser que en ese momento esté tontina del todo. Así que siempre van a por Elena o Patri porque les siguen el rollo y se dejan pasar el brazo por el hombro.
Volvimos al hotel para cenar en el buffet y luego quedamos con Mustafá para bajar al centro a tomar algo. Nos dice que iremos andando porque está cerca y ¡casi tardamos una hora!, según él son 5 minutos egipcios. Al lado del hotel están celebrando una boda nubia y nos cruzamos con los novios que iban a hacerse las fotos en nuestro hotel. Ella va totalmente de rojo, totalmente tatuada y totalmente repleta de oro. Él va con una túnica blanca y para de contar. En la fiesta hay una orquesta y los jóvenes bailan por separado. Enseguida se nos acercan un montón de pequeñajos que se ponen a bailar y nos agarran para que les acompañemos. Son muy majos pero muy pesados, uno le pide a Ana un beso en la boca a lo que ella responde: ¡si podría ser tu abuela! y como no les hacemos mucho caso e intentamos irnos entonces aparecen sus verdaderas intenciones: quieren dinero, han bailado para nosotros y nos persiguen por la calle insistentemente. Seguimos andando y vemos otra boda, pero ésta más tradicional, con el novio de traje y la novia de blanco inmaculado. Por fin llegamos al café y después de tanta caminata resulta que no tienen nada de alcohol. Tendremos que conformarnos con té a la menta y sisha para Mustafá. A las 12’30 regresamos al hotel para preparar la mini-maleta con ropa para un día en la que no debe de faltar el traje de baño porque nos vamos a Abu Simbel.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario