Día 5, Luxor-Dendera-Luxor
A las 7 bajamos a desayunar y menudo buffet, hay mogollón de cosas pero estamos un poco desganados, menos Elena que “jala” como dios manda. Y nos dice que Pa es muy buena, estuvo hasta las 12’30 paseando por la terraza esperando a que la señorita se aclarase con el moro. En fin, que tiene un colgante más al cuello, un escarabajo regalo de última hora.
Nos subimos en el minibús los 9 que vamos a ir de excursión a Dendera (el resto prefiere dormir). Aunque primero tendremos que juntarnos con el resto de autobuses que formarán la caravana con escolta, unos 25 ó 30 vehículos repletos de turistas protegidos por dos coches de policía armados hasta los dientes, no sé que pensar. Menuda risa que pasamos, por no llorar, al ver como conducen estos elementos. Se meten al otro carril para adelantar a otros autobuses del convoy como si nada, y eso teniendo en cuenta que vienen de frente otros coches y camiones. En una de estas nuestro chófer se pone a adelantar como loco. Isabel la andaluza dice: “Oye Mustafá, dile al conductor que viene un camión. ¡Oye!, dile que es muy grande, y dile también que cada vez está más cerca”. Es la monda... pero son unos artistas del pitido porque frenan de repente, pitan como posesos y se meten en el mínimo hueco que haya dentro del resto de la caravana. Como el trayecto durará casi hora media intentaremos dormir un poco.
Hasta Dendera sólo llegamos dos minibuses de toda la caravana así que tenemos el templo para nosotros solos. Está dedicado a la diosa Hathor, con cara de mujer y orejas y cuerpo de vaca. Es la diosa de la ternura y alegría y en el templo se presentan los meses del año, las semanas, el sol, la luna, los signos del zodiaco y todo el techo recubierto de estrellas, representadas como asteriscos pero sin la patina del medio, así se asemejaban a la figura humana ya que cuando uno muere nace una estrella. Éste es el único templo en el que se puede bajar a la cripta y subir al techo. Para bajar a la cripta hay que tener un mínimo de agilidad por lo que los viejecitos catalanes ni lo intentan. Mejor, porque ya estamos un poco cansados de ellos, sobre todo por él que es un “repunante”, protesta por todo, no oye un pijo, siempre se retrasa, riñe a la mujer y todo lo que dice lo suelta en catalán. Y encima tenemos que estar todo el rato pendientes de él para que no se caiga, aunque ya lo ha hecho una vez, o para que no dé con el cabezón en las puertas bajas, avisarle de los escalones y de los agujeros.... un engorro hasta para el santo Job. Yo suelo ayudar a la mujer porque me da pena, es muy amable y siempre te lo agradece. Y siguiendo con la cripta sólo bajamos nosotros 4 e Isabel. Hay que descender por unas escaleras muy empinadas a las que se accede por una trampilla que hay en el fondo del templo y luego ponerse casi de rodillas para pasar por una puerta de unos 75 cm. de alto. Luego poco a poco te vas poniendo de pie para ver la maravilla de relieves que hacían estos artistas. Son una pasada, sobre todo el halcón y un collar real como el de Cleopatra. Volvemos para arriba, damos propina el de la trampilla y continuamos por una “casi-rampa” muy oscura que nos conduce hasta el techo (antiguamente era escalera pero los escalones están muy gastados en el centro y como no se ve nada es muy fácil tropezar en los extremos). Llegamos a una especie de azotea con varios niveles. Al siguiente hay que acceder por unos cinco escalones muy altos esculpidos en la piedra que los dos de siempre no pueden subir, asi que Mustafá tiene que rodear todo el recinto con ellos para buscar un acceso más sencillo. Luego una escalera metálica nos lleva al tejado del templo. Es una maravilla lo que se puede ver desde aquí arriba: las murallas que rodean el templo con forma de ola representando al mar, las casas de los sacerdotes, el estanque real, un pequeño templo hecho por Augusto y ¡tatachán! unos sarcófagos donde vamos a meter a Elena para hacer una foto. Lo mejor del paisaje es el contraste que provoca el verde de las tierras regadas por el Nilo junto al color ocre claro del Sahara. Estamos un rato haciendo fotos y como se levanta mucho aire (se ven remolinos de arena) damos por terminada la visita de esta parte. Descendemos para ver una serie de salas o capillas que forman la Tumba de Osiris. Dendera era una de las 16 ciudades que conservaba una reliquia del cuerpo desmembrado de Osiris. En una de ellas se representa la resurrección de Osiris en la que Mustafá no sabe como explicarlo. No voy a contar toda la historia, pero resumiendo, una vez que Seth el maligno mata a su hermano Osiris, Isis, su amada esposa, quiere resucitarlo para tener un hijo bueno que vengue la muerte de su padre. Este hijo será Horus el halcón. Isis con sus poderes y sus alas abanica el cuerpo de Osiris hasta que va tomando vida, y la recupera del todo cuando aparece en una escena tumbado con una mano agarrando la “pilila” erecta. Si la pilila está viva Osiris también. Casi nos morimos de risa. Mustafá nos dijo: “en esta escena se puede ver que Osiris ya está vivo y se nota en.... bueno, creo que todos lo podrán notar”. A la salida del templo pasamos al lado de un enorme relieve de Cleopatra y a continuación fuimos a hacer la foto del sarcófago con Elena. Pero Mustafá nos dijo que si queríamos una buena instantánea que lo siguiésemos. Nos llevó hasta una esfinge sin cabeza y se agachó a su derecha a la vez que nos decía que nos pusiésemos nosotros a su izquierda para mirarle. Y entonces caímos de la burra: su cabeza sustituye a la de la esfinge. ¡Ahí va Elena ha hacerse la foto!, y luego Amador y Patri. Salimos del templo y como tenemos que esperar ½ hora por la escolta nos vamos a tomar algo a un tugurio que hay allí al lado donde hay sisha y nos quieren vender hasta alfombras.
A las 12 salimos camino del hotel para recoger al resto del grupo porque hemos decidido ir todos a comer a un restaurante típico en pescado. Cuando llegamos hay mogollón de gente así que tendremos que esperar por mesa. Nos van a servir una especie de menú de degustación. Primero unas tortas de pan que cuecen en unos hornos de adobe que vimos en directo, acompañadas de lentejas, garbanzos, fabas, pasta y salsas raras. Yo no como mucho porque a las salsas les tengo miedo y no me gustan mucho, la pasta pica y las legumbres no las cuecen, sólo las ponen en remojo y están duras como piedras. Luego nos sirven arroz y pescado del Nilo a la plancha, que sabe a quemado que tira p’atrás. Del postre pasamos, Elena no, y luego café o té. Al cambio pagamos unas 2750 pts., un poco caro para lo que hemos comido. Y para regresar al hotel hay discusión porque nosotros nos negamos a regresar andando: son casi 20 min. bajo un sol de campeonato. Así que nos ponemos a regatear con los de las calesas y con los taxistas, siendo en uno de éstos en el que al final conseguimos un buen precio para nosotros cuatro y Ana: 10 £.
Cuando llegamos al hotel son las 4’30, ya no hay sol y ya no hay piscina, además estamos haciendo la digestión. Patri nada más entrar por la puerta de la habitación lo vomita todo; busco un sobre de sal de frutas, le preparo el brebaje y ahora a esperar los efectos. Se mete en la cama con un pañuelo húmedo en la frente. Mientras, nosotros bajamos a las tumbonas de la piscina, pero hace frío y hay que taparse con las toallas. Además están empezando a recoger y aprovechamos para regresar a la habitación. Patri duerme como un ceporro y yo me pongo a escribir. Después de la siestaza nos vestimos para ir a cambiar más dinero porque vuela. Y como ya ha llegado la hora de la cena vamos de nuevo a repostar. Casi se arma la gorda porque nadie quiere sentarse con los catalanes. Además falta un cubierto para Mustafá, pero el camarero no le permite sentarse con nosotros, así que cuando aparece el chaval no le dejamos escapar y no les queda más remedio que servirle la cena, y vaya cara que se le quedó al pobre, no paraba de darnos las gracias. Ya son las 10’15, estamos agotadas, así que una servidora y hermana se van a llamar a mamuchi y luego a dormir porque mañana nos tenemos que levantar a las 5. Pero no tenemos “Cleos” y necesitamos salir a comprar. Tenemos que lidiar primero con un taxista emperrado en acompañarnos y ofreciéndonos sus servicios; luego el del quiosco, además de estafarnos, dice que si le damos nuestra dirección y que si volvemos mañana; y de camino a la habitación nos cruzamos con Mustafá, el cual le suelta a Patri: “que guapa está hoy, Patricia”, ¡claro, va con la chaqueta esa de ganchillo que son todo agujeros...! Y luego dicen de los italianos, los pobres unos santos comparados con estos plomos, que se lo digan a Elena. Ya en la habitación suena el teléfono: Amador y Elena preguntando que hacemos, que tal estamos,.... para matar el rato. Luego les llama Patri y se queda hablando con Elena como si estuviesen una en Soto y la otra en Oviedo. El tema es Mustafá, of course. Vuelve a sonar el teléfono y ahora sólo se oye música: donde habrán puesto esos dos el auricular. En fin, que el cansancio nos vuelve tontos.
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