
Es increible ver la cara de imbécil que te queda cuando mirando a la cinta transportadora del aeropuerto ves que no sale tu equipaje. ¡Y encima te agachas a mirar si todavía sigue alguien detrás del plástico, haciéndose el remolón, fumando un cigarro y sin cargar tus maletas!
Lo peor es que estás en Croacia, hay que reclamar y solo vas a estar esa noche en Zagreb.
Parece que esto aquí es lo normal. Tienen una minioficina para hacer reclamaciones. Bueno, es que el aeropuerto es mas pequeño que el de Asturias y, moderno, lo que se dice moderno, pues casi que no.
Habia mas españoles en la misma situación, pero ellos al menos les había llegado parte del equipaje. A nosotros nada de nada. Una pareja se iba a quedar 2 dias en Zagreb, así que dieron la dirección de su hotel para la entrega del equipaje cuando apareciese. Podian llegar mañana en un avión desde Praga, si era allí donde se habían quedado. Así que no quedaba más remedio que tomarlo con gracia.
Cogimos el coche que habiamos alquilado por internet y nos fuimos a buscar el hotel (Hotel I de Zagreb), reservado del mismo modo. Bueno, todo el viaje lo organizamos igual, con reservas de alojamientos particulares realizadas en la red, traslados en aviones, el hotelito de Zagreb,....¡todo!
La recepcionista debió de flipar: cinco españolitos muertos de frio y sin equipaje. Nos registramos, cogimos las llaves y subimos a la room. Alguien dijo que si nos acomodábamos y en un rato bajabamos a ver si nos daban de cenar. Y ahí empezaron las risas: ¡que narices vamos a acomodar si no tenemos nada!
Bajamos al restaurante y aunque cerraba a las 22:00 y ya pasaba un rato, nos atendieron igualmente porque estaban sirviendo la cena a participantes de varios paises que iban a un campeonato de patinaje. Bueno, era lo que parecía.
Nos reimos tanto en la cena que yo tenía agujetas en el estómago y me dolía la mandíbula. Es que a toda pregunta incompleta del tipo ¿Y si cojo de la....? Carcajada porque no hay maleta. ¿Alguien tiene algo para el dolor de cabeza? Si, yo, pero en la maleta. Y así toda la cena.
Al finalizar "sobornamos" a los camareros para que nos vendieran unos chupitos y unas cervezas y nos fuimos a un saloncito a beberlas.
Al dia siguiente, después del buffet del desayuno, devolvimos las llaves, recogimos los pasaportes y nos fuimos a ver la ciudad.
Llegamos al centro a eso de las 9:30. ¡Hace un frío de la leche! Y nosotros con zapatinos y ropa de patear aeropuertos, nada de botas, jerseys calentitos y demás prendas para el frío.
Estuvimos casi 4 horas pateando la ciudad. Pasamos por la calle más comercial del centro antiguo y claro, llamarla así da un poco de risa, pero en fin, es otro país y aquí lo de comercial debe de significar otra cosa. Llegamos a la plaza principal, donde hay un mitin (creo que tenían elecciones a los 7 días), y una estatua de no se quién a caballo, con una espadona y todo. Pasamos de largo, giramos a la izquierda callejeando un poco, pasamos por un mercado y subimos hasta la catedral. Continuamos para ver un par de iglesias representativas de la ciudad y bajamos a ver la torre del cañón, aunque se nos pasó la hora de ver el bombazo (es a las 12). De todos modos, subimos hasta arriba por unas escaleras liliputienses para hacer fotos panorámicas: ¡rapidito!, 5 minutos porque estábamos congelados.
Bajamos por unas calles serpenteantes hacia el centro, buscamos una cafeteria y entramos a a ver si un chocolate nos hacía reaccionar. Cuando nos dimos cuenta ya eran las 13:30 y teníamos que ir al aeropuerto a ver si había noticias de nuestros bultos.
La intención era llegar en 20 minutos, pero nos perdimos: aquí no ponen señales de aeropuerto y lo encuentras por ciencia infusa. Cuando llegamos ya se estaban llevando las maletas hacia un furgón. Les detuvimos e intentamos hacernos entender que eran las nuestras y que por favor nos las devolviesen, y las de los otros españoles también porque les habíamos llamado al móvil y también venían para el aeropuerto. Finalmente solucionamos todo el papeleo, nos despedimos del resto de la spanish-people y salimos pitando a ver si le dábamos de comer al coche y luego a nuestros estómagos.
Paramos en una gasolinera porque alguno quería cambiarse de calzado y de ropa a ver si entraba en calor. Y luego había que buscar un sitio para comer. Ya eran más de las 4 de la tarde y decidimos regresar a la ciudad porque de camino habíamos visto un centro comercial y por lo general suelen tener sitios abiertos a todas horas para comer aunque sea un piscolabis.
Entramos en una especie de self service y cogimos un poco de pollo, patatas y una ensalada para compartir. Cuando terminamos ya éramos personas: ¡lo que hace el hambre!
Se está haciendo de noche (aquí oscurece a las 4:30) y aún nos quedan un montón de km. hasta el parque natural de Plitvice-Jezera donde hemos alquilado una casita.
El viaje por autopista muy bien, pero el problema aparece cuando le haces caso a los itinerarios de la via michelín: un asco. La copiloto y yo, mapa en mano, pensamos ir por una nacional que parecía bastante directa, pero el famoso "miguelín" sacado por internet recomendaba el acceso por una secundaria. Y por hacer caso al tontín de "miguel" nos metimos por una carreteruca (hay tramos en los que no se cruzan 2 coches) monte a través por la que pasaban zorros. Menos mal que en la zona donde vivimos aún hay carreteras de esas, pero si se ve en nuestra piel alguien de ciudad se "caga".
Pues así estuvimos veintipico kilómetros de nada. Se nos hicieron eternos. Finalmente enlazamos con la nacional que venía en el mapa, continuamos por ella unos kilómetros y por fin encontramos el pueblecito donde teníamos la casa. Costó un poco encontrarla pero la señora vio nuestro coche y salió a abrirnos.
Era una señora enorme, que no hablaba ingés, solo un poquito y que nos decía que hablásemos en alemán. ¡Uf, que lio!. Como siempre pasa en estos casos uno acaba entendiéndose y nos acoplamos dentro sin mayores problemas. Le preguntamos si había algún sitio para ir a cenar y nos dijo que a 150 m. se encontraba uno que abría hasta las 11.
Pues menos mal que fuimos a las 9 y algo: ¡ya casi estaban cerrando!. Nos hicieron 3 pizzas (aquí comen mucha comida italiana), que acompañamos de cervezonas. Tras el último bocado nos dijeron algo así como: ¡venga, "patinando", que me quiero ir!, nos trajeron la cuenta y bye, bye.
De regreso a la casa nos instalamos delante de la tele a ver si había algún canal tipo TVE internacional. Encontramos tropecientos canales, pero el nuestro no aparecía por ningún lado. Casi se le queda a alguno el dedo tonto de tanto buscar. Y mira tu por donde, al final apareció, después de algún que otro canal porno, pero apareció.
Al cabo de un rato de tele, empezamos a tener un poco de frio, así que lo mejor sería meternos en los nidos a descansar calentitos porque al día siguiente tocaba larga caminata.
Mañana: Plitvice-Jezera.
Lo peor es que estás en Croacia, hay que reclamar y solo vas a estar esa noche en Zagreb.
Parece que esto aquí es lo normal. Tienen una minioficina para hacer reclamaciones. Bueno, es que el aeropuerto es mas pequeño que el de Asturias y, moderno, lo que se dice moderno, pues casi que no.
Habia mas españoles en la misma situación, pero ellos al menos les había llegado parte del equipaje. A nosotros nada de nada. Una pareja se iba a quedar 2 dias en Zagreb, así que dieron la dirección de su hotel para la entrega del equipaje cuando apareciese. Podian llegar mañana en un avión desde Praga, si era allí donde se habían quedado. Así que no quedaba más remedio que tomarlo con gracia.
Cogimos el coche que habiamos alquilado por internet y nos fuimos a buscar el hotel (Hotel I de Zagreb), reservado del mismo modo. Bueno, todo el viaje lo organizamos igual, con reservas de alojamientos particulares realizadas en la red, traslados en aviones, el hotelito de Zagreb,....¡todo!
La recepcionista debió de flipar: cinco españolitos muertos de frio y sin equipaje. Nos registramos, cogimos las llaves y subimos a la room. Alguien dijo que si nos acomodábamos y en un rato bajabamos a ver si nos daban de cenar. Y ahí empezaron las risas: ¡que narices vamos a acomodar si no tenemos nada!
Bajamos al restaurante y aunque cerraba a las 22:00 y ya pasaba un rato, nos atendieron igualmente porque estaban sirviendo la cena a participantes de varios paises que iban a un campeonato de patinaje. Bueno, era lo que parecía.
Nos reimos tanto en la cena que yo tenía agujetas en el estómago y me dolía la mandíbula. Es que a toda pregunta incompleta del tipo ¿Y si cojo de la....? Carcajada porque no hay maleta. ¿Alguien tiene algo para el dolor de cabeza? Si, yo, pero en la maleta. Y así toda la cena.
Al finalizar "sobornamos" a los camareros para que nos vendieran unos chupitos y unas cervezas y nos fuimos a un saloncito a beberlas.
Al dia siguiente, después del buffet del desayuno, devolvimos las llaves, recogimos los pasaportes y nos fuimos a ver la ciudad.
Llegamos al centro a eso de las 9:30. ¡Hace un frío de la leche! Y nosotros con zapatinos y ropa de patear aeropuertos, nada de botas, jerseys calentitos y demás prendas para el frío.
Estuvimos casi 4 horas pateando la ciudad. Pasamos por la calle más comercial del centro antiguo y claro, llamarla así da un poco de risa, pero en fin, es otro país y aquí lo de comercial debe de significar otra cosa. Llegamos a la plaza principal, donde hay un mitin (creo que tenían elecciones a los 7 días), y una estatua de no se quién a caballo, con una espadona y todo. Pasamos de largo, giramos a la izquierda callejeando un poco, pasamos por un mercado y subimos hasta la catedral. Continuamos para ver un par de iglesias representativas de la ciudad y bajamos a ver la torre del cañón, aunque se nos pasó la hora de ver el bombazo (es a las 12). De todos modos, subimos hasta arriba por unas escaleras liliputienses para hacer fotos panorámicas: ¡rapidito!, 5 minutos porque estábamos congelados.
Bajamos por unas calles serpenteantes hacia el centro, buscamos una cafeteria y entramos a a ver si un chocolate nos hacía reaccionar. Cuando nos dimos cuenta ya eran las 13:30 y teníamos que ir al aeropuerto a ver si había noticias de nuestros bultos.
La intención era llegar en 20 minutos, pero nos perdimos: aquí no ponen señales de aeropuerto y lo encuentras por ciencia infusa. Cuando llegamos ya se estaban llevando las maletas hacia un furgón. Les detuvimos e intentamos hacernos entender que eran las nuestras y que por favor nos las devolviesen, y las de los otros españoles también porque les habíamos llamado al móvil y también venían para el aeropuerto. Finalmente solucionamos todo el papeleo, nos despedimos del resto de la spanish-people y salimos pitando a ver si le dábamos de comer al coche y luego a nuestros estómagos.
Paramos en una gasolinera porque alguno quería cambiarse de calzado y de ropa a ver si entraba en calor. Y luego había que buscar un sitio para comer. Ya eran más de las 4 de la tarde y decidimos regresar a la ciudad porque de camino habíamos visto un centro comercial y por lo general suelen tener sitios abiertos a todas horas para comer aunque sea un piscolabis.
Entramos en una especie de self service y cogimos un poco de pollo, patatas y una ensalada para compartir. Cuando terminamos ya éramos personas: ¡lo que hace el hambre!
Se está haciendo de noche (aquí oscurece a las 4:30) y aún nos quedan un montón de km. hasta el parque natural de Plitvice-Jezera donde hemos alquilado una casita.
El viaje por autopista muy bien, pero el problema aparece cuando le haces caso a los itinerarios de la via michelín: un asco. La copiloto y yo, mapa en mano, pensamos ir por una nacional que parecía bastante directa, pero el famoso "miguelín" sacado por internet recomendaba el acceso por una secundaria. Y por hacer caso al tontín de "miguel" nos metimos por una carreteruca (hay tramos en los que no se cruzan 2 coches) monte a través por la que pasaban zorros. Menos mal que en la zona donde vivimos aún hay carreteras de esas, pero si se ve en nuestra piel alguien de ciudad se "caga".
Pues así estuvimos veintipico kilómetros de nada. Se nos hicieron eternos. Finalmente enlazamos con la nacional que venía en el mapa, continuamos por ella unos kilómetros y por fin encontramos el pueblecito donde teníamos la casa. Costó un poco encontrarla pero la señora vio nuestro coche y salió a abrirnos.
Era una señora enorme, que no hablaba ingés, solo un poquito y que nos decía que hablásemos en alemán. ¡Uf, que lio!. Como siempre pasa en estos casos uno acaba entendiéndose y nos acoplamos dentro sin mayores problemas. Le preguntamos si había algún sitio para ir a cenar y nos dijo que a 150 m. se encontraba uno que abría hasta las 11.
Pues menos mal que fuimos a las 9 y algo: ¡ya casi estaban cerrando!. Nos hicieron 3 pizzas (aquí comen mucha comida italiana), que acompañamos de cervezonas. Tras el último bocado nos dijeron algo así como: ¡venga, "patinando", que me quiero ir!, nos trajeron la cuenta y bye, bye.
De regreso a la casa nos instalamos delante de la tele a ver si había algún canal tipo TVE internacional. Encontramos tropecientos canales, pero el nuestro no aparecía por ningún lado. Casi se le queda a alguno el dedo tonto de tanto buscar. Y mira tu por donde, al final apareció, después de algún que otro canal porno, pero apareció.
Al cabo de un rato de tele, empezamos a tener un poco de frio, así que lo mejor sería meternos en los nidos a descansar calentitos porque al día siguiente tocaba larga caminata.
Mañana: Plitvice-Jezera.

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